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domingo, 26 de enero de 2025

Las últimas cartas del requeté. Presentación del libro

 


Hoy se hace necesario desvelar aspectos que antes parecían evidentes, de modo que todo esfuerzo en este sentido es bienvenido. De ahí que el gran público haya podido saborear de primera mano cómo eran y vivían unos concretos hombres y mujeres del pasado, que son el núcleo central de la historia cuando pueblan, viven, aman y actúan.

 Nos referimos a que el 22 de enero del presente 2025 ha tenido lugar la presentación del libro Las últimas cartas del requeté. Correspondencia de guerra de Mateo Arbeloa y Josefina Muru (1936-1937). Se trata de una nueva aportación sobre ese dramático tema que parece inextinguible, como es la guerra civil española. 

El género epistolar de las fuentes manuscritas hace que los autores del libro sean sus dos protagonistas principales, un joven matrimonio de la villa de Mañeru (Navarra), que contrajo nupcias en 1934, siendo su primer fruto su pequeño Manolín. 

La presentación del libro ha sido en el hermoso salón principal del Nuevo Casino de Pamplona, y para ello ha colaborado Pregón Navarra. 

El gran salón estaba a rebosar de público, y sus puertas permitían que muchos siguiesen las exposiciones desde el pasillo central. 

Por este orden intervinieron don Joaquín Ansorena, ex vicepresidente del Nuevo Casino, el dr. Iñaki Iriarte, profesor titular de la UPV y escritor, y los  coeditores dr. Pablo Larraz Andía y doña Pilar Sáez de Albéniz Arregui. 


Ansorena acogió al gran público asistente y explicó el interés y sentido del libro de la presentación, y el profesor Iriarte hizo interesantes consideraciones historiográficas y sociológicas sobre el material utilizado así como el tema central del libro. Por su parte,  los coeditores, Sáez de Albéniz y Larraz, ofrecieron una síntesis del género epistolar utilizado y los contenidos básicos del libro resultante, apoyados en la proyección de unas preciosas imágenes contenidas en él. Ambos se repartieron la intervención, y mientras Pilar abordó la parte etnográfica, religiosa y espiritual, transmitiendo una honda emoción, Pablo Larraz desarrollo los aspectos bélicos, históricos y el aporte fotográfico. El conjunto fue envidiable, quedando claro cómo eran los requetés y margaritas de la Navarra de entonces, pues aunque el libro trata sobre un matrimonio, desfilan otras muchas personas relacionadas con él, y se prolonga en muchísimos testimonios recogidos en otros libros publicados sobre estos temas.

Por lo que a la intención se refiere, los autores advierten que el propósito de divulgación de las cartas de Mateo y Josefina, facilitadas por  su hijo Víctor Manuel, es "el completo conocimiento de la verdad, de los dramas de la guerra civil y de sus enseñanzas. También, el que seamos conscientes de los errores y actitudes que, desde los años previos, arrastraron a toda una generación de españoles hacia el abismo y su naufragio como sociedad" (p. 385). Consideran que el pasado hay que acogerlo para sanarnos y para que, en lo que tenga de doloroso, sea una prenda para que no se vuelva a repetir. 

Este libro es un hermoso jalón que continúa otros trabajos publicados sobre testimonios y vidas de requetés sobre la última guerra, Requetés. De las trincheras al olvido (2010), La cámara en el macuto (2018), Sebastián Taberna. El rostro de la guerra (2023), entre otros. En todos ellos ha sido coautor el dr. Pablo Larraz. Antes se habían publicado los trabajos de Fabián Blázquez (1995), En la Primera de Navarra de Javier Nagore (1982, 1986, 2006 y 2011),  de Sanjuán Gil sobre los requetés riojanos (1988), Rafael García Serrano, Revilla Cebrecos (1975), Herrera Alonso (1974, 2005), Antonio de Lizarza, o Jaime del Burgo Torres Conspiración y guerra civil (1970) que es una preciosa monografía que tiene mucho de autobiografía... 





Si el libro Las últimas cartas del requeté pertenece al género epistolar, los ya citados, entre otros que omitimos, tienen la categoría de memorias, aunque no todos ellos  muestren la intimidad, creencias y sentimientos de sus protagonistas como lo hace éste. Hoy, el análisis etnográfico de dicha intimidad importa mucho, para encarnar el pasado en las personas y no anularlo en estructuras, o bien ahogarlo en una dialéctica interesada y tergiversadora. ¿Qué tienen que ver con ésta las cartas entre dos esposos, sinceras, confiadas, limpias de polvo y paja, exquisitas en el trato, que muestran un espíritu elevado con visión de trascendencia y espíritu cristiano, sabiendo que cada cual rinde cuentas de sí mismo con independencia de lo que otros hagan o digan?

Un libro así desmiente con rotundidad conclusiones precipitadas y errores que pululan a raíz de una desmemoria sesgada, demasiado interesada en juzgar el pasado, en recrear el presente y sobre todo en construir el futuro, moviendo para ello grandes recursos materiales. Desgraciadamente, hay quien pretende hacer un juicio a las personas del pasado, ignorando el marco y las circunstancias generales y particulares, y hasta con agravios comparativos, cuya intimidad además siempre debiera quedar a salvo sin confundir los hechos con las personas. El acercamiento a la historia no es una evasión y dramatización social callejera, un teatro a la vista de todos, con pretensiones ideológicas y de futuro, que utilizan el pasado y tanto ruido y daño hacen.





Decimos que éste libro de la correspondencia entre Mateo y Josefina es la otra cara de libros como el de Julio Aróstegui Combatientes requetés en la Guerra Civil Española (1936-1939) (2013), donde se describen las unidades, los movimientos y se recogen los nombres de los voluntarios; sin embargo faltaban las personas, con sus motivaciones y vida, sus ilusiones truncadas por la guerra e incluso por la muerte. Recuerdo que Tomás Viscarret, voluntario que luego fue maestro, vivía en la calle Aoiz y pasó finalmente en la Casa de Misericordia, me decía que no se había identificado con el libro de Julio Aróstegui (leyó el editado en 1991 en dos volúmenes y por el que su autor tanto debió agradecer a la Fundación Hernando de Larramendi) porque estaba desencarnado, y las personas estaban ausentes. No reconocía en sus páginas lo que él vivió. No le faltaba razón, y sin duda por ello nuestro voluntario disfrutaría con el libro editado por Pablo Larraz y Pilar Sáez de Albéniz. 

El libro lo presenta Víctor Manuel Arbeloa, quien aporta las cartas cruzadas de sus padres, muchas referencias biográficas familiares, y las fotos de sus seres queridos. El prólogo lo comparte  el dr. Pablo Larraz (p. 15-35) y Pilar Sáez de Albéniz (p. 37-51), seguido de la relación del itinerario bélico y de las cartas de ambos esposos. El grueso del libro recoge íntegramente todas las cartas mantenidas por el matrimonio  durante la guerra (p. 61-358): 62 de Mateo y 24 de Josefina, con 448 notas aclaratorias de los coeditores que tanto agradece el lector, que versan sobre personas, acontecimientos del momento, hechos en general y el marco histórico y bélico.





Estas cartas son la colección más completa que se conserva y es conocida como correspondencia familiar de guerra. Al género epistolar se le ha prestado poca atención en la historiografía española. Las cartas rezuman sinceridad e informan al etnólogo de muchísimos aspectos de la personalidad humana, la vida cotidiana, aspectos laborales, familiares y religiosos, del frente y la retaguardia. A través de ellas el lector comprueba  que el mundo de los dos autores, Mateo y Josefina, era muy diferente al nuestro, aunque la raíz del por qué vivir, individual y social, sea totalmente inteligible y hasta coincidente. El  punto central que no se debe omitir es que para los autores de dicha correspondencia, el conflicto supuso una cruzada religiosa y en legítima defensa. También las fotografías son de gran calidad, se refieren a los protagonistas y reflejan el ambiente que vivieron. 

El capítulo V explica con detalle la herida, agonía y muerte de Mateo (p. 363-379). Le sigue el epílogo y despedida tras su muerte (p. 381-386), y un bellísimo poema de Manolín, el hijo pequeño ya hecho grande, en el "Aniversario de mi padre", lo que nos conduce hacia el final del libro. Este finaliza con cinco apéndices: "Unos recuerdos de la guerra civil-carlista contra los nacionalsocialistas y los comunistas levantada el 19 de julio en Pamplona (Navarra)", redactados por Mateo a modo de itinerario-resumen de sus días de campaña (p. 391-399),  dos crónicas de Mateo para El Pensamiento Navarro sobre "Los Requetés de Mañeru en el frente de Oyarzun" y "Desde Elgoibar" (p. 400-404), una larga relación de combatientes de Mañeru y otra de sus muertos en campaña, y la ficha de combatiente de Mateo. Fuentes y bibliografía cierran este hermoso y ágil libro. 

Esta investigación ha exigido mucho más trabajo del que supone la transcripción de 86 cartas: un trabajo de detalle, de fina búsqueda, de muchísimas conversaciones y entrevistas, de cuidar las palabras para ser fieles a los protagonistas... todo lo cual debemos de agradecer al dr. Pablo Larraz y doña Pilar Sáez de Albéniz. Si esto quedó bien reflejado en las exposiciones de ambos en la presentación de sala, también se advirtió la delicadeza de doña Pilar hacia el hijito de Mateo y Josefina, Manolín, que ya sabía firmar por entonces... y ahora es grande.



Mateo Arbeloa, sargento de requetés fallecido el 27 de abril de 1937 por sus heridas en combate, y Josefina Muru son los padres del escritor navarro Víctor Manuel Arbeloa, tan querido por todos. Mateo era hermano del que será  canónigo Agustín y de Nicanor, ambos también voluntarios, permaneciendo este último, al que muchos conocimos, leal a los principios tradicionalistas hasta su fallecimiento en la residencia del antiguo convento de dominicos en Estella. La delicadeza espiritual de don Víctor Manuel le ha convertido en ausente de la presentación de Las últimas cartas del requeté, sin duda para que los protagonistas fuesen sus padres. Por eso, este libro es el mejor homenaje a nuestro escritor, y para ello recordamos la última palabra fraterna de la presentadora Pilar: "te quiero". Y sin duda el público asistente y lector se dirigirá a la familia Arbeloa Muru en pleno diciéndoles: "os queremos".

Agradecemos absolutamente a todos su generosidad y dedicación, y especialmente a los dos editores por su trabajo desinteresado.

 


Larraz Andía Pablo, Sáez de Albéniz Arregui Pilar (2024). Las últimas cartas del requeté. Correspondencia de guerra de Mateo Arbeloa y Josefina Muru (1936-1937). Córdoba: Ed. Almuzara, 431 pp. 25 euros pedidos@almuzaralibros.com


Fotografía del Acto: propiedad de J.F. Garralda

Publicado en el blog historiadenavarraacuba.blogspot.com (27 de enero de 2025). Tomado por Ahora Información (27-I-2025). 


José Fermín Garralda Arizcun

Dr. en Historia

miércoles, 18 de julio de 2018

Razones de 1936 y su conexión con la tercera guerra carlista de 1872-76


1.Razones de 1936 con mandato de Alfonso Carlos I. 
Nos referiremos a los carlistas o requetés, pero salvo las concreciones a la monarquía y el espíritu foral, las razones son extensibles a casi toda la zona nacional. 

Lucharon porque no había más remedio. Les costaba mucho abandonar sus hogares, a sus familias y su trabajo, pero lo hicieron para evitar males horrendos y lograr bienes mayores.

Podían ganar y ganaron con la ayuda de Dios.

No odiaban sino que por amor y obligación salieron a defender sus familias, sus hogares, su pueblo y España entera. "Tirad, pero tirad sin odio", decía el ángel del alcázar.

Mucho se podía escribir sobre ellos y mucho bueno se ha escrito. Por ejemplo, el libro Requetés de recopilación de testimonios y hermosas fotografías escrito por Pablo Larraz y Victor Sierra-Sesúmaga. Por eso no seremos pesados en estas líneas. Lo que sí duele -y mucho- es que se calle la verdad y se propaguen sistemáticamente mentiras sobre ellos, los voluntarios requetés y los sublevados en general. Todos ellos, requetés, falangistas, y soldados, eran el brazo de la España que no se resignaba a morir ni a ser perseguida y eliminada. 

Mucho se escribió también justificando el alzamiento. He ahí la obra de A. de Castro Albarrán o de Ignacio G. Menéndez-Reigada, entre otros muchos. 

La defensa de la religión católica fue el elemento fundamental de todos o casi todos los combatientes, sobre todo si eran voluntarios. Lo realizado durante y por los Gobiernos de la República, por la Constitución de 1931 y las leyes que la desarrollaron, era una pura persecución desde la llamada legalidad. Luego estaban los estallidos violentos de las masas debidamente azuzadas. Lo peor vendrá después. El comunista José Díaz proclamó que la Iglesia debía de ser destruida. Recordemos la sistemática persecución desde comienzos de la guerra, y el exterminio de todo lo católico y a cualquier persona por el mero hecho de ser católica. Recordemos que Stalin envió asesores soviéticos -de los que poco se ha hablado y mucho se ha ocultado-, lo que explica muchas cosas antes y durante la guerra. ¡Qué más da eliminar en masa a la clase burguesa! ¡Ahí la carnicería en Paracuellos del Jarama con Carrillo como uno de los resposables! Y tantas otras cosas que omitimos. Por eso fue una Cuzada, y así lo espresaron los Obispos españoles en su Carta Colectiva que es necesario leer y releer. ¿Es que hoy se lee algo? Sólo se hace caso al primer pinta de TV y al primer manifestante que dice barbaridades. 

Nor Jaungoikoa aña? ¡Quién como Dios!

Junto a la religión católica, defendían la comunidad cívica de España frente al desorden radical, la división interna provocada por la lucha de clases y la aparición de autonomías separatistas, la impunidad de crimen, el camino inexorable hacia la revolución, y hacia el marxismo. Para no pocos, los líderes eran Lenin y Stalin -el amo de Rusia- y había que imitar a Moscú. 




También querían evitar la ruptura de España en pedazos, retrocediendo así a la división congénita de las tribus anteriores a la romanización. Querían una España libre de la influencia, seguidismo y presencia  de Moscú y Stalin. 

España, sí, más ¿qué España? En Navarra querían la España Foral, lo mismo los carlistas o requetés de toda España. Fueros para quienes los tenían y querían recuperarlos, y Fueros para todos. Gobierno propio sobre lo propio o lo que se tiene jurisdicción; burujabetza.


Lejos del estatismo, opuestos a los totalitarismos, enemigos de las revoluciones populares hegelianas de derechas, los carlistas eran monárquicos defensores de la dinastía legítima. Los jóvenes alfonsinos en armas -muchos procedentes de las JAP que se alistaron donde pudieron- no abrían la boca, y  los republicanos sublevados -Mola, Cabanellas etc.- se plegaron a la bandera roja y gualda. 

Es deleznable que se haya mentido tanto y durante tanto tiempo sobre el pronunciamiento militar -que fracasó al fracasar en las ciudades más importantes- prolongado luego alzamiento de 1936, así como sobre la República. Los que se cargaron la República eran los revolucionarios que la utilizaban para hacer la Revolución -anarquistas, socialistas marxistas, comunistas, separatistas-. Los carlistas pactaron con el Ejército de Mola a través de Sanjurjo, poniendo varias condiciones para sumarse a la sublevación; ellos pensaban sublevarse solos pero al final pactaron con los mandos militares que adelantaron la sublevación tras el asesinato de Calvo Sotelo y con el objeto de prevenir el estallido revolucionario que estaba programado para poco después. Todos los sectores políticos, unos y otros, de derechas e izquierdas, y los que no eran una cosa ni otra, se estaban preparando. Las milicias revoucionarias desfilaban por Madrid y otras ciudades en formación y con el puño en alto. 

Hoy día, como ayer, los comunistas y marxistas en general, e incluso los separatistas que les apoyan y dejan hacer, se esconden tras el sillón de la República. Eso explica todo lo que está ocurriendo. Si fascistas, ellos lo son. Incluso hay mucho eusko-nazi. Si revolucionarios, ellos lo son. Son todo menos amantes de España, monárquica o bien republicana. 

Venga aquí uno de los muchos testimonios anónimos. He aquí un caso. Quien se llamaba Aita T. decía que él salió al frente desde Lesaca sólo por Dios Jaungoikoa. Salió en el Tercio de Lesaca, denominación que después se cambió por la de San Fermín, cambio al que él primero se opuso (así lo refleja también Aróstegui en su libro sobre los Combatientes requetés) y luego admitió como el que más. Él no podía fallar a San Fermín. Salió al frente bajo su exclusiva responsabilidad y no por disposición del clero y sus obispos, ni por mandato de aitás. Ya se habían sublevado los carlistas, y él no soportó que los nacionalistas vascos se fuesen con los comunistas. Su tío Demetrio, que era maestro republicano le dijo: "Vas a luchar contra tus hermanos". Su familia era toda ella carlista, emparentada con el general Argonz -marques de la Fidelidad nombrado por Carlos VII justo tras 1876- y estudió interno en los Maristas de Pamplona donde había un hermano marista que era nacionalista. Después estudió sus carreras en las universidades de Zaragoza y Madrid, en un ambiente lejano y hostil. Su padre era "navarro pero que muy navarro",  escritor en dialecto salacenco y promotor de la cultura vasca, de la que él era muy amante y a su vez algo idealista. Sabía, nada más salir al frente de guerra, que estaban seguros de la victoria. Fue herido en el brazo, a la altura del corazón, en el monte Arrate, siendo cabo, cuando un voluntario requeté que estaba a su lado se desplomó de repente víctima del impacto de una granada. Una vez les dijeron que eliminasen a un prisionero (éste era nacionalista) porque no podían llevarlo consigo ni dejarlo libre, y él no quiso (se negó). Se le hacía un nudo al gritar Viva España porque la España que él había visto era la del liberalismo y la República, pero aprendió a gritar al viento "Viva España" con los requetés. Ellos le mostraron el verdadero rostro de España, la España siempre será de sus amores. Éntró en la guerra como requeté y salió como carlista. Su primo Jaime Garralda e Iribarren, carlista -no llegó a ejercer de cabo de requetés- y ayudante de Víctor Pradera, fue asesinado a los 21 años de edad por la "canalla marxista" ("El Pensamiento Navarro",11-X-1036) en San Sebastián el 23-VII-1936. No está mencionado en las lápidas -torpemente tapadas- del Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada, porque aquí tan sólo están los nombres de los navarros muertos en el frente.

 Según las hojas de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz murieron 4.699 navarros  por heridas en el frente, y en 1962 se entregaron 4.335 medallas conmemorativas de la Cruzada a sus familiares. 

Los que se alzaron en Armas, con mucha más razón y más "estilo" que los zapatistas, que los partisanos, y que los sublevados en Cataluña y Asturias contra el Gobierno legítimo de la República en 1934, querían una sociedad y una España vivible, muchísimo mejor que la de aquella leyes que les excluían y condenaban, una comunidad de hombres libres en vivo contraste con la ruina, la miseria, el dolor y la pérdida de libertades fundamentales que les esperaba de seguir todo como empezó en febrero de 1936. 

2.Conexión con la Tercera guerra carlista con mandato de Carlos VII. En la guerra de 1936 estuvieron codo con codo las tres generaciones: el muchacho, el padre y el abuelo, esto es, mutil, aitá y aitaborce. Para los carlistas los principios eran los mismos: Dios, Patria, Fueros y Rey tradicional -ni constitucional ni absoluto-. 


Los carlistas se preparaban para hacer frente al Desastre. Su raíz era la tradición española, y nada tenían que ver con los movimientos nacionalistas y totalitarios del siglo XX. Su espíritu procedía del de sus mayores y lo expresaban los pocos supervivientes de la guerra de 1872-1876. Los revolucionarios de "derechas" les menospreciaban y apodaban de "románticos". No, no eran románticos sino que tenían padres a los que amar, continuar y prolongar, y no por historicismo sino porque sabían que, además de motivaciones de amor filial, sus padres tenían razón. La Tradición es más un "clasicismo" con alma. 

En el Archivo de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cuz vienen el nombre de doce de ellos así como sus circunstancias. Pasamos a enumerarlos.

Nombre / edad /natural de /provincia /residente / empleo /dónde sirvió / fecha de solicitud de ingreso en la HCVC / firma


  1. DÍAZ DEL RÍO Y LOYOLA, Gaspar, 84, Pamplona, Navarra, Puente la Reina, Carlista Real Cuerpo de Guardias a caballo 1872 y terminó 1876, Puente la Reina 13-IV-1942, Gaspar Díaz del Río
  2. ECHÁVARRI EGUILLOR, Pedro, 88, Bearin, Navarra, Estella, Las filas carlistas, Estella 5-IV-1942, Pedro Echávarri
  3. GORRICHO SAINZ, Román, 85, Lácar, Navarra, Estella, Teniente honorario, Estella 5-III-1941, Román Gorricho
  4. LÓPEZ Y LEZÁUN, Francisco, 84, Miranda de Arga, Navarra, Estella, Las filas carlistas donde era teniente, Estella 5-IV-2942, Fco. López
  5. LORENTE Y ULÍBARRI, Marcelino, 88, Estella, Navarra, Estella, La guerra carlista, Estella 5-IV-1942, Marcelino Lorente y Ulibarri
  6. REMIREZ, Manuel, 80 años, Lodosa, Navarra, casa de misericordia, excombatiente requeté y veterano carlista, sirvió en el Ier BON de Voluntarios navarros, Pamplona 2-IV-1942, P. O. Juan Urra, pbro.
  7. SARRIÉS EXPÓSITO, Natalio, 86, Maternidad-Pamplona, Navarra, Aoiz, Veterano, Don Carlos VII, Aoiz 4-IV-1942, Natalio Sarriés
  8. SEGORBE EXPÓSITO, Tomás, 86, Pamplona, Navarra, Estella, Carlista, Ier BON de Navarra 4ª Cía, Estella 6-IV-1942, Tomás Segorbe
  9. UNCITI Y VIDONDO, Críspulo, 79, Aoiz, Navarra, Aoiz, Requeté, La fábrica de hacer cartuchos de Urdax, Aoiz 5-IV-1942, Críspulo Unciti
  10. UNICITI Y VIDONDO, Félix, 83, Aoiz, Navarra, Aoiz, Requeté, 9º BON de Navarra, Aoiz 5-IV-1942, Félix Unciti
  11. VILLANUEVA CABODEVILLA, José, 86, Ercuaz, Navarra, Pamplona calle San Antón nº 31 (tienda), veterano, Pamplona 25-I-1943, José Villanueva
  12. ZUGASTI ANTÚNEZ, Marcos, 83, Abárzuza, Navarra, Puente la Reina, Carlista, 10º BON de Navarra, 1872 y terminó en 1876, Puente la Reina 10-IV-1942, Marcos Zuasti
Fuente: Archivo de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz. 





Y nueve imágenes más similares a estas; estas tres con derechos de autor.

Ello no impide sino que ayuda a comprender el choque de los carlistas con la configuración del Régimen posterior, que no es el mismo que salió o pudo salir de la Victoria. Serrano Súñer -el "cuñadísimo"- duró un breve espacio de tiempo, y el estatismo inicial fue cambiante. Más de un amigo me ha recordado: los carlistas ganásteis la guerra y perdisteis en la paz. Mal está lo segundo, pero así la responsabilidad de los males heredados de ciertos graves errores políticos no es de aquellos. 



Galería de fotos (tomadas de la red):





José Fermín Garralda

viernes, 1 de junio de 2018

Talibanes frente a verdades. ¿Qué es el monumento de "Navarra a sus muertos en la Cruzada"?

¿Qué es el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada" levantado en Pamplona? Se trata de un magnífico edificio que la Diputación de Navarra levantó en homenaje a los muertos en el combate por Dios y por España en la Cruzada de 1936-1939 contra el comunismo y la persecución religiosa. Al poco tiempo de ser erigido, se entregó su cuidado a la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz, que es canónica. Esta lo ha cuidado, ha dado culto divino en el monumento, y hoy sigue cuidando la cripta y rezando en ella.

Entre otros muchos artículos, hemos escrito el siguiente:


Consuman etapas de provocación


Tengamos esperanza, pues el odio contra la Cruzada y la victoria de Navarra estalla hoy con una virulencia que morirá en su pecado. Durante décadas han incubado un odio que hoy estalla para asustar y paralizar a los navarros no separatistas, anexionarse Navarra a Euzcadi, traer la IIIª República confederal, y sobre todo ocultar los crímenes de ETA. Ahora consuman una nueva etapa -una tras otra- de provocación, exponiendo unas pinturas escalofriantes en el palacio Redín-Cruzat de Pamplona (aunque retiren el cuadro de la Javierada, Diario de Navarra, 22-V), o en artículos de prensa kafkianos (v. gr. Urzainqui en Diario de Noticias, 20-V).
Ansían la revancha y crear una horrible imagen que dure siglos contra la Navarra de siempre. ¡Ay de aquel que les contradiga! Para ello mezclan la heroica defensa de nuestros padres en favor de la libertad religiosa de los católicos, de la España católica, de las libertades fundamentales frente al comunismo y estalinismo, lo mezclan -digo- con desgraciadas represiones, “olvidando” las que estallaron en Bilbao, San Sebastián y la otra España. El 20 de mayo, la consejera Ana Ollo (Geroa Bai/PNV) actualizó 1936 en la conmemoración anual de la prisión y fuga del fuerte San Cristóbal (Pamplona), “olvidándose” de las otras prisiones en San Sebastián (Ondarreta, Gran Kursaal…) y Bilbao (Los ángeles custodios, Larrinaga, La Galera, El Carmelo…, los busques-prisión, y las matanzas -desde luego sin fuga previa-). Hoy, su barbarie del rencor y la politización actualiza y prolonga 1936. Lo expresa muy bien el Urzainqui cuando dice: “El 36 no ha terminado, todavía es presente (…) el presente en un continuo del 36”. Sí, son frutos podridos de guerracivilismo, con calumnias y ansia talibán.


Vayan tres testimonios (Archivo de la HCVC) que explican el sentido del monumento de “Navarra a sus muertos en la Cruzada”:
El primero, desde el Norte de Navarra. “Viva Cristo Rey / Vera de Bidasoa 5 de Abril de 1940 / Ilustrísimo Sr. Obispo de Pamplona / Ilustrisimo Sr.: Grande alegría y consuelo ha causado a mis padres, hermanos y demás familiares, y a un servidor, la noticia de la institución por S. I. de la Hermandad de los Caballeros de la Cruz. / Alto honor sería para nosotros el pertenecer a esa Santa Hermandad, pues todos los familiares deseamos ardientemente pertenecer a las filas de los soldados de Nuestra Santa Madre la Iglesia y para bién de España, y por si nuestros méritos son suficientes, para poder pertenecer a esa Santa Hermandad, voy a decírselos, contando con su benevolencia por la inmodestia que supone el relatarlos un servidor. / Uno de mis hermanos, Anastasio (q.e.g.e.) murió en el frente de Vizcaya el 21 de Abril de 1937, era voluntario del Tercio de Oriamendi. / Otro, mayor que él, Cándido, se escapó de casa sin decir a los padres, y se fué en el Tercio de San Fermin, y en el frente de Vizcaya en las operaciones del Vizcargui enfermó y le operaron en Junio del 37; pronto se le soltó un punto interior, y después de muchos sufrimientos, tuvo que ser operado otra vez en Octubre pasado. Posteriórmente se le infectaron los puntos, y tuvieron que sacárselos abriéndole nuévamente, hallándose ahora convaleciente. / Otro de los hermanos, Ignacio (este y un servidor somos mellizos) de 28 años, después de haber tomado parte en la conquista de Endarlaza, prestó servicios en la Frontera, durante varios meses dentro de los límites del pueblo, y cuando se conquistó Barcelona, marcho con los voluntarios de los Tercios de Orden y Policia. / Por último, un servidor, solo tomo parte cuando entraron las tropas de Mola, juntamente con mis hermanos, y como no tenia entonces salud suficiente, -(pues de haberla tenido hubiera ido al frente)- no hice más que unas guardias nocturnas durante dos o tres meses, y tuve que retirarme por falta de fuerzas físicas. / Todo lo hicimos por defender la Religión antes que nada, y después de la Religión España, y por esa causa saldríamos nuévamente, cuando quiera a morir si fuera necesario. / No ansiamos más que, que llegue pronto, muy pronto, el “Reinaré en España” del Sgdo. Corazón. / Su Ilustrísima me perdone, el haberme extendido tanto, relatando nuestros hechos, pero es, con el único objeto de poder pertenecer, si son suficientes, a la Santa Hermandad de los Caballeros de la Cruz. / Humíldemente besa su anillo pastoral, quién frecuéntemente le encomienda a Dios en sus pobres oraciones, y es su s.s. Ramon Alzuguren /firma y rúbrica). (135 x 170 mm. doble; se respeta la grafía).


El segundo, desde el Sur del viejo Reino. “+ José Mª Grasa Martín/ abogado/Cascante (Navara) 13 febrero 1942 / Sr. Don Narciso Ripa/ C. Prior de la Hermandad de / Caballeros Voluntarios de la Cruz. / Pamplona. / Muy distinguido Sr. mio y amigo: La hermosa carta abierta que veo inserta la Prensa de hoy, creo merece la incondicional adhesión de todo buen español, que por serlo debe saber que la “rebeldia” iniciada en la Gloriosa fecha del Alzamiento Nacional estaba justificada para lograr ver triunfantes nuestros sagrados ideales: Dios y España. / Campaña fué, que se riñó ante todo para conseguir ver triunfante la Cruz contra el moderno paganismo (en todas sus manifestaciones de liberalismo, masoneria, marxismo, etc.) y por ello no hay nombre que mejor le cuadre que el de “Cruzada”, aunque a muchos ignorantes, que se creen capacitados para ilustrar a las muchedumbres, y patriotas, que no pisaron el frente, no les satisfaga. / Mi adhesión poco vale, mas creo cumplir un deber al expresar la enorme satisfacción que siento al ver que no falta quien se ocupa de tomar posiciones con el fin de evitar una desagradable sorpresa del enemigo. / Muy atentamente le saluda y queda afmo s.s. y amigo q. e. s. M. Grasa (firma y rúbrica) (160 x 220 mm.). Todos sabemos que la sorpresa contra la paz llegó con el maquis comunista, del que se debía ocupar y ocupó la Guardia Civil.
En otra ocasión, el abogado y notario Fernando Fernández Savater junto a José Luis (San Sebastián 14-III-1940) solicitaban el ingreso en la Hermandad, los Estatutos, y una Misa de sufragio por su otro hermano y mártir Carlos Luis, “que admiró sintió como nadie la España católica, caballeresca y tradicional” (165 x 23o mm.).
Si la cúpula de los Caídos es “fascista” -nada verán ahí que lo sea, salvo en su propia imaginación e ideologías- como dicen los interesados (EH Bildu…), ellos son comunistas o estalinistas -¿saben qué es eso?- y, muchos, tolerantes o amigos de la banda terrorista ETA. ¡Ay del que no sea como ellos!

José Fermín Garralda

Publicado parcialmente en “Siempre P’alante”, nº 807, 1-VI-2018, pág. 14





Fotos: el autor. Prohibida la reproducción sin su permiso.