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jueves, 12 de junio de 2025

Espléndida restauración e Informe de la bandera del Batallón de Cazadores de Palencia, 5º de Castilla.

Restauración de Banderas

La bandera invicta del Batallón de Cazadores 
de Palencia, 5º de Castilla. 1872-1876

No es algo que abunde en las redes eso de restaurar banderas de otras épocas, aparte del valor histórico que tienen para el patrimonio de España, para la comprensión de sus gentes y su propia historia, y también para quienes se vinculan real y sentimentalmente con las raíces de la patria española, expresada en sus mejores hombres y hazañas.

Una bandera no es un mero objeto, sino que sobre todo es lo que significa. Contemplarla nos evoca a sus hombres y la Causa a la que sirvieron.




A continuación insertamos una imagen tomada en el taller de enmarcación. Consiste es un marco-vitrina realizado ex profeso para la bandera recién restaurada, la del Batallón de Cazadores de Palencia 5º de Castilla. El marco se ha confeccionado con los mejores materiales y por Estampa Marcos, una casa de prestigio, que realiza encargos del Museo del Ejército y el Naval. En el marco se ha optado por el color negro -en señal de luto por los bravos que murieron en su defensa- y oro por sus victorias. 



La restauración de la bandera del Batallón de Cazadores de Palencia 5º de Castilla, ha sido bastante compleja, como se refleja en el Informe que acompañamos. Ahora la bandera puede mostrarse en todo su esplendor, tal y como tremoló en las victoriosas batallas de Mercadillo -o batalla del fuerte de Mercadillo- en el valle de Mena (Burgos, 1874), y en las de Castro Urdiales (Santander) y Lácar (Navarra) durante la Tercera guerra carlista. En ésta última, el tema religioso de la unidad católica de España fue principalísimo, así como la inestabilidad política del Liberalismo anterior a 1868, las trampas electorales, y la anarquía del sexenio revolucionario. La Virgen con el Niño son muy significativos de los motivos religiosos del conflicto.

Esta enseña nunca se rindió ante el adversario, y es testigo del heroísmo, sacrificio y abnegación de los que precedieron a otros en la honrosa senda de la legitimidad. 

Así pues, hoy es un día importante para la historia de los recuerdos relativos al Carlismo, el movimiento político más antiguo de España y que expresa sus raíces. Esta bandera, que simboliza y expresa días de gloria, fue recogida por el propio Carlos VII de Borbón, siempre leal a sus fieles, un aciago día de aquel febrero de 1876, cuando pasó la frontera por el puente de Arnegui en Valcarlos (Navarra). Carlos VII tuvo esta enseña, junto a otras muchas, en el llamado "Cuarto de banderas" de su palacio veneciano de Loredán hasta su fallecimiento ocurrido en 1909.

Todas las imágenes y el Informe inserto, 
son propiedad de Íñigo Pérez de Rada Cavanilles. 

A continuación, y gracias a la generosidad de Íñigo Pérez de Rada Cavanilles, ofrecemos el Informe de la restauración de dicha bandera, realizada por una conocida restauradora profesional del Museo del Ejército (Toledo). Es la manera que nuestro mecenas tiene de dar a conocer este objeto histórico -que ha quedado resplandeciente-, de iniciar al lector en el gusto por salvar y transmitir objetos de gran valor fruto de su pasado, de admirar el arte de la restauración, e introducir a los amantes de la cultura en el mundo de la vexilología como ciencia y arte. 

El Informe de Mónica Enamorado Martínez, restauradora de Banderas en el Museo del Ejército (Toledo), lo incluimos en el siguiente enlace del Blog historiadenavarraacuba.blogspot.com:

Restaurar objetos significativos para el conocimiento histórico, es lo más opuesto a la moda talibán de nuestros días, que por revanchas y querer reescribir la Historia -en realidad para mofarse de ella o utilizarla ideológicamente- se plantea incluso destruir materialmente y si no la memoria, de monumentos públicos como el Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada, para luego -quién sabe...- obras menores de arte. 

Concluyamos. "¡Volveré!", exclamó don Carlos de España antes de atravesar el puente de Arnegui (Valcarlos) dicho 28 de febrero de 1876. "¡Volveré! Mágica palabra que inflama el corazón de aquellos veteranos, que repercute por las montañas euskaras y que todavía hoy resuena en nuestros oídos como hermosa promesa de esperanza y consuelo" (Rev."Montejurra" nº 4, 15 a 21-II-1965, p. 7). "¡Volveré!", dijo don Carlos, ... y volvió con su hermano Alfonso Carlos I en las desgraciadas circunstancias de 1936, con las esperanzas posteriores, y con la esperanza de hoy día, porque España es más que el Rey, y el Rey lo es para las Españas, una en su variedad.

Íñigo Pérez de Rada Cavanilles, es hijo del marqués de Jaureguizar (q.e.p.d.), una familia de fuerte abolengo que conserva su casa solariega en el viejo Reyno de Navarra. Es economista y escritor, investigador y miembro de la Sociedad Española de Vexilología (SEV), así como mecenas interesado en valiosos objetos de arte, que salva de la pérdida, destrucción y olvido, da el mejor destino, y restaura con total  generosidad. 

Es autor de numerosos trabajos sobre banderas, publicados en el Boletín de la SEV, y también en Aportes. Revista de Historia Contemporánea, la Revista de Historia Naval, y Tradición Viva

También es conocido como autor de varios libros, por ejemplo: Navarra en Guerra. Banderas, trofeos de guerra... (2004). Hace poco publicó dos ediciones de un magnífico libro monumental titulado: Banderas del Palacio de Loredán. El legendario museo de Carlos VII de Borbón formó en Venecia, Sevilla, Campomanes, 1ª ed., 2023, 563 pp. con abundantes fotografías a todo color. Confiamos que el autor publique su 3ª edición debido a la demanda. 

José Fermín Garralda Arizcun

Nuestro resumen en Slideshare dice así:

La restauración de la bandera del "Batallón de Palencia, 5º de Castilla", y la descripción, imágenes, e informe completo de la restauradora profesional del Museo del Ejército de Toledo, es un tema de gran interés. En efecto, temas como éste no abundan en las redes. También es un tema necesario al historiador como ciencia auxiliar, lo mismo que la numismática, la sigilografía, la cronología, el arte etc. Entre estas y otras ciencias auxiliares, una bandera es una realidad más compleja que una moneda, un sello o una fecha, y expresa la belleza de algo tan elevado como los mejores sentimientos y los más heroicos hechos.

Para ser vexilólogo y restaurar banderas, hay que ser un enamorado de la historia, tener una amplia cultural y un fino espíritu, y ser un mecenas desinteresado. También hay que conocer las técnicas más sofisticadas utilizadas por la ciencia y arte de la restauración.

Esta aportación es importante para la historia de España, que es decir su Monarquía, para la historia del Carlismo, y para quien se ha entregado a esta delicada labor. Don Carlos VII recibió esta bandera cuando en 1876 pasó el puente de Valcarlos hacia Francia. Una bandera tinta en sangre de héroes que vivieron días de fidelidad, pues se enarboló en varias batallas de la tercera guerra carlista (1872-1876), siendo la última la conocida batalla de Lácar (Navarra).

Ahora está en muy buenas manos, y recordará a todos el servicio del Carlismo -con su Dios, Patria, Rey-  a España. Estemos muy agradecidos al vexilólogo y propietario Íñigo Pérez de Rada Cavanilles, y a la restauradora Mónica Enamorado Martínez.

Nota: Todas las imágenes y el Informe inserto, son propiedad de Íñigo Pérez de Rada Cavanilles.


domingo, 26 de enero de 2025

Las últimas cartas del requeté. Presentación del libro

 


Hoy se hace necesario desvelar aspectos que antes parecían evidentes, de modo que todo esfuerzo en este sentido es bienvenido. De ahí que el gran público haya podido saborear de primera mano cómo eran y vivían unos concretos hombres y mujeres del pasado, que son el núcleo central de la historia cuando pueblan, viven, aman y actúan.

 Nos referimos a que el 22 de enero del presente 2025 ha tenido lugar la presentación del libro Las últimas cartas del requeté. Correspondencia de guerra de Mateo Arbeloa y Josefina Muru (1936-1937). Se trata de una nueva aportación sobre ese dramático tema que parece inextinguible, como es la guerra civil española. 

El género epistolar de las fuentes manuscritas hace que los autores del libro sean sus dos protagonistas principales, un joven matrimonio de la villa de Mañeru (Navarra), que contrajo nupcias en 1934, siendo su primer fruto su pequeño Manolín. 

La presentación del libro ha sido en el hermoso salón principal del Nuevo Casino de Pamplona, y para ello ha colaborado Pregón Navarra. 

El gran salón estaba a rebosar de público, y sus puertas permitían que muchos siguiesen las exposiciones desde el pasillo central. 

Por este orden intervinieron don Joaquín Ansorena, ex vicepresidente del Nuevo Casino, el dr. Iñaki Iriarte, profesor titular de la UPV y escritor, y los  coeditores dr. Pablo Larraz Andía y doña Pilar Sáez de Albéniz Arregui. 


Ansorena acogió al gran público asistente y explicó el interés y sentido del libro de la presentación, y el profesor Iriarte hizo interesantes consideraciones historiográficas y sociológicas sobre el material utilizado así como el tema central del libro. Por su parte,  los coeditores, Sáez de Albéniz y Larraz, ofrecieron una síntesis del género epistolar utilizado y los contenidos básicos del libro resultante, apoyados en la proyección de unas preciosas imágenes contenidas en él. Ambos se repartieron la intervención, y mientras Pilar abordó la parte etnográfica, religiosa y espiritual, transmitiendo una honda emoción, Pablo Larraz desarrollo los aspectos bélicos, históricos y el aporte fotográfico. El conjunto fue envidiable, quedando claro cómo eran los requetés y margaritas de la Navarra de entonces, pues aunque el libro trata sobre un matrimonio, desfilan otras muchas personas relacionadas con él, y se prolonga en muchísimos testimonios recogidos en otros libros publicados sobre estos temas.

Por lo que a la intención se refiere, los autores advierten que el propósito de divulgación de las cartas de Mateo y Josefina, facilitadas por  su hijo Víctor Manuel, es "el completo conocimiento de la verdad, de los dramas de la guerra civil y de sus enseñanzas. También, el que seamos conscientes de los errores y actitudes que, desde los años previos, arrastraron a toda una generación de españoles hacia el abismo y su naufragio como sociedad" (p. 385). Consideran que el pasado hay que acogerlo para sanarnos y para que, en lo que tenga de doloroso, sea una prenda para que no se vuelva a repetir. 

Este libro es un hermoso jalón que continúa otros trabajos publicados sobre testimonios y vidas de requetés sobre la última guerra, Requetés. De las trincheras al olvido (2010), La cámara en el macuto (2018), Sebastián Taberna. El rostro de la guerra (2023), entre otros. En todos ellos ha sido coautor el dr. Pablo Larraz. Antes se habían publicado los trabajos de Fabián Blázquez (1995), En la Primera de Navarra de Javier Nagore (1982, 1986, 2006 y 2011),  de Sanjuán Gil sobre los requetés riojanos (1988), Rafael García Serrano, Revilla Cebrecos (1975), Herrera Alonso (1974, 2005), Antonio de Lizarza, o Jaime del Burgo Torres Conspiración y guerra civil (1970) que es una preciosa monografía que tiene mucho de autobiografía... 





Si el libro Las últimas cartas del requeté pertenece al género epistolar, los ya citados, entre otros que omitimos, tienen la categoría de memorias, aunque no todos ellos  muestren la intimidad, creencias y sentimientos de sus protagonistas como lo hace éste. Hoy, el análisis etnográfico de dicha intimidad importa mucho, para encarnar el pasado en las personas y no anularlo en estructuras, o bien ahogarlo en una dialéctica interesada y tergiversadora. ¿Qué tienen que ver con ésta las cartas entre dos esposos, sinceras, confiadas, limpias de polvo y paja, exquisitas en el trato, que muestran un espíritu elevado con visión de trascendencia y espíritu cristiano, sabiendo que cada cual rinde cuentas de sí mismo con independencia de lo que otros hagan o digan?

Un libro así desmiente con rotundidad conclusiones precipitadas y errores que pululan a raíz de una desmemoria sesgada, demasiado interesada en juzgar el pasado, en recrear el presente y sobre todo en construir el futuro, moviendo para ello grandes recursos materiales. Desgraciadamente, hay quien pretende hacer un juicio a las personas del pasado, ignorando el marco y las circunstancias generales y particulares, y hasta con agravios comparativos, cuya intimidad además siempre debiera quedar a salvo sin confundir los hechos con las personas. El acercamiento a la historia no es una evasión y dramatización social callejera, un teatro a la vista de todos, con pretensiones ideológicas y de futuro, que utilizan el pasado y tanto ruido y daño hacen.





Decimos que éste libro de la correspondencia entre Mateo y Josefina es la otra cara de libros como el de Julio Aróstegui Combatientes requetés en la Guerra Civil Española (1936-1939) (2013), donde se describen las unidades, los movimientos y se recogen los nombres de los voluntarios; sin embargo faltaban las personas, con sus motivaciones y vida, sus ilusiones truncadas por la guerra e incluso por la muerte. Recuerdo que Tomás Viscarret, voluntario que luego fue maestro, vivía en la calle Aoiz y pasó finalmente en la Casa de Misericordia, me decía que no se había identificado con el libro de Julio Aróstegui (leyó el editado en 1991 en dos volúmenes y por el que su autor tanto debió agradecer a la Fundación Hernando de Larramendi) porque estaba desencarnado, y las personas estaban ausentes. No reconocía en sus páginas lo que él vivió. No le faltaba razón, y sin duda por ello nuestro voluntario disfrutaría con el libro editado por Pablo Larraz y Pilar Sáez de Albéniz. 

El libro lo presenta Víctor Manuel Arbeloa, quien aporta las cartas cruzadas de sus padres, muchas referencias biográficas familiares, y las fotos de sus seres queridos. El prólogo lo comparte  el dr. Pablo Larraz (p. 15-35) y Pilar Sáez de Albéniz (p. 37-51), seguido de la relación del itinerario bélico y de las cartas de ambos esposos. El grueso del libro recoge íntegramente todas las cartas mantenidas por el matrimonio  durante la guerra (p. 61-358): 62 de Mateo y 24 de Josefina, con 448 notas aclaratorias de los coeditores que tanto agradece el lector, que versan sobre personas, acontecimientos del momento, hechos en general y el marco histórico y bélico.





Estas cartas son la colección más completa que se conserva y es conocida como correspondencia familiar de guerra. Al género epistolar se le ha prestado poca atención en la historiografía española. Las cartas rezuman sinceridad e informan al etnólogo de muchísimos aspectos de la personalidad humana, la vida cotidiana, aspectos laborales, familiares y religiosos, del frente y la retaguardia. A través de ellas el lector comprueba  que el mundo de los dos autores, Mateo y Josefina, era muy diferente al nuestro, aunque la raíz del por qué vivir, individual y social, sea totalmente inteligible y hasta coincidente. El  punto central que no se debe omitir es que para los autores de dicha correspondencia, el conflicto supuso una cruzada religiosa y en legítima defensa. También las fotografías son de gran calidad, se refieren a los protagonistas y reflejan el ambiente que vivieron. 

El capítulo V explica con detalle la herida, agonía y muerte de Mateo (p. 363-379). Le sigue el epílogo y despedida tras su muerte (p. 381-386), y un bellísimo poema de Manolín, el hijo pequeño ya hecho grande, en el "Aniversario de mi padre", lo que nos conduce hacia el final del libro. Este finaliza con cinco apéndices: "Unos recuerdos de la guerra civil-carlista contra los nacionalsocialistas y los comunistas levantada el 19 de julio en Pamplona (Navarra)", redactados por Mateo a modo de itinerario-resumen de sus días de campaña (p. 391-399),  dos crónicas de Mateo para El Pensamiento Navarro sobre "Los Requetés de Mañeru en el frente de Oyarzun" y "Desde Elgoibar" (p. 400-404), una larga relación de combatientes de Mañeru y otra de sus muertos en campaña, y la ficha de combatiente de Mateo. Fuentes y bibliografía cierran este hermoso y ágil libro. 

Esta investigación ha exigido mucho más trabajo del que supone la transcripción de 86 cartas: un trabajo de detalle, de fina búsqueda, de muchísimas conversaciones y entrevistas, de cuidar las palabras para ser fieles a los protagonistas... todo lo cual debemos de agradecer al dr. Pablo Larraz y doña Pilar Sáez de Albéniz. Si esto quedó bien reflejado en las exposiciones de ambos en la presentación de sala, también se advirtió la delicadeza de doña Pilar hacia el hijito de Mateo y Josefina, Manolín, que ya sabía firmar por entonces... y ahora es grande.



Mateo Arbeloa, sargento de requetés fallecido el 27 de abril de 1937 por sus heridas en combate, y Josefina Muru son los padres del escritor navarro Víctor Manuel Arbeloa, tan querido por todos. Mateo era hermano del que será  canónigo Agustín y de Nicanor, ambos también voluntarios, permaneciendo este último, al que muchos conocimos, leal a los principios tradicionalistas hasta su fallecimiento en la residencia del antiguo convento de dominicos en Estella. La delicadeza espiritual de don Víctor Manuel le ha convertido en ausente de la presentación de Las últimas cartas del requeté, sin duda para que los protagonistas fuesen sus padres. Por eso, este libro es el mejor homenaje a nuestro escritor, y para ello recordamos la última palabra fraterna de la presentadora Pilar: "te quiero". Y sin duda el público asistente y lector se dirigirá a la familia Arbeloa Muru en pleno diciéndoles: "os queremos".

Agradecemos absolutamente a todos su generosidad y dedicación, y especialmente a los dos editores por su trabajo desinteresado.

 


Larraz Andía Pablo, Sáez de Albéniz Arregui Pilar (2024). Las últimas cartas del requeté. Correspondencia de guerra de Mateo Arbeloa y Josefina Muru (1936-1937). Córdoba: Ed. Almuzara, 431 pp. 25 euros pedidos@almuzaralibros.com


Fotografía del Acto: propiedad de J.F. Garralda

Publicado en el blog historiadenavarraacuba.blogspot.com (27 de enero de 2025). Tomado por Ahora Información (27-I-2025). 


José Fermín Garralda Arizcun

Dr. en Historia

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Museo Carlista de Madrid

 El Museo Carlista de Madrid se consolida

También en la Comunidad de Madrid hay un museo del Carlismo.                                                

Ello muestra que el Carlismo fue un fenómeno típicamente español y no sólo navarro, como algunos nos hicieron creer tras la guerra de 1936, y que no todos los Museos del Carlismo están localizados en Navarra. 

No sólo tenemos el Museo del Carlismo de Estella, situado en el viejo Reino de Navarra siendo propiedad del Gobierno Foral, que se alberga en ese imponente y dignísimo edificio que es el antiguo palacio del Gobernador, Museo del que nos hicimos eco al comentar la presentación del libro Requetés de Pablo Larraz y Víctor Sierra. Tampoco tenemos sólo el precioso y nutrido museo de Tabar, próximo a la villa de Lumbier, propiedad de la fundación Jaureguizar.   

Ahora celebramos los dos años de la apertura del Museo Carlista situado en San Lorenzo de El Escorial. El mecenazgo social al que se dedica don Javier Urcelay, ideó y sostiene el Museo, después de ejercer un intenso cargo como alto directivo empresarial.  

La revista cultural "Ahora Información", núm. 170 del presente año (40 pp.), recoge una entrevista del periodista Javier Navascués al director de Museo, Jaime Urcelay (p. 23-26), y el balance que éste último hace sobre los dos primeros años del Museo, que fue inaugurado el 27 de abril de 2019 (p. 27-30).

La iniciativa del museo no ha sido personalista, pues ha  buscado impulsar un proyecto comunitario, al servicio de la sociedad en general. El museo es un lugar para de visita cultural y de aprendizaje, es centro de estudio, y es lugar de  recepción y custodia de objetos históricos con el adecuado soporte legal a convenir entre las partes.
De ésta manera, en la Comunidad de Madrid, situada geográficamente en el centro de España y pionera en el turismo cultural, todos pueden adquirir fácilmente un mayor conocimiento del Carlismo, sin el cual España no puede pensarse. Ello se hace a través de este Museo de titularidad privada, situado en este lugar privilegiado que es El Escorial. Es algo sanamente envidiable por todas las partes en juego. 

Las preguntas de Javier Navascués en su entrevista, hacen referencia a los fondos del Museo, a los cinco mil volúmenes especializados en Carlismo que sin duda son muy útiles para el investigador, a los numerosos cuadros y esculturas, objetos y mobiliario, así como al funcionamiento de la institución y el modelo de visita.

Son muchas las visitas que ha recibido este Museo, "que normalmente han durado entre 60 y 120 minutos de completa explicación". Los que acuden a la sede gozan de sus fondos, atienden las explicaciones, y disfrutan del pequeño auditorio y del espacio ajardinado. 


Es así como se pone a salvo el patrimonio material que suele estar en manos de familias. Es así como se completa, se amplía, e incluso cuando es necesario se corrige, lo que desde hace muchas décadas explican algunos libros de texto escolares y hasta universitarios, lo que muchos han olvidado si es que alguna vez lo supieron, el común decir de algunos medios de comunicación y las polémicas mantenidas en la prensa catalana. 

El tema está en auge, y además siempre es necesario conservar el patrimonio espiritual y material del Carlismo. Así como el saber no ocupa lugar, en la cultura hay sitio para todo lo bueno, siendo muy saludable que se facilite en lugares tan privilegiados, de fácil acceso y para todo tiempo y ocasión, como son Madrid y El Escorial. 


La dirección de la página web del Museo es: www.museocarlistademadrid.com


José Fermín Garralda 

miércoles, 18 de julio de 2018

Razones de 1936 y su conexión con la tercera guerra carlista de 1872-76


1.Razones de 1936 con mandato de Alfonso Carlos I. 
Nos referiremos a los carlistas o requetés, pero salvo las concreciones a la monarquía y el espíritu foral, las razones son extensibles a casi toda la zona nacional. 

Lucharon porque no había más remedio. Les costaba mucho abandonar sus hogares, a sus familias y su trabajo, pero lo hicieron para evitar males horrendos y lograr bienes mayores.

Podían ganar y ganaron con la ayuda de Dios.

No odiaban sino que por amor y obligación salieron a defender sus familias, sus hogares, su pueblo y España entera. "Tirad, pero tirad sin odio", decía el ángel del alcázar.

Mucho se podía escribir sobre ellos y mucho bueno se ha escrito. Por ejemplo, el libro Requetés de recopilación de testimonios y hermosas fotografías escrito por Pablo Larraz y Victor Sierra-Sesúmaga. Por eso no seremos pesados en estas líneas. Lo que sí duele -y mucho- es que se calle la verdad y se propaguen sistemáticamente mentiras sobre ellos, los voluntarios requetés y los sublevados en general. Todos ellos, requetés, falangistas, y soldados, eran el brazo de la España que no se resignaba a morir ni a ser perseguida y eliminada. 

Mucho se escribió también justificando el alzamiento. He ahí la obra de A. de Castro Albarrán o de Ignacio G. Menéndez-Reigada, entre otros muchos. 

La defensa de la religión católica fue el elemento fundamental de todos o casi todos los combatientes, sobre todo si eran voluntarios. Lo realizado durante y por los Gobiernos de la República, por la Constitución de 1931 y las leyes que la desarrollaron, era una pura persecución desde la llamada legalidad. Luego estaban los estallidos violentos de las masas debidamente azuzadas. Lo peor vendrá después. El comunista José Díaz proclamó que la Iglesia debía de ser destruida. Recordemos la sistemática persecución desde comienzos de la guerra, y el exterminio de todo lo católico y a cualquier persona por el mero hecho de ser católica. Recordemos que Stalin envió asesores soviéticos -de los que poco se ha hablado y mucho se ha ocultado-, lo que explica muchas cosas antes y durante la guerra. ¡Qué más da eliminar en masa a la clase burguesa! ¡Ahí la carnicería en Paracuellos del Jarama con Carrillo como uno de los resposables! Y tantas otras cosas que omitimos. Por eso fue una Cuzada, y así lo espresaron los Obispos españoles en su Carta Colectiva que es necesario leer y releer. ¿Es que hoy se lee algo? Sólo se hace caso al primer pinta de TV y al primer manifestante que dice barbaridades. 

Nor Jaungoikoa aña? ¡Quién como Dios!

Junto a la religión católica, defendían la comunidad cívica de España frente al desorden radical, la división interna provocada por la lucha de clases y la aparición de autonomías separatistas, la impunidad de crimen, el camino inexorable hacia la revolución, y hacia el marxismo. Para no pocos, los líderes eran Lenin y Stalin -el amo de Rusia- y había que imitar a Moscú. 




También querían evitar la ruptura de España en pedazos, retrocediendo así a la división congénita de las tribus anteriores a la romanización. Querían una España libre de la influencia, seguidismo y presencia  de Moscú y Stalin. 

España, sí, más ¿qué España? En Navarra querían la España Foral, lo mismo los carlistas o requetés de toda España. Fueros para quienes los tenían y querían recuperarlos, y Fueros para todos. Gobierno propio sobre lo propio o lo que se tiene jurisdicción; burujabetza.


Lejos del estatismo, opuestos a los totalitarismos, enemigos de las revoluciones populares hegelianas de derechas, los carlistas eran monárquicos defensores de la dinastía legítima. Los jóvenes alfonsinos en armas -muchos procedentes de las JAP que se alistaron donde pudieron- no abrían la boca, y  los republicanos sublevados -Mola, Cabanellas etc.- se plegaron a la bandera roja y gualda. 

Es deleznable que se haya mentido tanto y durante tanto tiempo sobre el pronunciamiento militar -que fracasó al fracasar en las ciudades más importantes- prolongado luego alzamiento de 1936, así como sobre la República. Los que se cargaron la República eran los revolucionarios que la utilizaban para hacer la Revolución -anarquistas, socialistas marxistas, comunistas, separatistas-. Los carlistas pactaron con el Ejército de Mola a través de Sanjurjo, poniendo varias condiciones para sumarse a la sublevación; ellos pensaban sublevarse solos pero al final pactaron con los mandos militares que adelantaron la sublevación tras el asesinato de Calvo Sotelo y con el objeto de prevenir el estallido revolucionario que estaba programado para poco después. Todos los sectores políticos, unos y otros, de derechas e izquierdas, y los que no eran una cosa ni otra, se estaban preparando. Las milicias revoucionarias desfilaban por Madrid y otras ciudades en formación y con el puño en alto. 

Hoy día, como ayer, los comunistas y marxistas en general, e incluso los separatistas que les apoyan y dejan hacer, se esconden tras el sillón de la República. Eso explica todo lo que está ocurriendo. Si fascistas, ellos lo son. Incluso hay mucho eusko-nazi. Si revolucionarios, ellos lo son. Son todo menos amantes de España, monárquica o bien republicana. 

Venga aquí uno de los muchos testimonios anónimos. He aquí un caso. Quien se llamaba Aita T. decía que él salió al frente desde Lesaca sólo por Dios Jaungoikoa. Salió en el Tercio de Lesaca, denominación que después se cambió por la de San Fermín, cambio al que él primero se opuso (así lo refleja también Aróstegui en su libro sobre los Combatientes requetés) y luego admitió como el que más. Él no podía fallar a San Fermín. Salió al frente bajo su exclusiva responsabilidad y no por disposición del clero y sus obispos, ni por mandato de aitás. Ya se habían sublevado los carlistas, y él no soportó que los nacionalistas vascos se fuesen con los comunistas. Su tío Demetrio, que era maestro republicano le dijo: "Vas a luchar contra tus hermanos". Su familia era toda ella carlista, emparentada con el general Argonz -marques de la Fidelidad nombrado por Carlos VII justo tras 1876- y estudió interno en los Maristas de Pamplona donde había un hermano marista que era nacionalista. Después estudió sus carreras en las universidades de Zaragoza y Madrid, en un ambiente lejano y hostil. Su padre era "navarro pero que muy navarro",  escritor en dialecto salacenco y promotor de la cultura vasca, de la que él era muy amante y a su vez algo idealista. Sabía, nada más salir al frente de guerra, que estaban seguros de la victoria. Fue herido en el brazo, a la altura del corazón, en el monte Arrate, siendo cabo, cuando un voluntario requeté que estaba a su lado se desplomó de repente víctima del impacto de una granada. Una vez les dijeron que eliminasen a un prisionero (éste era nacionalista) porque no podían llevarlo consigo ni dejarlo libre, y él no quiso (se negó). Se le hacía un nudo al gritar Viva España porque la España que él había visto era la del liberalismo y la República, pero aprendió a gritar al viento "Viva España" con los requetés. Ellos le mostraron el verdadero rostro de España, la España siempre será de sus amores. Éntró en la guerra como requeté y salió como carlista. Su primo Jaime Garralda e Iribarren, carlista -no llegó a ejercer de cabo de requetés- y ayudante de Víctor Pradera, fue asesinado a los 21 años de edad por la "canalla marxista" ("El Pensamiento Navarro",11-X-1036) en San Sebastián el 23-VII-1936. No está mencionado en las lápidas -torpemente tapadas- del Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada, porque aquí tan sólo están los nombres de los navarros muertos en el frente.

 Según las hojas de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz murieron 4.699 navarros  por heridas en el frente, y en 1962 se entregaron 4.335 medallas conmemorativas de la Cruzada a sus familiares. 

Los que se alzaron en Armas, con mucha más razón y más "estilo" que los zapatistas, que los partisanos, y que los sublevados en Cataluña y Asturias contra el Gobierno legítimo de la República en 1934, querían una sociedad y una España vivible, muchísimo mejor que la de aquella leyes que les excluían y condenaban, una comunidad de hombres libres en vivo contraste con la ruina, la miseria, el dolor y la pérdida de libertades fundamentales que les esperaba de seguir todo como empezó en febrero de 1936. 

2.Conexión con la Tercera guerra carlista con mandato de Carlos VII. En la guerra de 1936 estuvieron codo con codo las tres generaciones: el muchacho, el padre y el abuelo, esto es, mutil, aitá y aitaborce. Para los carlistas los principios eran los mismos: Dios, Patria, Fueros y Rey tradicional -ni constitucional ni absoluto-. 


Los carlistas se preparaban para hacer frente al Desastre. Su raíz era la tradición española, y nada tenían que ver con los movimientos nacionalistas y totalitarios del siglo XX. Su espíritu procedía del de sus mayores y lo expresaban los pocos supervivientes de la guerra de 1872-1876. Los revolucionarios de "derechas" les menospreciaban y apodaban de "románticos". No, no eran románticos sino que tenían padres a los que amar, continuar y prolongar, y no por historicismo sino porque sabían que, además de motivaciones de amor filial, sus padres tenían razón. La Tradición es más un "clasicismo" con alma. 

En el Archivo de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cuz vienen el nombre de doce de ellos así como sus circunstancias. Pasamos a enumerarlos.

Nombre / edad /natural de /provincia /residente / empleo /dónde sirvió / fecha de solicitud de ingreso en la HCVC / firma


  1. DÍAZ DEL RÍO Y LOYOLA, Gaspar, 84, Pamplona, Navarra, Puente la Reina, Carlista Real Cuerpo de Guardias a caballo 1872 y terminó 1876, Puente la Reina 13-IV-1942, Gaspar Díaz del Río
  2. ECHÁVARRI EGUILLOR, Pedro, 88, Bearin, Navarra, Estella, Las filas carlistas, Estella 5-IV-1942, Pedro Echávarri
  3. GORRICHO SAINZ, Román, 85, Lácar, Navarra, Estella, Teniente honorario, Estella 5-III-1941, Román Gorricho
  4. LÓPEZ Y LEZÁUN, Francisco, 84, Miranda de Arga, Navarra, Estella, Las filas carlistas donde era teniente, Estella 5-IV-2942, Fco. López
  5. LORENTE Y ULÍBARRI, Marcelino, 88, Estella, Navarra, Estella, La guerra carlista, Estella 5-IV-1942, Marcelino Lorente y Ulibarri
  6. REMIREZ, Manuel, 80 años, Lodosa, Navarra, casa de misericordia, excombatiente requeté y veterano carlista, sirvió en el Ier BON de Voluntarios navarros, Pamplona 2-IV-1942, P. O. Juan Urra, pbro.
  7. SARRIÉS EXPÓSITO, Natalio, 86, Maternidad-Pamplona, Navarra, Aoiz, Veterano, Don Carlos VII, Aoiz 4-IV-1942, Natalio Sarriés
  8. SEGORBE EXPÓSITO, Tomás, 86, Pamplona, Navarra, Estella, Carlista, Ier BON de Navarra 4ª Cía, Estella 6-IV-1942, Tomás Segorbe
  9. UNCITI Y VIDONDO, Críspulo, 79, Aoiz, Navarra, Aoiz, Requeté, La fábrica de hacer cartuchos de Urdax, Aoiz 5-IV-1942, Críspulo Unciti
  10. UNICITI Y VIDONDO, Félix, 83, Aoiz, Navarra, Aoiz, Requeté, 9º BON de Navarra, Aoiz 5-IV-1942, Félix Unciti
  11. VILLANUEVA CABODEVILLA, José, 86, Ercuaz, Navarra, Pamplona calle San Antón nº 31 (tienda), veterano, Pamplona 25-I-1943, José Villanueva
  12. ZUGASTI ANTÚNEZ, Marcos, 83, Abárzuza, Navarra, Puente la Reina, Carlista, 10º BON de Navarra, 1872 y terminó en 1876, Puente la Reina 10-IV-1942, Marcos Zuasti
Fuente: Archivo de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz. 





Y nueve imágenes más similares a estas; estas tres con derechos de autor.

Ello no impide sino que ayuda a comprender el choque de los carlistas con la configuración del Régimen posterior, que no es el mismo que salió o pudo salir de la Victoria. Serrano Súñer -el "cuñadísimo"- duró un breve espacio de tiempo, y el estatismo inicial fue cambiante. Más de un amigo me ha recordado: los carlistas ganásteis la guerra y perdisteis en la paz. Mal está lo segundo, pero así la responsabilidad de los males heredados de ciertos graves errores políticos no es de aquellos. 



Galería de fotos (tomadas de la red):





José Fermín Garralda

jueves, 19 de abril de 2018

Los carlistas sublevados contra la IIª República y rebeldes al Estado posterior. ¿Perseguir hoy a los perseguidos ayer?

PRESENTACIÓN DE 
LA REBELDÍA CARLISTA...


Este libro titulado La rebeldía carlista. Memoria de una represión silenciada cuyo autor es Josep Miralles Climent, aclara muchas cosas, y permite vencer muchas ignorancias vencibles. 


En efecto, fue enorme la diversidad de los sublevados contra la IIª República por revolucionaria. Los carlistas, católicos y monárquicos, foralistas y legitimistas, pactaron con el general Mola y el Ejército en el que había no pocos republicanos y aún cierto masón como el general Cabanellas. 

Si advertimos el contenido de este libro -“Memoria de una represión silenciada”- a nadie se le debiera ocurrir el perseguir a los perseguidos, y esto  es lo que hacen los guerracivilistas y talibanes de hoy cuando atacan la limpia memoria de tantísimos navarros de 1936-1939, a casi toda la Navarra de entonces, al monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada, a la laureada de Navarra, y a la misma Cruzada.

Esperemos que con este libro se den por aludidos quienes identifican el Carlismo con lo que  llaman franquismo, aunque sabemos que éste tuvo varios perfiles y fue mucho más que una dictadura. Tampoco se caiga en el gran engaño de igualar la dictadura de emergencia, aunque al final vitalicia, del general Franco tras una dramática guerra civil, con la de un Stalin, un Mussolini, un mariscal Tito etc. 
Esperemos también que con este libro se den por aludidos quienes identifican al Carlismo con los “fachas” -así dicen los torpes iletrados-, y el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada con los que llaman “innombrables” cuya memoria hay que arrancar de la tierra. Y todo ello porque quienes deben darse por aludidos, perdieron la guerra hace ochenta años, guerra que ahora quieren -no, no están al día, no- reavivar, ganar, y actualizar en plan guerracivilista y talibán.
No caeremos en su trampa de hablar del pasado al cuadrado -nosotros venimos de ayer pero pensamos en presente y futuro-, sino que denunciamos su falta de futuro que ofrecen a todos los demás. Se enfangan, molestan a todos y provocan nuevas heridas -crear heridas y además para herirlas-, alegando un pasado de hace ochenta años y además leído como y cuánto ellos quieren. 


La izquierda talibán en Navarra -buenos comunistas y separatistas, nacionalistas de ocasión a lo Stalin y por separatistas a lo Sabino Arana-, no tiene otro programa que azuzar el pasado y perseguirlo en el presente. Pues bien, decimos que esta izquierda talibán se volverá loca con este libro de Miralles Climent. 


Para hacer su revolución les interesa una Navarra arruinada, desquiciada, y vapuleada; y sobre todo dividida aunque sea artificialmente. Como saben que la unión hace la fuerza se citan unos a otros autores, mientras se reparten el pastel del dinero público, de nuestros dineros que son el fruto de nuestro trabajo. 


¿Tienen delito los revolucionarios por escudarse en la República? Sin duda que sí, y son ellos quienes acabaron con ella. ¿Lo tienen por sus golpismo en 1934 en Cataluña y Asturias? ¿Y por las trampas y pufos electorales en las elecciones de febrero de 1936? ¿Y por llevar a España hacia la Revolución comunista? Más todavía y sobre el angustioso tema de represiones y venganzas, ¿qué dicen de otros si tenemos presente lo que hicieron ellos? ¿No aplican a los demás los parámetros que tuvieron ellos en muchos lugares de España? Así pues, ¿de qué dan lecciones? Decimos esto sin dar por bueno no poco de lo que suelen afirmar de otros. 


¿Tiene delito lo que llaman "franquismo" por ganarles la guerra?


¿Tienen delito los carlistas que fueron perseguidos por oponerse al nuevo Régimen, al defender precisamente ellos una España tradicional, foral, monárquica y representativa?


¿Se atreven a identificar a los perseguidos con los perseguidores de entonces? ¿A identificar el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada con el Régimen que sucedió a ésta? Pues bien, creemos que en este libro de Miralles Climent sobre la represión que sufrieron muchos carlistas, amigos y herederos de aquellos cuyos nombres están en los muros del monumento, es evidente que tales ni saben ni quieren saber.


Mientras el Partido Comunista conspiraba con el maquis en contra de España y los españoles; mientras socialistas e izquierdistas vivían de gorra -y de lo robado- en México y otros países según aclara Abel Paz; mientras los del PNV hacían el agosto económico plegándose al Régimen, resulta que los carlistas, amigos y herederos de aquellos cuyo nombres llenan los muros del monumento,  se oponían a que se devaluase y olvidase el enorme esfuerzo por Dios y por España del 18 de julio, y exigían la restauración tradicional y monárquica a pesar de ser perseguidos -no diremos reprimidos-. 


Este libro es un argumento más para que a nadie se le debiera ocurrir perseguir hoy a los ayer perseguidos, ni perseguir los nombres de los 4.699 navarros muertos en el frente de combate, ni arremeter contra el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada.





José Fermín Garralda