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sábado, 24 de agosto de 2019

La memoria histórica


1. Una permanente “novedad” (1). Si el tema de la memoria carlista no es nuevo y el tradicionalismo lo tiene muy interiorizado, sin embargo el ejercicio de la memoria siempre está abierto a la novedad por expresar un proyecto personal y sociopolítico que debe estar actualizado.
Que de diferentes maneras uno se deba a sus propios padres que hacen posible a cada cual –vano sería negarlo-, exige convivir simultáneamente con los propios conciudadanos.
¿Qué se puede aportar, partiendo del verdadero significado de lo qué  es ser tradicionalista, expuesto por Evaristo Palomar en su libro Sobre la Tradición (2001), que puso fin a las tergiversaciones decimonónicas y supuestamente “personalistas” muchas veces tan interesadas?
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2. Comunidad, verdad y éxito. Javier Mª Pérez-Roldán, en su charla sobre “El proceso histórico revolucionario y nuestras propuestas” planteada en el IIº Encuentro de Familias en Gredos del 14 de agosto de 2019, dijo que era necesario hacer comunidad, a lo que desde nuestro punto de vista añadimos que no en vano toda comunidad es una realidad viva, es memoria de sí misma que a su vez expresa, refuerza y transmite.
También dijo que, en la repetida tensión histórica entre utilidad y verdad, no se debe caer en el utilitarismo, lo que a su vez nos lleva a afirmar que, por eso mismo, la memoria carlista no puede ser utilizada cuando el presente que la genera se vive con plenitud, como hicieron los mismos padres en su propia época. Un tradicionalista de veras no busca un rincón del ayer histórico donde refugiarse, pues con ello ignoraría qué es  la tradición.
En tercer lugar, Pérez-Roldán afirmó que hoy son necesarios pequeños éxitos. ¿Los tradicionalistas los tienen en el ámbito cultural aunque desde luego ellos no se reduzcan a la cultura? Pues sí, y muchos, pero como sus mantenedores ponen el listón muy alto y se comparan con sus abuelos –así siempre saldrán perdiendo- se olvidan de ellos. ¿Qué éxitos les permiten tener confianza en sí mismos? Éxito es el de la Liga Tradicionalista que les reúne; las revistas, editoriales y premios anuales de historia; la existencia de dos museos “propios” privados (Tabar y El Escorial) y uno público en Estella; saber que hay archivos privados de familia y de la propia Comunión Tradicionalista… Pero –ojo- esto es lo menos importante, porque la tradición se hace cada día, está para ayudar a resolver los problemas de hoy y para “construir” el futuro. Mucho más importante para el día a día es lo que tienen entre manos, como su  matrimonio e hijos, los campamentos, Ahora Información, el Foro Alfonso Carlos I, Socorro Blanco, la aportación de cada Región a su problemática (Cataluña, Navarra, Valencia, Sevilla…), la Secretaría Técnica,  y tantas otras cosas. Para los tradicionales lo social es político tanto porque hoy los Estados intervienen en todo, como  porque aquellos buscan acceder a la política desde la sociedad.

Lo cierto es que, todo eslabón débil necesita saber con hechos repetidos que “puede”.
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3. Nuestra tesis es que la memoria carlista lo es del presente, y expresa la propia vida. En este sentido, es una realidad natural, cada cual debe  respetarla y cuidarla, y es un elemento que facilita el que los carlistas digan de si mismos lo que son, impidiendo que lo digan otros por ejemplo sus enemigos vergonzantes o expresos.
Quienes les menosprecian con aires de superioridad –como enemigos de la libertad personal, románticos, y un residuo cultural-  ocultan que sus flamantes posiciones, triunfantes hoy, han caído en un rotundo fracaso.  
La Memoria Carlista con mayúscula podría ser la memoria del pasado remoto, que es muy digna, se yergue ella misma, y ante la cual se debe tener una actitud de respeto y aprendizaje, y no historicista. El tradicionalista  respeta el ser de las cosas, que se adapta a cada momento, y no fosiliza ni reproduce tal cual un pasado que no volverá. Los tradicionalistas dan muestra de que hoy tienen asumido todo ello de forma equilibrada.
El historicismo es liberal por el racionalismo que implica, y deriva hacia el sentimentalismo, lo mismo que el subjetivismo luterano generó a la vez y de forma contradictoria el racionalismo y el fideísmo. Desde luego, dicha Memoria también debe alejarse de su utilización ideológica que hace el marxismo como herramienta.
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4. Nuestro plan es el siguiente:
1º Qué es y qué no es la memoria carlista o tradicional. Como todo lo que la Revolución toca, lo corrompe, hoy se impone explicar todo.
2º Qué hacer con lo generado en el pasado reciente y el presente.
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Imagen del cerebro humano
5. Qué es la memoria carlista. La “memoria carlista” contiene dos términos. En cuanto memoria incluye el pasado histórico (lo que llamaremos la Memoria con mayúscula), el más reciente, pero también el presente cambiante de nuestro vivir. Todo ello está conectado de muchas maneras. ¿Y qué hace la memoria del presente? Lo que realiza es respetar todo lo bueno recibido –que es mucho-, expresar el ejercicio de la propia responsabilidad y libertades, actuar sobre los problemas concretos a  resolver, y dejar patente la creatividad innata del vivir, precisamente para vivir con la mayor plenitud posible. La memoria así concebida es una facultad natural, intelectual, y un don de Dios.
El segundo término, la realidad carlista también es un don de Dios –lo explicaba Tomás Barreiro en la cripta de Montserrat hacia 1985-, cuyos planes se llaman Providencia y actúan directamente o a través de quien debe ser dócil a Su Gracia. ¿No es verdad que los tradicionales quieren una vida donde Él esté presente y sea el único Señor?
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6. La memoria del presente reciente y cambiante. Es habitual ver a vecinos y turistas de toda edad y condición que con su móvil, cámara fotográfica y videos se retratan a sí mismos o a otros con auténtica pasión. Está de moda. Parece inevitable. Es un detenerse y trasladarse por las ondas en el espacio. Se busca detener un momento gozoso, perdurarse y recordar, sobre todo compartirse con otros, y también -¡por qué no!- mejorar el futuro. Esto mejora la calidad de vida.  
Esos tales también deambulan por las plazas y calles de pueblos y ciudades, se dan cita en monumentos civiles y religiosos, aprecian el urbanismo… para conocer cómo se vivió y cómo se vive, para apreciar lo peculiar de cada lugar, para identificar las aportaciones de otras épocas y observar cambios. Con esto conocen cómo se vivió y vive, permitiéndoles  identificar modelos y promover el futuro.
En un tercer plano, la información más profunda del ayer se encuentra en los archivos y bibliotecas, las hemerotecas, cualquier elemento gráfico y los fondos fotográficos, las filmotecas, los museos… Ahí está mucho de lo que fue y de lo que no se ve, como el rezar y el creer, las mentalidades e instituciones, el pensar y el idioma, las costumbres, todo tipo de gestos... Todo esto permite conocer más en profundidad, siendo la palabra lo que más expresa, por lo mismo que la historia como conocimiento dicen que comenzó con la escritura, aunque en la protohistoria y prehistoria sin duda que existían hombres.
Si los dos primeros planos tienen un ámbito y control únicamente individual, familiar, de amigos e instituciones sociales, siempre hubo leyes, normas y reglamentos para regular el funcionamiento y uso del patrimonio, bibliotecas y  archivos, museos y exposiciones... para facilitar su conservación, exhibición y consulta. 
Hasta aquí todo esto es natural.
Se quiera o no, ejercitamos la memoria al aprender y recibir (luego se contrasta, confirma y enriquece), al vivir y “generar” en común (así es el relevo en una carrera de relevos), y en las obras que se dejan y  transmiten. Lo propio es que todo ello se desarrolle en un necesario equilibrio.
Se trata del qué y para qué, del quién o quiénes, como configuradores del continuo ejercicio de la memoria. Es lo que se vive, se manifiesta en su momento y al transmitirse en el entorno de pertenencia, de una manera escrita, representada, vocalizada o a través de objeto. Sí, es bueno que haya vida abundante y con valor propio, así como testigos, transmisión oral y de conductas.., más que el hecho de reunir objetos y textos. 
La memoria recoge el tiempo (el ayer consolidado como tal o el tiempo fugaz) y la realidad y su contexto (la verdad de las cosas).
Es necesaria, y no es presentista porque no admite el determinismo; en efecto, éste niega la libertad o la condiciona excesivamente, o bien fosiliza previamente lo que en la realidad pudiera ser diferente y siempre es -algo o mucho- cambiante.
Debe servir para ayudar a vivir y no para sustituir la vida mediante el historicismo, contemplación y reproducción estática del ayer. Historicismo y presentismo se dan la mano. Insistimos en esto porque hacia 1995 existió un peligro entre algunos carlistas rodeados de una sociedad hostil, como fue el insistir excesivamente en el ayer añorado –acontecimientos heroicos, funerales de correligionarios fallecidos…-, centrando toda acción en lo ya ocurrido y no en lo que está ocurriendo –nacimientos, educación, trabajo, desarrollo y mejora del presente…- para así preparar el futuro. El peligro era sustituir el trabajar por la sociedad, la política, y el pan de los hijos, por los objetos del ayer y la legítima añoranza hacia aquellos que se van. Este peligro se cortó a tiempo (así nos lo enseñaba Miguel Garisoain) y ahora gozamos de un equilibrio muy sano.
Hasta aquí todo esto es natural y “normal”, mueve abundantes iniciativas, previene desvíos, y es muy bueno
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7. Qué no es la memoria carlista.
Pero hay algo que no es natural ni normal. Se trata de la actual Ley de Memoria Histórica (LMH). Las leyes, normas y reglamentos mencionados que  conservan archivos y museos no tienen relación con ella. La LMH crea e impone una historia oficial al distribuir méritos y culpas sobre temas nada evidentes, yendo mucho más allá de la descripción cívica de algunos sucesos públicos como –por ejemplo- el Dos de mayo. La LMH apareció recientemente, pues hasta llegar los tales ZP y Rajoy, la LMH no existía, aunque sus agentes iban preparando el camino, copando los medios de comunicación, los libros de texto y la educación, el ambiente, la denominación de calles y plazas… Algún sectario o chalao dijo que se debía  suprimir –lo que no es poco- de la bibliografía obras como la de Melchor Ferrer sobre la historia del tradicionalismo español, quizás para imponer sus propios libros o los de sus amigos. Como creación motiva por el interés, la LMH evoluciona, y lo hace de una forma discrecional, intencionada y calculada.
La LMH, que Pedro Sánchez quiere apretar más, pretende controlar la ciencia histórica, lo hace al servicio del poder, y realiza un oculto lavado de cerebro a la sociedad. Ha sido protestada en un manifiesto de más de 205 intelectuales a la vez que por la perplejidad y el disgusto general. Dicha Ley es un PARASITO que hace una labor paciente, rápida, silenciosa y total. Es sistemático, caprichoso y planificador, busca abarcar todo, es mentiroso y exige unos equipos humanos que cobran del erario público (universidades, asociaciones, grupos de presión…). No provoca el encuentro sino una lucha presente, brutal y consciente. Es provocativo, enemigo de “clase” y todo indica que tiene una clara inspiración maoísta. Lenin y Stalin quisieron sujetar los cuerpos; Mao sujeta las almas, pues no en vano China es un país superpoblado.
El mal corrompe todo, lo bueno y lo bello, la verdad y las libertades. El marxismo de hoy no arranca el alma sino que la pudre para dominarla. Utiliza el deseo natural de memoria en los pueblos, ya histórica ya del presente, corrompiéndola para vencer –en este caso- a aquellos que le vencieron en la España de 1936. Parece que el materialismo dialéctico quiere hacer realidad un mundo de utopía, ficción y ensueño, de literatura, de “creación” y subvirtiendo lo real. Es el poder de la mente o mejor de la voluntad que, en su acción oculta, pretende transformar de raíz lo real y hacer algo “nuevo”.
Pongamos un ejemplo que nos afecta en España. Qué importa haber pedido una guerra como la de 1936, si sólo se afirma y transmite una narración concreta, desde luego llena de odio para que sea motor del presente, y contradictoria de la llamada verdad “burguesa”. Qué importa si la Ley del socialismo real vela porque sea así, aunque siga aprovechándose de la oposición de algunos valerosos discrepantes como si fuese la calculada antítesis. Qué importa si la mentira que se afirma, dicha con el convencimiento que se tiene cuando se dice la verdad, conquista las mentes de los ciudadanos. Qué importa si el hombre actúa como si hubiera ganado dicha guerra, aunque impulsado –y sufriendo en su contradicción- por ese motor oculto que es la rabia del que perdió y debe reparar la pérdida, creando al menos de forma ficticia una realidad nueva sobre el pasado. Qué importa saberse hipócrita por el “recuerda” mentiroso, si se logra transformar la realidad del presente, y del pasado desde el presente.
En esta situación, la minoría elegida para explotar la cantera de la mentira se ha inmunizado previamente, lava el cerebro a la inmensa mayoría de los ciudadanos, y pretende conquistar el futuro para siempre. Es el pago a la soberbia intelectual, confiando que mañana se creerá firmemente que en 1936 ganaron quienes de hecho perdieron -como el mundo al revés de 1984 en Orwell- que permite acceder al poder y mantenerse en él durante el  futuro.
El Ayuntamiento dominado por EH Bildu realiza
las exhumaciones de siete restos mortales en 2016, pues los parientes
del general Mola se llevaron algo antes sus restos mortales.
Trabajo de los operarios en
el vergonzoso acto de la exhumación en el monumento de
Navarra a sus muertos en la Cruzada. ¿Qué hubiera
ocurrido si los enterrados fuesen gudaris, brigadistas o milicianos?

Los medios para lograr esto son el poder de la propaganda, una movilización que da miedo y asusta a quienes se busca paralizar con éxito. Ahí están las pancartas “anti” y escandalosas, las ruedas de prensa de gente barbuda y de mucha edad, las performance burdas pero de contenido brutal en la calle, la ridiculización y el creerse superior… Esto no es natural. Nadie lo quiere, y hace que la sociedad se retraiga y deje el terreno a quienes desean conquistarla. Tales son pocos, pero tienen una gran cobertura de medios, siendo los únicos que se dejan ver. El marxismo puro y duro se asoma en los sectores separatistas de la vieja piel de toro, y en una ultraizquierda de imagen amenazadora. ¿Estaba dormido el marxismo, ha reverdecido por sí ante el vacío producido por el liberalismo y el relativismo, o bien ha recibido un nuevo impulso desde los países caribeños y de la potente  China?
Lo que más perjudica a la verdadera memoria histórica –que no la LMH- es la mentira. Pero también –lo que es del todo improbable- que se transforme en LMH, exista por ley, y dependa de la partitocracia política e ideológica. Eso lo hizo el liberalismo censurando los libros de texto de historia. Fueron poquísimos los libros escolares que dicen bien -algo o mucho- sobre el Carlismo. Basta ver los de la década de los cincuenta y sesenta.
A la verdadera memoria de la Historia le perjudica el antinatural presentismo histórico en relación con fechas como 1931, 1936 o 1939… Este presentismo niega el paso del tiempo, la sucesión de generaciones, traslada el pasado al presente como si fuese una herramienta de combate, y niega el perdón y el olvido de las heridas que fueron. Sin duda, aislar un pasado doloroso tiene muchos inconvenientes, si ha existido una posterior reconstrucción social y olvido –como lo hubo en España-. Es malo olvidar lo que permitió superar las heridas; lo es seleccionar interesadamente ciertos hechos, congelarlos y aislarlos de su explicación y contexto, suponer intenciones…; también es mala la parcialidad, el resentimiento y encono generado y utilizado por ciertas ideologías, ignorar el derecho a cierto olvido colectivo, y que se caigan de nuevo las chispas del ayer de las nubes rojas del cielo.
La Ley de Memoria Histórica LMH se combate con la verdad, desde un modo natural de olvido y un sincero perdón. También se combate desde la natural y equilibrada custodia del patrimonio físico, intelectual, moral y religioso, desde el respeto, la naturalidad de la memoria personal, familiar y de grupo del momento presente, y desde la memoria de los padres y abuelos, asociaciones, círculos…
Concluyamos observando dos tendencias. Una es natural, cuyos términos coinciden con un étimo o raíz común: patria, patrimonio, padres. Otra  es antinatural, como partido, ideología y ley que quiere crear la realidad.
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8. ¿Qué hacer con los objetos, arte, documentos, libros, fotografías etc.  que se generen o reciba de otros?
Lo primero que se recuerda es no tirar, ni destruir, sino conservar para seguir aprendiendo. Guardar implica acciones como ordenar, explicar, clasificar, mantener y transmitir sin aferrarse ni cosificar lo transmitido. Lo más fácil hoy día es la fotografía y filmografía; pues bien, en las miles de fotografías y videos que se hagan, conviene poner fecha, lugar y nombres propios.
Lo que sobra, lo que no se aprecie, o no se transmita a los sucesores  inmediatos, es bueno pasarlo a otros más lejanos pero verdaderamente interesados. También se pueden rescatar libros y bienes de rastrillos para la admiración y el aprendizaje, aunque sin centrar ahí esfuerzos –salvo los profesionales- ya que cuando se pone precio a los objetos valorados, se cuidan solos.
Se necesitan instituciones propias con personas responsables como la familia, los círculos y las juntas. Si esto falla, ojalá exista un museo, lo que siempre es un alivio.
Cualquiera puede guardar sus bienes en instituciones, fundaciones y museos (Tabar, El Escorial, Estella) mediante la donación o el depósito. Serán cosas pequeñas, más interesantes porque proceden de una familia concreta que por sí mismas, aunque no sabemos si los museos de hoy tienen esto en cuenta. Estos museos pueden estar temporalmente atendidos por universitarios que realizan trabajos anuales, de fin carrera, grado o postgrado, y pueden aprovecharse las becas y ayudas que ofrecen las instituciones académicas para cuidar todo tipo de patrimonio.

Con lo conservado, cualquiera o especialistas pueden defender la Tradición española, la memoria generada en el pasado, sobre todo hoy ante la amenaza de la LMH.
Con la memoria del presente –aunque sin desvincularla de aquella- de lo que hagamos en nuestra propia vida, nosotros mismos seremos quienes digamos qué y cómo somos, sin que otros se interfieran en ello. Cualquier prueba empírica para ello es bienvenida y utilizable.
La memoria es un don de Dios, y la vida tiene no poco de un continuo descubrimiento. Los tesoros son abundantes.  Por ejemplo, y ante los amigos de Ecuador aquí presentes, diremos que hoy estamos descubriendo América en los inmigrantes que se trasladan a España y nos transmiten con su vida qué es la Hispanidad. Si, por eso mismo, América ayudase a los españoles a redescubrir la misma España, ofrecemos a tales inmigrantes el consejo de que sean como son, que mantengan su personalidad, y que no imiten a los españoles de hoy, contaminados como estamos de ideologías exógenas que han provocado crueles guerras durante doscientos años.

José Fermín Garralda
Pamplona, 16-VIII-2019

(1) Lo esencial de esta exposición fue transmitida en la charla “La memoria carlista” del IIº Encuentro de Familias impartida en Hoyos del Espino el 14-VIII-2019.

sábado, 14 de mayo de 2011

LOS REQUETÉS CARLISTAS EN UN LIBRO DE MEMORIAS COMO FUENTE HISTÓRICA.

LOS CARLISTAS REQUETÉS COMO TEMA DE LA REEDICIÓN DE UN LIBRO. CRÓNICA DE LA PRESENTACIÓN DE UN INTERESANTE LIBRO DE MEMORIAS COMO FUENTE HISTÓRICA

Crónica de una presentación. NAGORE YÁRNOZ, José Javier, Luchábamos sin odio. La historia de un combatiente en la guerra de España, Madrid, Ed. Áltera, 2ª ed., 2011, 399 pp. Pedidos: editorial@altera.net; www.altera.net 23 euros

En función periodística diré: sirva este nuevo libro para enriquecer las bibliotecas públicas y privadas, y para leer con sosiego y una siempre fresca reconciliación en la verdad, la gran aventura vital de los voluntarios requetés de aquella hora.

POR LO VISTO, cuestiones cerradas hace tiempo, vuelven a estar de actualidad. Este libro de José Javier Nagore, titulado “Luchábamos sin odio”, no es un libro de de oportunidad, sino que estaba escrito hace tiempo. Se ha presentado en El Corte Inglés de Pamplona, el 12 de mayo. El acto estuvo organizado por la Fundación Socio-cultural Leyre.

El salón estaba al completo. La vista de Pamplona era magnífica desde el gran ventanal abierto hacia la ciudadela con su hermoso glacis, y hacia el Baluarte que deja al lado al primer Ensanche.

En la tribuna estaban el autor José Javier, el organizador Pascual, y Santiago, que realizó el acto de presentación.

(Perspectiva donde no salen los muchos oyentes que se encontraban de pie al fondo de la sala. Hemos evitado imágenes frontales para mantener la intimidad de cada oyente)

Santiago, como ilustre profesor emérito que es, presentó el libro desde un prisma poco usual, yendo sin embargo al fondo de la cuestión. ¿Cuál es la verdad interna de este libro? ¿Qué puede decir oportunamente a nuestros conflictivos y desasosegados días? ¿Da sólo información o también formación? ¿Cuál es el hilo conductor de cualquier vida que sea digna de ser vivida?

Mis notas, elaboradas bajo mi exclusiva responsabilidad, recuerdan que dijo lo siguiente (me remito, pues, a las posibles correcciones del ponente):

“NUESTRA GENERACIÓN es a modo de la generación de Ítaca, la patria del Ulises de Homero. Es la generación del regreso a casa, a la patria. El regreso a los suyos y a lo suyo. Porque para Ulises la Patria tiene el fiel rostro de Penélope, de su hijo Telémaco, abarca sus viñas, continúa a su padre Laertes, y convoca a sus dioses.
Así son las cosas. Sin embargo, a nuestra generación le han quitado la posibilidad de volver a su Patria. Nos da igual todo: familia, hijos… Incluso volvemos la cabeza hacia los pretendientes de Penélope, nuestros enemigos.
Ulises jamán hubiera regresado a Ítaca sin la atracción natural de la Patria: le tentaron numerosas bellezas, le tentaron sirenas, e incluso le tentaron con la inmortalidad. Por ejemplo, en la isla de los litófagos, quien probaba la flor del loto se quedaba sin patria, pues olvidaba la razón que tenía para realizar el viaje de vuelta.
¿Qué es tener Patria? Es ser heredero. Tu patria es lo tuyo, lo que fue posible para ti, la sangre, sudor y lágrimas que costó el que tú tuvieras un espacio de libertad, de crecimiento. Tener patria es tener un sitio concreto, con referentes. No podremos nunca ser europeos si previamente no somos españoles. No podremos ser nunca españoles si no somos navarros. Tenemos un ombligo que nos hace estar vinculados a una realidad concreta. Yo se lo qué es el dolor. Hablo de grandeza y de pérdida, de referente propio y propia raíz, donde las palabras adquieren connotaciones particulares que sin la herencia no se comprenden.
Todo está presente en el libro que hoy se presenta aquí. ¿Dónde? Leámoslo atentamente. No vean guerra. No lo lean con perspectiva guerrera. Ni siquiera el título: “Combatieron sin odio” es guerrero. Sí, amaban con locura tantas realidades que ellos se olvidaron de sí mismos. El libro no es un poema épico por realista que sea. Lo sorprendente de esta obra son las anotaciones del autor, esto es, de quien por vocación será después un ilustre notario. Javier Nagore fue notario de lo que vio y vivió. Así, ha escrito un libro que debe ser considerado como un hito miliario, como el que guiaba las rutas romanas.
El libro canta el sentirse heredero. Canta el tener patria. Canta el ser responsable de tanto de lo que nos han dado… Canta el ser ciudadano de mi pueblo, Navarra, cultura con la que me identifico. Me identifico con Jorge Manrique, con Velázquez, con San Juan de la Cruz, con… y también con los mártires. Ningún joven de ayer hubiera dejado a su novia, su trabajo, sus afanes más nobles… si no fuese por unos objetivos pero que muy grandes.
Una cuestión está muy clara: los que persiguen hoy la verdad y a los de ayer, viven por el lujo de la libertad de los que dieron su vida” (Aplausos).

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A CONTINUACIÓN Pascual Tamburri comentó que los agentes del pasado tenían todas las razones para defenderse y ganar, y que lucharon sin odiar porque, en realidad, tenían razón. Dio la palabra al esperado turno del autor, don José Javier Nagore (Pamplona 1919). ¿Cuál fue su testimonio, casi notarial, sobre lo que él y sus compañeros vivieron en su día, esto es, con la intensidad de todo joven y en unas dramáticas circunstancias? En 1936 Nagore tenía 17 años.

(El dr. José Javier Nagore es autor de Memorias, pero también de la Historia del Fuero Nuevo de Navarra, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1994, 678 pp., o En defensa de la navarridad etc.)


Según Nagore, esta es la quinta reedición del libro titulado En la 1ª de Navarra (1936-1939) (Memorias de un voluntario navarro del Tercio de Radio Requeté de Campaña), publicado allá en 1982 en la editorial Dyrsa. En el transcurso del tiempo, el éxito de este libro de memorias ha sido completo. Han sido las memorias del autor, pero, según él, también las de sus compañeros del frente, algunos de los cuales viven entre nosotros en diferentes localidades dentro y fuera de Navarra. Pues bien, esta nueva reedición ha mejorado las anteriores ediciones con mapas y nuevas fotografías. ¿Cuál es el núcleo del libro? A decir de Nagore, con las Armas se defendió el ser de España. No en vano, en el otro lado –el republicano revolucionario- sólo se oyó el ¡viva Rusia!. Es testigo de cómo en la 1ª División de Navarra no hubo ni odios ni venganzas, que además estaban sumamente castigadas. Los hechos se imponen por si solos. Y como decía una vieja vizcaína, “ante un yo lo vi hay que creer o reventar”. La juventud Navarra de entonces fue muy sana, religiosamente sana y quizás por ello tuvo una gran capacidad de sacrificio.


En las Ordenanzas del requeté, que junto con el Devocionario llevaban los voluntarios, Nagore recuerda que se decía: “tirad, pero tirad sin odio”. Y: “Tu, soldado de la Tradición, habrás de tener puesto en el Reino de Dios”. Con este Devocionario en el pecho murieron pero que muchos jóvenes. En muchas casas navarras y españolas se conserva todavía hoy, aquel “librico” del marido o padre, del abuelo, hijo o nieto, del novio, de “aquel que nos mataron en la guerra”.

Recuerda Nagore que el libro de En la 1ª de Navarra sufrió varias críticas, según las circunsdtancias políticas y sociales, aunque en ellas nunca se negaron los hechos allí expuestos. La 1ª de Navarra “luchó y venció por Dios y por España y por la Tradición, porque no hubo más remedio”. En sus páginas se advierte cierta nostalgia, pero no es una nostalgia triste, sino el sano pensar sobre lo que se dejaba atrás: padres, mujer e hijos, pueblo, novia... Hasta el recuerdo del afán que se tenía porque dieran permisos…

Hay que rezar por todos, y de modo particular por los que lucharon por Dios y por España, por aquellos dos amores y quereres. Hoy debemos alzarnos de otra manera. Ya decía el personaje de Shakespeare: “Yo permaneceré fiel a despecho de ti y de tu guadaña”. Con este colofón del gran dramaturgo inglés terminó la intervención de Nagore. El público recibió sus palabras con grandes aplausos.

A continuación, los asistentes compraron el nuevo libro, y el autor, haciendo gala de una gran amabilidad, plasmó su dedicatoria y firma en numerosos libros de quienes desearon retener en sus manos el cariño y la huella notarial del autor.

(Nagore en el momento de escribir su dedicatoria y firmar el libro)

(Nagore y la simpática margarita, ya veterana, Silvia Baleztena Abarrategui)

Sirva este nuevo libro para enriquecer las bibliotecas públicas y privadas, y para leer con sosiego y una siempre fresca reconciliación en la verdad, la gran aventura vital de los voluntarios requetés de aquella hora.

José Fermín Garralda Arizcun

Fotos: el autor JFG
"Diario de Navarra" se ha hecho eco de la presentación en su edición del lunes, 16-V-2011, pág. 72 (Diario 2, Sección Libros).