lunes, 30 de julio de 2018

Causa de beatificación de 80 mártires en Santander (1936-1937)

CRÓNICAS


Clausura de la fase diocesana de beatificación de 80 católicos mártires durante la guerra de 1936 en la diócesis de Santander.

El pasado 20 de julio, el Rvdmo. y Excmo. Sr. Obispo de Santander, don Manuel Sánchez Monge, invitaba a todos sus diocesanos y comunidades parroquiales a los actos de clausura a celebrar en la S.I.B. catedral de Santander el sábado 28 de julio de 2018.
El motivo eclesial era el proceso de beatificación de las víctimas de la persecución religiosa ocurrida en la Diócesis de Santander del 2 de agosto de 1936 al 22 de agosto del año siguiente 1937. Fue algo más de un año de persecución religiosa en Santander. Justo al mediodía del 26 de agosto, la IV Brigada navarra, entraba en la capital de la Montaña.
Tras un año y medio de trabajos, se cierra ahora esta importante fase diocesana, abierta por dicho señor Obispo y en el mismo lugar, aquel sábado 3 de diciembre de 2016. Así lo recogimos por extenso en la entrada “Proceso de beatificación de 80 mártires en Santander. Un navarro de origen en el proceso diocesano de beatificación”, publicada en historiadenavarraacuba.blogspot.com, entrada del lunes 5-XII-2016. No obstante, desde 2005 e incluso desde el año 2000 ya se estaban recogieron datos y testimonios fidedignos.
Al igual que en 2016, este 28 de julio de 2018 la catedral estaba llena de fieles, entre ellos no pocos sacerdotes. Había numerosos familiares de los asesinados en odio a su fe, muertos como víctimas de martirio por no renunciar a la fe católica. Todos murieron perdonando, dos fueron asesinados en tierra firme y el resto “fueron arrojados a la mar con las manos y los pies atados a piedras para que no salieran a la superficie”.

En el lugar del crucero de la catedral y delante del presbiterio, se instaló una gran tribuna con tapete rojo para el acto jurídico con  carácter público a celebrar de nuevo por el Tribunal eclesiástico de la Iglesia diocesana. Este acto también fue una comunicación solemne a los fieles sobre la finalización del proceso diocesano, eligiéndose en él un portavoz eclesial para llevar la documentación a la Sagrada Congregación para la causa de los Santos en Roma.
En la tribuna se encontraban el notario-actuario don Carlos Álvaro Martínez García, el postulador de la causa el dominico P. Crescencio Palomo Iglesias O.P. como delegado episcopal, el Rvdmo. y Excmo. Sr. Obispo Don Manuel Sánchez Monge -que sucede al Rvdmo. y Excmo. Sr. Obispo Don José Villaplana que inició la causa-, y el canónigo y postulador don Alejandro Benavente Talaverón, miembro de la comisión delegada para estudiar los casos. Ante la tribuna se colocaron las Actas en cuatro cajas, así como el material adecuado para cerrarlas con lacra y sello.
En primer lugar se cantó a Espíritu Santo el Veni creator, cuyas seis inspiradas estrofas fueron acompañadas al órgano. El sr. Obispo encomendó a los fieles y pidió para ellos Su  Gracia.  
A continuación, el Ilmo. Alejandro Benavente dio lectura a la lista de los 80 considerados mártires, encabezados por quien da nombre a la Causa colectiva: Don Francisco González de Córdova (párroco de Santoña). En la Causa hay 68 sacerdotes diocesanos (incluido dicho párroco), 3 religiosos carmelitas, 3 seminaristas de la diócesis y 6 seglares comprometidos con la Iglesia en Santander.
De cada eclesiástico considerado mártir, el postulador y relator identificó su nombre completo, su lugar de nacimiento, dónde y qué cargo ejercía en su ministerio sacerdotal, los empleos eclesiásticos que hubiese podido tener, y dónde, cómo y cuándo entregó su vida en odio a la fe, muriendo víctima de martirio por no renunciar a la Fe católica. Es fundamental que todos muriesen perdonando. De los seminaristas y seglares se extendieron las referencias en mayor grado.
Como deferencia a los seglares en general y al presidente diocesano que fue de la Acción Católica en Navarra en particular, oriundo del Valle de Baztán (Navarra) y que veraneaba con su extensa familia en Suances, permítanme recoger su semblante entre los 80 que se describieron con alguna brevedad:

“Don Manuel Arizcun Moreno, que nació en Madrid el 22 de abril de 1892, y bautizado en la parroquia de San Ginés. Profesión militar, pero un hombre de fuertes convicciones religiosas. Como profesional alcanzó el grado de comandante del Estado Mayor, pero después, al proclamarse la II República abandonó su carrera brillante y se jubiló el 3 de julio del 31, acogiéndose a la Ley de Azaña. El 3 de enero del 32 ingresa como vocal de la Asociación Católica de Padres de Familia siendo nombrado vicepresidente ese último año.
Detenido en la checa de Neila, le ponen en libertad pero más tarde le sacaron de la prisión y maniatado le arrojaron al mar en la bahía de Santander entre la zona de… y la isla de Mouro. Su cuerpo aparece en la playa de Galizano”

El dominico P. Crescensio Palomo presentó las Actas al Señor Obispo, en las que se demostraba y declaraba la autenticidad de los actos martiriales, y recogía todo lo que de su vida, virtudes y fama de santidad, podía aportarse al conocimiento del acto martirial de entregar la vida por la fe. Con esto la Iglesia no quiere “reivindicar nada, ni se va contra nadie” -dijo a la prensa-, buscando sólo honrar a Dios en sus hijos y ofrecer a estos como nuestro modelo de santidad.
El Sr. Obispo recibió el ruego de elegir un emisario eclesial o portavoz para entregar personalmente dos ejemplares del trasunto de las actas ordinarias del proceso instruido en la diócesis de Santander. El Sr. Obispo nombró como portavoz al Ilmo. Alejandro Benavente Talaverón, ahí presente, que prestó juramento de llevar la documentación a la Sgda. Congregación para la Causa de los Santos, en Roma, haciéndolo en cajas lacradas al efecto y en fechas próximas.

Se procedió al lacrado de las Actas, mientras el Sr. Obispo explicaba los costosos trabajos realizados, la participación de entrevistadores e historiadores en la labor, la recogida de testimonios, datos, escritos y epopeyas martiriales, la aportación de las circunstancias históricas de la España del momento, y encomiaba la importancia de lo que se estaba llevando a cabo. En la Causa han intervenido personas que conocieron los hechos, que estuvieron presentes en el momento de la muerte, y otras posteriores.
Realizado el lacrado y sellado con el objeto que nadie ingrese o sustraiga documento alguno a partir de la fecha, el Señor Notario-actuario don Carlos Álvaro Martínez García dio lectura al Acta notarial sobre todo lo realizado al respecto con fecha del 28 de julio.


Por último, el Sr. Obispo leyó el caso de varios seglares considerados mártires, destacando por su extensión -algo más de ocho minutos- la causa del ya citado don Manuel Arizcun Moreno. Su  hijo más pequeño de los nueve que tenía, de nombre Miguel Ángel que cuando los hechos ocurridos tenía un año de edad, estaba presente en el acto diocesano con su esposa, hijos y nietos, y acompañado de otros nietos de don Manuel. A este caso se aplica plenamente lo que escribió el actual Sr. Obispo el 5-XII-2016: “A todos ellos se les ofreció la libertad a cambio de apostatar de su fe y ellos resistieron los halagos de quienes podían evitarles la muerte para mantenerse fieles a Cristo y a su Iglesia”. Esta claridad y rotundidad de vida -añado- es un ejemplo de largo alcance en nuestra época de confusión y en vistas de una Nueva Evangelización.


                Al final se cantó el Salve Regina.
Para finalizar el acto jurídico, el Sr. Obispo encareció a los fieles seguir rezando, encomendarse a los mártires, y extender su fama de santidad, con el deseo de que la causa de beatificación prospere y lo haga con rapidez.
Con este sencillo acto jurídico, iniciado a las 10:30 hasta las 12 horas, se cerró del proceso diocesano de Francisco González de Córdova y 79 compañeros mártires. Una vez llevada la Causa a la Congregación para las Causas de los Santos en Roma, será el Papa Francisco I quien decida que sean proclamados mártires y beatos de la Iglesia.
Pamplona, 28-VII-2018
José Fermín Garralda Arizcun
(presente en el acto diocesano)

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Fotos: propiedad del autor





miércoles, 18 de julio de 2018

Razones de 1936 y su conexión con la tercera guerra carlista de 1872-76


1.Razones de 1936 con mandato de Alfonso Carlos I. 
Nos referiremos a los carlistas o requetés, pero salvo las concreciones a la monarquía y el espíritu foral, las razones son extensibles a casi toda la zona nacional. 

Lucharon porque no había más remedio. Les costaba mucho abandonar sus hogares, a sus familias y su trabajo, pero lo hicieron para evitar males horrendos y lograr bienes mayores.

Podían ganar y ganaron con la ayuda de Dios.

No odiaban sino que por amor y obligación salieron a defender sus familias, sus hogares, su pueblo y España entera. "Tirad, pero tirad sin odio", decía el ángel del alcázar.

Mucho se podía escribir sobre ellos y mucho bueno se ha escrito. Por ejemplo, el libro Requetés de recopilación de testimonios y hermosas fotografías escrito por Pablo Larraz y Victor Sierra-Sesúmaga. Por eso no seremos pesados en estas líneas. Lo que sí duele -y mucho- es que se calle la verdad y se propaguen sistemáticamente mentiras sobre ellos, los voluntarios requetés y los sublevados en general. Todos ellos, requetés, falangistas, y soldados, eran el brazo de la España que no se resignaba a morir ni a ser perseguida y eliminada. 

Mucho se escribió también justificando el alzamiento. He ahí la obra de A. de Castro Albarrán o de Ignacio G. Menéndez-Reigada, entre otros muchos. 

La defensa de la religión católica fue el elemento fundamental de todos o casi todos los combatientes, sobre todo si eran voluntarios. Lo realizado durante y por los Gobiernos de la República, por la Constitución de 1931 y las leyes que la desarrollaron, era una pura persecución desde la llamada legalidad. Luego estaban los estallidos violentos de las masas debidamente azuzadas. Lo peor vendrá después. El comunista José Díaz proclamó que la Iglesia debía de ser destruida. Recordemos la sistemática persecución desde comienzos de la guerra, y el exterminio de todo lo católico y a cualquier persona por el mero hecho de ser católica. Recordemos que Stalin envió asesores soviéticos -de los que poco se ha hablado y mucho se ha ocultado-, lo que explica muchas cosas antes y durante la guerra. ¡Qué más da eliminar en masa a la clase burguesa! ¡Ahí la carnicería en Paracuellos del Jarama con Carrillo como uno de los resposables! Y tantas otras cosas que omitimos. Por eso fue una Cuzada, y así lo espresaron los Obispos españoles en su Carta Colectiva que es necesario leer y releer. ¿Es que hoy se lee algo? Sólo se hace caso al primer pinta de TV y al primer manifestante que dice barbaridades. 

Nor Jaungoikoa aña? ¡Quién como Dios!

Junto a la religión católica, defendían la comunidad cívica de España frente al desorden radical, la división interna provocada por la lucha de clases y la aparición de autonomías separatistas, la impunidad de crimen, el camino inexorable hacia la revolución, y hacia el marxismo. Para no pocos, los líderes eran Lenin y Stalin -el amo de Rusia- y había que imitar a Moscú. 




También querían evitar la ruptura de España en pedazos, retrocediendo así a la división congénita de las tribus anteriores a la romanización. Querían una España libre de la influencia, seguidismo y presencia  de Moscú y Stalin. 

España, sí, más ¿qué España? En Navarra querían la España Foral, lo mismo los carlistas o requetés de toda España. Fueros para quienes los tenían y querían recuperarlos, y Fueros para todos. Gobierno propio sobre lo propio o lo que se tiene jurisdicción; burujabetza.


Lejos del estatismo, opuestos a los totalitarismos, enemigos de las revoluciones populares hegelianas de derechas, los carlistas eran monárquicos defensores de la dinastía legítima. Los jóvenes alfonsinos en armas -muchos procedentes de las JAP que se alistaron donde pudieron- no abrían la boca, y  los republicanos sublevados -Mola, Cabanellas etc.- se plegaron a la bandera roja y gualda. 

Es deleznable que se haya mentido tanto y durante tanto tiempo sobre el pronunciamiento militar -que fracasó al fracasar en las ciudades más importantes- prolongado luego alzamiento de 1936, así como sobre la República. Los que se cargaron la República eran los revolucionarios que la utilizaban para hacer la Revolución -anarquistas, socialistas marxistas, comunistas, separatistas-. Los carlistas pactaron con el Ejército de Mola a través de Sanjurjo, poniendo varias condiciones para sumarse a la sublevación; ellos pensaban sublevarse solos pero al final pactaron con los mandos militares que adelantaron la sublevación tras el asesinato de Calvo Sotelo y con el objeto de prevenir el estallido revolucionario que estaba programado para poco después. Todos los sectores políticos, unos y otros, de derechas e izquierdas, y los que no eran una cosa ni otra, se estaban preparando. Las milicias revoucionarias desfilaban por Madrid y otras ciudades en formación y con el puño en alto. 

Hoy día, como ayer, los comunistas y marxistas en general, e incluso los separatistas que les apoyan y dejan hacer, se esconden tras el sillón de la República. Eso explica todo lo que está ocurriendo. Si fascistas, ellos lo son. Incluso hay mucho eusko-nazi. Si revolucionarios, ellos lo son. Son todo menos amantes de España, monárquica o bien republicana. 

Venga aquí uno de los muchos testimonios anónimos. He aquí un caso. Quien se llamaba Aita T. decía que él salió al frente desde Lesaca sólo por Dios Jaungoikoa. Salió en el Tercio de Lesaca, denominación que después se cambió por la de San Fermín, cambio al que él primero se opuso (así lo refleja también Aróstegui en su libro sobre los Combatientes requetés) y luego admitió como el que más. Él no podía fallar a San Fermín. Salió al frente bajo su exclusiva responsabilidad y no por disposición del clero y sus obispos, ni por mandato de aitás. Ya se habían sublevado los carlistas, y él no soportó que los nacionalistas vascos se fuesen con los comunistas. Su tío Demetrio, que era maestro republicano le dijo: "Vas a luchar contra tus hermanos". Su familia era toda ella carlista, emparentada con el general Argonz -marques de la Fidelidad nombrado por Carlos VII justo tras 1876- y estudió interno en los Maristas de Pamplona donde había un hermano marista que era nacionalista. Después estudió sus carreras en las universidades de Zaragoza y Madrid, en un ambiente lejano y hostil. Su padre era "navarro pero que muy navarro",  escritor en dialecto salacenco y promotor de la cultura vasca, de la que él era muy amante y a su vez algo idealista. Sabía, nada más salir al frente de guerra, que estaban seguros de la victoria. Fue herido en el brazo, a la altura del corazón, en el monte Arrate, siendo cabo, cuando un voluntario requeté que estaba a su lado se desplomó de repente víctima del impacto de una granada. Una vez les dijeron que eliminasen a un prisionero (éste era nacionalista) porque no podían llevarlo consigo ni dejarlo libre, y él no quiso (se negó). Se le hacía un nudo al gritar Viva España porque la España que él había visto era la del liberalismo y la República, pero aprendió a gritar al viento "Viva España" con los requetés. Ellos le mostraron el verdadero rostro de España, la España siempre será de sus amores. Éntró en la guerra como requeté y salió como carlista. Su primo Jaime Garralda e Iribarren, carlista -no llegó a ejercer de cabo de requetés- y ayudante de Víctor Pradera, fue asesinado a los 21 años de edad por la "canalla marxista" ("El Pensamiento Navarro",11-X-1036) en San Sebastián el 23-VII-1936. No está mencionado en las lápidas -torpemente tapadas- del Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada, porque aquí tan sólo están los nombres de los navarros muertos en el frente.

 Según las hojas de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz murieron 4.699 navarros  por heridas en el frente, y en 1962 se entregaron 4.335 medallas conmemorativas de la Cruzada a sus familiares. 

Los que se alzaron en Armas, con mucha más razón y más "estilo" que los zapatistas, que los partisanos, y que los sublevados en Cataluña y Asturias contra el Gobierno legítimo de la República en 1934, querían una sociedad y una España vivible, muchísimo mejor que la de aquella leyes que les excluían y condenaban, una comunidad de hombres libres en vivo contraste con la ruina, la miseria, el dolor y la pérdida de libertades fundamentales que les esperaba de seguir todo como empezó en febrero de 1936. 

2.Conexión con la Tercera guerra carlista con mandato de Carlos VII. En la guerra de 1936 estuvieron codo con codo las tres generaciones: el muchacho, el padre y el abuelo, esto es, mutil, aitá y aitaborce. Para los carlistas los principios eran los mismos: Dios, Patria, Fueros y Rey tradicional -ni constitucional ni absoluto-. 


Los carlistas se preparaban para hacer frente al Desastre. Su raíz era la tradición española, y nada tenían que ver con los movimientos nacionalistas y totalitarios del siglo XX. Su espíritu procedía del de sus mayores y lo expresaban los pocos supervivientes de la guerra de 1872-1876. Los revolucionarios de "derechas" les menospreciaban y apodaban de "románticos". No, no eran románticos sino que tenían padres a los que amar, continuar y prolongar, y no por historicismo sino porque sabían que, además de motivaciones de amor filial, sus padres tenían razón. La Tradición es más un "clasicismo" con alma. 

En el Archivo de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cuz vienen el nombre de doce de ellos así como sus circunstancias. Pasamos a enumerarlos.

Nombre / edad /natural de /provincia /residente / empleo /dónde sirvió / fecha de solicitud de ingreso en la HCVC / firma


  1. DÍAZ DEL RÍO Y LOYOLA, Gaspar, 84, Pamplona, Navarra, Puente la Reina, Carlista Real Cuerpo de Guardias a caballo 1872 y terminó 1876, Puente la Reina 13-IV-1942, Gaspar Díaz del Río
  2. ECHÁVARRI EGUILLOR, Pedro, 88, Bearin, Navarra, Estella, Las filas carlistas, Estella 5-IV-1942, Pedro Echávarri
  3. GORRICHO SAINZ, Román, 85, Lácar, Navarra, Estella, Teniente honorario, Estella 5-III-1941, Román Gorricho
  4. LÓPEZ Y LEZÁUN, Francisco, 84, Miranda de Arga, Navarra, Estella, Las filas carlistas donde era teniente, Estella 5-IV-2942, Fco. López
  5. LORENTE Y ULÍBARRI, Marcelino, 88, Estella, Navarra, Estella, La guerra carlista, Estella 5-IV-1942, Marcelino Lorente y Ulibarri
  6. REMIREZ, Manuel, 80 años, Lodosa, Navarra, casa de misericordia, excombatiente requeté y veterano carlista, sirvió en el Ier BON de Voluntarios navarros, Pamplona 2-IV-1942, P. O. Juan Urra, pbro.
  7. SARRIÉS EXPÓSITO, Natalio, 86, Maternidad-Pamplona, Navarra, Aoiz, Veterano, Don Carlos VII, Aoiz 4-IV-1942, Natalio Sarriés
  8. SEGORBE EXPÓSITO, Tomás, 86, Pamplona, Navarra, Estella, Carlista, Ier BON de Navarra 4ª Cía, Estella 6-IV-1942, Tomás Segorbe
  9. UNCITI Y VIDONDO, Críspulo, 79, Aoiz, Navarra, Aoiz, Requeté, La fábrica de hacer cartuchos de Urdax, Aoiz 5-IV-1942, Críspulo Unciti
  10. UNICITI Y VIDONDO, Félix, 83, Aoiz, Navarra, Aoiz, Requeté, 9º BON de Navarra, Aoiz 5-IV-1942, Félix Unciti
  11. VILLANUEVA CABODEVILLA, José, 86, Ercuaz, Navarra, Pamplona calle San Antón nº 31 (tienda), veterano, Pamplona 25-I-1943, José Villanueva
  12. ZUGASTI ANTÚNEZ, Marcos, 83, Abárzuza, Navarra, Puente la Reina, Carlista, 10º BON de Navarra, 1872 y terminó en 1876, Puente la Reina 10-IV-1942, Marcos Zuasti
Fuente: Archivo de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz. 





Y nueve imágenes más similares a estas; estas tres con derechos de autor.

Ello no impide sino que ayuda a comprender el choque de los carlistas con la configuración del Régimen posterior, que no es el mismo que salió o pudo salir de la Victoria. Serrano Súñer -el "cuñadísimo"- duró un breve espacio de tiempo, y el estatismo inicial fue cambiante. Más de un amigo me ha recordado: los carlistas ganásteis la guerra y perdisteis en la paz. Mal está lo segundo, pero así la responsabilidad de los males heredados de ciertos graves errores políticos no es de aquellos. 



Galería de fotos (tomadas de la red):





José Fermín Garralda

martes, 17 de julio de 2018

Escudo de Navarra, las cadenas y las Navas de Tolosa

RECUERDA...

Ayer se celebró la victoria de las Navas de Tolosa, a la que Navarra debe las cadenas de su escudo. 



"Composición que tiene al rey de Navarra Sancho VII El Fuerte, como protagonista del conocido momento, en que, durante la batalla de Las Navas de Tolosa (Jaén), el 16 de julio de 1212, de los ejércitos cristianos peninsulares contra los almohades de Al-Ándalus, durante la Reconquista, rompe con su maza las cadenas que protegían el palenque del sultán Miramamolín (Muhammad An-Nasir)". (Fco. Javier Zubiaur Carreño).

Las cadenas del escudo de Navarra recuerdan con razón que el Reino estuvo inserto en los momentos clave de la tarea común de la reconquista en España, y que Navarra no vivió cerrada en sí misma. Primero, Navarra resistió al Islam desde su zona más norte, después ocupó el Ebro, se vinculó varias veces a Aragón, participó en las Navas de Tolosa de 1212, y también se vinculará con Francia. 

Por el bien superior de la defensa de la cristiandad, Sancho VII de Navarra dejó de lado sus argumentos fronterizos de enemistad con Alfonso VIII de Castilla en el Oeste del Reino navarro, y marchó hasta Úbeda (Jaén) para llegar a la primera línea de batalla contra los almohades, impulsado por la  Cruzada convocada por el Papa. Los cristianos obtuvieron un rotundo -aunque difícil- éxito, victoria y botín. En esfuerzo final de la batalla fue decisivo y en él participó con brío y éxito el monarca navarro. 

Navarra debe las cadenas de su escudo a la batalla de las Navas de Tolosa en Jaén allá por 1212, cadenas que están íntimamente asociadas a la memoria colectiva de los navarros desde dicha victoria. Que viviese este hecho de Armas reviviese en la memoria de los navarros lo expresan los textos de Guillermo de Tudela, coetáneo a los hechos, y, sesenta años después, Guillerno Anelier, o bien la carta privada de Blanza de Castilla a Blanca de Navarra

En el recuerdo de este gran triunfo cristiano, en su conmemoración y teniendo presente la gran victoria, radica el argumento de Carlos III el Noble para transformar el blocado tradicional del escudo de los reyes en las cadenas como Armas de Navarra, los botones o besantes en la unión de eslabones, y el carbunclo de su centro como esmeralda. 

Así pues, el Reino de Navarra debe las cadenas de su escudo a la victoria de las Navas de Tolosa, aunque esta deuda de reconocimiento se tardase dos siglos a partir de la gran victoria sobre la yihad musulmana. Desde 1212 este hecho glorioso había permanecido en la memoria de los navarros. Por lo que se advierte, las conmemoraciones no sólo son de nuestros días. Tal era la fuerza espiritual que esta Cruzada tuvo en el ánimo de Navarra como reino cristiano. 

En una época de desarrollo heráldico en los reinos cristianos, Carlos III hizo una identificación de los elementos del escudo y les dió una simbología dos siglos después a los hechos, apoyándose, como explica  Fortún Pérez de Ciriza, en las menciones a las Navas de Tolosa, en la heroicidad de Sancho VII en el campo de batalla y en las cadenas ganadas por él a Miramamolín. En este reinado, hicieron dichas menciones, en primer lugar, el tesorero Garcí López de Roncesvalles antes de 1404, y sobre todo, el confesor del Rey Fray García de Eugui (obispo de Bayona). Así, Carlos III interpretó lo que era una bloca  como las cadenas de las Navas, y lo que era un carbunclo en el centro como una esmeralda, aunque el carbunclo rojo se fue sustituyendo por el verde ya antes. 

En un texto legal como el Privilegio de la Unión otorgado a Pamplona en 1423, Carlos III fija que el escudo del Reino los forman las cadenas. Según Fortún Pérez de Criza, ésta es la primera ve que en un texto legal se identifica un motivo heráldico, esto es, las cadenas con las Armas de Navarra, tratándose además de las cadenas de las Navas de Tolosa conforme a las crónicas escritas por los citados Garcí López de Roncesvalles y Fray García de Eugui. 

El Príncipe de Viana en su Crónica repitió lo que escuchaba en la Corte de Navarra, expresándolo con una indiscutible belleza formal.

En adelante podrá cambiar la forma, pero el significado es el mismo. 

José Fermín Garralda

Fuente: José Fermín Garralda Arizcun, “El escudo de Navarra: génesis y representación. Heráldica frente a ideologías" (2018), 88 pp. Col.: Nueva Bermeja nº 18, en historiadenavarraacuba.blogspot.com