miércoles, 29 de mayo de 2024

Banderas del palacio de Loredán. Un nuevo libro de Iñigo Pérez de Rada

 (Por José Fermín Garralda)-

Primera edición, 2023 (agotada)
Íñigo Pérez de Rada CavanillesBanderas del Palacio de Loredán. El legendario museo que Carlos VII de Borbón formó en Venecia, Sevilla, Campomanes Editores, 2ª ed. (corregida y aumentada), 2024, 563 páginas. Colección: “Pensamiento y tradición”. Idioma: Español. Materia: Historia, vexilología, Carlismo. Encuadernación Cartoné. Papel couché. Profusamente ilustrado. Dimensiones: 30 x 21’5 x 3’5 cm. 2’3 kg. ISBN: 978-84-125224-8-8. Precio: 68 euros (incluidos gastos de envío por correos express). Por la red: Campomanes editores. También Tienda carlista: 34 667 07 18 59

Segunda edición.

El vexilólogo, historiador y economista don Íñigo Pérez de Rada, ofrece al gran público -especialista o no-, la segunda edición de lujo, corregida y aumentada –la primera en 2023-, de su muy importante libro sobre las banderas custodiadas en el palacio de Loredán en Venecia, la ciudad bañada en luz dorada de los pintores. El historiador debe estar muy agradecido por el trabajo serio y prolongado del autor, y por el enorme y desinteresado esfuerzo invertido en su investigación.

Miembro de la Sociedad Española de Vexilología (SEV), Íñigo Pérez de Rada ha publicado numerosos artículos sobre banderas en el boletín de la SEV, así como en la revista “Aportes. Revista de Historia Contemporánea”. También es autor del libro Navarra en Guerra. Banderas, trofeos de guerra y otros recuerdos de los Tercios de Requetés y Divisiones de Navarra en la Guerra civil Española (Madrid, 2004, 135 pp.). Durante años mantiene el museo de Tabar (Navarra) de la Fundación Jaureguízar, como exponente artístico del coleccionismo, llevado a cabo por su ilustre familia durante siglos, para salvaguardar las obras de arte y ampliar la oferta cultural en el milenario Reyno de Navarra. 

Con un proceder lógico, el autor se centra en el egregio y legendario Carlos VII de Borbón y Austria-Este (1848-1909) de la rama carlista. A continuación analiza el interior del palacio veneciano de Loredán, donde aquel vivió en su destierro y custodió las banderas, banderines y otros objetos atesorados, culminando su detenida catalogación como centro de un hermoso libro que muestra una perfecta unidad. 

El vexilólogo Íñigo Pérez de Rada ha superado con creces las enormes dificultades prácticas que sin duda han conllevado el presente catálogo y amplia investigación. Son las dificultades propias de la búsqueda de numerosísimas fuentes de todo tipo; de la descripción y catalogación de banderas, banderines y otros objetos, y a veces de trabajos de restauración a su propia costa; y del tratamiento de fuentes de archivo, de hemeroteca y otras fuentes secundarias impresas. Diversos motivos, entre ellos reconocer el sentido profundamente humano y político de los objetos catalogados, han hecho que él haya sido el investigador más indicado para efectuar con éxito este hermoso catálogo, que explica los objetos, su contexto, y es caballeresco hacia el monarca y el pueblo que le reconoció.

Este precioso libro está presentado por cuatro autores: el conde Helmwig Wurmbrand-Stuppach, el vexilólogo catalogador del Museo del Ejército Luis Sorando Muzás, quien esto escribe como doctor en Historia, y Ludwig Nolte Blanquet. La obra consta de seis capítulos –el primero y sexto abarcan más de la mitad de sus páginas-, tres apéndices y una amplia relación bibliográfica, de hemeroteca y archivo.

El primer capítulo es la parte más extensa del libro: “Las banderas del palacio de Loredán, orgullo de un Rey en el exilio” (p. 37-240). Para cualquier lector resultará interesantísimo, pues permite saborear los principales acontecimientos de la vida de don Carlos desde su nacimiento hasta que fallece en 1909, los preparativos y guerra de 1872-76, sus viajes, diferentes asuntos de familia, la celebración de su  onomástica, cómo eran su esposa doña Margarita y –tras  el fallecimiento de ésta, el “ángel de la caridad”- su segunda esposa doña Berta, el Congreso antimasónico de Trento, su relación con Pío X, diferentes actos y documentos públicos de gobierno desde el exilio, y su testamento político y vital.

En éste capítulo inicial, el autor también nos ofrece por extenso muchos testimonios impresos de los viajeros que visitaron a don Carlos en el palacio de Loredán, fuesen leales de España y Francia –recordemos que fue reconocido como rey por los legitimistas franceses-, amigos, curiosos e incluso españoles  contrarios a lo que él significaba, fuesen pueblo en general, periodistas, escritores, políticos, invitados de cortesía, o bien otros príncipes y monarcas.

El autor evita la mera acumulación de los testimonios en fuentes impresas, que explica y recoge por extenso para deleite del lector. A través de ellas, el lector puede situar en su contexto a don Carlos y su familia, el palacio que habitaba, y sobre todo dar vida a las banderas y objetos catalogados. El lector agradece la reunión de tales textos para evitar que sean ignorados, para su fácil consulta si es  historiador, y sin duda como recreo y solaz.

Citemos, sin ánimo de ser exhaustivos, como visitantes que ofrecen su testimonio, al futuro conde de Romanones, a José Ortega y Munilla, la escritora Emilia Pardo Bazán, Antonio de Vildósola, Suárez de Urbina, Francisco Cavero, Elío, Carlos Calderón, el príncipe de Valori, Luis Mª de Llauder, el príncipe Salvador de Itúrbide, lord Bertram Ashburnham, los reyes de Rumanía, la que fue emperatriz Eugenia de Montijo, Claude Champion, Jaime Quiroga, Carlos Puget, Luis Bonafux, Idelfonso Muñiz Blanco, el marqués de Santa Cara, Martínez-Vallejos... Ahí están la entrevista que el diario “Le Français” hace a don Carlos, la crónica del periódico australiano “Town and Country Journal”, el artículo de Soiza Reilly en la revista “Caras y caretas (…)”, artículos de otros diarios extranjeros, “Por esos Mundos”… las diatribas de la prensa hostil en pluma de Vicente Blasco Ibáñez o bien en “La Lucha” y “El Graduador”… y, para compensar, las simpáticas aportaciones de la prensa tradicionalista o carlista. Ahí están los escritos de Rubén Darío y Ricardo Rojas, que equilibran sin duda los excesos de don Vicente.

No obstante, los visitantes de don Carlos fueron muchísimos más de aquellos cuyo testimonio consta en este libro, procedentes de todos los lugares de Europa y la más alta cuna. Sus impresiones personales conservadas por escrito sobre don Carlos, su familia, el palacio de Loredán y sus banderas, son interesantísimas y presentan la cara más humana y sin duda entretenida del libro, completo en su esfera.

También, en el primer capítulo, el autor describe el destino de las banderas y del palacio una vez fallecido el monarca, la herencia de su hijo don Jaime, las decisiones de doña Berta, y finalmente la labor y generosidad de William Taylor Middleton, del Museo de Recuerdos históricos de Pamplona (1940-62) gracias a la familia Baleztena, y del actual museo del Carlismo creado en Estella (2010).

En suma, la custodia, la devoción y orgullo como don Carlos mostraba las banderas y banderines de Loredán a sus numerosos visitantes, dejan patente que don Carlos llevó consigo a España y los españoles en su destierro, hacia los que siempre sintió una verdadera admiración, que fue recíproca. La diaria contemplación de dichas banderas –así dice al instaurar la fiesta de los mártires de la Tradición en 1895, referida en su testamento político de 1897- sin duda le ayudó a ejercer su oficio regio, que sin duda se reflejó en la calidad de su gran archivo, después desbaratado por doña Berta. De esta manera, pero también a través de la Orden de levantamiento firmada por su hermano Alfonso Carlos I en 1936, decisiva para los acontecimientos de España, se puede decir que don Carlos “volvió” tal como prometió al salir de España en 1876. Otra cosa: no tiene razón aquel historiador universitario que apostillaba a los bachilleres (Edelvives, 1998), después de encerrar práctica y paradójicamente al Carlismo -hasta 1876- en páginas situadas antes que Martínez de la Rosa, que en 1876 “Carlos VII cruzó la frontera para no volver”, lo que corre parejas al hecho de que lo minusvalore posteriormente en este libro de enjundia antitradicionalista, que es lo que hoy se enseña a los jóvenes.

Los dos capítulos siguientes del libro de Íñigo Pérez de Rada tratan sobre el Palacio de Loredán, ya reproduciendo el Álbum de 1907 (p. 241-267), ya como descripción de su interior apoyada en un abundante aparato gráfico (p. 269-302). También éste capítulo flexibiliza la lectura del libro y añade solaz al lector.

El cuarto capítulo es la descripción de “El Estandarte Real o Catálogo de los trofeos del Cuarto depositados en el Cuarto de Banderas del Palacio de Loredán. Láminas de Gasparini” (p. 303-319).

Los dos capítulos siguientes ocupan la parte central del libro, pues identifican, catalogan y describen con todo detalle 63 banderas y banderines, con un profuso aporte fotográfico, dibujístico y de textos referidos a tales piezas (p. 321-465), y también otras 164 piezas del Palacio de Loredán (p. 467- 519). Además de los elevados motivos personales que don Carlos tenía para custodiar las gloriosas banderas sin arriar de sus Ejércitos –“reliquias verdaderas” tintas en sangre para don Carlos VII–, belleza y coleccionismo fueron importantes para él, ya como disfrute personal ya para efectuar regalos. Entre banderas, banderines y objetos, el catálogo de este libro asciende a 227 piezas. 

El detallado análisis de estas heroicas banderas y banderines, refleja lo que aquellas fueron y son: simbolizan al pueblo español en Armas y la legitimidad mantenida. Su colección manifiesta cómo fueron enarboladas por el pueblo español en circunstancias extraordinarias y en nombre de don Carlos de Borbón quien, perdida la contienda tras el pronunciamiento militar liberal de Sagunto, las reunió caballerosamente y puso a salvo, pudiendo desfilar ahora ante el lector en los capítulos V y VI de este importante y precioso catálogo.

El primer apéndice recoge la imagen y un comentario del testamento de don Carlos de 1906 y tres codicilos de 1909 (p. 523-540). El segundo tres gráficos sobre el color de las faces principales de las banderas, y el origen geográfico y paradero actual de éstas (p. 541-543). El tercero es un informe relativo a la restauración de la bandera de la partida del conocido Cura Santa Cruz (p. 545-549). La relación de hemeroteca, archivos y bibliografía que les sigue es extensa (p. 551-561). Algunas de las 844 notas a pie de página son prolijas. 

Dicho esto, nos encontramos ante un importante y precioso libro, único en su esfera, entretenido y fácil de leer, con una ingente información y abundantes testimonios personales de época. Un libro óptimo en el contenido y en la forma, óptimo también para regalar a los amigos –un buen libro es el mejor regalo-, con abundantísimas y variadas imágenes a todo color y de gran calidad, todo ello muy acorde con la importancia tanto de las banderas y banderines catalogados como del oficio de rey, que don Carlos vivió desde muy joven hasta el final de sus días.

El conjunto de piezas de este catálogo y don Carlos como persona, caballero y rey, corren parejas y se retroalimentan. ¿Por qué decimos esto? Porque tras mantener la legitimidad monárquica en España durante una larga guerra, seguida de la derrota final en el campo de batalla en 1876, don Carlos creó el Cuarto de Banderas con paulatinas adquisiciones, diferenció nada clericalmente las atribuciones de la Iglesia y el Estado en tiempos de León XIII, era opuesto a un posible ralliement aplicado a España por parte de la política vaticanista y se negó a aceptarlo para Francia, cuyos legitimistas le reconocieron dentro de este marco tan comprometido como es el enfrentamiento histórico entre Revolución y Cristiandad.

Segunda edición, corregida y ampliada, 2024
Segunda edición, corregida y ampliada, 2024

Don Carlos expresó su oficio de rey en sus viajes, en la forma de vivir en Loredán, en la amigable recepción en el palacio de cualquier español amigo y menos amigo, siendo el coleccionismo una afición de un hombre de cultura y de la más alta dignidad. Don Carlos promocionó en España la prensa, revistas y libros que mostraban que los carlistas no eran socialmente unos “don nadie” y que nada tenían que envidiar a la burguesía enriquecida liberal. Retrasó la participación electoral hasta el sufragio universal de 1890 –a pesar de las conocidísimas trampas electorales-, impulsó la creación del diario carlista “El Correo Español”, estableció la fiesta de los Mártires de la Tradición en 1895, animó a sus colaboradores como el marqués de Cerralbo para la proliferación de círculos sociales, y otras mil iniciativas… todo lo cual muestra la importancia  de un proyecto político, y la indudable capacidad y genio de don Carlos como gobernante, amén de su humanidad y su ánimo de caballero.

Agradecemos de nuevo el trabajo del vexilólogo e investigador Íñigo Pérez de Rada, hijo del marqués de Jaureguizar y mecenas como su padre, el Excmo. Sr. Francisco Javier Pérez de Rada y Díaz Rubín (+ 2013), que fue historiador, genealogista y editor, trabajo que todos leeremos con sumo gusto. Un hermoso libro que puede ser un distinguido regalo para los buenos amigos, y que recoge importantísimas y vívidas páginas de la historia de España.

En Pamplona, 28 de mayo de 2024

José Fermín Garralda Arizcun  

Doctor en Historia

domingo, 28 de enero de 2024

Premios Hispanidad Capitán Etayo 2023. En Madrid.

 Premios Hispanidad

(por José Fermín Garralda)-

SE ha celebrado en Madrid, con mucho entusiasmo, la VIIª edición de los Premios Hispanidad Capitán Etayo 2023. La entrega ha sido  éste sábado 27 de enero.

En esta convocatoria, acaban de ser agraciados con este Premio, el madrileño Don José Luis López-Linares del Campo, y la dra. Doña Mónica Luar Nicoliello Ribeiro, de Uruguay.

Una nutrida asistencia llenó el salón del restaurante “El Aliño”, situado en un lugar céntrico, en la calle de Rafael Calvo de la capital.

Hizo la entrega de los premios don Fco. Javier Garisoain Otero, presidente de la Comunión Tradicionalista Carlista, una vez presentado el Acto don Javier María Pérez-Roldán, secretario general de la misma. En la mesa presidencial estuvo doña María Cuervo-Arango Cienfuegos-Jovellanos, que vino desde el Principado de Asturias, y actualmente es presidente honoraria de la Comunión.

Don José Luis López-Linares es guionista, director de fotografía, director y productor de cine español. Ganó tres veces el premio Goya, a la mejor dirección de fotografía en 2006 y a la mejor película documental en 2004. Otras tres veces fue nominado al mismo premio. Ha recibido el premio Ondas (1997) y también ha sido nominado al Premio Emmy. En 2022 fue condecorado con la medalla de plata de la Comunidad de Madrid. Sí, nuestro galardonado es uno de los máximos exponentes del cine documental español.

El autor agradeció profundamente la distinción y galardón recibido. Reconoció sentirse verdaderamente “privilegiado”. De profesión se dedica al cine desde los 18 años, siempre ha realizado documentales –ya lleva por catorce-, y tiene seis trabajos como director de fotografía de cine, generalmente de largometrajes. Se reconoce admirador de la obra de la dra. María Elvira Roca Barea, Imperiofobia y leyenda negra (2016), que según él está escrita con gracia y ritmo. La película “España, la primera globalización” (2021),  le costó tres años, y la filmó sin ayudas ni subvenciones. Hizo una campaña de mecenazgo y encontró los medios para ello. Tuvo un gran éxito.  Recordó que muchos aplaudieron la película, se identificaron con ella, y la difundieron. En realidad, filmarla le cambió la vida pues gracias a ella tiene innumerables  nuevos amigos.

Ahora, el 6 de abril de este año, se entrenará su nueva película titulada “Hispanoamérica”,  para poner en común y divulgar nuestra larga y rica historia de 300 años, destacando la variedad de acentos americanos. Sin América, España no se puede entender a sí misma. Aunque más de tres mil mecenas han financiado la película, para terminarla necesita de nuestra ayuda y mecenazgo, formando así una generación que haga suyo este proyecto, que va más allá de la película, pues pretende ofrecer un recorrido de inmersión gracias a la historia, el arte y la música. Tengamos en cuenta –insistió- que Hispanoamérica es una civilización diferenciada, es la casa que tenemos en común lo españoles de ambos hemisferios. Así podremos recuperar nuestra historia antes de que sea demasiado tarde y no quede nada que recuperar.

El enlace para la campaña de mecenazgo a partir de 15 euros, es hispanoamericalapelicula.org. Sumándose, cada uno formará parte de una comunidad unida por un mismo fin, para poder sumarse a la defensa de nuestra Historia común. Una vez ingresado, recibirá un enlace exclusivo para poder ver la película en plataformas digitales antes de su estreno, así como una fotografía en alta resolución de un Ángel Arcabucero de escuela cuzqueña… “Bienvenido a bordo”. Al homenaje y sus amables y simpáticas palabras, le acompañaron un caluroso aplauso de los muchos asistentes.

A continuación, don Julio recibió el galardón en nombre de la dra. Doña Mónica Luar Nicoliello, que vive en Uruguay, con la cual la sala se conectó por la Red. Don Julio destacó que la premiada ha sido y es una firme defensora de la Hispanidad como autora de trabajos y libros de investigación, de vídeos y divulgación. Se ha dedicado a la investigación, profesorado y didáctica de la Historia,  la geopolítica, y a dirigir la mirada al futuro. Le considera un pozo de sabiduría, propio de quien está a la altura de los grandes hispanistas. La autora ha publicado trescientos artículos en temas históricos, y varios libros (1999, 2010), siendo el último de 2022 y se titula Indios, españoles y nuestramericanos.

Tomando la palabra desde su patria Uruguay, la dra. Mónica desveló que debemos lograr que la comunidad hispana sea el sujeto que hace las reglas y no que reciba las reglas que otros le dicten. Para ella, la Hispanidad es una comunidad de valores, una comunidad activa y una civilización universal. Incluso está presente en los seis continentes, incluyendo la Antártida gracias a la presencia de los países hermanos Argentina y Chile. Asemejó la Hispanidad con un bello y valioso jarrón quebrado por el nacimiento de los Estados. En realidad, es una civilización que continúa y tiene en su seno muchísimas  posibilidades. Tenemos todo, tradiciones muy valiosas, y sobre todo –como resaltaba en gran poeta nicaragüense Rubén Darío- tenemos a Dios –desde luego por su misericordia-. Lo que nos falta es la conciencia para influir decisivamente en el mundo. Hoy días las civilizaciones entienden de alguna manera que necesitan el ejemplo de la Hispanidad como civilización. Esto no es nostalgia, sino recordar que alguien tomó el timón, y durante siglos fue configurando un modelo verdaderamente  civilizador. Esta misión le correspondió a España, que en 1492 llegaba a su cenit para permanecer en él largo tiempo, manteniendo en pleno renacimiento paganizante que todos somos seres humanos con la misma dignidad de hijos de Dios.

La Hispanidad, que antes era una unidad, hoy se ha convertido en un proyecto de recuperación, actualización y vanguardia. Una vez más se observa que las realidades tienen su continuidad, pues el presente no está muerto sino vivo. El pasado influye en el presente y marca el futuro. Además, la Hispanidad también sigue vigente porque no pudo realizarse totalmente. Tenemos los medios, tenemos todo, somos mestizos, indios y españoles. Tenemos dos personalidades en una hispanidad universal. Seamos conscientes de lo que somos. La doctora doña Mónica agradeció a  don Julio, por recoger los regalos cuando llegue  a Madrid. Héroes: tomar el timón y hablar de la Hispanidad.

A continuación el Sr. Garisoain consideró que tenemos que impulsar los momentos históricos y fortalecer medios para hacerlo. Será preciso seguir el ejemplo de don Carlos Etayo Elizondo, que si bien sabía de dónde venía y hacia dónde tenía que ir, trabajó con ahínco por recuperar los medios que sus antepasados tuvieron, y así poder hacer realidad sus viajes a América con los mismos ideales católicos y civilizadores que tuvo Cristóbal Colón, según él mismo insistía y constata quien esto escribe. Garisoain invitó al periodista Eulogio López, que años atrás recibió el premio “Hispanidad capitán Etayo”, a decir unas palabras. Don Eulogio, que muy agradecido afirmó que este Premio lo es a la brillantez, destacó cómo la reina Isabel la Católica entendió que el indio, todo indio, es criatura de Dios y como todos está llamado a ser hijo de Dios.

Recordemos que, estos Premios Hispanidad Capitán Etayo, buscan honrar la memoria de Carlos Etayo Elizondo, marino navarro y arqueólogo naval, aventurero e investigador, caballero carlista y decidido defensor de la Hispanidad, que en varias derrotas muy meritorias, sin subvención alguna ni otro apoyo que el de ardientes católicos y buenos españoles, reprodujo los viajes de Colón, construyendo y fletando la embarcación más parecida a la Niña del Almirante, y navegando hacia las Américas con los mismísimos medios que en 1492.

El premio hace un llamamiento a la sociedad española y a todos los pueblos hermanos, para que recuperen sus raíces comunes, redescubran la obra de España más allá de los mares y para que trabajen por tender lazos y reconstruir puentes para todos los miembros de esta realidad viva que es la Hispanidad. Los que conocimos y trabajamos en el ámbito cultural con “el capitán Etayo”, sabemos que su intención constante fue emular los viajes del gran almirante, reproducir lo más exactamente posible la Niña de Colón, mostrar la verdad de la evangelización y civilización de América y desvelar las falsedades de la leyenda negra.

El premio siguiente será D. m. en octubre de 2024.

José Fermín Garralda Arizcun

Vid. "Ahora-Información", 28-I-2024

viernes, 8 de septiembre de 2023

VI Centenario del Privilegio de la Unión de Pamplona

Privilegio de la Unión de Pamplona, Cabeza del Reino de Navarra

por José Fermín Garralda. Dr. en Historia

HOY, los pamploneses están de fiesta. Celebran los seis siglos del Privilegio de la Unión, sellado por Carlos III "el Noble" del Reino de Navarra el 8 de septiembre de 1423.

Conmemoran el VI Centenario de la unión de los tres Burgos o ciudades que componían Pamplona, que estaban separados por sus murallas internas y tenían ayuntamientos propios: Burgo de San Cernin, Burgo de San Nicolás y Burgo de la Navarrería. También gozaban de unas murallas externas para defender la ciudad de enemigos exteriores -e interiores-. 

La guerra de la Navarrería de finales de la Edad Media expresa que, a veces, los mayores enemigos son, desgraciadamente, los próximos. Y muchas veces sin debido motivo. Eso hay que evitarlo y, si hay conflictos, recurrir inmediatamente a la instancia política superior. Es un parecer extrahistórico, a veces todo ello es difícil de hacer y fácil de decir. 

El Privilegio de la Unión fue un documento de verdadera concordia. A petición de los un buen número de ciudadanos, el rey Carlos III de Navarra estudió el problema del enfrentamiento  entre las tres universidades o Burgos, y resolvió que se derribasen las murallas interiores que separaban los Burgos, se crease un único  Ayuntamiento para los tres Burgos, con una sola jurisdicción, y que se construyese una casa de la jurería (Ayuntamiento) en la confluencia de los tres Burgos, que es precisamente el lugar donde está hoy. 

El documento destaca las fuerzas vivas de la ciudad, sus cargos y sus nombres, y sin duda todos intervinieron en algo: el obispo Ilmo. don Sancho Sanchiz de Oteiza, el canónigo arcediano de Eguiarte y Obrero de la S.I. catedral, el vicario de la parroquia de San Cernin, la abadesa del monasterio de Santa Engracia, las tesoreras del monasterio de San Pedro de Ribas, el prior del convento de Santiago, el prior del convento de San Agustín, el guardián del convento de San Francisco, el comendador del convento de la Merced, el alcalde, los jurados y honorables y discretos representantes del Burgo de San Cernin, los jurados de Burgo de La Población o San Nicolás, los jurados del Burgo de la Navarrería, el notario, tesorero, justicia y pregonero púbico Real. 

El Privilegio muestra la unidad en la variedad, que las unidades superiores no anulan sin engloban las inferiores, pues los Burgos mantuvieron su personalidad constitutiva en la elección del alcalde por el virrey, en la elección de los regidores y de los tesoreros municipales. 

El Privilegio de la Unión pervivió durante cuatro siglos. Fue anterior y posterior a la incorporación de Navarra a Castilla, y abarcó siglos tan diversos como el XV y XVIII. Fue el documento por el que la ciudad de Pamplona se rigió desde 1423 hasta la Revolución liberal de 1812, desde la posterior Restauración en 1814 hasta el pronunciamiento militar liberal de Riego en 1820, y desde la segunda Restauración en 1823 hasta el régimen liberal posterior a 1833. Muchos pamploneses se fueron a las filas de don Carlos y otros permanecieron en la ciudad. En principio, porque perdieron desapareció definitivamente el Privilegio de la Unión. 

El Ayuntamiento de comienzos de la Edad contemporánea no estaba colapsado por la antigüedad del Privilegio, ni por el paso del tiempo, ni era una "propiedad" aristocrática, sino que había generado equilibrio, progreso y paz, y, además, el Privilegio había sido reformado en 1817.

El Privilegio es breve y eficaz. El documento tiene 29 capítulas, es de breve redacción aunque a la vista sea una pieza documental extensa en un rolde largo, y en su sencillez generó paz y concordia. Además, durante muchos siglos el Ayuntamiento era una institución respetada y obedecida sin grandes problemas. 

Ni en el s. XVI ni en toda su historia, Pamplona tuvo la figura del corregidor, que se impuso en Castilla por Isabel I. No en vano el alcalde ordinario, que era anual, era elegido por el virrey entre una terna presentada por los regidores, según el Privilegio. De todas maneras, el Fuero impedía la creación desde Castilla de la figura de un corregidor para Pamplona. 

La autoridad del Ayuntamiento también fue respetada por los vecinos en 1766. En efecto,  aunque no se sufrió el motín de Esquilache de otras ciudades de la monarquía peninsular, los priores de algunos barrios -dos de 18 barrios- pidieron, previa reunión con su respectivo barrio, participar con los regidores en el aumento del precio del pan en momentos de crisis, que de por sí correspondía poner a la Corporación municipal. Hubo un pleito y ganó el Ayuntamiento que vio reforzada su autoridad indiscutible. 

La reforma municipal de Carlos III de los diputados  del común y síndicos personeros etc. del 26-V-1766 no afectó a Pamplona, ni a los municipios navarros. En Pamplona la nobleza no ostentaba los cargos municipales sino que estos estaban muy repartidos entre los sectores sociales más competentes, los comerciantes siempre tenían varios puestos, como los escribanos reales, los procuradores y abogados. Existía un equilibrio "medieval" y de sentido común. 

Si en el transcurso del tiempo surgía algún punto en el que debía precisar los términos de las 29 capitulas de la Unión, se recurría al rey, que la mayor parte de las veces estuvo conforme con la ciudad. 

El Privilegio permitía concreciones en su aplicación, realizadas sólo para el Bien Común. Este último era la única bandera o justificación de los alcaldes y regidores, consultores, priores de barrio etc. Daban mucho y no recibían nada a cambio, salvo reconocimiento social. Era suficiente. Desde luego, no pocos pretendían exonerarse del cargo (la carga) y parte de ellos lo conseguía. Parece que no existía ambición por el poder y, desde luego, la organización de la institución ponía toda clase de trabas. 

Baldosa de los Burgos en la plaza consistorial.

Es admirable como con tan pocas capítulas, un Ayuntamiento pudo gobernarse y progresar. El siglo XVIII fue un siglo ejemplar, próspero y reformista. Progreso y tradición se dan la mano y se suponen mutuamente. En éste siglo la ciudad progresó mucho, a la vez que defendió sus derechos o Fuero frente al centralismo regio del absolutismo y luego despotismo ilustrado. Esta defensa tuvo éxito, aunque alguna vez la Ciudad cedió parcialmente alguna cuestión a final de siglo, a disgusto y en espera de presentar un recurso posterior. Como ocurrió en el Reino de Navarra. El Ayuntamiento también respetó las tradiciones, las formas de hacer, los derechos de las instituciones sociales (gremios, cofradías, hermandades...) y religiosas (obrerías parroquiales, conventos...). La sencillez del privilegio de la Unión de y para Pamplona únicamente, contrasta con la abundante, minuciosa y aplicada a toda España por igual, reglamentación que se fue generando desde la Revolución Liberal hasta la actualidad. 

El Privilegio tuvo una gran importancia al originarse con la intervención regia y encargar su posterior protección al Reino. El rey Carlos III estableció que el Privilegio fuese el Fuero de la ciudad, y además que fuese ley del Reino. Por eso, cuando se modificó la elección del tesorero en 1780 y de los regidores en 1817, una vez acordada la modificación por los regidores se reunieron las Cortes del Reino. 

Hasta 1817 los regidores se distribuían así: 5 del Burgo de San Cernin, 3 de La Población o San Nicolás, y 2 de la Navarrería. La elección era anual y la realizaban los regidores salientes en septiembre, sin poder reelegir a los mismos para el año entrante. El Burgo de San Miguel es medieval y su situación es discutida por los que estudiaron la Pamplona en la Edad Media. Hoy, en la calle Dormitalería, y en la parte del palacio episcopal, se conserva una escultura con el arcángel San Miguel -no San Jorge- en actitud guerrera, atacando con su lanza al dragón infernal. El cambio de tesorero fue para que no fuese por burgos, y la nueva elección de regidores en 1817, será sin orden de Burgos e indistintamente de toda la ciudad. No en vano, en 1817 había cambiado la composición demográfica de los Burgos a beneficio de Navarrería. 

Pamplona en la investigación. Entre los investigadores universitarios o académicos que han estudiado el Privilegio de la Unión y la vida de la ciudad anterior a la Revolución liberal, destacamos a Irurita Lusarreta sobre la Edad Media, Lasaosa Villanua sobre el s. XVI y a José Fermín Garralda sobre el s. XVIII. 

Otros autores  como Valentín Redín han trabajado sobre los Usos y costumbres del ayuntamiento de Pamplona (1987), José Joaquín Arazuri sobre El municipio Pamplonés en tiempos de Felipe II (1973) de sencilla y amena lectura, Molins Mugueta sobre la casa consistorial (1995) y José Fermín Garralda sobre la construcción del nuevo edificio en 1752-60 (1987). Otros autores han sido más concretos y académicos analizando el protocolo y los símbolos municipales, la construcción civil en la ciudad, la demografía de Pamplona (Mª Gembero) los comerciantes, la vida religiosa de la corporación municipal etc. Dejamos al margen los trabajos del período de a Revolución liberal, de muchos autores como García-Sanz (las elecciones) etc. 

Maqueta de la ciudad de Pamplona en 1900. 
Se expone en el Archivo General y Real de Navarra.

Nuestra enhorabuena a los que hicieron posible el privilegio de la Unión, y en ellos recordamos a los que vivieron activamente bajo su cobijo. Sin duda, este Privilegio hizo que la personalidad de Pamplona se fortaleciese. Por ejemplo, uno de los derechos vecinales era no ser llamado a las Armas para defender la frontera u otros lugares del Reino, sino sólo la propia Ciudad. Claro es que Pamplona era una ciudad fortificada, cabeza del Reino, en ella estaban las instituciones, e interesaba que estuviese fue guarnecida por los propios vecinos. Los vecinos defendían la ciudad y la guarnición se replegaba a defender únicamente la ciudadela.

Los títulos de Pamplona fueron los de Muy Noble y Muy leal y, tras 1823, Muy Heroica Ciudad de Pamplona, en atención a los sufrimientos de la guerra constitucional de 1821-23, pues además de la presencia de muchos realistas en la ciudad, ésta fué sitiada debido a que la guarnición militar era liberal apoyada por un nada despreciable sector de vecinos.

Nuestra más total enhorabuena a los Ayuntamientos de Pamplona, sus alcaldes y regidores o concejales, y a todos los pobladores e instituciones de esta preciosa ciudad. Ojalá los pamploneses o iruñenses vivan en paz y concordia, buena vecindad y mutua ayuda.

Fotos del autor

Galería de fotos: 




Carlos III, fiel reflejo del retrato de su sepulcro en la catedral de Pamplona. Debajo, belena del Burgo de San Cernin que muestra las murallas que lo rodeaban. 




José Fermín Garralda




sábado, 10 de junio de 2023

El marqués de Valde-Espina en las guerras carlistas: nuevo libro

 Novedad editorial

ESTA mañana del 10 de junio, don Jorge Garris Mozota, que reside entre Zaragoza y Madrid, ha presentado un magnífico libro divulgativo sobre Carlismo, en una céntrica librería de la ciudad de Pamplona, cabeza de  la Comunidad Foral de Navarra. Antes lo presentó en Madrid (10-V), Zaragoza (2-VI) y, ayer, ante un numeroso público, en San Sebastián, pues el palacio de Astigarraga de los Valde-Espina está próximo a la bella Easo.

Dirigido al gran público interesado, el libro se titula Las guerras Carlistas y los marqueses de Valde-Espina, Madrid, Asociación Editorial Tradicionalista, 2023, 410 pp.,  texto 226 pág. y un álbum de aparato gráfico pág. 228-402. Las fotografías son en gran parte inéditas, y cuidadas con esmero por el editor Javier María Pérez-Roldán. Este aparato gráfico es tan importante y quizás más original que el texto, que sitúa las imágenes dentro la historia general. El coste de venta al público del libro es de 20 euros, 15 el día de la presentación. Pedidos a: www.tradicionviva.es; redaccion@tradicionviva.es

El autor ha realizado una presentación a gusto de los asistentes, que no pueden sino agradecer su dedicación, el esfuerzo y buen hacer del mismo, de la Asociación Editorial Tradicionalista, y la profesionalidad de la librería que les ha recibido con generosidad y apertura temática.

Desde la historia y quizás con reflejos de geopolítica, el autor don Jorge Garris (1) ofrece una dinámica general de la historia de España del siglo XIX español, generada por la Revolución liberal, sin omitir la presencia de la secta masónica. Tanto su exposición como el libro, establecen el marco político general de sus protagonistas, poniendo de relieve la guerra por la Independencia y luego la guerra realista, la larga y penosa guerra de siete años, los diversos alzamientos posteriores, el pronunciamiento de San Carlos de la Rápita, otros intentos de sublevación, y una tercera guerra de cuatro años. En todo ello participo la familia protagonista dentro del Carlismo.

El autor reconoce que el Carlismo es un fenómeno de ámbito nacional abarcando toda España, y no sólo la región Vascongada y del Reino de Navarra, aunque éste fuese el escenario militar y político de los marqueses de Valde-Espina. A estos les correspondió plantearse el problema, y salir de sus viejos solares de Ermua (Vizcaya) y Astigarraga (Guipúzcoa), poniendo mucho en juego, como su vida y futuro, propiedades y libertad, para cumplir su deber con lealtad a la causa de la España de siempre. 

Familia de la nobleza titulada, de capacidad y vocación militar y política, la vida de nuestros personajes se trenza en la historia militar y política. Fueron generales de don Carlos V en la primer guerra y de don Carlos VII en la tercera, y ocuparon cargos políticos en sus gobiernos de la zona Navarra y Vascongada de la España fiel a la "justa causa", como dicen los documentos carlistas de la primera guerra de los siete años.  

No era fácil a la nobleza de arraigo -y a nadie, suponemos- jugarse todo, aunque fuese por las elevadas y merecidas causas de la religión católica, las Españas, los Fueros de Vizcaya y de Guipúzcoa -en su caso-, y la fidelidad a un rey desterrado. Es muy importante resaltar que este destierro nunca significó -sobre todo en 1833-1840- tener una presencia minoritaria en el pueblo español, pues dos veces (Carlos V y Carlos VII) el rey entró en España levantando Ejércitos donde no los había. Por su parte, don Carlos VI promovió muchas acciones y llevó a cabo el pronunciamiento  de San Carlos de la Rápita. El libro termina con Carlos VII y el IV marqués de Valde-Espina en escena. Hay autores que ironizan sobre promesa del "Volveré" de don Carlos en 1876, ignorando que la  cumplió con creces y de forma muy decisiva,  cuando su hermano Alfonso Carlos I dió la orden a los requetés de sublevarse contra la Revolución marxista que en 1936 estaba acabando con todo tipo de orden social, incluido el republicano.

 El autor, además de doctor en Ciencias Políticas y sociología, es ingeniero y profesor de geopolítica. Quizás por eso, en su presentación y en mi posterior charla con él, advirtió las enormes dificultades logísticas de un alzamiento contra un Gobierno ya constituido y dueño de todos los resortes del poder, incluido el apoyo práctico internacional con tropas y dinero. Es necesario insistir en esto para situar el enorme arraigo popular del Carlismo, persistente en el espacio y en el tiempo, que no obstante hay autores que pretenden escamotear.

El libro es ameno y fácil, está redactado para el gran público, y contiene interesantes detalles que captan la atención. Se omiten notas y citas eruditas y farragosas de fuentes documentales, primarias o secundarias. Entre las citas o referencias, no pocas proceden de la red internauta. El autor incluye por extenso textos interesantes, que permiten al lector entender qué es el Carlismo.  La bibliografía es general, desigual y erudita, omitiendo la científica, seguramente en aras a la brevedad conforme al talante generalista de un trabajo ameno que apoya un álbum gráfico muy hermoso. Cita varias veces la biografía el III marqués de Valde-Espina escrita por Gonzalo González Izarra. Salvo un trabajo de Artagán, en la bibliografía se omiten los autores carlistas posteriores a 1876 que escribieron numerosos libros sobre hechos y personajes (Brea, Artagán seud. etc.). La obra está patrocinada por el Centro "General Zumalacárregui" y el Museo Carlista de Madrid, cuyo director, don Javier Urcelay Alonso, prologa el libro.

Agradezcamos a don Jorge Garris su primera síntesis sobre la Casa de los marqueses de Valde-Espina, estableciendo el necesario marco general, como primer paso de un trabajo de investigación documental y ampliación que promete. 

Creemos que el autor ha creado expectación sobre la voluminosa documentación familiar (ya cita el legajo nº 30 del archivo del palacio de Murguía en Astigarraga) y la existente en los archivos públicos. Por ejemplo, menciona el fondo documental histórico de las Cortes de Aragón, aunque también puede consultar las numerosas cartas de Valde-Espina custodiadas en el Archivo General de Navarra, AJRGN 1833-1839. Ello le permitirá analizar con detenimiento la labor del marqués de Valde-Espina como militar y político, prolongándola sobre el Carlismo organizado socialmente tras 1876, que retomó el boom periodístico posterior a 1868, y que tras 1890 dio el salto a la política electoral, eligiendo congresistas y teniendo senadores en las Cortes a pesar del control de las elecciones por el Gobierno. 

Nuestra enhorabuena a don Javier María Pérez-Roldán por el esfuerzo de la Asociación Editorial Tradicionalista, que ofrece un precioso volumen de gran calidad, con cubiertas a todo color, papel couché y abundantes fotografías. Como representante de la editorial, don Javier María expuso las intenciones de ésta especializada en temas históricos. Nos parece muy adecuada la declaración de la solapa del libro:

"No por casualidad la historia del carlismo, de los vendeanos y chuanes, de los miguelistas portugueses, de los cristeros y tantos otros movimientos legitimistas y tradicionalistas ha sido siempre postergada por las instituciones públicas.  / Y no es casualidad porque lo que se pretende con ello es ocultar que es posible otra concepción de la vida distinta a la materialista que defiende la Revolución (liberalismo, socialismo, anarquismo, comunismo, mundialismo, etc.). Que es posible fundar la comunidad social y política en una Verdad trascendente: Cristo".

Permítanos el autor del libro, don Jorge Garris, unos comentarios a filo de la presentación de su obra.

Quienes estamos especializados lejos de planteamientos generalistas, a veces del todo convenientes como es el caso, sabemos que los carlistas no fueron los cinco animosos de pueblo que saltaron al monte. Fueron hombres, jóvenes y mujeres, pobladores de caserío y aldea, pueblo y ciudad, campesinos y oficios, profesiones liberales y clero regular y parte del secular, comerciantes, gente de la administración pública y privada, y nobles. De todo hubo, y reprodujeron la pirámide social en calidad y cantidad. Casi desde cero, organizaron una administración pública y una complicada logística para mantener ejércitos durante muchísimos años. Es lamentable tanto la falta de sentido de la realidad como del conocimiento de la documentación que tienen ciertos historiadores, cuando minusvaloran los alzamientos carlistas, tratándolos a veces de simples bandoleros, como decía el Gobierno ante las primeras partidas cuya primera necesidad era reunirse y mantenerse antes de actuar. 

La superación de esta dificultad resaltará más si cabe la enorme impronta popular del Carlismo -la España tradicional-, pues sólo un movimiento con tanto arraigo puede hacer tanto. Con el paso del tiempo, la aparente falta de éxito y el avance de la Revolución liberal de naturaleza impositiva, el arraigo social del Carlismo se fue reduciendo. En el caso de los Valde-Espina, sabían que la nobleza estaba al servicio de la sociedad configurada y entorno a un rey legítimo, y no al revés, como ocurre a la nobleza liberal del privilegio y el ascenso social,  del cálculo y del dinero. 

Es muy interesante que el autor recuerde la significación del marqués de Valde-Espina, que podemos contraponer a numerosos nobles titulados navarros, pues mientras el marqués de Valde-Espina firmaba documentos de gobierno con don Carlos V desde los Reales de Durango, Eibar etc., muchos de los titulados navarros estaban ausentes del viejo Reyno durante la primera guerra. Los Valde-Espina no fueron los únicos títulos leales a don Carlos en España, pues hay razón de 95 títulos o más que optaron por él en la primera guerra, mientras que otros no tomaron partido públicamente, y un sector apoyó en secreto a ambos bandos. 

Por lo que respecta a Navarra gran parte de la nobleza  titulada estuvo con doña Isabel (2)salvo el Duque de Granada de Ega también conde de Javier, el marqués de Jaureguizar, Salvador y Joaquín Elío Ezpeleta, el conde de Agramonte que fue Vicente Mutiloa González de Castejón etc. Gran parte de la baja nobleza más arraigada en el país navarro optó por don Carlos V: Benito Antillón, el brigadier don José Luis Gastón de Iriarte, don Santos Ladrón de Cegama, Crisóstomo de Vidaondo y de Mendinueta y un muy largo etc. También en las memorias del conde de Guenduláin se deja claro que la nobleza más domiciliada en Madrid fue isabelina, y la más domiciliada en Navarra fue partidaria de don Carlos V. Habrá personas muy significativas en el gobierno carlista de Navarra, como Joaquín Marichalar Lapredriza (+ 1869), que no pertenezcan a la nobleza titulada hasta que don Carlos VII otorgue el título de marqués de Marichalar a un hijo suyo.

José Fermín Garralda Arizcun. Dr. en Historia moderna y contemporánea. Pamplona 11-VI-2023

 NOTAS:

(1) Aportemos algunos datos del autor tomados libremente de la red internauta. Es Licenciado en Ciencias Políticas y sociología por la UNED. Politólogo. También es teniente coronel de ingenieros del Ejército. Su tesis doctoral fue sobre un tema muy reciente, actual y significativo: "La inmigración rumana en Aragón: contexto sociopolítico y evolución histórica (1990-2011)". Se ha centrado en temas de geopolítica, con años de investigación y viajes profesionales por distintos países. Entre sus conferencias de temas actuales, es significativa de sus inquietudes la titulada: "Migraciones internacionales. Una aproximación al panorama actual" (17-XII-2018). 

(2) Me refiero, por ejemplo, a los marqueses de Andía, Fontellas, Fuertegollano, Lizarraga-Bengoa, Montehermoso, San Adrián, Vesolla, los condes de Ezpeleta, Guenduláin, Torrubias, al palaciano de Mirafuentes, al mayorazgo de Dávalos y Zabaleta, y a otros. A todos ellos los carlistas les embargaron los bienes por desafectos a la justa causa, consistentes en censos, casas, tierras, y hasta pechas, como también se hizo a los duques de Alba, Abrantes, Villahermosa, y a los marqueses de Cábrega, Montesa, Vadillo, al mayorazgo de Albelda etc. Suponemos que eran desafectos porque la Junta Gubernativa tomaba informes de las personas ausentes para conocer sus ideas políticas. No por estar ausente de Navarra, automáticamente se embargaban los bienes. Véase Archivo General de Navarra (AGN), Junta Real Gubernativa Carlista (JRGC), leg. 51 (Caja 33.439). Se conservan ejecuciones de secuestros en 1838 y 1839. Don Carlos V los decreta una vez que el Gobierno realizó secuestros de bienes de los carlistas ya desde 1834. 

Aviso: quien desee tomar el texto completo o las imágenes debe pedir permiso al autor el artículo, que se reserva sus derechos. 

Presentación en Pamplona, sábado 10 de junio, 13 h. ¿Dónde?:

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martes, 6 de junio de 2023

"Fuego y Raya" nº 25 Revista hispanoamericana de historia y política.

 Novedad editorial


SEGUIMOS DE ENHORABUENA con la publicación del número 25 de "Fuego y Raya", revista semestral hispanoamericana de historia y política", Año XIII, (IV-2023), 228 pp., dentro de la colección  "Itinerarios". 

Hemos recibido con ilusión el número 25 de esta revista de pensamiento e historia hispánica, dirigida por el dr. Juan Fernando Segovia (CONICET, Universidad de Mendoza, Argentina). 

Trabajos así resultan del todo necesarios para el gran público hispanoamericano, incluido el peninsular español, gracias al patronazgo del "Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II", perteneciente a la prestigiosa Fundación Elías de Tejada, que hace tiempo  sobrepasó la Mar Océana. 

En este número se ofrece un interesantísimo artículo titulado: "Una revolución política y religiosa: la junta y el Cisma del Socorro (1810)" de Adriana Catalina Gutiérrez Gómez. Es un trabajo extenso (p. 13-58), que desarrolla el siempre candente tema de los aspectos jurídicos, políticos y filosóficos de la revolución separatista, en especial los relativos a la reversión de la soberanía. Más aún, ¿cómo se proyectó lo ocurrido en las relaciones que la Iglesia mantenía con poder temporal? Estas primeras colisiones y estallidos, ¿fueron totalmente novedosas o bien estaban formuladas anteriormente a la crisis de 1808? 

Añadamos nosotros que la irrupción de siglo XIX fue traumática a ambos lados del Atlántico. Los estallidos tienen una lenta preparación. La profundidad de los temas hizo que fuesen muchísimos los hispanoamericanos los que, seguros de andar en verdades, se jugaron todo lo que tenían cuando vieron las cosas peligrar. Lo hicieron contra quienes ya habían ocupado, con formas y en momentos de absoluta anomalía, el poder político (en la península los afrancesados, liberales gaditanos y veinteañistas, cristinos o isabelinos), económico y social, imponiendo la revolución con abundantes medios y mucho menos riesgo que los primeros. Porque, ¿quién controlaba el Ejército?, ¿quiénes se repartieron el poder político y hasta económico?

El segundo artículo es de Miguel Ayuso, sobre "La christianitas minor de los reinos de Ultramar" (p. 59-73), sintetiza la evangelización, civilización y la posterior destrucción liberal de buena parte de ello, a pesar de resistencias que -de mantenerse- puede ser salvadoras de  cara al futuro.

El amplio dossier monográfico de tres artículos (p. 79-143) sobre el argentino Rubén Calderón Bouchet (1918-2012), es una delicia para todos, y en nuestro caso para el público peninsular, ya sea el estudioso del pensamiento contemporáneo ya quien camina por convicción intelectual y encarnada en el "sendero anchuroso de la Tradición" hispánica. Un trabajo, de Elena Calderón de Cuervo, trata algunos aspectos de su obra literaria en el seno de la generación de 1940, otro, de Juan Fernando Segovia, desarrolla el origen y fuentes de las ideas políticas de don Rubén, y un tercero, de Lisandro Mendoza,  concreta la concepción de la historia donde se aúna el realismo, la filosofía y la visión teológica cristiana, seguida de la crítica de don Rubén a la llamada modernidad, hija ésta de la rebelión y generadora de sucesivas y trágicas rupturas. Es de esta manera cómo el público peninsular español puede reconocerse a sí mismo en su espejo americano, sabiendo nosotros que afirmar esto es un juicio de valor. 

También es precioso el trabajo reeditado de Rubén Calderón Bouchet, titulado "Los enemigos del progreso" ("Verbo", 1999), donde su contenido, partiendo de un prisma histórico, filosófico y teológico, se muestra transido de una expresión filosófico-política (p. 149-177).

El número 35 de "Fuego y Raya" termina con 15 reseñas interesantísimas, destacando por su extensión un comentario al título La Argentina como problema, de Carlos Altamirano y Adrián Gorelik (eds.) (2018), o bien a Episodios republicanos. Apuntes sobre religión y política en la Segunda República (1931-1936) de Antonio Fontán (2021).

Nos alegra mucho colaborar, en la medida de nuestras posibilidades, en la difusión del número 25 de esta revista "Fuego y Raya". Es una lástima que no exista revista alguna de este tipo y formato en España, donde se admitan trabajos históricos sin un exceso de erudición, ya temáticos ya sobre maestros que han vivido y viven entre nosotros. 

Este número es muy atractivo. Nuestro parabién a los lectores, y nuestra enhorabuena a la editorial y a sus colaboradores.

Pedidos: fuegoyraya@fundacioneliasdetejada.org

José Fermín Garralda Arizcun
Dr. en Historia