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miércoles, 8 de noviembre de 2017

La memoria de Navarra: el ayer y hoy de los historiadores y los temas


Reflexiones sobre el quehacer del historiador.
El pasado de Navarra como arma política.

CUANDO éramos universitarios nos ilusionaba la gran capacidad intelectual y el empuje de muchos jóvenes historiadores, considerados con fundamento como una gran promesa. Eran académicamente muy brillantes. No pudimos imaginar que con el tiempo iban a retirarse poco a poco de la investigación histórica. Una cosa es escribir una comunicación basada en fuentes primarias para un Congreso cada cuatro años, y otra muy distinta tener todos los días entre las manos los  mimbres de las fuentes del conocimiento histórico, profesión ésta silenciosa que complementa la docencia o a la inversa según la naturaleza de cada Centro educativo.
Motivos profesionales, desilusiones y desmotivación personal han debido de ser la causa de dicho abandono. Es una gran pena que dichos talentos quedasen malogrados. La sociedad se lo pierde irremisiblemente. Por nuestra parte, es muy triste en la vida ver morir ilusiones arraigadas y capacidades sobresalientes. También es cierto -y ello subraya lo anterior- que otros de sus condiscípulos, menos brillantes que aquellos en su paso por la universidad, han perseverado en la investigación aunque no hayan recogido frutos diferentes al deber cumplido, y al afán por multiplicar los talentos recibidos de Dios. Ello no significa que hayan tenido apoyo alguno, ayuda o reconocimiento universitario y extrauniversitario, económico y laboral. Esta es la sociedad materialista que hemos hecho: aprovechar a los demás y no colaborar con nada.
Ha pasado el tiempo -contamos el paso de cuatro décadas desde entonces-, y ahora la escasez de vocaciones de historiador corre parejas a qué se hizo con las hermosas hornadas de estudiantes de historia y posgraduados de las décadas de los setenta y algo posteriores. Dirán que por entonces no había trabajo salvo que se entrase por enchufe en el régimen de endogamia universitaria, dirán que sobraban aspirantes, dirán que no había dinero… Ya me dirán en qué se gastaban entonces los recursos y por qué hoy día faltan historiadores para cubrir las necesidades de conocimiento de la sociedad. Efectivamente, hoy los estudios de historia y la investigación histórica están de capa caída, según la experiencia de muchos profesores universitarios y según también muchos otros que lo contemplan con cierto estupor.
Lo contradictorio es que el vacío creado en la disciplina histórica por  el abandono de ayer de muchas jóvenes vocaciones, esté siendo ocupado por otras profesiones que si bien ofrecen una menor formación académica en los temas que tratan, sin embargo gozan de capacidad comunicativa, buena relación con los editores, sus textos son ligeros, y desde luego tienen una pluma suelta. Pero nada de eso es exclusivo suyo. Por lo visto hoy triunfa quien comunica con facilidad, entretiene y satisface la innata curiosidad sobre el pasado aún sin la  pretensión de demostrar la verdad de las cosas.
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¿Historiador o escritor de historia? ¿Ciencia o divulgación respectivamente? Ambos oficios son diferentes y necesarios, no son excluyentes sino complementarios. A ambos se debe agradecer su dedicación,  cada uno en su esfera diferente. Cada cuál tiene su ámbito, su función social, siendo hoy día la dedicación más jugosa la de escritor o divulgador de historia.
El historiador -la historia como ciencia- puede ser un buen escritor aunque en su oficio sólo necesite escribir correctamente: lo suyo es llegar a la verdad demostrándola. De todas maneras sus libros no son fácilmente vendibles debido a la aridez de ciertos temas o capítulos, al aparato crítico y a la precisión que exigen. Como continuidad de su oficio científico podría prolongar sus descubrimientos mediante la divulgación.
Por otra parte, no hay escritor o divulgador de historia que no se fundamente en los estudios sesudos de los historiadores científicos, aunque la pena es que hoy estos últimos escasean por la ya citada dispersión de jóvenes vocaciones. Un escritor de historia que no sea historiador de fuentes primarias se llamará divulgador, pues carecerá del método riguroso histórico, de una distancia vital respecto a los hechos, y de una independencia respecto a la misma sociedad e incluso al editor.
La pena es que esto no siempre se respeta. Ayer hubo conocidos sociólogos y profesores de derecho político al servicio de unos sectores politizados, que se convirtieron en historiadores -aunque ideologizados- gracias a la politización y endogamia universitaria. Simultánea y paradójicamente se desperdiciaba un considerable número de vocaciones de jóvenes historiadores no ideologizados, alumnos suyos o no. Ahora se paga este error debido al actual vacío de historiadores, y a que sólo tiene eco social la falta de rigor y el  entretenimiento.
En esta situación, la actual necesidad de satisfacer el conocimiento del pasado la pueden cubrir no pocos periodistas que trabajen con calidad, seriedad y éxito. Se expresan en reportajes de prensa, y en libros de divulgación, aceptables si aportan las fuentes secundarias que utilizan, y si aclaran al público que la historia se hace con fuentes primarias y el método propio de investigación. Lo que ayer satisfizo la editorial  Juventud, con biografías de gran calidad, firmas de ámbito internacional, y legibles por todo el público interesado, hoy lo hacen periodistas que conocen el ámbito de la comunicación y la edición.
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Dicho lo anterior, hoy el conocimiento científico en el ámbito de la Historia se ha devaluado en nuestra sociedad, al ser desplazado por el escritor o divulgador de historia. Si éste último realiza su cometido con éxito, no debe ir en menoscabo de aquel, pues divulgador no puede sustituir aunque sí completar al titulado universitario apto para investigar.
Ambas profesiones no tienen la misma autoridad sobre lo mismo. La pena es que no todos lo entienden así. Por ejemplo hay centros educativos en los que basta tener una carrera de “Letras” para impartir docencia en ciencia histórica, que rebajan hasta rozar una excesiva divulgación y formación generalista. Eso sí, no se lo digas que se enfadan. Han trastocado los objetivos académicos, y han convertido el conocimiento histórico en un saber instrumental, que queda subordinado prácticamente al “disfrute” de los educandos. Bastaría en las aulas un barniz de “conocimiento” y mucho de “experiencia” entretenida y feliz, como si de un viaje al pasado se tratase.
Si esto ocurre con la ciencia histórica, imagine Vd. en qué quedan los estudios de la Geografía, por otra parte tan necesarios en nuestra sociedad y muchas profesiones. Se trata, según algunos, de no quitar tiempo y esfuerzo a los saberes prácticos, y de añadir a estos la Historia -una vez desterrada la Geografía- como mera curiosidad y  complemento. A esto se denomina apostar por las humanidades.
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Lo que más nos preocupa es cuando los estudios históricos -como ciencia o bien como divulgación- pretenden influir en el pensamiento y las valoraciones del hombre actual, sirviendo a ideas preconcebidas conforme a los planteamientos de determinadas escuelas historiográficas -ideologizadas- del pasado o del presente.
¿Es el conocimiento de la historia como ciencia un instrumento o herramienta ideológica? ¿Puede serlo la divulgación de sus resultados? La respuesta brota sola: la ciencia histórica y el historiador no deben ser utilizados ideológica ni políticamente, porque sólo se deben a la verdad que deben encontrar mediante fuentes primarias. Respecto al divulgador o periodista, allá lo que quiera hacer con sus escritos, pero sus contenidos que se refieran al pasado debieran subordinarse a la verdad demostrada por el historiador.
Hoy, con el pretexto “desmitificador”, algunos quieren crear una realidad  nueva en Navarra, en ese milenario Reyno pirenaico, y para ello utilizan el pasado como arma o herramienta. Sus ambiciones nacionalistas son de todos conocidas. Su método es racionalista, dialéctico y comprometido con el presente. Desde luego, ni todo lo que plantean como “mitos” navarros tienen que serlo, ni deben soslayar las realidades culturales que conlleva el “mito” como si éstas nada significaran. Lo que se consideran “mitos” pudieran  mantenerse como acervo cultural cotidiano siempre que se identifiquen como tales, sobre todo si se encuentran entreverando la realidad versus antigüedad considerada con valor propio.
Lógicamente los historiadores profesionales dedicados a demostrar científicamente los hechos del pasado, deben realizar sus estudios con una total independencia de los temas que se ponen de moda en la sociedad. Otra cuestión es que a veces los profesionales y los divulgadores  coincidan en los temas por confluir el  interés académico y social.
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El desarrollo de la historiografía sobre Historia de Navarra posterior a la década de los setenta, permite diferenciar varios momentos y la preferencia de los historiadores por unos u otros temas.
En 1986 aparecieron en Navarra dos prometedoras asociaciones de historiadores que realizaron sus propios Congresos. Su primer Congreso coincidió en el lugar y casi en el tiempo, apreciándose en el ambiente una sutil rivalidad. Por un lado, el Instituto Gerónimo Ustáriz convocó el Congreso de Navarra de los siglos XVIII, XIX y XX, y, por otro, la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra (SEHN) reunió su  Congreso General que  abarcaba toda la historia de Navarra.
Estas dos tendencias, nutridas de historiadores experimentados pero también muchos jóvenes, ofrecían algunas diferencias. La primera tendencia, que abarcaba de los s. XVIII a XX, era más ideológica, tenía un fuerte compromiso práctico, y quedó vinculada a influencias de corte dialéctico social y en parte también a la ideología nacionalista. La segunda, que abarcaba toda la Historia de Navarra, fue académica e independiente de los problemas sociales del momento o de aquellos que se pretendían crear en la Navarra posterior a la transición política. Quienes quisimos participar en ambos Congresos pudimos hacerlo con toda libertad y entusiasmo. No cabe duda que en ambos ámbitos se dieron cita historiadores de valía junto a  otros muchos que andábamos con ilusión nuestros primeros pasos.
El primer Instituto celebró dos Congresos, tuvo su propio boletín de  numerosas páginas, de calidad y con importantes articulistas, pero desapareció pronto para dar paso a una segunda etapa, en la que varios de sus miembros ocuparon cátedras en la universidad pública de nueva creación. Al parecer, el citado Instituto albergaba varias tendencias al final separadas, a pesar que compartir algunos presupuestos bajo el comprometido manto de una historia dialéctica, crítica y social. Una de ellas ha seguido una derrota más activista debido a su claro compromiso nacionalista.
Por su parte, la SEHN mantiene su funcionamiento, una actividad notable y con éxito, y luce ocho Congresos en su haber más el noveno en curso. Los participantes en sus Congresos generales suelen repetir la experiencia, mantienen en el tiempo sus aportaciones, amplían las líneas de estudio, siempre hay nuevos integrantes, y siguen una línea académica e independiente.
El propósito “revisionista” del Instituto sobre el conocimiento de la Historia de Navarra fue eminentemente práctico, ideológico y político, sobre todo en su versión nacionalista. Reservamos el término “revisionismo” a la revisión sistemática y global, por ello con unas claras connotaciones ideológicas. No incluimos en el término  “revisionismo” al investigador que examina e nuevo las afirmaciones de otros autores o  sus propios trabajos sobre el tema que estudia, ni a quien carece de intereses y planteamientos diferentes a la mera investigación y conocimiento del pasado en lo que puede conocerse conforme a las fuentes,  ni por último a quien no elige necesariamente temas polémicos que puedan provocar -o para provocar- reacciones contrarias. En realidad, los nacidos en las décadas de los cincuenta y sesenta del pasado siglo han realizado interesantes investigaciones históricas en todos los ámbitos y temas. Cuando la mayoría realizaba sus aportaciones, se planteaban el estado de la cuestión, la bibliografía anterior,  las tesis y los puntos de vista mantenidos -si los había-. Fue el otro sector quien ejerció un “revisionismo” de talante ideológico.
Desgraciadamente, aquellas hornadas de jóvenes investigadores a las que nos hemos referido, que hoy se acercan a una edad de jubilación profesional, no han sido seguidas por otras, de modo que hoy es el sector llamado “revisionista” -en realidad va a desembocar en “iconoclasta”- con incidencia ideológica -marxista o nacionalista- el que parece domina, ocupando  la comunicación social, el ámbito literario, el periodístico y la propaganda propia de su estilo.
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Preguntemos qué temas han estudiado aquellos que, siguiendo ciertos apriorismos, entendieron sus estudios como una herramienta en la dialéctica de  deconstrucción versus construcción  del presente.
En primer lugar y desde la perspectiva utilitaria e ideológica de la historia de Navarra, se analizó si el Fuero era un mito para en ese caso pasar a su “desmitificación”, lo que daría argumentos a los políticos para su correspondiente actuación. Sin embargo, en la práctica fueron los políticos liberales de UCD y sus inmediatos sucesores quienes arruinaron el Fuero público y privado mediante la publicación de diferentes leyes y una concreta acción  política. Recuerdo que Álvaro D’Ors y Javier Nagore afirmaban que el derecho público constitucional de 1978 vulneró el Fuero público de Navarra, para luego, desde aquel, eliminar el Fuero o derecho privado. En efecto, el derecho privado en Navarra -como en Cataluña a decir de Juan Vallet de Goytisolo- siempre fue anterior al derecho público.
En el discurso final de clausura del Ier Congreso de Historia de Gerónimo Ustáriz de 1985, el profesor Tomás y Valiente -años después será asesinado por ETA- afirmó que el Fuero era un mito, y que los mitos eran peligrosos para la sociedad. Inmediatamente fue respondido por varios juristas en “Diario de Navarra”, y por un joven historiador en la revista “Aportes. Revista de historia del siglo XIX” (nº 1, marzo 1986, p. 52-53). Es pertinente recordar que ésta última revista se mantiene con éxito hasta la actualidad, aunque en su día tuviese algunos contradictores que veían cómo algunos de sus contenidos historiográficos corregían sus puntos de vista, lo que hoy día parece  repetirse de nuevo. Estas correcciones hay que analizarlas caso por caso hasta la actualidad. La endogamia universitaria en España y el control de las publicaciones por ciertas tendencias de pensamiento no logró asimilar la existencia de una historiografía diferente e independiente de la historia dialéctica y comprometida ya económica ya social. 
Pero sigamos con los temas. La instrumentalización del ámbito de la historia crítica -social y económica- en Navarra, actuó sobre grandes temas como el Foral, poniendo quizás en entredicho el ser navarro entendido como un producto conservador -así, cosificado-. No en vano se tendió a identificar el Fuero con el conservadurismo, convertido -según decían- el primero en mito por los diferentes intereses de clase.
La “desmitificación” también recayó sobre otros aspectos de la historia de Navarra como el Carlismo, los “heterodoxos” navarros, la identificación de Navarra con la tradición, la Ley Paccionada, el conservadurismo político del s. XIX y XX, la “Gamazada”, los eúskaros, los republicanos. 
Hablemos un poco del tema del Carlismo. Para alguno como Zubiaur Alegre, era bueno que el Carlismo se sustanciase en el museo carlista de Estella, lo que quizás suponga cierto desencanto personal previo de quien contempló un Carlismo fuerte y popular, con un príncipe a la cabeza. Algunos han querido mostrar al Carlismo como una protesta social del campesinado en crisis, sin presencia en las ciudades y las elites sociales, y desde luego ajeno a los Fueros. También se ha querido reducir la presencia carlista en Navarra, como ocurre en el reciente libro Militares y carlistas navarros (1833-1849) (2017) valorado por Alfonso Bullón de Mendoza en la revista “Aportes” nº 94 (2017). Otros han querido ver el Carlismo como un romanticismo (Gonzalo Redondo, Caspistegui), o bien que tanto él como el Liberalismo estaban afectados de dicho romanticismo (Luis Suárez). Que la soberanía nacional, la rebeldía o la libertad absoluta y abstracta sea romanticismo no es extraño, pero puede demostrarse que el Carlismo tiene un fuerte anclaje en la verdad de las cosas y que se enmarca en un tempo largo. El Carlismo va más allá de las fechas 1833 a 1876, y expresa la historia de España, cuyo tempo traspasa los movimientos culturales romántico, realista, modernista y los sucesivos ismos hasta el pragmatismo actual en choque con la ruptura nacionalista. En efecto, el Carlismo tiene mucho de clasicismo y de civilización que respeta lo que las cosas son, junto a las peculiaridades del momento histórico, y fundamentalmente está ayuno de historicismo a pesar de las adherencias verbales y quizás algunas conceptuales propias de cada época. Desde luego, que de hecho y al fin el liberalismo, el  socialismo y los nacionalismos periféricos se muestren triunfantes, no tiene por qué ser definitivo de cara el futuro. Afirmar esto reconoce la existencia de cambios previos, de modo que si la historia es lineal en el tiempo no por eso tiene que ser contradictoria y menos ajena a lo anterior y lo posterior. Lo definitivo es que lo experimentado como hechos liberadores hasta hoy ha  sido un rotundo fracaso.
Hay trabajos de lo que algunos como Del Río y Pan Montojo llaman historia conservadora, que han dado finalmente al Carlismo por desaparecido siguiendo la lógica de los hechos empíricos y quizás un pensamiento muy personal de origen filosófico como el de cierto historiador ya fallecido. Pues bien,  si el desarrollo de unos presupuestos hizo desaparecer al Carlismo de masas, ello no significa lógicamente que tales presupuestos y los resultados debieran juzgarse como saludables., salvo que se caiga en el  “progresismo” o “evolucionismo” como mito.
La afirmación de algunos historiadores “conservadores” de que “todos buscamos que el pasado dé solidez a nuestra apuesta política” (“Diario de Navarra”, 3-V-2012 p. 71), se puede comprender por el afán de promover el estudio de la Historia en la propia universidad, pues nosotros nos resistimos a entender que sea así, pues haría imposible la objetividad histórica.
Pero sigamos con los temas. De la visión de una Navarra eminentemente tradicional, visión sin duda a veces exagerada, algunos han estudiado principalmente a los “heterodoxos”, al socialismo y más tarde al republicanismo. Los trabajos realizados con seriedad sobre esto se deberán engarzar por igual con un estudio similar, pero hoy desgraciadamente inexistente, en relación con la tradición navarra -el tradicionalismo- como herencia renovadora, con la catolicidad y con las distorsiones realizadas por del conservadurismo.
Ahora, algunos de los que impulsaron el Instituto y Congresos arriba mencionados, están realizando otras aportaciones, potencian los estudios de la Navarra del siglo XIX y XX, y desarrollan saludablemente encargos de alguna editorial privada entre otros proyectos.
El camino andado por la “desmitificación” ideológica -creando a su vez nuevos mitos- ha sido largo. Los desenfoques y errores sobre la historia de Navarra por parte de nuevas personas en lid, de menos relieve intelectual que las anteriores, pero más politizadas y activistas, practican talleres de excavación, levantan parques de una memoria selectiva, ofrecen charlas de corta asistencia, poseen una prensa de combate, mantienen una agitada propaganda callejera vinculada al ocio y la cultura popular, realizan concentraciones de calle, y hasta presentan propuestas del Gobierno de Navarra.
Recientemente se han preferido temas como la conquista e incorporación de Navarra a Castilla tras la emblemática fecha de 1512, aprovechando diversos momentos conmemorativos.
También se ha abordado el tema de los represaliados de 1936 que desgraciadamente se encuentra muy politizado, planteándose a lo talibán la destrucción -ya directa y expresa o bien con trampas de naturaleza administrativa- del monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada… (mal llamado Los Caídos). Seguramente este último es el gran tema que sigue pendiente en sus diferentes fases.
A esta temática le acompañan otros problemas menores aunque más efectistas ante la opinión pública, como es “desmitificar” el escudo para así  cambiarlo, eliminando de esta manera los signos de identidad del viejo Reino. Propondrán sustituir las cadenas del escudo por el carbunclo inicial, por lo mismo que elevaron el sello personal del rey Sancho VII -el águila real y sólo él- a rango de bandera grupal y hasta étnica. Súmese a ello el intento de cambiar la letra del zortzico “El Roncalés” cuyo verso canta “del jardín español de flores sin igual…”. En orden a la lengua, existe una extensión administrativa -artificial o artificiosa- realizada con sectarismo según sus contrarios,  de la zona mixta en el uso de vascuence (euskera), el cambio o creación de toponimia y nombres que nunca existieron aquí, la toponimia impuesta durante años en el callejero de Pamplona y otras poblaciones, la alucinante propuesta en julio de 2017 de modificar el nombre de Chantrea por la grafía Txantrea… En realidad el topónimo la Chantrea es un término franco-castellano y originariamente significa el cargo Chantre de la catedral de Pamplona.
Algunos hoy quisieran suprimir del escudo de Navarra la corona real rematada con una cruz, por lo mismo que años antes, allá el 4-VII-1980, le quitaron -por un voto dicen que "democrático"- la laureada ganada al valor heroico del viejo Reyno y concedida por el jefe de Estado el 8-XI-1937. Cuarenta y tres años, y la heroicidad de la generalidad de Navarra en 1936 tenía que desaparecer. Estas iniciativas van unidas al intento de relegar la bandera de Navarra como Comunidad diferenciada, poniendo la bandera de la CAV entre las banderas de Navarra y -por ahora- de España por imperativo legal.
Nos informan de lo siguiente:

“Hace unos días el Gobierno de Navarra anunció la concesión de la Medalla de Oro de Navarra a Arturo Campión, Hermilio de Olóriz y Julio Altadill por su aportación a la historia, la cultura y la identidad de la Comunidad Foral, además de ser los artífices en 1910 del diseño de la actual bandera de Navarra” (“Navarra Confidencial” 7-XI-2017).

Y continúa esta prensa digital con un párrafo crítico común a otros muchos comentaristas del momento:

“La cosa ya empezó con mal pie porque de algún modo se dejaba caer la idea de que la bandera de Navarra era una cosa que se habían inventado de buenas a primeras estos tres señores en 1910 (…)”.

A pesar del conflicto estallado entre todos los partidos, amigos o no del cuatripartito, el Gobierno ha concedido la medalla a los descendientes de dichos hombres de cultura. Dirán que todo ha sido muy representativo.
Hemos mencionado algunos temas que se manipulan utilizando a veces algunas verdades, lo que es el peor método por ser el más engañoso. Cualquier caballo de Troya es un instrumento ideológico y político que puede  convertirse en una praxis, y ello que facilita que cualquier llamado núcleo duro pueda ir “más allá”, plus ultra.
La tergiversación puede actuar desde presupuestos racionalistas (marxistas) o bien románticos (nacionalistas). En tal caso, la acción suele seguir unos planteamientos tan “aplastantes” y a veces tan enérgicos y descalificadores hacia los discrepantes, que sin duda encierra un propósito político-ideológico.
Cualquier historiador sabe como los datos son muy importantes y hasta decisivos, aportar un amplio aparato crítico da una apariencia de seriedad. Sin embargo, esto último por sí mismo no garantiza la verdad de las conclusiones. También resulta importante cómo se redacta la historia, los enfoques utilizados y las expresiones, que debieran ser puramente representativas. Aunque el quién escribe es lo de menos, resulta que en este tipo de “historia” la investigación depende más del investigador que de los datos. 
En excesivo interés mostrado actualmente hacia la historia por parte de cierta prensa y las redes sociales, no es paralelo a la exposición desinteresada de la verdad histórica. Mientras unos pseudo historiadores no van de verdades, otros guardan silencio, encastillados en su torre de marfil y lejos de las contingencias de los hombres y las sociedades. No quieren líos. En parte, este silencio se comprende, porque para algunos la verdad no interesa, precisamente para la administración pública dominada por la ideología, cuyo poder podría perjudicar a quienes contrarían académicamente sus posiciones. Por lo mismo, personas libres no hay muchas.

José Fermín Garralda Arizcun

Dr. en Historia

martes, 19 de julio de 2016

Juan Martín Mónaco de Ansa o los pasos de un comerciante pamplonés que optó por don Carlos V en 1833

A diferencia del trabajo recogido en la parte inferior, éste aporta numerosas imágenes y sus respectivos comentarios históricos.

Historia de Pamplona 1808-1833: Martín Mónaco de Ansa, un vecino muy cualificado

Estas páginas de investigación histórica ofrecen una biografía de Martín Mónaco de Ansa, vecino de Pamplona, entre los difíciles años de 1808 a 1833. Comerciante, administrador, hombre acaudalado, optó por don Carlos V y VIII de Navarra en 1833, siendo expulsado por ello de su cargo de administrador del hospital general de Pamplona, que era de patronato municipal. Con motivo de su biografía se analiza la situación sociopolítica de Pamplona de 1820 a 1833.

viernes, 17 de junio de 2016

El Reino milenario de Navarra a comienzos de la "modernidad"

UNOS QUINIENTOS AÑOS DESPUÉS
La situación del Reino de Navarra antes de 1512.
Encuentro con la historia. 

ANTEAYER –el 15 de junio- , se analizó el tránsito de la llamada  Edad Media a la Edad Moderna en el Reino de Navarra. Por lo visto, siguen las conmemoraciones. Estamos en 2016. Así, en marzo de 1516 Juan de Albret quiso recuperar el Reino, al igual que lo intentó en octubre de 1512. En ambos casos fracasó.
En la conferencia no se trató directamente las fechas de 1512, 1513 o 1515, en las que Navarra fue conquistada por las tropas del duque de Alba, previa división de los propios navarros, para  -así resultó al final- incorporarse a la Corona de Castilla en las Cortes de Pamplona de 1513 y en las de Burgos de 1515. Recordemos que esta incorporación fue jurídicamente libre y eqüe-principal, entre iguales, dejando Navarra de ser Reino independiente para estar dentro de la Corona de Castilla –mejor dicho, Fernando el católico entregó el Reino a su hija Juana y su descendencia- pero conservando el Reino POR SÍ.
La tesis de la conferencia impartida por el dr. Álvaro Adot Lerga en el salón de Actos del Archivo General y Real de Navarra el 15 de junio, fue que Navarra era un reino en paz y estabilidad política antes de la conquista de Fernando el Católico de 1512. Hace unos años dicho autor escribió: Navarra, julio de 1512. Una conquista injustificada, Pamiela, 2012.
El conferenciante expuso ante el nutrido público asistente y apoyado en el power point, una realidad olvidada –según él- por un sector de la historiografía, como es la situación del Reino de Navarra antes de 1512. Situación que según él era lisonjera. Navarra no era un Reino en decadencia, ni en conflicto, ni sus reyes eran perezosos y olvidadizos de sus obligaciones. 

Salón de Actos del Archivo General y Real de Navarra. Foto: JFG2016
Según mis notas,  el profesor Adot afirmó lo siguiente. 
1º Los reyes de Navarra, Juan III de Albret y Catalina, mantenían el Reino en paz en el año 1512. En una carta de Fernando el Católico, éste decía: “Los reyes de Navarra tenían en paz y obediencia el dicho su reino, que antes había muy grandes tiempos que siempre estaba en guerra” (julio de 1512). Este texto fue el frontispicio de la intervención así como su colofón. Para ello los reyes navarros habrían logrado controlar a las facciones nobiliarias de agramonteses y beaumonteses.

2º Cuando Navarra comenzó su alborada en la llamada modernidad, sus reyes reformaron el Consejo Real en 1494, al igual que otros Reinos de Europa (mejor diremos la Cristiandad). Dicho Consejo era tribunal de Justicia, asesoraba a los reyes, abarcaba amplios aspectos de la vida, y tenía facultades gubernativas, como ya demostró Salcedo Izu en su libro de  1964.

3º Juan y Catalina pusieron también las bases de un crecimiento económico, por lo que se interesaron por las ferias, concedieron privilegios a los comerciantes, a la vez que se se establecía el libre comercio con la Corona de Castilla.

4º Tras el tratado internacional entre Navarra y Castilla en 1506, el rey de Castilla se comprometía a no intervenir en los asuntos navarros. No obstante, al fallecer Felipe I el Hermoso, esposo de la reina Juana -“la Loca”- de Castilla, un sector de la nobleza castellana propuso meter en Castilla, es decir, dar el gobierno de Castilla, al rey de Navarra (Jerónimo Zurita, cronista de la Corona de Aragón, 1548-1580).

5º En 1507 ocurrió una desgracia. Fue la pequeña revuelta de don Luis de Beaumont, conde de Lerín, contra su rey. Este condado estaba en la merindad de Estella. Los restantes beaumonteses no se sumaron a la revuelta, mostrándose en ese momento afines a sus reyes. Por otra parte, en dicho condado de Lerín había vasallos que no querían a don Luis. El ponente dijo ignorar los motivos de esta rebelión, alegando o suponiendo no obstante que don Luis buscaba nuevos territorios. Como muestra de la dificultad e inestabilidad de la época, en 1507 el rey encargará al señor de Góngora sofocar la sublevación de don Luis, siendo precisamente el de Góngora quien hizo de cabeza de los beaumonteses tras 1512. Como conclusión, en ese momento en Navarra gozaba de paz y normalidad política. (Añadamos nosotros que, según Floristán Imízcoz, con posterioridad a la revuelta de 1507, don Fernando instigó a don Luis para “trabajar de tomar por furto alguna cosa buena, si pudiese” de su patrimonio perdido, prometiendo que él le ayudaría. En 1512 don Luis acompañará al duque de Alba en la toma y rendición de Pamplona, para así recuperar sus señoríos de los que fue despojado en 1507).

6º Otro indicio del comienzo de la Edad Moderna, fue la aparición de embajadores fijos en uno u otro Reino. Por ejemplo, don Salvador de Berrio fue embajador ante Maximiliano de Austria después de 1507. Tras 1512 los embajadores de Navarra desaparecieron, sin contar –además-  Fernando el Católico con los navarros para otras embajadas.

7º Por último, según el ponente, la reina Catalina generó una dinastía propiamente navarra, en el sentido de que residía en localidades navarras, y la mayor parte de sus hijos nacieron y fueron educados en Navarra.

El balance final es claro: los reyes Juan y Catalina iniciaron un importante proceso de reformas, sin que en Navarra se pudiese hablar de crisis social, económica, política e institucional. Así, la guerra de 1512 no se debió a la mala gestión del rey de Navarra, ni a las hambrunas, sino a los deseos de poder de ciertos nobles y de Fernando el Católico, maquiavélico al 200% -se dijo con evidente exageración-. Esto corre parejas con el hecho  que, según los de la época, don Fernando hacía las cosas de forma extraña y vaga. Ya en 1507 don Fernando quiso apoderarse de Navarra, según el profesor Lacarra. En realidad, y por su parte, las facciones nobiliarias denominadas agramonteses y beaumonteses querían acaparar al máximo el poder en tierras y cargos, luchando ambas por lo mismo.

El público atento ante la explicación con soporte cartográfico. Foto: JFG2016
¿Qué podemos aportar a esta interesante conferencia? Más que conferencia demostrativa, se trató de una charla, de una exposición clara, sencilla y adaptada al público. De ahí que faltase argumentación, que pudiera ofrecerse en un sentido diferente al dado por el conferenciante. Ello es así por lo mismo que la narración de Carlos Clavería sobre la conquista, a la que Loperena Rota se refiere en 1984, no resulta académica. Fue una exposición de tesis, que giró en torno a la citada frase del rey Fernando, que ni es prueba definitiva ni tiene necesariamente el alcance otorgado por el ponente, aunque sirva muy bien como recurso didáctico y de oratoria.
No es que Fernando fuese eminentemente maquiavélico, sino que tuvo que conjugar ciertas intenciones ocasionales o recurrentes con la evolución en parte no buscada de los hechos. En una época de grandes tensiones, los hechos hablaban por si solos, y dan más luz que pensar en  un plan fernandino preestablecido.
Fue llamativo el hecho que el auditorio mostró mucho más interés por la conquista y por cómo reaccionaron los navarros desde 1512, que por el tema central de la charla relativa a la bonancible situación anterior del reino. Esta situación no tenía tanto significado en el marco general como el otorgado por el profesor Adot; la prueba es que las modificaciones iniciadas por don Juan y Catalina en el Reino pirenaico no fueron tan importantes. Raro hubiera sido que los reyes navarros, legítimos y de una dinastía reciente de origen francés,  se quedasen al margen de su época, en la que alboreaba el llamado “Estado moderno”, cuyo centro se fija en la  subordinación de la nobleza feudal al monarca, transformándose así en nobleza de gobierno –no ya cortesana-. Y esto sin duda no lo lograron. Tampoco tenía por qué ser así. Desde luego, en la agitación europea de ese momento, la cancillería de Navarra fue muy activa para mantener el equilibrio del pequeño Reino entre las potencias. Entre Castilla-Aragón y Francia, la neutralidad era imposible, y el Tratado de Blois del 18-VII-1512, adoleció de inoportunidad e incoherencia por parte navarra.

Torres de San Cernin y de los PP. Dominicos, vistas desde el Archivo.
Ese día y hora. Foto: JFG2016
Al parecer, el ponente orientó en última instancia su exposición a la conquista de 1512. Desde los documentos me distancio del ponente, pues creo que Fernando de Aragón reorientó el paso de sus tropas por Navarra en su campaña contra Francia, y, resultándose fácil la ocupación del Reino, se planteó quedarse en él. El conflicto era más de la alta nobleza y las élites urbanas que de la población en general. Dice Floristán Imízcoz que, en primavera de 1512, don Fernando: “Pretendería ocupar algunas plazas o retener una parte de Navarra para negociar luego el restablecimiento del protectorado y probablemente no soñaba con ceñir su corona. La rapidez y facilidad con que el duque de Alba ocupó Pamplona le animarían a completar la conquista y a apropiarse del trono” (2010). No parece que Fernando tuviese un objetivo claro desde el inicio, sino que poco a poco fue ampliando sus objetivos (Floristán, La monarquía española y el gobierno del Reino de Navarra, 1512-1808, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1991, 313 pp.).
En su primer manifiesto de Burgos del 30-VII y 4-VIII-1512,  don Fernando se consideró depositario de la autoridad legítima del Reino o bien su lugarteniente –“depositario de la corona y reino de Navarra”-. Sin embargo, en su segundo manifiesto de Burgos de finales de agosto de 1512, y ante los de Pamplona, se considera públicamente rey de Navarra por derecho de conquista. En las Cortes de Navarra en Pamplona abiertas el 13-III-1513 y en la de Burgos del 7-VII-1515, se le denomina Alteza, aunque las Cortes de Pamplona del 23-III-1513 aceptaron a don Fernando como “Rey nuestro, é natural Señor de todo este Reyno de Navarra”, y en ellas se reunieron beaumonteses –que no eran “genéticamente procastellanos”- pero también agramonteses. Desde entonces Fernando actuó como “rey de Navarra”.

Inscripción de un texto de las Leyes de Cortes del Reino en el monumento a los Fueros en Pamplona. Foto: JFG2016
Yo insistirá en la naturaleza pactista de la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla, y que Navarra mantuvo su naturaleza de Reino POR SI.. No se trataba de una anexión territorial, pues Fernando no dio Navarra a Castilla, sino a la reina Juana y sus herederos.
Esperamos a la mesa redonda a celebrar el 29 de junio, en la que asistirán los profesores Adot, Monteano, Ostolaza y Usunáriz.

José Fermín Garralda Arizcun
Dr. en Historia

Pamplona, 17-VI-2016
Imágenes propiedad del autor: JFG2016

viernes, 26 de junio de 2015

Similitudes entre dos batallas con ocasión del bicentenario de la batalla de Waterloo

Similitudes entre la Batalla de Sorauren (Reino de Navarra) y la gran batalla de Waterloo (Bélgica). 
Entre el  27 y 28-VII-1813 y el 18-VI-1815

Continuamente transcurren bicentenarios. En este caso de las guerras de Napoleón, el tirano de Europa. Hagamos una retrospectiva hacia 1813. No llegamos directamente a la llanura de Waterloo, lugar donde tuvo lugar la última derrota de las armas imperiales francesas dirigidas por Napoleón, sino que pasamos necesariamente por Sorauren, accidentado lugar donde se desarrolló parte de la batalla de los Pirineos entre San Sebastián y Pamplona, ciudades sitiadas por las armas aliadas españolas y del duque de Wellington.

Ha sido un placer asistir a la conferencia sobre las "Coincidencias sorprendentes entre las batallas de Sorauren y Waterloo", impartida por don Pedro Lozano Bartolozzi, presidente de la SEHN (Sociedad de Estudios Históricos de Navarra), el miércoles 24 de junio a las 7 horas de la tarde en la sede de Diario de Navarra de la calle de denominación gremial Zapatería. Ha sido en el proyecto Aula de Historia que organizan la SEHN y dicho diario navarro.

Don Pedro Lozano Bartolozzi explica las batallas de Sorauren y de Waterloo
en la biblioteca de "Diario de Navarra". Foto: JFG2015

No se trata en esta rememoranza ni de la presente entrada de blog, de seguir la actual moda de exagerar infantilmente localismos como si la historia mundial fuese para engrandecer o estuviese al servicio de la historia menuda. Sorauren se encontraba al norte del Reino de Navarra, heroico Reino resistente frente a la ocupación napoleónica, felizmente inserto mediante unión eqüe-principal a la Corona de Castilla tras los sucesos de la conquista en 1512, hoy tan debatidos por algunos ideológicamente interesados. Pamplona, su capital, ocupada por los restos de las tropas francesas, estaba sitiada por las tropas angloespañolas (y portuguesas) de Wellington. También estaba sitiada San Sebastián, ciudad marítima protegida por el monte Urgul.

Más que seguir las palabras de Lozano Bartolozzi, aportamos ahora el marco sobre el que él desarrolló su exposición. Luego diremos lo que es suyo. 

Plano de la Ciudad de Pamplona, Cabeza del Reino de Navarra,
felizmente incorporado a Castilla permaneciendo como Reino POR SI.
Plano impreso por de Fer, París, 1719.
Hay abundantes planos en el Archivo Municipal y sobre todo en el
Archivo General y Real de Navarra. Tesis doctoral de JFG1986.

Pues bien; primero tuvo lugar la memorable batalla de Vitoria en el ocaso de la invasión napoleónica en España (1). Esta invasión será rechazada durante seis años (1808-1814) por el pueblo español en masa, al grito de Religión, Rey (Fernando VII) y Patria o independencia del dominio francés. Napoleón era el exponente de la revolución liberal francesa, y el liberalismo de las Cortes de Cádiz era por entonces ignorado o rechazado por el pueblo español en general. La victoria de Vitoria a la que nos referimos se debió al duque de Wellington y al general Ricardo de Álava. Esta victoria sí aparece en los libros de Historia, pero no la de Sorauren. 

Vencidos en Vitoria, y para frenar a los aliados, el mariscal Soult, lugarteniente de Napoleón, penetró en Navarra con los generales de Clausal, Reille y Drouet d'Erlon con el objeto de liberar Pamplona. Comandaba 55.400 de infantería y 1.500 de caballería. Se enfrentó a Wellington en las proximidades de Pamplona en Sorauren, Zabaldica y Arleta (2). Wellington dirigió la batalla desde el pequeño pueblo de Sorauren. La batalla fue el 27 y 28 de julio de 1813, la narra José María Iribarren y la rememoró Lozano Bartolozzi a los doscientos años después. Hubo cañoneo, caballería y combate a la bayoneta con los horrores de la lucha cuerpo a cuerpo. Cuatro ataques hubo de los franceses sobre la altura de Arleta, que fracasaron. Dos Regimientos españoles fueron heroicos. De todo ello tratan los franceses J.B. Dumas y Joseph Pellot, testigos de la batalla. Los franceses perdieron ocho mil soldados entre muertos, heridos, desaparecidos y prisioneros. Soult desistió de socorrer a Pamplona. 

Villa de Sorauren, próxima a la ciudad de Pamplona. Imagen: Web

Pasaron dos años. Llegamos al segundo ocaso de Napoleón, genio de la guerra y de la paz revolucionaria que morirá dentro de seis años en la isla del Destierro (Santa Elena, islote perdido en el océano Atlántico y el Hemisferio Sur) y al que Dios le dio unas grandes capacidades que tan mal utilizó. 

Wellington at Sorauren. Thomas Jones Barker.
Imagen de la Red.
El 18 de junio de 1815, la ondulada llanura de Waterloo, a unos 12 km. de Bruselas, se llenó de tropas con la ferocidad incoada de sus próximos movimientos (3). Fue el último desafío de Napoleón. Fue el trágico culminar del imperio de los Cien Días, tras el regreso de Napoleón de su primer destierro en la isla mediterránea de Elba. En dicha llanura, con sus ondulaciones y taludes, se enfrentaron las valerosas tropas del dominante Imperio francés, que expandió la revolución por la vieja Europa, y las fuerzas coaligadas de Gran Bretaña (como le es habitual había pocos ingleses), Hannover, Países Bajos, Nassau y Brunswick, llegando al final los prusianos de von Blücher que decidieron la batalla. El mariscal Grouchy careció de la iniciativa de personarse en el campo de batalla pues cumplió con exageración la orden del gran corso de frenar a von Blücher. 

Un film espectacular .
Con Wellington estuvo el general Álava en Waterloo, que antes había luchado en Vitoria y luego fue herido en Sorauren. No murió en Waterloo, y eso que allí murieron casi todos los amigos del general inglés. Para Wellington, Waterloo fue la batalla más triste de su vida. Además, fue una carnicería espantosa ya que hubo casi 200.000 combatientes en un espacio limitado. 

La llanura ondulada de Waterloo era totalmente extraña
al paisaje encajonado y boscoso de Sorauren. Imagen de la Red.

Llegamos a las similitudes entre las batallas de Sorauren y la de Waterloo, acontecimiento cuyo bicentenario celebramos este año. 

Para Pedro Lozano Bartolozzi, en ambas batallas los generales son los mismos: Wellington por un lado y Soult (dependiente de Napoleón) por otro. Soult fue jefe de estado Mayor en ambas batallas, aunque algunos otros merecieron ocupar el puesto más que él. En ambas ocasiones la gran batalla la componen cuatro grandes enfrentamientos: por ejemplo, a la final de Waterloo se sumaron las batallas de Ligny (16-VI), Quatre-Bras, Charleroi, y la de Sorauren fue uno de los enfrentamientos de la Batalla de los Pirineos entre San Sebastián y Pamplona. En ambas hubo un mal tiempo. En ambas la carga de caballería francesa fue fallida; sobre todo en Waterloo por no advertirse la existencia de un tremendo talud en el terreno que engulló, oleada tras oleada, a la flamante caballería del mariscal Ney. En ambas batallas hubo una confusión de órdenes y faltó información por parte de los franceses. Aunque en Waterloo avisaron a Napoleón sobre la capacidad real de los ingleses: ojo que estos luchan muy bien, sin embargo Napoleón les infravaloraba porque años atrás se había acostumbrado a luchar contra loa austriacos, prusianos y rusos. En ambas los franceses llevaron la iniciativa del ataque: invasión de Navarra por Soult e invasión de Bélgica por Wellington. En ambas se movilizaron grandes recursos humanos, pues si hubo casi 200.000 hombres en el campo de Waterloo (más los que estaban fuera del campo principal de batalla), los franceses movilizaron en la Batalla de los Pirineos unos 80.000 hombres y otro tanto los aliados anglo-españoles y portugueses. Los 14.000 hombres de infantería que Napoleón necesitaba en Waterloo -¿dónde queréis que los fabrique?, dijo- estaban defendiendo la frontera con navarra, pues los aliados amenazaban con invadir Francia desde el Oeste de los Pirineos. 

Personalmente creemos que la batalla de Sorauren fue más importante por las consecuencias de expulsar definitivamente a los franceses que en sí misma. Los franceses abandonaron Navarra y en ella a la heroica España, tan admirada por Napoleón en sus Memorias de Santa Elena. Waterloo fue según el novelista Víctor Hugo, el gozne del siglo XIX. Tras esta batalla comenzó la llamada época de la Restauración, aunque en realidad no se fue una restauración verdadera. En España, desde luego que no lo fue porque, ante las minorías liberales que agitaban la política, la restauración se hizo el clave conservadora del absolutismo -despotismo ilustrado- y no en clave renovadora conforme a la tradición española actualizada. Ante los simplismos de hoy, es necesario insistir en la diferenciación entre innovadores (liberales), conservadores (absolutistas) y renovadores (monarquía tradicional y efectiva). Navarra seguía la posición de la tradición renovadora. 

Don Pedro Lozano Bartolozzi en su amena conferencia
que ha inspirado esta reseña. Foto:JFG2015 

José Fermín Garralda Arizcun
Pamplona 26-VI-2015

(1) Conmemoración del 150 aniversario de la batalla de Vitoria (1813-1963), Vitoria, Diputación Foral de Alava. Consejo de Cultura, 1963, 157 pp. 
(2) IRIBARREN, José María, "La defensa del monte de Arleta decidio la llamada "Batalla de Sorauren" (27 y 28-VII de 1813), San Sebastián, "Irurac Bat", 1971, 8 pp.
(3) BARBERO, Alessandro, Waterloo, Barcelona, RBA, 2006, 389 pp. 


MAESTROJUÁN CATALÁN, Fco. Javier, Ciudad de vasallos, nación de héroes. Zaragoza: 1809-1814, Zaragoza, Diputación de Zaragoza, 2003, 687 pp. 
MARCELLÁN EIGORRI, José Ántonio, El clero navarro en la guerra de la independencia, Pamplona, Eunsa, 1992, 210 pp.
MIRANDA RUBIO, Fco., (Coord.), Guerra, sociedad y política (1808-1814), Pamplona, UPNA y Gobierno de Navarra, 2008, 1.221 pp. en 2 vols. 
VARIOS, La Guerra de la independencia en el Valle Medio del Ebro, Tudela, 2003, 278 pp. En este Curso de Verano tuvo una participación destacada Fco. Javier Maestrojuán en su organización como sobre todo en las ponencias. 

Escudo de Armas de la Ciudad de Pamplona. 
Armas de la Muy Noble, Muy Leal y Muy Heroica Ciudad de Pamplona, Cabeza del Reino de Navarra. Es un león con corona que debiera de ser rampante, orlado de cadenas, escudo que se enmarca sobre una decoración de rocalla de influencia rococó francesa. Está situado sobre la puerta principal del frontis o fachada del Ayuntamiento de Pamplona. 

El título de Muy Heroica lo recibe en 1823 por los servicios de los vecinos y la misma Corporación realizados en el Trienio Liberal, cuando se enfrentan a los liberales pamploneses que estaban apoyados y agitados -en el café de la Suscripción- por la guarnición de la ciudadela. 



Imagen del libro citado Guerra, sociedad y política (1808-1814) y del Congreso internacional realizado por la UPNA en Pamplona y Tudela en 2007.
En dicho Congreso se presentaron dos comunicaciones sobre Pamplona
de Jesús Balduz y José F. Garralda. La primera sobre su Ayuntamiento
de 1808-1813 y la segunda sobre las primera elecciones liberales
en la Pamplona realista de 1813. 
José Fermín Garralda Arizcun
Pamplona 26-VI-2015

sábado, 2 de octubre de 2010

VII CONGRESO DE HISTORIA DE NAVARRA

EN EL VII CONGRESO DE HISTORIA DE NAVARRA


(Programa del Congreso y cartel de la convocatoria)


“Navarra, un espacio de cultura”, con el objeto de rescatar para el presente los hilos de esa “trama de significados” que es nuestra propia cultura. Este ha sido el título del VII Congreso de Historia de Navarra, que, convocado por la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra, acaba de finalizar en Pamplona. Un Congreso así siempre es necesario, pues la atmósfera cultural existente hoy día no se puede desligar de sus orígenes, ni de la recepción abierta del ayer, mientras que todo indica que el hombre es un ser incardinado, un heredero que mejora o "apeora" la herencia, que la puede recrear y ahondar maravillosamente, y no un mero soplo de voluntad y ente de razón. Sea lo que fuere, ahí están los datos a descubrir y rescatar, analizar y trabajar.

(Museo de Navarra. Portada renacentista y capilla barroca a su derecha. Enfrente se encuentra el bello y elegante edificio del Archivo General y Real de Navarra. Debajo del Museo, en la Cuesta de Sto. Domingo, se corre el Encierro en San Fermín )

Las reuniones de los congresistas se han realizado en el espléndido marco del Museo de Navarra, y no precisamente porque la ciencia histórica se haya “museificado” o convertido en un fondo de museo. Muchas jóvenes promesas de historiadores debutaron desde el 27 de septiembre al 1 de octubre de 2010 en unas intensas jornadas inscritas en la ciencia histórica y el rigor académico. Sinceramente, creo que este VII Congreso ha sido todo un éxito.


(Acto inaugural. En la presidencia, la alcaldesa de Pamplona y el presidente del Gobierno de Navarra)

Todos sabemos que la rapidez de la vida que llamamos moderna no nos deja mucho tiempo para leer crónicas, sino, en todo caso, para sabrosas experiencias directas. Quizás la superficialidad ambiental nos incite a ello, como signo de cierta cultura actual. Pues bien, los historiadores sabemos amoldarnos a las necesidades. De la necesidad, la virtud –eso dicen-. A falta de la experiencia de muchos lectores que no han podido asistir al VII Congreso, comunicaré brevemente en estas líneas algo que les pueda ser de interés. Aunque las Actas serán publicadas por la Institución “Príncipe de Viana”, bueno es adelantar noticias e informar de cómo transcurrieron las sesiones.

El Congreso ha sido verdaderamente GENERAL, como todos de la SEHN, desde el primero allá en 1986 (22-27-IX). Digo GENERAL sobre todo por las etapas históricas, al abarcar desde la difícil prehistoria hasta cuestiones directas o indirectas de intensa actualidad. General por las áreas, pues se ha analizado la historiografía y biblioteconomía, la arqueología y cartografía en la prehistoria, qué es la historia cultural, la historia del pensamiento y las mentalidades, los emblemas, el simbolismo y el imaginario colectivo de Navarra, los “mitologemas”, la historia social (redes clientelares y sociales, la mujer), la económica y política, sobre educación hasta la actualidad (la discapacidad y la Educación Especial), el Arte (incluido el arte funerario), la fotografía, el periodismo, la literatura, y se ha incidido en la música así como en lo social conmemorativo, concretamente sobre el tema más específico de 1512. A los acontecimientos de esta fecha –creo que el Reino pervivió casi idéntico y mejorado hasta 1841- se ha dedicado una mesa redonda y un amplio apartado de comunicaciones. Quizás en las sesiones haya faltado un mayor desarrollo de la historia militar en un Reino fronterizo y del Derecho en un Reino vertebrado en los Fueros, la situación actual de los archivos, las condiciones de vida y la cultura religiosa. Claro es que un Congreso no se puede ser exhaustivo, pues depende de los participantes y estos tienen sus facilidades, métodos y preferencias. Así mismo, se han presentado reflexiones de ensayo-histórico.

También digo GENERAL por la procedencia de los investigadores, ya sean adscritos a unas u otras universidades –de Navarra (UN, UPNA, UNED), UPV, Alcalá de Henares, Valencia, Zaragoza, École des Hautes Études…- e investigadores no adscritos a universidades, del CSIC etc. GENERAL, por último, por la abundante participación de investigadores y por la variedad de edades de asistentes y comunicantes. Nos alegra la participación de muchas jóvenes promesas, sobre todo en la Sección de Historia Moderna, vocaciones que sin duda debemos cuidar y hasta mimar. En esto me hago eco de las palabras de la dra. doña Eloísa Ramírez Vaquero, cuando mencionó que la crisis actual afecta singularmente a los historiadores, es decir, a los profesionales del conocimiento histórico. Se refería a la crisis de las humanidades, a la económica que resta recursos materiales, al bajo interés que mueve a las Instituciones en general -salvo que, añado, los beneficiarios den lustre a estas y ofrezcan resultados patentes o cuantificables-, a la crisis laboral como sector académico… En efecto, trabajo hay mucho, pero mucho más que posibilidades para llevarlo a cabo con unas aceptables condiciones de dignidad y perdurabilidad, lo que sólo se resolvería si se diesen oportunidades reales de trabajo y recursos materiales a las jóvenes promesas de historiadores (1). Por ejemplo, queda pendiente la informatización de millares de documentos y su colocación en la web.


Realizada la Lección inaugural, se ofreció un SENTIDO HOMENAJE a la dra. Dª María Ángeles Mezquiriz Irujo y al dr. D. Faustino Menéndez Pidal de Navascués, distinguidos como SOCIOS DE HONOR de la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra (SEHN). Los méritos de ambos son de todos conocidos, así como los reconocimientos con los que sucesivamente se les ha galardonado. Doña Mª Ángeles ha trabajado muchísimos años al frente del Museo de Navarra, y es conocidísima en los ámbitos de la museología y la arqueología. Don Faustino, lo es en la heráldica y la sigilografía en los ámbitos nacional e internacionales. Sí, toda una vida entregada, sencillamente, al saber y a comunicarlo. La Memoria fue leída por el dr. don Ricardo García. Pues bien, este sencillo homenaje, grabado en placas entregadas respectivamente por la alcaldesa de Pamplona y el presidente del Gobierno de Navarra, fue aplaudido por todos los presentes, pues ambos investigadores han sido un modelo para una pléyade de promesas hechas hoy día realidad. Y, además, lo más maravilloso: nuestros SOCIOS DE HONOR son personas muy generosas por ser muy asequibles y de sencillo trato. Son personas a las que se les quiere.

Caras veteranas y muchas caras nuevas entre los asistentes. Nueve PONENTES, ágiles y variados en sus exposiciones, 72 COMUNICANTES (casi todos presentes en la sala), y una MESA REDONDA a la vista del V Centenario de la conquista de Navarra en 1512, han ofrecido un importante elenco de las materias, métodos y conclusiones de la historia que se trabaja sobre Navarra.

La asistencia ha sido muy nutrida, salvo en alguna hora extrema. El trabajo ha sido intenso. El horario de la tarde a veces se ha prolongado hasta las 9 de la noche. Nada hay que objetar: es normal en los Congresos de interés. En las exposiciones han sido frecuentes las presentaciones apoyadas en power-point. También -cómo no- se han manifestado diferencias de enfoques siempre enriquecedoras y hasta alguna discrepancia sobre cierto planteamiento relativo a la “cultura política y drama social” en Navarra a raíz de la conquista de Navarra por las tropas castellanas (compuesta de guipuzcoanos, vizcaínos, burgaleses, alaveses, riojanos...)en 1512. Historiadores han dejado claro que el "drama" de Navarra en 1512 tiene un vasto telón de fondo de ámbito europeo, que se enmarca en un contexto más amplio, y que el caso de Navarra es uno más de la Europa del momento (Nápoles, Flandes, Irlanda s. XVI, Chequia s. XVII, moriscos...). Señalaron que en la vida del Reino hay más elementos que el tema foral, y que los hitos de estudio a recoger son mucho más abundantes que la polarización de los seleccionados por algunos autores. Además de la división de los navarros, muchos de ellos estaban emparentados con redes familiares castellanas, y hasta de esas redes se beneficiaron directamente los agramonteses. La conquista de 1512 supuso un trauma del que Navarra se salvó posteriormente, a lo que coadyuvó la benignidad inicial del rey Fernando de Aragón hacia los agramonteses, y luego la del rey Carlos.


Debemos AGRADECER a la dra. Mercedes Galán Lorda presidenta de la SEHN, a su vicepresidente dr. Juan Jesús Virto, a su Junta directiva, y a la dra. María Narbona -eficiente y eficaz secretaria de las Jornadas-, sus desvelos en la organización y desarrollo de este VII Congreso General. Agradezcamos el necesario mecenazgo efectuado por el Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona, cuyo presidente y alcaldesa respectivamente estuvieron presentes con galanura en el Acto inaugural. A continuación, los asistentes fueron recibidos con gran amabilidad en el salón de recepciones del Ayuntamiento iruñense. Por último, agradecer también a la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra su perseverancia en su labor de Congresos, los frutos recogidos, y por impulsar actividades culturales y académicas durante todo el año.

"Diario de Navarra" se ha hecho eco del Congreso los días el 28-IX y 3-X-2010.

Brindo esta Nota a los historiadores y público interesado, a la espera de la PUBLICACIÓN de las aportaciones, que tendrá lugar dentro de unos meses por la institución “Príncipe de Viana” dependiente del Gobierno de Navarra.

José Fermín Garralda Arizcun


(1) Como reflexión personal, añadiré que resulta muy llamativo que, hoy día, prolifere la novela histórica en el ámbito editorial, y que tirios y troyanos hablen continuamente de historia, es decir, del pasado, trátense de personas con afición intelectual y periodistas, y hasta pensadores y... políticos. Todo ello está muy bien, pues refleja el interés y la necesidad del conocimiento del pasado, el deseo de divulgación en una sociedad de masas, y el afán por la recogida de fuentes. Sin embargo, sería bueno reconocer la labor silenciosa de los profesionales –por lo general de perspectivas amplias y más capaces que otros para tratar las fuentes, datos y textos de una manera objetiva y rigurosa- y... ayudémosles. Ojalá no sólo las Instituciones públicas cuyo deber al respecto es evidente, sino sobre todo las privadas o de iniciativa social de todo tipo -que debieran abundar en una sociedad bien vertebrada-, sepan becar con profusión los esfuerzos silenciosos de los historiadores que, como hombres de letras y humanidades, dan casi todo gratis, por verdadera vocación. Su gratuidad es lo más contrario a una burbuja. En efecto, gratuito es no pocas veces su trabajo investigador, su dedicación, su saber, y lógicamente no crean ninguna burbuja inmobiliaria o financiera contraria al buen desenvolvimiento de la economía; tampoco ofrecen vanas expectativas de cualquier tipo. No está bien socialmente que un historiador de vocación deba hipotecar miles de horas de trabajo silencioso, parte de su economía familiar, sus energías... en un prolongado ir contracorriente de todo tipo, por dedicarse a algo tan gratificante para todos y tan necesario para la continuidad social como el conocimiento histórico. Conocimiento éste que si bien realmente no se valora, "todo el mundo se mete" e interfiere en él, anque subordinándolo al singular color de sus cristales. No vaya a ser que quien posea vocación intelectual y encuentre rasgos de felicidad en el propio trabajo, deba por ello pagar caro. Pero en nuestra sociedad materialista y tan poco feliz todo puede ser.

Fotografía: el autor
Contacto de la SEHN: web. http://www.sehn.org. es


ADENDA.
Después de las Universidades de Verano, estos días Navarra ha estado de Congresos, pues también a finales de septiembre se han celebrado, en el “Museo del Carlismo” de Estella, las IV Jornadas de historia del Carlismo. En ellas han participado treinta interesados y 17 profesores. Aunque tampoco a este movimiento se le puede “museificar”, pues sigue en la calle, sabemos que, desde la apertura del Museo el pasado 23 de marzo, han pasado por él 12.100 visitas. Esto muestra su gran interés.

En las sesiones de las IV Jornadas se presentó la edición de tres cuentos carlistas (Larra, Wilde y Valle-Inclán), así como la reedición de una conocida obra del pensador catalán Vicente Pou (Montpellier, 1843), La España en la presente crisis. Examen razonado de la causa y de los hombres que pueden salvar aquella nación, Madrid, Tradere, 2010, 242 pp. También ha salido el nº 71 (3/2009) de la revista “Aportes. Revista de historia contemporánea” (139 pp.).

También deseo reseñar que, la semana anterior, varios historiadores profesionales (Sayas, Navarro, Estébanez, Andrés-Gallego y Floristán)expusieron sobre tres hitos de Navarra como sujeto de la Historia: qué se encontraron los romanos cuando llegaron a lo que hoy es Navarra, cómo se vivió en ambos lados la incorporación de Navarra a Castilla en 1512-1515, y qué papel juega hoy día Navarra. Organizaron el evento los "Navarros de Madrid" en el salón de actos del Museo de la Ciudad.

Así pues, por varios motivos estamos de enhorabuena. JFG