martes, 4 de mayo de 2021

Revista hispanoamericana "Fuego y Raya" nº 21

Bibliografía

HE AQUÍ un nuevo número de pensamiento e historia, dirigido por el dr. Juan Fernando Segovia (CONICET, Universidad de Mendoza, Argentina). Si ésta revista es hoy día del todo necesaria y persevera su edición al alza, en esta ocasión la colección  "Itinerarios" nos  ofrece un número interesantísimo. Nos referimos al nº 21 de "Fuego y Raya. Revista semestral hispanoamericana", Año X, (IV-2021), 266 pp.

Este volumen lo publica el "Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II", de la Fundación Elías de Tejada, para poner al día los estudios americanos. 

Su primera parte consta de cinco artículos de temática variada, desde el ayer hasta la actualidad.

En primer lugar, Altuve-Febres Lores (p. 13-45) y luego Nalvarte (p. 47-57) analizan el pensamiento ultramontano del obispo peruano Bartolomé Herrera, a mediado del siglo XIX. 

Le sigue el estudio de la historiografía sobre la secesión chilena en las obras de Melchor Martínez y Claudio Gay (p. 59-82), efectuado a cargo de Andrades (p. 59-82).

Trasladados a la actualidad,  Juan Fernando Segovia examina críticamente algunos libros recientes que proponen desvelar y rechazar el tan manido populismo actual, y que el autor denuncia precisamente por la pobre manera que dichos libros tienen de enfrentar el tema (p. 83-118).

En relación con la sublevación criolla contra España, se descubre de nuevo cómo fue el pronunciamiento de Rafael Riego en 1820 -los  golpes de Estado son en las instituciones según Alonso Bácquer-, acción ésta desleal e insurreccional que dio inicio al Trienio Liberal en la península, que favoreció la independencia de las Américas, y que originó una guerra civil en España -en su día analizada históricamente y además interpretada por Rafael Gambra-, seguida por la intervención de los llamados Cien Mil Hijos de San Luis (p. 119-135)

Este último artículo da paso a la segunda parte del presente número "Fuego y Raya", un dossier dedicado a don Rafael Gambra Ciudad, en el centenario de su nacimiento. Se trata de un inestimable recuerdo y homenaje al profesor navarro oriundo del Valle de Roncal. Dan cuenta de él las colaboraciones de Julio Alvear "La crisis de España y de su historia en el pensamiento de Rafael Gambra" (p. 139-163), que sintetiza la interpretación y crisis de la historia  contemporánea de España según los libros y artículos de prensa de don Rafael. Por otra parte,  Miguel Ayuso Torres de nuevo se refiere a "Rafael Gambra y el tradicionalismo integral", concretamente en relación con el nacimiento e hitos principales de su pensamiento (p. 165-190). 

Dicho dossier culmina con unos escritos de Gambra sobre la civilización y cristianización de América, sobre el crecimiento del poder político, y su crítica al prólogo de Menéndez Pidal a su Historia de España (p.195-228). 

Al nº 21 de la revista le acompañan diez breves e interesantes reseñas reseñas bibliográficas de libros, escritas por cuatro autores (p. 231-266). 

La revista está muy bien impresa, la portada es a color, y resulta muy manejable. La portada del nº 21 recoge la misma del libro de Gambra titulado "La primera guerra civil de España", publicado en Argentina por Ediciones Nueva Hispanidad. 

Este número puede solicitarse en fuegoyraya@fundacioneliasdetejada.org

Libros de Rafael Gambra. En ellos predomina el pensamiento político. 


La mitad de este libro es un estudio histórico riguroso a través de los documentos del Archivo General de Navarra (AGN), más el testimonio del presbítero Martín que vivió la época y redactó la primera historia de la guerra. Muchos años después, la aportación de Gambra ha sido profundizada por historiadores como Laborie Erroz, Miranda, del Río Aldaz y, desde un punto de vista sociológico, por Garralda -que esto suscribe- en relación con el Reino de Navarra y la Provincia de Santander o la Montaña. 

José Fermín Garralda Arizcun

viernes, 29 de enero de 2021

Revista hispanoamericana "Fuego y Raya" nº 20

 Bibliografía


Revista Hispanoamericana "Fuego y Raya. Revista semestral hispanoamericana", Año X, nº 20 (XI-2020), 229 pp. Edita "Itinerarios". Dir. Juan Fernando Segovia (Universidad de Mendoza, Argentina).

El "Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II", de la Fundación Elías de Tejada, ha publicado el nº 20 de la Revista "Fuego y Raya" para poner al día los estudios americanos. 

Seguramente muchos quieran escribir en esta prestigiosa revista, cuya editorial queda abierta a todas las colaboraciones aunque éstas deban superar favorablemente dos evaluaciones externas para su publicación. Los autores que lo deseen pueden solicitar las normas de redacción al correo de la Revista

Este número está dedicado al conflicto de ideas y sangre que es propio de la mal llamada "modernidad" -racionalista, secularizadora y antitradicional-, que ha generado paulatinamente la inestabilidad, la rebelión y violencia, quedando todo ello grabado en la memoria de los pueblos. Desde hace tiempo parece que lo "normal" en cuanto debido es el conflicto y, para salir de él, poner en jaque al hombre y a su sociedad de pertenencia. 

Por ello sabemos que el tercer milenio, receptáculo de las revoluciones decimonónicas y la posterior marxista, anarquista y nihilista, no augura nada bueno: de seguir así, parece que en él no habrá ni paz, ni justicia. De ahí también la actualidad des este número de la revista que presentamos.

La primera parte, en un dúctil bloque de tres artículos, desarrolla la Revolución liberal de hoy y ayer mismo. 

Así pues, el artículo de Juan Fernando Segovia desarrolla unas "Reflexiones sobre la nueva Revolución a la luz de las revueltas en Chile". Su autor muestra las similitudes y diferencias entre la revuelta sufrida en Chile en septiembre de 2019, y otras revueltas que se constatan en la Historia, manifestando que lo común a todas ellas es la presencia de una mentalidad gnóstica y nihilista. 

Trasportados por el arte de la palabra al s. XIX, Giovanni Turco explica "La caída de la Roma pontificia en la reconstrucción de La Civiltà Cattolica (1870-1871)", expresión ésta del conflicto establecido entre el inmanentismo político y la primacía de lo permanente y trascendente, o bien entre el Estado moderno (en cuanto excluye cualquier instancia superior ) y una Iglesia jurídicamente visible, independiente del poder civil y con derechos propios anteriores a él. 

De regreso a las Américas actuales sobre el ala del cóndor, Juan Carlos Nalvarte desarrolla "El incienso y la pólvora (I): la cultura política católica en tiempos del obispo de Arequipa Goyeneche". El Obispo de Arequipa y luego de Lima, tuvo que posicionarse ante la guerra de secesión de España, la emancipación, y los comienzos de la república del Perú. Como muchos arequipeños en su tierra, optó por España, el Derecho, y la Religión católica, además en una sociedad que lo era. La nueva cultura política republicana entrará en conflicto con la cultura política de la Iglesia y de los fieles de los que Goyeneche era pastor. 

La segunda parte de este número de "Fuego y Raya", tres trabajos forman una unidad reunidos en un dosier, y explican la revolución de cuño marxista, que aterrorizó la sociedad hispanoamericana mientras culminaba la anterior revolución liberal. Sin duda, la revolución cubana de Castro influyó grandemente en los movimientos de extrema izquierda existentes, que radicalizaron sus acciones. Ahí están los Tupamaros de Uruguay, las FARC de Colombia, los Montoneros de Argentina, el Sandinismo de Nicaragua, los MIR, OLAS, VOP y FPMR de Chile... Los orígenes (1930-1957) de la  guerrilla en Colombia, explican el despertar de un fenómeno dormido a partir de la década de los ochenta, según aborda Francisco Flórez Vargas. Sobre los montoneros y sus planteamientos revolucionarios enemigos del capitalismo imperialista en la década de los setenta, escribe Gonzalo Segovia.  A su ves, la izquierda y violencia política en Chile corresponde analizar a José Díaz Nieva. La diferencia entre estos marcos comunitarios es que en Chile no se desarrolló un movimiento guerrillero como en Argentina, Bolivia, Colombia o Perú, aunque los revolucionarios chilenos supieran que el tránsito de un sistema capitalista a otro socialista no sería posible por una vía pacífica y democrática. 

Al dosier le sigue una entrevista a Luis Labraña, número de la juventud Peronista de Liberación, luego Montonero y cuya agitada vida ha recalado finalmente en Argentina. Le siguen diez reseñas reseñas bibliográficas de libros escritas por seis autores.

La revista está bien impresa, la portada a color, y es muy manejable. Este número puede solicitarse en fuegoyraya@fundacioneliasdetejada.org

José Fermín Garralda

martes, 25 de agosto de 2020

Cuba 1869-1909. Haciendas de Miguel María Zozaya e Irigoyen. Nuevas fuentes

Sumamos este aporte a nuestra comunicación presentada en el IX Congreso de Historia de Navarra, organizado por la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra, donde se analizan las numerosas situaciones límite por las que atravesaron las haciendas, la administración de las mismas y sus propietarios, en los momentos clave y de transición por los que atravesó la isla de Cuba, perla del caribe. 

viernes, 19 de junio de 2020

Revista hispanoamericana "Fuego y Raya" nº 19

Bibliografía

Revista Hispanoamericana "Fuego y Raya. Revista semestral hispanoamericana de historia y política", Año X, nº 19 (IV-2020), 253 pp. Edita "Itinerarios".


El "Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II", de la Fundación Elías de Tejada, ha publicado el nº 19 de la Revista "Fuego y Raya" para poner al día los estudios de más allá de la Mar Océana. 
¿Cuál fue el inicio evangelizador y municipal de la monarquía hispánica en América?, y sobre los escritos de José Vasconcelos (+ 1939), son los dos artículos principales tras el recuerdo del historiador francés Jean de Viguerie recientemente fallecido (+ 2019). 

Le sigue un dosier sobre los movimientos subversivos comunistas y grupos guerrilleros en Hispanoamérica en México, Perú y Argentina (pág. 103-225). Colaboran en él tres especialistas como son Rigoberto Gerardo Ortiz Treviño, César Félix Sánchez Martínez, y Gonzalo Segovia. 

Tras un texto de Leonardo Castellani sobre la subversión, le siguen cinco reseñan bibliográficas de libros de Fran Carrillo, Isabel Lázaro, Gonçalo Sampaio e Mello, Contreras, y Martínez Esquivel. 

En la portada, don José Vasconcelos. Bien impreso y manejable, este número puede solicitarse en fuegoyraya@fundacioneliasdetejada.org

J. F. Garralda

sábado, 24 de agosto de 2019

La memoria histórica


1. Una permanente “novedad” (1). Si el tema de la memoria carlista no es nuevo y el tradicionalismo lo tiene muy interiorizado, sin embargo el ejercicio de la memoria siempre está abierto a la novedad por expresar un proyecto personal y sociopolítico que debe estar actualizado.
Que de diferentes maneras uno se deba a sus propios padres que hacen posible a cada cual –vano sería negarlo-, exige convivir simultáneamente con los propios conciudadanos.
¿Qué se puede aportar, partiendo del verdadero significado de lo qué  es ser tradicionalista, expuesto por Evaristo Palomar en su libro Sobre la Tradición (2001), que puso fin a las tergiversaciones decimonónicas y supuestamente “personalistas” muchas veces tan interesadas?
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2. Comunidad, verdad y éxito. Javier Mª Pérez-Roldán, en su charla sobre “El proceso histórico revolucionario y nuestras propuestas” planteada en el IIº Encuentro de Familias en Gredos del 14 de agosto de 2019, dijo que era necesario hacer comunidad, a lo que desde nuestro punto de vista añadimos que no en vano toda comunidad es una realidad viva, es memoria de sí misma que a su vez expresa, refuerza y transmite.
También dijo que, en la repetida tensión histórica entre utilidad y verdad, no se debe caer en el utilitarismo, lo que a su vez nos lleva a afirmar que, por eso mismo, la memoria carlista no puede ser utilizada cuando el presente que la genera se vive con plenitud, como hicieron los mismos padres en su propia época. Un tradicionalista de veras no busca un rincón del ayer histórico donde refugiarse, pues con ello ignoraría qué es  la tradición.
En tercer lugar, Pérez-Roldán afirmó que hoy son necesarios pequeños éxitos. ¿Los tradicionalistas los tienen en el ámbito cultural aunque desde luego ellos no se reduzcan a la cultura? Pues sí, y muchos, pero como sus mantenedores ponen el listón muy alto y se comparan con sus abuelos –así siempre saldrán perdiendo- se olvidan de ellos. ¿Qué éxitos les permiten tener confianza en sí mismos? Éxito es el de la Liga Tradicionalista que les reúne; las revistas, editoriales y premios anuales de historia; la existencia de dos museos “propios” privados (Tabar y El Escorial) y uno público en Estella; saber que hay archivos privados de familia y de la propia Comunión Tradicionalista… Pero –ojo- esto es lo menos importante, porque la tradición se hace cada día, está para ayudar a resolver los problemas de hoy y para “construir” el futuro. Mucho más importante para el día a día es lo que tienen entre manos, como su  matrimonio e hijos, los campamentos, Ahora Información, el Foro Alfonso Carlos I, Socorro Blanco, la aportación de cada Región a su problemática (Cataluña, Navarra, Valencia, Sevilla…), la Secretaría Técnica,  y tantas otras cosas. Para los tradicionales lo social es político tanto porque hoy los Estados intervienen en todo, como  porque aquellos buscan acceder a la política desde la sociedad.

Lo cierto es que, todo eslabón débil necesita saber con hechos repetidos que “puede”.
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3. Nuestra tesis es que la memoria carlista lo es del presente, y expresa la propia vida. En este sentido, es una realidad natural, cada cual debe  respetarla y cuidarla, y es un elemento que facilita el que los carlistas digan de si mismos lo que son, impidiendo que lo digan otros por ejemplo sus enemigos vergonzantes o expresos.
Quienes les menosprecian con aires de superioridad –como enemigos de la libertad personal, románticos, y un residuo cultural-  ocultan que sus flamantes posiciones, triunfantes hoy, han caído en un rotundo fracaso.  
La Memoria Carlista con mayúscula podría ser la memoria del pasado remoto, que es muy digna, se yergue ella misma, y ante la cual se debe tener una actitud de respeto y aprendizaje, y no historicista. El tradicionalista  respeta el ser de las cosas, que se adapta a cada momento, y no fosiliza ni reproduce tal cual un pasado que no volverá. Los tradicionalistas dan muestra de que hoy tienen asumido todo ello de forma equilibrada.
El historicismo es liberal por el racionalismo que implica, y deriva hacia el sentimentalismo, lo mismo que el subjetivismo luterano generó a la vez y de forma contradictoria el racionalismo y el fideísmo. Desde luego, dicha Memoria también debe alejarse de su utilización ideológica que hace el marxismo como herramienta.
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4. Nuestro plan es el siguiente:
1º Qué es y qué no es la memoria carlista o tradicional. Como todo lo que la Revolución toca, lo corrompe, hoy se impone explicar todo.
2º Qué hacer con lo generado en el pasado reciente y el presente.
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Imagen del cerebro humano
5. Qué es la memoria carlista. La “memoria carlista” contiene dos términos. En cuanto memoria incluye el pasado histórico (lo que llamaremos la Memoria con mayúscula), el más reciente, pero también el presente cambiante de nuestro vivir. Todo ello está conectado de muchas maneras. ¿Y qué hace la memoria del presente? Lo que realiza es respetar todo lo bueno recibido –que es mucho-, expresar el ejercicio de la propia responsabilidad y libertades, actuar sobre los problemas concretos a  resolver, y dejar patente la creatividad innata del vivir, precisamente para vivir con la mayor plenitud posible. La memoria así concebida es una facultad natural, intelectual, y un don de Dios.
El segundo término, la realidad carlista también es un don de Dios –lo explicaba Tomás Barreiro en la cripta de Montserrat hacia 1985-, cuyos planes se llaman Providencia y actúan directamente o a través de quien debe ser dócil a Su Gracia. ¿No es verdad que los tradicionales quieren una vida donde Él esté presente y sea el único Señor?
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6. La memoria del presente reciente y cambiante. Es habitual ver a vecinos y turistas de toda edad y condición que con su móvil, cámara fotográfica y videos se retratan a sí mismos o a otros con auténtica pasión. Está de moda. Parece inevitable. Es un detenerse y trasladarse por las ondas en el espacio. Se busca detener un momento gozoso, perdurarse y recordar, sobre todo compartirse con otros, y también -¡por qué no!- mejorar el futuro. Esto mejora la calidad de vida.  
Esos tales también deambulan por las plazas y calles de pueblos y ciudades, se dan cita en monumentos civiles y religiosos, aprecian el urbanismo… para conocer cómo se vivió y cómo se vive, para apreciar lo peculiar de cada lugar, para identificar las aportaciones de otras épocas y observar cambios. Con esto conocen cómo se vivió y vive, permitiéndoles  identificar modelos y promover el futuro.
En un tercer plano, la información más profunda del ayer se encuentra en los archivos y bibliotecas, las hemerotecas, cualquier elemento gráfico y los fondos fotográficos, las filmotecas, los museos… Ahí está mucho de lo que fue y de lo que no se ve, como el rezar y el creer, las mentalidades e instituciones, el pensar y el idioma, las costumbres, todo tipo de gestos... Todo esto permite conocer más en profundidad, siendo la palabra lo que más expresa, por lo mismo que la historia como conocimiento dicen que comenzó con la escritura, aunque en la protohistoria y prehistoria sin duda que existían hombres.
Si los dos primeros planos tienen un ámbito y control únicamente individual, familiar, de amigos e instituciones sociales, siempre hubo leyes, normas y reglamentos para regular el funcionamiento y uso del patrimonio, bibliotecas y  archivos, museos y exposiciones... para facilitar su conservación, exhibición y consulta. 
Hasta aquí todo esto es natural.
Se quiera o no, ejercitamos la memoria al aprender y recibir (luego se contrasta, confirma y enriquece), al vivir y “generar” en común (así es el relevo en una carrera de relevos), y en las obras que se dejan y  transmiten. Lo propio es que todo ello se desarrolle en un necesario equilibrio.
Se trata del qué y para qué, del quién o quiénes, como configuradores del continuo ejercicio de la memoria. Es lo que se vive, se manifiesta en su momento y al transmitirse en el entorno de pertenencia, de una manera escrita, representada, vocalizada o a través de objeto. Sí, es bueno que haya vida abundante y con valor propio, así como testigos, transmisión oral y de conductas.., más que el hecho de reunir objetos y textos. 
La memoria recoge el tiempo (el ayer consolidado como tal o el tiempo fugaz) y la realidad y su contexto (la verdad de las cosas).
Es necesaria, y no es presentista porque no admite el determinismo; en efecto, éste niega la libertad o la condiciona excesivamente, o bien fosiliza previamente lo que en la realidad pudiera ser diferente y siempre es -algo o mucho- cambiante.
Debe servir para ayudar a vivir y no para sustituir la vida mediante el historicismo, contemplación y reproducción estática del ayer. Historicismo y presentismo se dan la mano. Insistimos en esto porque hacia 1995 existió un peligro entre algunos carlistas rodeados de una sociedad hostil, como fue el insistir excesivamente en el ayer añorado –acontecimientos heroicos, funerales de correligionarios fallecidos…-, centrando toda acción en lo ya ocurrido y no en lo que está ocurriendo –nacimientos, educación, trabajo, desarrollo y mejora del presente…- para así preparar el futuro. El peligro era sustituir el trabajar por la sociedad, la política, y el pan de los hijos, por los objetos del ayer y la legítima añoranza hacia aquellos que se van. Este peligro se cortó a tiempo (así nos lo enseñaba Miguel Garisoain) y ahora gozamos de un equilibrio muy sano.
Hasta aquí todo esto es natural y “normal”, mueve abundantes iniciativas, previene desvíos, y es muy bueno
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7. Qué no es la memoria carlista.
Pero hay algo que no es natural ni normal. Se trata de la actual Ley de Memoria Histórica (LMH). Las leyes, normas y reglamentos mencionados que  conservan archivos y museos no tienen relación con ella. La LMH crea e impone una historia oficial al distribuir méritos y culpas sobre temas nada evidentes, yendo mucho más allá de la descripción cívica de algunos sucesos públicos como –por ejemplo- el Dos de mayo. La LMH apareció recientemente, pues hasta llegar los tales ZP y Rajoy, la LMH no existía, aunque sus agentes iban preparando el camino, copando los medios de comunicación, los libros de texto y la educación, el ambiente, la denominación de calles y plazas… Algún sectario o chalao dijo que se debía  suprimir –lo que no es poco- de la bibliografía obras como la de Melchor Ferrer sobre la historia del tradicionalismo español, quizás para imponer sus propios libros o los de sus amigos. Como creación motiva por el interés, la LMH evoluciona, y lo hace de una forma discrecional, intencionada y calculada.
La LMH, que Pedro Sánchez quiere apretar más, pretende controlar la ciencia histórica, lo hace al servicio del poder, y realiza un oculto lavado de cerebro a la sociedad. Ha sido protestada en un manifiesto de más de 205 intelectuales a la vez que por la perplejidad y el disgusto general. Dicha Ley es un PARASITO que hace una labor paciente, rápida, silenciosa y total. Es sistemático, caprichoso y planificador, busca abarcar todo, es mentiroso y exige unos equipos humanos que cobran del erario público (universidades, asociaciones, grupos de presión…). No provoca el encuentro sino una lucha presente, brutal y consciente. Es provocativo, enemigo de “clase” y todo indica que tiene una clara inspiración maoísta. Lenin y Stalin quisieron sujetar los cuerpos; Mao sujeta las almas, pues no en vano China es un país superpoblado.
El mal corrompe todo, lo bueno y lo bello, la verdad y las libertades. El marxismo de hoy no arranca el alma sino que la pudre para dominarla. Utiliza el deseo natural de memoria en los pueblos, ya histórica ya del presente, corrompiéndola para vencer –en este caso- a aquellos que le vencieron en la España de 1936. Parece que el materialismo dialéctico quiere hacer realidad un mundo de utopía, ficción y ensueño, de literatura, de “creación” y subvirtiendo lo real. Es el poder de la mente o mejor de la voluntad que, en su acción oculta, pretende transformar de raíz lo real y hacer algo “nuevo”.
Pongamos un ejemplo que nos afecta en España. Qué importa haber pedido una guerra como la de 1936, si sólo se afirma y transmite una narración concreta, desde luego llena de odio para que sea motor del presente, y contradictoria de la llamada verdad “burguesa”. Qué importa si la Ley del socialismo real vela porque sea así, aunque siga aprovechándose de la oposición de algunos valerosos discrepantes como si fuese la calculada antítesis. Qué importa si la mentira que se afirma, dicha con el convencimiento que se tiene cuando se dice la verdad, conquista las mentes de los ciudadanos. Qué importa si el hombre actúa como si hubiera ganado dicha guerra, aunque impulsado –y sufriendo en su contradicción- por ese motor oculto que es la rabia del que perdió y debe reparar la pérdida, creando al menos de forma ficticia una realidad nueva sobre el pasado. Qué importa saberse hipócrita por el “recuerda” mentiroso, si se logra transformar la realidad del presente, y del pasado desde el presente.
En esta situación, la minoría elegida para explotar la cantera de la mentira se ha inmunizado previamente, lava el cerebro a la inmensa mayoría de los ciudadanos, y pretende conquistar el futuro para siempre. Es el pago a la soberbia intelectual, confiando que mañana se creerá firmemente que en 1936 ganaron quienes de hecho perdieron -como el mundo al revés de 1984 en Orwell- que permite acceder al poder y mantenerse en él durante el  futuro.
El Ayuntamiento dominado por EH Bildu realiza
las exhumaciones de siete restos mortales en 2016, pues los parientes
del general Mola se llevaron algo antes sus restos mortales.
Trabajo de los operarios en
el vergonzoso acto de la exhumación en el monumento de
Navarra a sus muertos en la Cruzada. ¿Qué hubiera
ocurrido si los enterrados fuesen gudaris, brigadistas o milicianos?

Los medios para lograr esto son el poder de la propaganda, una movilización que da miedo y asusta a quienes se busca paralizar con éxito. Ahí están las pancartas “anti” y escandalosas, las ruedas de prensa de gente barbuda y de mucha edad, las performance burdas pero de contenido brutal en la calle, la ridiculización y el creerse superior… Esto no es natural. Nadie lo quiere, y hace que la sociedad se retraiga y deje el terreno a quienes desean conquistarla. Tales son pocos, pero tienen una gran cobertura de medios, siendo los únicos que se dejan ver. El marxismo puro y duro se asoma en los sectores separatistas de la vieja piel de toro, y en una ultraizquierda de imagen amenazadora. ¿Estaba dormido el marxismo, ha reverdecido por sí ante el vacío producido por el liberalismo y el relativismo, o bien ha recibido un nuevo impulso desde los países caribeños y de la potente  China?
Lo que más perjudica a la verdadera memoria histórica –que no la LMH- es la mentira. Pero también –lo que es del todo improbable- que se transforme en LMH, exista por ley, y dependa de la partitocracia política e ideológica. Eso lo hizo el liberalismo censurando los libros de texto de historia. Fueron poquísimos los libros escolares que dicen bien -algo o mucho- sobre el Carlismo. Basta ver los de la década de los cincuenta y sesenta.
A la verdadera memoria de la Historia le perjudica el antinatural presentismo histórico en relación con fechas como 1931, 1936 o 1939… Este presentismo niega el paso del tiempo, la sucesión de generaciones, traslada el pasado al presente como si fuese una herramienta de combate, y niega el perdón y el olvido de las heridas que fueron. Sin duda, aislar un pasado doloroso tiene muchos inconvenientes, si ha existido una posterior reconstrucción social y olvido –como lo hubo en España-. Es malo olvidar lo que permitió superar las heridas; lo es seleccionar interesadamente ciertos hechos, congelarlos y aislarlos de su explicación y contexto, suponer intenciones…; también es mala la parcialidad, el resentimiento y encono generado y utilizado por ciertas ideologías, ignorar el derecho a cierto olvido colectivo, y que se caigan de nuevo las chispas del ayer de las nubes rojas del cielo.
La Ley de Memoria Histórica LMH se combate con la verdad, desde un modo natural de olvido y un sincero perdón. También se combate desde la natural y equilibrada custodia del patrimonio físico, intelectual, moral y religioso, desde el respeto, la naturalidad de la memoria personal, familiar y de grupo del momento presente, y desde la memoria de los padres y abuelos, asociaciones, círculos…
Concluyamos observando dos tendencias. Una es natural, cuyos términos coinciden con un étimo o raíz común: patria, patrimonio, padres. Otra  es antinatural, como partido, ideología y ley que quiere crear la realidad.
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8. ¿Qué hacer con los objetos, arte, documentos, libros, fotografías etc.  que se generen o reciba de otros?
Lo primero que se recuerda es no tirar, ni destruir, sino conservar para seguir aprendiendo. Guardar implica acciones como ordenar, explicar, clasificar, mantener y transmitir sin aferrarse ni cosificar lo transmitido. Lo más fácil hoy día es la fotografía y filmografía; pues bien, en las miles de fotografías y videos que se hagan, conviene poner fecha, lugar y nombres propios.
Lo que sobra, lo que no se aprecie, o no se transmita a los sucesores  inmediatos, es bueno pasarlo a otros más lejanos pero verdaderamente interesados. También se pueden rescatar libros y bienes de rastrillos para la admiración y el aprendizaje, aunque sin centrar ahí esfuerzos –salvo los profesionales- ya que cuando se pone precio a los objetos valorados, se cuidan solos.
Se necesitan instituciones propias con personas responsables como la familia, los círculos y las juntas. Si esto falla, ojalá exista un museo, lo que siempre es un alivio.
Cualquiera puede guardar sus bienes en instituciones, fundaciones y museos (Tabar, El Escorial, Estella) mediante la donación o el depósito. Serán cosas pequeñas, más interesantes porque proceden de una familia concreta que por sí mismas, aunque no sabemos si los museos de hoy tienen esto en cuenta. Estos museos pueden estar temporalmente atendidos por universitarios que realizan trabajos anuales, de fin carrera, grado o postgrado, y pueden aprovecharse las becas y ayudas que ofrecen las instituciones académicas para cuidar todo tipo de patrimonio.

Con lo conservado, cualquiera o especialistas pueden defender la Tradición española, la memoria generada en el pasado, sobre todo hoy ante la amenaza de la LMH.
Con la memoria del presente –aunque sin desvincularla de aquella- de lo que hagamos en nuestra propia vida, nosotros mismos seremos quienes digamos qué y cómo somos, sin que otros se interfieran en ello. Cualquier prueba empírica para ello es bienvenida y utilizable.
La memoria es un don de Dios, y la vida tiene no poco de un continuo descubrimiento. Los tesoros son abundantes.  Por ejemplo, y ante los amigos de Ecuador aquí presentes, diremos que hoy estamos descubriendo América en los inmigrantes que se trasladan a España y nos transmiten con su vida qué es la Hispanidad. Si, por eso mismo, América ayudase a los españoles a redescubrir la misma España, ofrecemos a tales inmigrantes el consejo de que sean como son, que mantengan su personalidad, y que no imiten a los españoles de hoy, contaminados como estamos de ideologías exógenas que han provocado crueles guerras durante doscientos años.

José Fermín Garralda
Pamplona, 16-VIII-2019

(1) Lo esencial de esta exposición fue transmitida en la charla “La memoria carlista” del IIº Encuentro de Familias impartida en Hoyos del Espino el 14-VIII-2019.