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sábado, 4 de octubre de 2025

Respirando Hispanidad. Encuentro con don Alfonso Borrego

 Gira por España

En su gira por España del 1 al 15 de octubre, con el objetivo de investigar, promover y preservar el patrimonio cultural histórico, Don Alfonso Borrego y el Dr. Jorge Carrera Robles han actuado en la ciudad de Pamplona con gran asistencia de público y un sincero calor humano. No en vano son muchos los navarros del Reyno y en los s. XIX y XX los que en su día emigraron a las Américas para buscarse la vida y hasta hacer fortuna.

Esta iniciativa de "Hablando con España" este 2025, ha correspondido a la Sociedad Cultural del Patrimonio del Camino Real de Tierra Adentro. 

El público pamplonés ha recibido con los brazos abiertos esta iniciativa, que pretende hacer patente la verdad de América a los propios españoles de la península. Desgraciadamente, las tergiversaciones y la Leyenda Negra creada por los enemigos de España y de la catolicidad desde el s. XVI, han cuajado en no pocos españoles. La insistencia de los desvíos y los desviadores, el adoctrinamiento en las aulas y por los medios de comunicación, han dejado su huella, que el arqueólogo naval pamplonés Don Carlos Etayo Elizondo desveló en toda su actividad en relación con su periplo americano.  

La visita de Don Alfonso Borrego y el Dr. Jorge Carrera Robles es un ejemplo de cómo los buenos hispanos de América recuerdan con cariño y sencillez a los peninsulares, y sin necesariamente sin proponérselo, nos han mostrado de nuevo que es de bien nacidos ser agradecidos. También muchos españoles estamos orgullosos de ellos. 

El viernes se proyectó el documental de José Luis López-Linares, "Hispanoamérica. Canto de vida y esperanza". Una preciosidad. Además, el film justifica el siguiente resumen: "Nos han contado mal la historia y nos la hemos creído". El documental lo presentaron Don Miguel Cornejo de la Asociación Pompaelo  y el Dr. Jesús Tanco, de la Fundación Herrera Oria. En este documental se recuerda lo que se sabe bien, se aprende cosas nuevas y, desde luego, se disfruta por el desbordamiento de la imagen, la dulzura y ritmos musicales, y las costumbres reflejadas. 

 

El sábado, el Foro Ahora Información y los carlistas o tradicionalistas de Pamplona, hicieron un homenaje a Don Alfonso Borrego en el almuerzo celebrado en el restaurante Iruñaberri, quien tomó la palabra en varias ocasiones. A los postres, el cantautor José Vives Unanua fue invitado para ofrecer una composición cantada y acompañada a guitarra que tituló "Respiramos Hispanidad". Ya el público tarareó el estribillo varias veces. Recordemos que hace dos años, la Comunión Tradicionalista Carlista otorgó el premio Hispanidad "Capitán  Etayo" a Don Alfonso Borrego por su labor llevada a cabo sobre la Hispanidad. El acto fue en un restaurante de  Madrid y los asistentes se conectaron con él telemáticamente. 

Los que tuvimos el privilegio de almorzar en compañía de Don Alfonso y Don Jorge, además de ser testigos del arte de saber contar del primero y de las investigaciones del segundo, nos admiraron su sencillez personales y el orgullo que ambos tienen de la Hispanidad.



Por la tarde del día 4, el Dr. Jorge Carrera ofreció una conferencia en el Casino Eslava, y Don Alfonso Borrego contó largamente sus averiguaciones sobre la labor de España en América. Su gracejo de indio apache cautivó a los asistentes. Pero también maravilló a no pocos que al final afirmase que España tenía que pedir perdón a Hispanoamárica... pero por haberse ido del nuevo continente a comienzos del s. XIX. 

Aquí aparece en pleno sentir de Don Alfonso y Don Jorge. Las élites que mediante muchos actos de fuerza se fueron imponiendo en cada uno de los jóvenes Estados, tras la guerra civil entre americanos y la independencia política americana de España, fueron dominadas por el Liberalismo, y perjudicaron muy gravemente a los naturales compatriotas, que en muchos casos añoraron la presencia de la madre Patria en las épocas anteriores. Esto hizo que las élites liberales impusieran a sus propios hermanos de lengua y cultura, la Leyenda Negra configurada en la Europa protestante del s. XVI -más Francia y algunos lugares de Italia- de manos del ámbito anglosajón.

En el coloquio final, varios de los presentes agradecieron a los ponentes sus preciosas aportaciones, y recordaron la presencia de algunos de sus vecinos (por ejemplo el Venerable Palafox de Fitero) y hasta parientes, en la gigantesca labor de España en América.



La Hispanidad es una Comunidad de lengua, de catolicidad y afectos, de mestizaje y libertades individuales y sociales, que aúna la admiración del peninsular al indígena, y del indígena y mestizo al peninsular. En la Hispanidad, la Mar Océana que separaba Europa y América, es el elemento que une, y cada vez más, generando una constante añoranza de una mayor comprensión y unión a ambos lados del Atlántico 

¡Qué lejanos se encuentran muchos políticos de la población, cultura, religiosidad de sus gobernados tanto en España como en las Américas! 

¡Qué preciosa e ingente labor queda por delante para que los españoles e hispanos se reconozcan a sí mismos y ahonden de nuevo en la Hispanidad, que ofrece al mundo hirviente actual el ejemplo del mestizaje, la paz interior, el respeto a la persona y sobre todo el rezar juntos el Padrenuestro, amén de la lengua y el espíritu primero de complementariedad y luego de fusión en una enorme variedad vital!.



José Fermín Garralda



domingo, 30 de octubre de 2022

El hispanista dr. Patricio Lons en Pamplona (España)

 Dr. Patricio Lons, hispanista: dos días en Pamplona (España)


por José Fermín Garralda Arizcun, dr. en Historia

HA SIDO, la del dr. Patricio Lons, una conferencia esperada por muchos. Patricio Lons es un historiador y periodista argentino muy conocido en la Red y por sus giras, al que muchos aprecian por su gran valer. Ha venido a España desde Argentina, y ha concluido que en la vieja piel de toro se ha sentido en casa desde el primer momento.

Nos referimos aquí a la conferencia que ha dictado en el Hotel de Pamplona Blanca de Navarra el pasado 27 de octubre, invitado por las asociaciones “El Criterio” y “Unidad Hispanista”. ¿Su título?: “Si la Hispanidad se uniera, temblaría el mundo”, lo que no significa que la Hispanidad se una y vaya contra alguien, sino que trabaja por la civilización como realidad concreta, con sus propias características, y lo hace contracorriente.

El salón Génova del hotel estaba lleno. El público no se enteró que el tiempo pasaba más de lo establecido por los cánones de la oratoria, porque el conferenciante expuso con conocimiento de causa, dio respuesta a las tesis de la leyenda negra antiespañola con un desarrollo suficiente y sin agotar al público, se refirió a algunas de las últimas investigaciones y autores que incluso habiendo sido marxistas hoy retoman la Hispanidad, y, como un añadido ad extra a las páginas de historia, convirtió su decir en arte, rindiendo homenaje a modo de conclusión al glorioso pasado español, previamente justificado. Fue una conferencia con un buen análisis y un acogedor y esperanzado colorido del alma.

* * *

Bajo mi exclusiva responsabilidad y fundiendo los elementos que fue exponiendo el orador, haré una semblanza de lo que aprendí en la conferencia de Patricio Lons. Ésta se puede seguir en la Red.

¿Qué afirmó? Nuestra nación –dijo- no es España sino la Hispanidad, la Comunidad hispanista. En su día los enemigos de España (hugonotes, holandeses, ingleses… y, añade este cronista, algún español traidor al estilo Antonio Pérez, la utilización que se hizo de Las Casas, o el seguidismo actual...) dieron origen a la Leyenda Negra, que hoy empieza a quebrar sus pasos a pesar de haber sido bien explotada durante siglos, y finalmente seguida paradójicamente por muchos hispanos incautos.

En la Hispanidad –dijo- estamos todos juntos contra nadie y a favor de la civilización cristiana e hispánica. Ahí están los 900 millones de personas que hablan español, portugués y el  zamboangueño o chabacano en Filipinas. Una lengua universal por excelencia, ya por su número de hablantes, ya por su expansión por todos los continentes.

El momento fundacional de España unos lo ponen en 1492, otros en el Concilio Toledano de 589 pero, en realidad, para Patricio Lons, está en el Pilar de Zaragoza, cuando la Virgen se apareció en carne mortal al apóstol  Santiago, animándole en su apostolado salvífico porque veía que ese pueblo hispano -duro de cerviz- iba a dar muchos santos y las Américas para Dios.

Dos cuevas son centrales en el devenir de la península ibérica: en Altamira  el hombre, como expresión del alma, manifiesta de forma sublime cómo con el arte domina y supera la naturaleza, y, en Covadonga, el hispano muestra que con la Cruz de Cristo vence a los enemigos más implacables. Es la bravura del indígena pre romano que resurgió dirigida por la Cruz salvadora.

Y allá en 1492, los españoles pusieron sobre el azul del mar a modo de tres cascarones de nuez, tras el caminar del sol, llegando por Occidente –el ocaso- a lo que se llamarán tierras de América. (Añadamos: todo un continente que Waldseemüller arrebató casualmente al nombre de la reina Isabel la católica –más que América se debiera llamar Isabela-, que deseamos suba a los altares). Desde entonces se convirtieron y salvaron las culturas indígenas, que estaban en su ocaso, transformadas en cultura hispánica.

España llegó a América para quedarse y evangelizar, para levantar literalmente un Nuevo Mundo con sus propios habitantes indígenas, que lo hicieron en mestizaje. Esa voluntad evangelizadora más la Providencia divina, originó un potente, envidiable y equilibrado desarrollo humano y material. Que  los caracteres del Nuevo Mundo resultante sean tan propios del mismo por la aportación indígena, más que de España en América es mejor hablar de Hispanidad.

Para Patricio Lons España fue integradora de pueblos mil por la lengua, la ciencia y la cultura, la economía, la moneda (el real de a ocho español), la sociedad, y sobre todo la religión católica llevada por los misioneros y la Corona, desde Tierra de Fuego hasta California, las Rocosas y Texas de los EE.UU. Para explicarlo, el orador expuso someramente la evolución de los pueblos indígenas en contacto con los españoles, aportando cómo él aprendió de niños la historia de España.


España dio una lengua compendiada en la gramática de Nebrija en 1492 –la lengua de un Imperio-, superando que con las lenguas y escritura indígena no se pudiese leer a Parménides. Dio un Gobierno y una creación de ciudades influido todo ello por la herencia de Roma, una filosofía griega y cristiana, la creación de numerosísimas universidades como traslación de las que hubo en la Edad Media, una dimensión mucho mayor que la del Imperio romano, un arte colonial donde son evidentes mil elementos indígenas. Creación y mestizaje.  España duplicó su civilización, se reconstruyó a sí misma con sabia indígena, se plantó en nuevas tierras y se rehízo de nuevo en América.

En toda América la civilización hispánica cuajó tomando muchos elementos indígenas. Los indios no fueron oprimidos, sino liberados de sí mismos y sobre elevados a un plano natural y sobrenatural. España unió a centenares de pueblos bajo un mismo principio que les hizo grandes: la Cruz, en la que al otro se le ve como hijo de Dios y hermano. Valía la pena vivir bajo la monarquía el rey de España. Así, como las tribus americanas se hicieron verdadera y sinceramente españolas, luego defendieron a España durante la llamada emancipación a comienzos del s. XIX.

Pasaron los siglos. Los ingleses hicieron por entonces mucho daño, espolearon la guerra civil en la América española para separarla de España y quedársela para ellos,  y lo siguen haciendo hoy. Fue la ambición anglosajona la que atizó la independencia de las Américas, apoyando a ciertos criollos y generales como Bolívar, San Martín, Sucre, O’Higgins Riquelme etc. Los amigos de las logias, criollos pedantes y jefes ambiciosos se coaligaron de hecho con los ingleses. Y fueron los indígenas desde Tierra de Fuego hasta California, y más duramente aún el virreinato del Perú, quienes más defendieron a España. Muchísimos fueron los indios que vieron mejoradas su vida, su cultura, su confianza y libertad,  y al final salvados por la religión. Si los sublevados -¿”patriotas”?- estaban con los ingleses, los indígenas y la gente de color junto con muchos otros españoles estaban con España. Aquello fue una guerra civil atizada por los ingleses. Y aquello hay que reparar. (Esto nos trae esto a la memoria la misma tesis del dr. Luis Corsi Otárola en sus tres libros Bolívar, la fuerza del desarraigo, ¡Viva el Rei! Los negros en la Independencia, y Los realistas criollos).

Patricio Lons repasó, quizás sin advertir el oyente que se trataba de un somero recorrido, la hispanidad desde el Chile araucano hasta la California de Fray Junípero Serra. En el caso de Chile, los araucanos admitieron lo hispano al comprobar no era un invasor al estilo inca, de modo que muchos caciques pro realistas –más de una docena- mantuvieron ejércitos a favor de España en tiempos de la llamada independencia. Ellos sabían que algo importante les iban a arrancar los criollos separatistas y pro ingleses.

Ya en Argentina, muchos indígenas y mujeres apoyaron a España y al general y virrey Santiago de Liniers, con cuya figura tantos niños soñaron. Ahí está el Regimiento de Patricios. Allí la defensa frente a los ingleses. Sabían que si ganaban los insurrectos, apoyados por los casacas rojas, les iba a cambiar lo más importantes de la vida.

Hizo referencia a la guerra de corsarios ingleses como el almirante Brown (1815).

Sin profundizar por falta de tiempo en la fidelidad del virreinato del Perú, el orador pasó a California, otro lugar donde se recuerda con gloria el pasado español. Ahí también se enmarcan las aventuras literarias y cinematográficas de “el zorro” y “el coyote”. Lo indígena y mestizo, lo natural y castizo, estaba con la América española.  Si para ciertos ingleses el mejor indio será el indio muerto, para España el mejor indio es el que se hace cristiano, estando todos llamados con urgencia a ello.

De cara el futuro, todo mal que parece consolidado, se ha caído como un castillo de naipes. Ocurrió con Napoleón, luego con los totalitarismos, después con el comunismo soviético en 1989. Mañana serán otros. La restauración religiosa permitirá a los pueblos decidir y configurar su proyecto común,  corregir los errores de San Martín y O’Higgins, y renovar muchos lazos entre América y la España peninsular, donde todos se sentían parte del mismo destino universal.

* * *

Hasta aquí lo que puedo sintetizar de lo mucho, de calidad y bueno, que escuché al Dr. Patricio Lons. ¿Cuál es nuestra reflexión sobre el quehacer de Patricio Lons?

En primer lugar, el conferenciante domina con gran fortuna el ensayo como género literario, muy apropiado para una conferencia al gran público. Es decir, no es lo mismo la ciencia incluida como principal componente del ensayo, que comunicarla a un público generalista en unas condiciones concretas de día y hora, y añadiendo -el segundo componente- un juicio extra histórico para influir en el auditorio como opinión formada. Ambos componentes, fueron expresados por Patricio Lons con mucho arte. Así, en estos tres componentes, el autor triplica el valor añadido de otros conferenciantes realmente soporíferos.

Segundo. Como ciencia, el dr. Patricio Lons sigue una historia narrativa, que no sesga los datos, respeta la cronología y las circunstancias, abunda en documentos ordenados y advierte los mil detalles, que se expresa de manera un poco ingenua, y como que se “enamora” de cualquier personaje tratado con detenimiento. Ello le permite hacer análisis comparativos sobre las posibilidades y situaciones pasadas de España y de Inglaterra.

De ésta manera, Patricio Lons sustituye a esa otra historia dominada por un destacado prurito de apariencia científica. Una historia aparente que resulta árida y pesada, donde predomina lo cuantitativo y económico, un diseño racionalista, que es oculta o expresamente ideológica, que se muestra dialéctica aunque a veces escondido en la acumulación de datos, donde sin decirlo se dirigen estos y se cataloga y enjuicia no sólo los hechos sino también las personas del ayer histórico y hasta a los del presente con extrañas vinculaciones, como ocurre hoy aquí, en Navarra. En resumidas cuentas, una historia como herramienta ideológica, que ha originado ladrillos escritos pero llenos de vacíos explicativos,  y deja vacías las sillas del público. Frente a ella, Patricio Lons, recogiendo el arte del comunicador, llena los salones con satisfacción para los organizadores y el mismo público al sentirse comunidad.

Expresar un tema general como el de la Hispanidad es muy complejo y, como tal, a veces exige alguna simplificación. En nuestro conferenciante, los datos no están sueltos, ni dirigidos previamente, sino que se asocian originando la pintura viva del cuadro, que por el tema y los datos mismos resulta deslumbrante como es el caso de la Hispanidad.

En tercer lugar, y en atención a los elementos subjetivos del ensayo, el historiador no enjuicia, pues lo hace el hombre que genera al historiador, siempre con mesura y con la condición de que el oyente distinga con claridad el conocimiento del pasado de aquel juicio de valor u opinión añadida sobre el mismo. Si lo subjetivo es opinión, ésta en Patricio Lons es opinión formada.

El mundo hispano, más que amigo de la ciencia –que lo es- lo es de la vida, que incluye la ciencia, añadiendo otros elementos que dan cita a todos los puntos de vista. Patricio Lons, que logra atraer por el oído además de por los documentos entendidos con sentido común, se expresa en algunos puntos con cierta picaresca y siempre sesuda opinión. El estudio frío realizado previamente, le permite formular conclusiones que se rubrican con sus apreciaciones y hasta afectos personales. Pero al hacer esto, nuestro autor no cae en la trampa de dirigir o enturbiar los datos (ciencia), sino que tiene la entereza o valentía de concluir, como colofón y más allá de las conclusiones científicas, con tesis humanas (ensayo) que apuestan por la civilización hispánica, en vivo contraste con la anglosajona,  protestante etc. Que a alguno le duela esto, pues mire, todos ya se murieron, y no pasa nada. Y si se trata de cómo el ayer influye en el presente, Patricio Lons apuesta por la Hispanidad, eminentemente católica, con la valentía que muchos paniaguados no tienen.

Afortunadamente, y según Patricio Lons, no pocos que cayeron en el marxismo van descubriendo la Hispanidad como realidad social y actitud salvadora, tales como Manuel  Ugarte que siguió un socialismo reformista al estilo Jaurés, Liborio Justo que fue marxista trotskista, Jorge Abelardo Ramos y Blas Alberti que fueron marxistas de origen y líderes de la izquierda nacional con su FIP etc.

Cuarto. Sin recursos aparentes, con un callado trabajo de artesano, como mileuristas y sin el apoyo millonario de las instituciones, los que defienden la Hispanidad como Patricio Lons están cada vez más de moda, aunque les cueste sudor y a veces alguna lágrima. Ahí están las aspas de Borgoña y luego también la bandera bicolor. Ya sabemos que en España, los que trabajan ciertos temas son ignorados –sus escritos criticados con mala educación y las fotografías de sus trabajos utilizadas sin permiso-  mientras que quienes combaten sus resultados actúan con prepotencia y disponen de todos los medios materiales.

En quinto lugar, como gran comunicador de los dos componentes del ensayo, Patricio Lons no aburre a nadie, cuando utiliza los datos ejemplarizantes y genera un discurso con claridad de ideas. Su arte del “saber contar”, es lo que falta a no pocos historiadores soporíferos actuales. Recuerdo que durante mis últimos años de docente, he llegado a proponer y hasta exigir a los alumnos, ya mayores, una actividad de aprendizaje que era el “saber contar”, que desarrollan de maravilla cuando se les deja libres y a su aire, aprendiendo con de esta manera mucha historia, pero también lengua, retórica, capacidad de juicio y humanidad.

Concluyo con un elemento subjetivo más allá del frío empirismo de los datos, con un parecer que seguramente compartirá Patricio Lons. Dicen que hoy en España no tenemos alta la autoestima, y creo que tienen razón.

Por un lado, quienes distorsionan y se encierran en comunidad inmediata de pertenencia de forma excluyente –los actuales nacionalismos separatistas-, son incapaces de reconocer el ayer, imaginar horizontes y por ello conocerlos. Por otra, el liberalismo ahistórico, desarraigado, y el europeísmo como ideología –convertido hoy en mito, en un vacío que se quiere llenar con otro vacío- de la generación del catorce, al que se acogen los españoles que prefieren alejarse de España, debe ser superado por la misma España que culminó la Cristiandad medieval y en el devenir de los siglos posteriores. En su configuración, España no puede entenderse sin la Cristiandad y sin la Hispanidad. En tercer lugar, las ideologías disolventes –liberalismo, marxismo, nihilismo aparentemente indigenista- , y los países que tuvieron más enemistad con España y lo que ésta significó, han dirigido sus dardos contra la Hispanidad, originando en su población un absurdo “complejo de inferioridad”, provocado, atizado arteramente, y que se resuelve como el triunfo de la ignorancia.

Tanto España como los pueblos independizados de ella por la fuerza de las armas, empujados por Inglaterra y luego colonizados por el mundo anglosajón –doctrina Monroe- hasta el día de hoy, deben reencontrarse consigo mismos en aquello que tienen de común y les hizo católicos y universales, confiados y amigos de la paz, seguros, vivos y como tales enérgicos, y abiertos a todos. Así formarán una gran potencia religiosa católica, superadora de esa falsa “teología de la liberación” propiciada por el marxismo anti yanqui pero sujeto al mismo gran capitalismo transnacional disolvente, formarán una potencia demográfica, cultural y creativa –pensemos en el llamado “realismo mágico” literario-, económica y política, como federación histórica de pueblos hermanos. ¿Quién da más en el mundo?

Por todo, agradecemos al dr. Patricio Lons su estancia en Pamplona, ofrecernos una conferencia como la citada, y habernos provocado la reflexión personal sobre su buen hacer.

José Fermín Garralda


viernes, 24 de abril de 2015

La Hispanidad y lo católico

La Hispanidad en el ensayo. La novedad e invención de América y su sentido histórico

domingo, 28 de noviembre de 2010

BUENOS AIRES Y LA REVOLUCIÓN DE 1810. TRADICIÓN O REVOLUCIÓN

REVOLUCIÓN Y SECESIONISMO EN EL BUENOS AIRES DE 1810 *

Este tema es complejo y espinoso, y lo asumo como tal en este ensayo histórico ante quienes vivan con fervor la Hispanidad.

¿Por qué festejar la Revolución de Mayo de 1810? Debe festejarse todo lo bueno que ha constituido a los pueblos, pero aragonés no festejará el nacimiento contra-derecho del Reino de Aragón en 1044, ni un navarro la conquista de su Reino por tropas castellanas en 1512 aunque hoy sea y se considere muy español.

Argentina no surgió en mayo de 1810, pues se formó en y como parte de la historia común de España. Juan Bautista Alberdi se equivocaba cuando identificaba a España con las cadenas y a Francia con la libertad. Dejemos su radicalismo, y hablemos sobre la revolución moderada de Buenos Aires en 1810.

(Señora principal. Sabemos que los criollos descendían de españoles, habían nacido en América, y se consideraban americanos autóctonos)


El virreinato de Río de la Plata era parte de las Españas. Tan españoles eran los criollos como los peninsulares (así decía Abad y Queypo en México en el año 1808), aunque una minoría de la élite bonaerense concibió el virreinato unido a la Real persona pero separado de España, para después romper con su Rey.

Tradicionalistas hay que para celebrar el bicentenario de 1810 presentan un cuadro cautivador de la situación, pero no un cuadro real. Al final, suponen que la independencia de España la exigía: 1) La tradición populista hispánica, es decir, los tratadistas españoles neoescolásticos de los siglos XVI y XVII con su doctrina del doble pacto y la transmisión del poder al Rey. Sabemos que eran estas y no las ideas enciclopedistas las que –salvo en minorías- predominaban en toda América. 2) La autonomía de las Indias dispuesta por el rey Carlos en 1519. 3) La independencia de Río de la Plata respecto a la Junta de Sevilla surgida frente a Napoleón hacía muy pocos años. 4) Las peculiares circunstancias de la monarquía de crisis en el Estado y Real Hacienda, crisis en la familia real, crisis por la invasión y ocupación napoleónica. 5) El absolutismo y centralismo borbónicos.

En América no existió régimen colonial sino un régimen virreinal, como en la península antes de los decretos de Nueva Planta para la Corona de Aragón en 1707-1713, y después sólo en Navarra. Carlos III tuvo la gran visión de crear el virreinato de Río de la Plata en 1776, y convirtió Buenos Aires en un gran emporio de 50.000 habitantes, separado de Méjico y Perú.

El virreinato de Río de la Plata florecía y era el más flamante de América. Su régimen político fue muy benéfico y en parte descentralizador. Un tercio de la población era criolla, nacida en América de padres españoles, y era rica, mientras que los peninsulares ocupaban la alta administración. Había pocos títulos nobiliarios, y los hacendados y la burguesía eran pujantes. La sociedad era más reformadora que innovadora, más moderada que extremista, fruto de la tendencia a conservar y del peso de la tradición hispánica. Como puerto de mar abierto al Océano, el ambiente intelectual se abría de hecho a todas las posibilidades, mezclándose las teorías tradicionales populistas hispánicas con las liberales allende de la Mar Océana.

(El virrey de Río de la Plata, el general y héroe Santiago de Liniers, que dos veces liberó Buenos Aires de los ingleses, y fue fusilado por adherirse al Consejo de Regencia de España)


Ideológicamente en la élite bonaerense hubo preliberales, otros eran tradicionales (como el resto de la población), y todos aceptaban las costumbres y mejoras materiales de su época. Unos ejemplos de esta variedad son los siguientes. El primero: Cornelio Saavedra, procurador del cabildo porteño y futuro dirigente moderado de la Revolución, en 1799 fue contrario a todos los gremios, y favorable a la libertad profesional, y a la supresión de todas las trabas y controles, para acabar con el intervencionismo estatal, pues el Estado –decían- sólo debía proteger la libertad y propiedad. El segundo se refiere al populismo tradicional (con algún lenguaje nuevo) de Blas Cabello Mayoral, cuando criticaba la autoridad desmedida del despotismo, la falta de Cortes, y pedía que los ayuntamientos eligiesen los cargos -“un monarca, (…) no es Señor absoluto de sus vasallos, y el Rey de España mucho menos”-, reclamando para “los cabildos o consejos de cada pueblo, la autoridad de celar, juzgar y sentenciar a pluralidad de votos de todo empleo civil o militar”.

Como en otras latitudes hispanoamericanas, mientras unos independentistas bonaerenses utilizaron la tradición escolástica sobre la llamada “soberanía popular”, otros se sirvieron del enciclopedismo liberal. Como dice María Saavedra Inaraja, “en uno y otro caso se apela a la doctrina jurídico-política para legitimar unas acciones que terminarían con el rompimiento definitivo de los lazos políticos que unían a la Corona española con sus reinos americanos” (Rev. “Aportes”, nº 55, 2/2004, pág. 21-34). Desde luego, entre los independentistas que se decían de inspiración escolástica, una cosa eran las palabras y su interpretación de la situación del momento, y otra muy distinta la coherencia o fidelidad a los contenidos escolásticos y a las posibilidades y fidelidad a España.

(Cortes de Cádiz en 1812, de Viniegra. Fueron el origen de la separación de los virreinatos americanos. Contra su liberalismo y centralismo reaccionaron los legitimistas de la América española como Agustín de Itúrbide, y otros como Cornelio Saavedra que optará por la secesión de Beunos Aires en 1810)


En relación con las mejoras materiales, el enorme Virreinato de Río de la Plata gozó de una gran transformación, gracias a sus buenos gobernantes, las medidas económicas y comerciales, el aumento de población incluso en las ciudades del interior, la exportación de cueros y su puerto privilegiado, las mejoras de las comunicaciones y de la organización en general.

Se conocen diferentes posturas políticas en 1810: 1) Martín de Álzaga intentó sin éxito un movimiento juntista formado por peninsulares, sin poder expulsar (1-I-1809) al virrey Santiago Liniers y Bremond -francés pero al servicio de España-, aunque en 1819 Álzaga fue secesionista. Otros juntistas admitían a criollos y peninsulares. 2) El obispo Benito Lué y Riega, el ex virrey Liniers, y el general navarro Elío, mantenían lo existente, y Pascual Ruiz Huidobro también pero deponiendo al virrey Hidalgo de Cisneros. Pensemos también el la lealtad a la Corona y a España del virrey del Perú don José Fernando Abascal y Sousa, o bien de la lealtad de don Agustín de Itúrbide. Sobre Abascal ha escrito recientemente Juan Ignacio Vargas Ezquerra con el título “Cuando no había rey en España, Abascal lo era de América” (Rev. “Aportes”, nº 55, 2/2004, pág. 10-22). 3) Cornelio Saavedra, jefe del Cuerpo militar de Patricios, era, en mayo de 1810, independentista y moderado (elección popular indirecta de los cargos, federal, descentralizador y nacional, orientación católica); 4) Manuel Belgrano quería una Regencia y luego la Monarquía, ambas independientes de España; 5) Juan José Castelli y Mariano Moreno eran independentistas, radicales o jacobinos (elección popular directa, unitarios, centralistas y porteños).

(Detalle del óleo que representa el polémico cabildo abierto bonaerense del 22-V-1810. A la derecha está Cornelio Saavedra, jefe de los militares o Patricios. Esta imagen y algunas otras están de este trabajo tomadas de la Rev. "Ahora-Información", nº 105)


Lozier Almazán (2009) afirma que “en su inmensa mayoría la población del virreinato del Río de la Plata, tanto peninsular como americana, era partidaria del régimen vigente, y estaba ajena al movimiento que se estaba tramando”. Según otros, en 1810 la población conservaba un profundo afecto a la Monarquía, mientras la emancipación contaba con muy escasa adhesión popular. Esto es muy importante.

(Detalle del retrato de Cornelio Saavedra, jefe de Patricios en Buenos Aires, que según el dr. Fernando Romero Moreno mantuvo el pensamiento tradicional junto a Chorroarín, Anchorena o Castañeda)

Saavedra no fue tan tradicionalista como algunos dicen de él desde quizás la época de Perón -Caturelli y otros-. Sus pretensiones, que parecían tradicionales, chocaron con sus procedimientos. De aspirar sólo a la autonomía, podríamos enumerar sus paradojas y contradicciones prácticas. En una sociedad conservadora como la bonaerense era fácil mantener la huella de la tradición, y si Saavedra (como en otros lugares Abad y Queypo, Hidalgo, Morelos, Itúrbide, Medina, Grela, y del Corro) podía pertenecer al populismo hispánico, también sabemos que el liberal Muñoz Torrero defendió en las Cortes de Cádiz la soberanía nacional fundamentándola –equivocadamente- en la escuela jurídica tradicional de Salamanca. Es cierto que si las ideas de la Ilustración europea no fueron el motor de arranque esencial de la Emancipación, “al menos sirvieron para concretar el carácter del movimiento independentista” (Palacio Atard). Queda soterrado en el planteamiento autonomista la confusión entre la soberanía popular, los derechos de la comunidad, y la posibilidad de defenderse por sí mismo como Buenos Aires lo hizo frente a los ingleses en 1806 y 1807. Añadamos la confusión de la terminología política, y el soslayo del funcionamiento de las instituciones políticas que, a pesar de la guerra antinapoleónica, existían a ambos lados del Océano.

Para algunos las circunstancias exigieron, con el tiempo, la ruptura con el Rey. Ahora bien, clarifican más su postura cuando afirman que tanto el trono “vacante”, como el absolutismo y centralismo borbónico, justificaban en cuanto tales la independencia. Y añade Castañeda –como del Calixto del Corro- en 1819: “la ley natural, el derecho de gentes, la política, y las circunstancias todas nos favorecen” para la independencia. Luego no sólo había circunstancias. En ellas se ocultó la emancipación, es decir, en las abdicaciones (forzadas) de Bayona, el dominio (muy precario) de la península por Napoleón, y la ausencia de Fernando VII (preso hasta 1814). Tanta insistencia de fidelidad al Rey escondía gato encerrado.

(Mariano Moreno, de ideas radicales y jacobinas, impuso el terror una vez llegado al poder en la joven Argentina. Retrato de Juan de Dios Rivera)


Además, los hechos no son exactamente como cuentan quienes aceptan la posición del independentista moderado Saavedra –o bien de Chorroarín, Anchorena o Castañeda-, como si esa fuese la aplicación del derecho tradicional hispánico.

Desde el inicio hubo un proceso revolucionario. Había crisis en España pero también en Buenos Aires, donde con el pánico todo era posible. Saavedra fue un agente clave de dicho proceso. El detonante fueron las gacetas inglesas, enviadas por Strangford, que el 14-V-1810 traían noticias de la pérdida de España. Entonces Saavedra planteó la emancipación. Quizás fue revolucionaria la deposición del virrey Sobremonte el 10-II-1807 y la elección de Santiago Liniers como virrey interino. Sin duda lo fue que el 19 de mayo Saavedra -jefe del Regimiento- rechazase su apoyo al virrey Hidalgo de Cisneros. Lo fue la manera como se realizó –y esto es muy importante- el Cabildo abierto del 22 de mayo que, además de ser sospechosamente fraudulento y en él Saavedra planteó una posición rupturista, originó la primera Junta presidida por el ex virrey Hidalgo de Cisneros, recién destituido, siendo por varios motivos falso que este último fuese el deseo de los principales vecinos de Buenos Aires. Lo fue el pronunciamiento militar del día 25, realizado por el Regimiento o Cuerpo de Patricios mandado por Saavedra. Lo fue la imposición de los nombres de la segunda Junta “por nosotros y a nombre del pueblo” (ajeno este a lo que ocurría). “¿Dónde está el pueblo?” exclamó el síndico Julián de Leiva. Lo fue la inicial ambigüedad de las palabras y tergiversación de los conceptos. ¿No implicaba una soberanía nacional implícita y la exclusividad de la voluntad popular, el convocar un Congreso “para establecer la forma de gobierno que se considere más conveniente”, según quería Saavedra? Lo fue, más tarde, el 18-XII-1810, la creación de la Junta Grande, presidida también por Saavedra, para legalizar conscientemente el pronunciamiento del 25 de mayo. Después Saavedra expulsará de la Junta a los golpistas liberales radicales -seguidores de Mariano Moreno- por su conjura del 5 y 6-IV-1811. Lo fue cuando los morenistas destituyeron a Saavedra el 23-IX-1811 y formaron el primer triunvirato; el intento de Sublevación del Regimiento de Patricios el 6 de diciembre; el pronunciamiento del coronel San Martín -inspirado por la Logia Lautaro-el 8-X-1812 formándose el segundo triunvirato, y hasta la declaración de la soberanía nacional el 31-I-1813. Muchísimas situaciones y detalles recuerdan lo ocurrido en Francia y en España entre 1808 y 1823. También lo recuerdan las sangrientas consecuencias de la guerra civil y persecución.

(Detalle del óleo que representa al general San Martín a la izquierda junto con dos de sus colaboradores. Este general, llegado de Londres, hará acto de presencia en Buenos Aires)

La Revolución de Mayo fue improvisada, inmadura y fruto del temor y caos ideológico. Ni siquiera se estableció una forma de Gobierno. Los ingleses fueron sus agentes directos: en 1806 ocuparon temporalmente Buenos Aires, fracasaron de nuevo en 1807, Beresford aconsejó apoyar a los independentistas, y Castlereagh propuso la conquista militar, adoptando -al fin- promover la secesión.

La verdadera naturaleza de mayo de 1810 se ocultó insistiendo en la fidelidad a Fernando VII en todos los documentos oficiales, pero excluyendo la fidelidad a España como si esta fuese una monarquía patrimonial y los virreinatos no fuesen parte de ella. Todo indica que la Revolución se encubrió utilizando el nombre del Rey. Saavedra mantuvo la autoridad real el 1-I-1809 frente al juntero Álzaga porque –dice en sus Memorias- “aún no es tiempo” para la independencia: “dejen ustedes que las brevas maduren y entonces las comeremos”. Y añade: “Por política fue preciso cubrirla a la Junta con el manto del Señor Fernando VII”. Se adivinaba la farsa. Saavedra no pudo -en el supuesto de querer- nadar entre dos aguas dando a las palabras y a los hechos diferentes significados, además que los liberales le consideraban indispensable por ser el jefe del Regimiento. Todos los integrantes de la Junta presidida por Saavedra (salvo Alberti alegando ser sacerdote) firmaron el fusilamiento-inmolación de ex virrey y héroe Santiago Liniers y sus compañeros el 26-VIII-1810, por su fallida contrarrevolución iniciada en Córdoba.

(Detalle que representa el famoso Congreso de Tucumán de 1816, en Argentina, que proclamó la independencia de las Provincias Unidas del antiguo virreinato de Río de la Plata)

Las primeras Juntas (no digo gobiernos) no fueron un acto de fidelidad al Rey, y menos fidelidad heroica. Existía otra manera de retomar la tradición política hispana frente a unos Gobiernos absolutistas que se habían alejado de ella, como mostraron el Reino de Navarra resistiéndose al absolutismo, los realistas renovadores peninsulares, y después el Carlismo. Tras olvidar que Río de la Plata era parte de España, y tras amalgamar deseos ocultos con ideas tradicionales e innovadoras, se cayó en la impaciencia e improvisación, se ignoró las instituciones existentes, y se relegó al rey para luego negarle. Durante largas y sangrientas décadas, la minoría emancipadora, ajena y contraria inicialmente al pueblo bonaerense, no pudo llenar el vacío y evitar la desolación.

José Fermín Garralda Arizcun
Dr. en Historia por la Universidad de Navarra
(Pamplona, 28-XI-2010)

(El general Pablo Morillo, enviado a América para combatir el secesionismo. En 1815 cosechó un gran éxito, apoyado en su ejército de 10.000 hombres, 16 buques de guerra y algunos otros transportes, así como en la población y fuerzas españolas "indígenas" o americanas pero fieles a España. Sin embargo, Río de la Plata conservó su independencia desde 1810)






* Artículo publicado, con algunas modificaciones, en “Las independencias americanas”, Madrid, Rev. “Ahora-Información”, nº 105 (julio-agosto 2010), 47 pp., pág. 18-20. Cubiertas e ilustraciones a todo color. Pedidos a c/ Zurbano 71 , oficina 3, 28010, Madrid (España). Tel.-Fax 913994438


ADDENDA. A continuación, añadimos los títulos de cuatro libros publicados recientemente por jóvenes editoriales, que se suman a los muchos editados hasta ahora. Estos títulos -entre otros- suponen una novedad historiográfica de un gran interés, pues revalorizan la aportación de los ámericanos fieles a la Corona española y, lo que es igual, su fidelidad a España.


(Libro de José Manuel González, La 'cueca larga' de los Pincheira. Una montonera realista en la Independencia sudamericana, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2009, 175 pp.)




(Luis Corsi Otálora, Los realistas criollos. Por Dios, la Patria y el Rey, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2009, 140 pp.)




(Luis Corsi Otálora, Bolívar: la fuerza del desarraigo, Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2005, 151 pp.)




(Luis Corsi Otálora, ¡Viva el rei" Los negros en la Independencia, Buenos Aires, Ediciones de la Academia, 2006, 99pp.)

José Fermín Garralda Arizcun

sábado, 6 de noviembre de 2010

Independencias americanas y Américas hispánicas. MONOGRÁFICO.


INDEPENDENCIAS, HISPANIDAD Y LIBERTADES (*)


Revista “Ahora-Información” (Madrid), nº 105 (VII-VIII 2010), 47 pp.

1. “200 años (de las) independencias iberoamericanas”. Así se expresa un cartel anunciador de ese complejo acontecimiento de tan gran proyección histórica que fue la independencia de los virreinatos de España en América. Este año recordamos su 200 aniversario.

2. Con este motivo, la revista bimensual “Ahora - información”, editada en España y con una definida línea editorial, ha dedicado un número monográfico, de seria divulgación histórica, sobre “Las Independencias americanas” (nº 105, 2010) (1). Todos los autores de este monográfico hablan de Hispanoamérica, la América hispánica o española, con su densa historia e importantísima labor civilizadora de 300 años, mantenida durante los posteriores 200 años a partir de las independencias, y todavía hoy vigente con fuerza.

Apreciar esta última dimensión temporal, de profundo calado histórico y configurativo, exigía el análisis del antes, en y después. Máxime si advertimos que las Independencias conllevaron una dura y cruenta guerra civil, provocada por agentes de las nuevas ideas revolucionarias (eso sí, planteadas con diferentes aplicaciones) y por otros arrastrados a fuerza de unas circunstancias tales como la ruina de España provocada por Napoleón. No hablamos de una guerra de España contra sus “colonias”, sino de una guerra civil entre los ya mencionados y los hispanoamericanos fieles a España y a una Corona que fue el agente principal, junto con la Iglesia católica, de la civilización del Nuevo Mundo.

3. Entender las independencias de las Américas o de cada uno de los virreinatos respecto de la Corona de las Españas -incluido el último de Río de la Plata-, exigía una mirada retrospectiva, es decir, un enfoque histórico y de seria divulgación. Esto no impide que algunas exposiciones tengan la naturaleza de ensayo, referido a aspectos vividos por el hombre actual, continuando así los planteamientos de la revista próximos al ciudadano medio de hoy.

¿Qué diferencias se observan entre la América de los siglos XVI y XVII y las innovaciones del XVIII? ¿Qué perfiles se muestran siglos antes de aquella Independencia soñada por ilustres criollos y, sobre todo, por algunas potencias europeas como Inglaterra, en los albores del s. XIX? Desde luego, era preciso explicar el nuevo contexto ideológico, político y económico de quienes provocaron dichos movimientos y la exacerbación y persistencia independentista ¿Y las consecuencias de este enorme acontecimiento histórico de las independencias, de proyección casi planetaria, que sin duda se prolongan hasta la actualidad? En relación con la actualidad, ¿qué decir del actual continente americano, inestable y hasta desquiciado, colonizado ideológicamente por el liberalismo y el socialismo occidentales? Delicadas preguntas pero con interesantes respuestas.

4. Especifiquemos más los contenidos de esta monografía, cuyos autores proceden de ambos lados del Atlántico. Quince artículos de similar extensión, suficiente para indicar -en apretada síntesis- las diversas tesis ya históricas ya de ensayo de los autores, tesis complementarias en general a pesar de las discrepancias entre dos autores por lo que respecta a la Revolución en Buenos Aires de 1810.

Sus contenidos recogen la primera labor cristianizadora del siglo XVI, y analizan la institucionalización de la labor evangelizadora de los pueblos americanos, y civilizadora de grandes espacios, por parte de la Iglesia y la Corona de España en América. Se identifica a los enemigos seculares de la Cristiandad y la Corona española -su abanderada- agitados por la difamadora, fantástica y grosera Leyenda Negra. Y se analiza la desviación peninsular del siglo XVIII en manos del centralismo, uniformismo y el regalismo carolinos, es decir, las innovaciones racionalizadoras y uniformistas (racionalistas) promovidas por algunos importantes ministros peninsulares de finales de dicho siglo.

Continuemos. Los movimientos independentistas se enmarcan en las innovaciones del siglo XVIII en España, la dramática guerra frente a Napoleón –el revolucionario y ladrón de Europa- , y la naciente constitución revolucionaria de 1812. En 1810, habría que hablar de la activa vivencia hispanoamericana más que de la mera huella española, alterada aquella por minorías de criollos liberales, y las posibles alternativas frente a Napoleón.

Varios ensayos –como tales de factura menos académica- analizan algunos perfiles de la independencia americana, para corregir los habituales clichés. A continuación, dos artículos académicos debaten sobre la Revolución de mayo de 1810 ocurrida en Buenos Aires, donde se dan cita las diferentes perspectivas del dr. Fernando Romero Moreno (Universidades Nacional de Rosario y Austral, Argentina) y quien esto suscribe. La reacción realista en el Sur del Perú (1814-1825), es colaboración del profesor César Félix Sánchez Martínez (Universidad Católica San Pablo de Arequipa, Perú). Llegados a este punto, digamos que en relación con el comportamiento de parte de la población americana favorable a España y la Corona española, se echa en falta la colaboración del profesor Luis Corsi Otárola (Colombia), y su síntesis sobre Bolívar, los realistas criollos y la población negra. No en vano, el cura Manuel de Santa Cruz marchó de misionero al sur de Colombia, la región de Pasto, que era muy realista al modo de su Guipúzcoa natal, y en la que en esta misma época fue obispo San Ezequiel Moreno y Díaz, firme defensor de la civilización cristiana frente al liberalismo. En contraste –sigamos- con la civilización hispánica o tradicional, Javier I. López Ureña analiza por extenso el liberalismo como una de las causas principales de las independencias.

Más inquietantes son las exposiciones sobre el actual saqueo de América (José Cayón, Buenos Aires) y las posibilidades geopolíticas actuales de un vasto y esperanzador bloque hispanoamericano (E. Trento, Buenos Aires). En efecto, en una revista de actualidad no todo iba a ser exposición histórica, pues América puede reencontrarse a sí misma y el ciudadano y lector medio tiene sus exigencias.

Más desconocidas para el gran público pueden ser las Notas históricas de Carlos Ibáñez sobre la presencia de Carlos VII en América. Este número monográfico lo cierra un trabajo del que esto suscribe, sobre la correspondencia privada del hacendado Miguel María Zozaya e Irigoyen con sus administradores durante las guerras civil de Cuba (1893-1898) y yankee en 1898 (2).

5. Terminemos con una consideración de ensayo. De vincular el hecho de las independencias americanas del s. XIX, con lo mucho que pervive de las Américas hispánicas, hasta el punto de que americanos y españoles sólo nos reconocemos en la unidad (también el europeísmo es antiespañol cuando niega esto), brilla con fuerza una unión religiosa, espiritual y cultural… que puede configurar una nueva vinculación geopolítica que exprese completamente qué sea la Hispanidad cantada por Rubén Darío, Ramiro de Maeztu, Zacarías Vizcarra y tantos otros autores. Esto, o bien tendremos unos pueblos independizados pero no reconciliados consigo mismos, víctimas de su propia ruptura interior… pueblos que, ya en estas circunstancias, fueron una presa fácil de la colonización anglosajona de Inglaterra y después de los EE.UU., o bien, ya en la actualidad, han quedado subordinados –sometidos quizás- a las ideologías liberales y socialistas de las universidades y políticos del Occidente. Esta es una manera de separarse de sus orígenes y raíces, y de perder su originariedad y originalidad creativa, propia del mundo hispano.

6. El monográfico que comentamos está bellamente impreso, con tintas a todo color, y supone una divulgación de un gran tema, efectuada por profesores universitarios de ambos lados del Atlántico o bien por atentos estudiosos de este puntual tema (3).

José Fermín Garralda Arizcun
(Pamplona - Navarra)


* Un texto abreviado ha sido publicado con el título "Independencias americanas frente a Hispanidad", en la Revista "Siempre P' alante" (Pamplona) nº 640, 16-XI-2010, pág. 14



(1) No es ésta la primera vez que la revista “Ahora- información” ha ofrecido monográficos de disciplina histórica. En su día, diversos autores analizaron quienes fueron los “Cristeros. Cruzados (mejicanos) del siglo XX” (nº 34, 1998), qué ocurrió en “La Vandée, el corazón de la Cristiandad” (nº 40, 1999), la desconocida realidad de “El otro Gaudí” (nº 58, 2002), la guerra de la Independencia bajo el amplio título de “1808-2008. En guerra contra la Revolución” (nº 93, 2008), el magisterio del filósofo, teólogo y pensador “Francisco Canals Vidal” (nº 96, 2009), y la persona y labor militar y política de don Carlos VII en “Memoria española, Venecia y Trieste” nº 99 (2009) con motivo del centenario de su fallecimiento. En otros números de la revista, que nació en 1994 y se encuentra en el número 105 de su vida editorial, hay frecuentes artículos de historia, ya de divulgación ya de investigación. La impresión de todos los números es en papel couché, acompañan abundantes imágenes, y destacan unas bellas portada y contraportada a todo color. La extensión habitual de la revista es de 39 páginas, salvo el presente nº 105 que tiene 47 pp. JFG

(2) Archivo familiar del autor: familia Zozaya (Errazu, Valle de Baztán, Navarra).

(3) Pedidos: “Ahora información”, calle Zurbano, nº 71, oficina 3, 28010 Madrid – España. Tel. y Fax 913994438



viernes, 3 de septiembre de 2010

Un nuevo libro SOBRE HISTORIA DE ARGENTINA
En el bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810
Recensión



LOZIER ALMAZÁN, Bernardo, Mayo de 1810. La Argentina improvisada. 1810-1860 Medio siglo de desencuentros. Ensayo histórico, San Isidro, Editorial Dunken, 2009, 85 pp.

Este libro es una importante aportación para el conocimiento histórico. Interesa propiamente en el ámbito de la investigación, pero también en el divulgativo entre el público lector generalista a ambos lados del Atlántico, concretamente el lector del mundo hispánico. Esta publicación sintetiza un intenso medio siglo de la historia de Argentina, y analiza clara y ordenadamente los importantes sucesos independentistas de la Revolución de Buenos Aires en Mayo de 1810.

En una época como la actual donde predomina la historia oficial, y se mantiene la inercia de los apriorismos y clichés acríticos e interesados, digamos que la historia narrativa, empírica y analítica que ofrece este libro, contiene implícitamente una crítica a la interpretación establecida, crítica esta inherente –ni más ni menos- a los hechos constatados, más no por ello buscada en sí misma.

En primer lugar y seguramente, el libro de Lozier Almazán será leído con gusto por el público argentino, pues analiza con mucho detalle el origen y naturaleza de la Revolución de Mayo de 1810, y los comienzos de la independencia o ruptura de Buenos Aires respecto a la Corona de España. Las páginas de esta primera parte están escritas con un especial cuidado y detalle, y arrojan abundante luz sobre la penumbra del pasado y las dudas de los historiadores. En una segunda parte, el libro describe las dramáticas consecuencias de dicha ruptura que, sin duda, entristecieron la vida de generaciones bonaerenses, así como de quienes habitaron el Virreinato de Río de la Plata o la incipiente Argentina, durante un vasto período de medio siglo. El desarrollo detallado de dichos acontecimientos responde implícitamente a la pregunta de si el pueblo argentino se configuró con ocasión de los sucesos de 1810, o bien ya estaba configurado como parte de la América española, con la identidad o peculiaridades específicas del Virreinato de Río de la Plata creado por Carlos III en 1776, es decir -y según diríamos hoy- si estaba configurado en una América prolongada como Hispanidad.

Es más, sin duda este libro también interesará al actual lector español, que tanto por desconocimiento en sus estudios de Educación Secundaria, Bachiller e incluso universitarios, como por influencia directa de la ideología dominante y ambiental del liberalismo, que incluye la “razón de Estado” y el “principio de las nacionalidades”, simplifica y hasta tergiversa los sucesos que originaron la separación o independencia política de los virreinatos y territorios americanos. Todo indica en el lector peninsular un inconsciente olvido de la enorme dimensión de los hechos sufridos en el continente americano, simultáneos a la guerra, dura y cruel, que los peninsulares mantuvieron contra Napoleón, el gran corso y “ladrón” de Europa, en defensa de la civilización cristiana, la independencia de su Patria, y el derecho y libertad de sus monarcas legítimos.

Lozier Almazán advierte con acierto la complejidad de lo real, así como la “intrincada maraña de conflictos” en el Buenos Aires de 1810. No escatima esfuerzos para identificar las diversas ocasiones revolucionarias, las diferentes élites y concepciones en lid, la diferenciación entre las élites revolucionarias y el pueblo tradicional o español que mantenía su fidelidad a la dinastía borbónica, la tergiversación de las palabras y la sutileza de algunos planteamientos movidos por las circunstancias, o bien la penosa gestación de Argentina como patria independiente entre 1810 y 1860.

Si la mitad del libro abarca los sucesos de la Revolución de Mayo de 1810, la segunda parte recoge -como si de una crónica se tratase- lo ocurrido en un largo medio siglo cuajado de desencuentros, conflictos y revoluciones. Estos problemas, cuyos protagonistas principales fueron las élites, son el resultado del carácter improvisado de dicha Revolución, aunque en este ajetreo, difícilmente sostenible por una sociedad configurada, también influyese la misma época romántica, la explosión revolucionaria a ambos lados del Atlántico (Godechot) y, sobre todo, el hecho de la fundación artificial del nuevo país, basada en la ruptura respecto a su pasado y su propia configuración tradicional, ignorada por el voluntarismo revolucionario y romántico.

El proceso independentista y configurador del nuevo país surgió y lo llevaron a cabo algunas de sus élites, y se desarrolló de una forma accidentada y a trompicones. Fue un proceso muy dilatado en el tiempo, desvelando Lozier Almazán la luz entre la penumbra en su detallado análisis. El proceso independentista estuvo desorientado en su origen, y sufrió algunos errores básicos en su planteamiento, como fue separar -e incluso oponer- la Argentina independiente de todo lo que es herencia española. Existe una afirmación que puede ser el componente ensayístico de este trabajo, que por otra parte se deriva mediatamente, a modo de conclusión, de los hechos constatados y comprobados en numerosas fuentes: Argentina, como hija de España, no tiene más remedio que reconocerse como Hispanidad, en vez de vincularse al espíritu revolucionario francés como deseaba el liberal radical Juan Bautista Alberdi.

Este libro está basado en fuentes bibliográficas y no en documentos manuscritos, ni en trabajo de archivo, por otra parte muy dificultoso debido a su amplitud temática y a la densidad humana de los acontecimientos narrados. Ahora bien, no pocas fuentes utilizadas son fuentes primarias, como son las memorias de los protagonistas de los hechos, que no obstante deben ser contrastadas y analizadas por el doble tamiz de la crítica documental e histórica. Tales memorias constituyen unos documentos de primer orden, y su crítica ha sido realizada por otros historiadores en base a fuentes archivísticas.

Diferentes motivos me permiten valorar este libro dentro de la disciplina histórica y no en el género ensayístico. Citemos al efecto las memorias utilizadas como fuentes primarias y criticadas por la bibliografía, la reconstrucción empírica de los hechos –de una crónica habla su autor-, el abundante aparato crítico, la inclusión de citas textuales de los protagonistas, el estilo directo y sobrio de la redacción, y la ausencia de juicios de valor. Si el texto es expositivo tiene mucho de argumentativo.

Otra cuestión, paralela a la ciencia histórica, es que este trabajo permita desarrollar una de las funciones secundarias del conocimiento histórico, como es “relacionar el pasado con el presente, a fin de que el lector pueda desandar el largo camino transitado, en los albores de este bicentenario, para extraer conclusiones y repensar nuestro futuro” (pág. 4).

El autor se ha mostrado a la altura de su cometido, como era de esperar si tenemos en cuenta sus méritos y los trabajos que ha publicado sobre el tema que desarrolla. Me refiero a sus estudios sobre Liniers, Beresford, Martín de Álzaga, los proyectos monárquicos en el Río de la Plata etc. Quizás esta fuese la ocasión de establecer conclusiones más generales.

Las conclusiones del trabajo parecen claras. Los hechos no son como los cuentan quienes hacen suya la posición del independentista moderado Cornelio Saavedra –jefe del partido de los Patricios-, Chorroarín, Anchorena o Castañeda, como si esa tendencia fuese la aplicación del derecho tradicional hispánico a unas extraordinarias circunstancias. De por sí, un historiador no hace suya la posición alguna sino que, como decía el profesor Federico Suárez Verdeguer, tiene por objeto desvelar el pasado tal y como puede ser conocido por las fuentes. Añádase a esto la improvisación inherente a la Revolución en el Buenos Aires de 1810, y la posterior desorientación y caos del nuevo estado de cosas durante largas décadas. Las conclusiones también nos muestran el error de separar la Patria argentina del denominado período hispánico, “creando (una) ruptura con su profunda raíz hispánica, tirando por la borda todo el legado espiritual y cultural”. Desde un punto de vista ensayístico, es “tremendo (el) equívoco ideológico” de repudiar a España y proclamarse “hijos de la Francia” como hizo Alberdi. Claro es que no todos los independentistas pensaban así.

Este libro es utilísimo particularmente para el lector español, al que no debiera pasar desapercibido el bicentenario de la Revolución de 1810 en Caracas o Buenos Aires, importantes emporios de la América española. En esta gran ocasión del bicentenario, debiera desarrollarse el conocimiento histórico y la proximidad espiritual, religiosa y cultural de quienes forman la Hispanidad, aprovechando el rigor, detalle y objetividad histórica como está concebido el libro de Lozier Almazán, así como su trabajo desinteresado y la amplitud de miras que el autor ha mostrado al escribir este libro que presentamos al público español en particular. Sin duda, vivir siguiendo una vocación y sin un interés crematístico particular, es la mejor manera de salvaguardar la verdad de un pasado fácilmente manipulable como tal.

Agradecemos al autor, Bernardo Lozier Almazán, por sus detallados análisis acompañados de una síntesis general sobre el espinoso y difícil tema histórico que trata, y su deseo de comunicar, establecer lazos de comprensión y aunar la Hispanidad de ambos lados del Atlántico.

José Fermín Garralda Arizcun
Doctor en Historia

Referencia. El libro se compra en la Editorial Dunken, Ayacucho 357 (C1025AAG) Buenos Aires, Argentina. Telefax: 4954-7700/4954-7300. E-mail: info@dunken.com.ar WWW.dunken.com.ar Precio: $45 (unos 10 dólares). También en el Museo, Biblioteca y Archivo Histórico de San Isidro. E-mail: losombues@fibertel.com.ar