lunes, 12 de julio de 2010

Un nuevo libro: "La contaminación ideológica de la Historia"




CANTERO NÚÑEZ Estanislao, La contaminación ideológica de la Historia. Cuando los hechos no cuentan, Madrid, Ed. libros Libres, 2009, 309 pp., 20 Euros. www.libroslibres.com


Este nuevo libro es muy interesante para el historiador profesional, para quien se acerca al conocimiento histórico, y para todo el que busca que la ciencia histórica realice sus funciones propias y cumpla sus mejores servicios.

Los TEMAS de este libro siguen siendo muy actuales, aunque en él se recopilen trabajos publicados hace unos años, entre 1981 y 2007. Son actuales tanto por preocuparse de los errores metodológicos de presuntos historiadores, como por analizar el pensamiento de importantes intelectuales franceses decimonónicos, cuyos contenidos están hoy muy extendidos debido a la soberbia “intelectual” generadora del actual relativismo y paganismo. Esta última afirmación no es un apriorismo como observará el lector, aunque su extensión a la actualidad es labor del abajo firmante. La justificación de este nuevo libro es obvia porque los trabajos recopilados son muy interesantes y porque la historia es, como decía Cicerón, "maestra de la vida". Su oportunidad es evidente, aunque las circunstancias intelectuales y metodológicas de hoy hayan cambiado algo, y cada vez existan más autores revisionistas en el actual retraimiento historiográfico. Por ejemplo, ha quedado atrás la historia economicista y materialista, y ya se recela abiertamente de los apriorismos históricos e interpretación materialista del pasado.

El análisis sobre el MÉTODO de la ciencia histórica seguido por Estanislao Cantero Núñez es claro en relación con: a) unos hechos y acontecimientos históricos de importancia para países como España, Francia e Italia, en los que la contrarrevolución -muchas veces silenciada y tergiversada- fue muy importante en los siglos XIX y parte del XX; b) los instrumentos de conocimiento y afirmaciones realizadas por diferentes historiadores sobre dichos acontecimientos; y c) cinco biografías de intelectuales franceses, relacionadas directamente con la historia y el método histórico, en las que el lector puede saborear un riguroso y didáctico ejercicio intelectual de inmersión.

El TÍTULO de este libro es muy expresivo: "La contaminación ideológica de la Historia. Cuando los hechos no cuentan". Su objetivo nuclear es desvelar los errores de una falsa metodología, que origina la distorsión ideológica del conocimiento histórico. El autor lo hace de una forma muy sencilla, práctica y muy trabajada, esto es, desde las fuentes y los hechos. Por su carácter, este libro es una crítica historiográfica con una factura, Notas o aparato crítico de carácter científico, perteneciendo cinco de sus capítulos a la ciencia histórica relativa al pensamiento decimonónico francés.

El autor no utiliza FUENTES manuscritas documentales, sino fuentes impresas primarias o bien secundarias. No realiza directamente consideraciones sobre la naturaleza y carácter, el método y finalidad etc. de la ciencia histórica, sino que desvela con las fuentes históricas, las leyes básicas de la lógica, y los resultados, el método apriorístico, dialéctico e ideológico utilizado por algunos presuntos historiadores que concibieron la ciencia histórica como un instrumento de lucha, de transformación y de construcción política, social e ideológica del presente, además conforme a utopías en boga.

Los capítulos de crítica historiográfica desvelan las contradicciones metodológicas de los autores analizados, así como sus errores de contenido cuando sus conclusiones se contrastan con otras aportaciones bibliográficas no ideológicas. Así, el libro desarrolla, a modo de ejemplo, la actividad de la historiografía ideológica aplicada a España (s. XIX y XX), Italia (s. XIX) y Francia (s. XIX), y cómo ésta ha tratado significativos acontecimientos relativos a la Revolución francesa, la IIª República y guerra civil española, y la "Insurgencia" italiana. Quizás el lector advierta la falta de una mención especial a Portugal.

Por otra parte, en relación con la revista "Acción Española" y la vida, quehacer intelectual y pensamiento de cinco intelectuales franceses (Maurrás, Taine, Michelet, Larouse y Renan), el autor realiza un apasionante trabajo de análisis textual (heurístico) y de reconstrucción histórica del “pensamiento racionalista” francés del siglo XIX y comienzos del XX. En este análisis de las ideas e historia del pensamiento, el lector puede apreciar perfectamente el dominio que Estanislao Cantero tiene sobre dichos autores franceses.

En relación con ESPAÑA, Estanislao Cantero critica afirmaciones de José Antonio Portero realizadas en 1978 sobre el siglo XIX (p. 17-32), analiza la adhesión de los católicos a la IIª República y el ralliement de la CEDA (p. 33-42), critica una tesis de Raúl Morodo en 1985 (p. 43-72), y describe algunos aspectos controvertidos sobre la última guerra civil, valorando positivamente las aportaciones historiográficas más recientes (p. 73-92).

Sobre FRANCIA, el autor analiza la leyenda establecida sobre la Revolución francesa (p. 95-107), y la crítica de Maurrás a dicha Revolución (p. 109-116). Así mismo, profundiza en la obra del escritor Taine (p. 117-143). Por si eso fuera poco, el lector puede saborear el cuidadoso y profundo análisis de la vida y obra de autores como Michelet (p. 163-192), Larouse (p. 193-196) y Renan (p. 197-233). Nada más por esta última profundización fundada en los propios escritos de los autores, este libro, que se ofrece al público lector, es sobresaliente. Es impresionante el dramatismo y la radical subversión de las posiciones de los cuatro últimos autores, que son un vigoroso puente desgraciadamente muy transitado entre las ideas del Enciclopedismo anticatólico y la actual persecución que sufre lo que no signifique una radical inmanencia en el hombre.

El autor muestra cómo Michelet y Renan tergiversaron la historia con sus apriorismos, e incluso de forma consciente, debido a su rebeldía anticatólica y a su propia soberbia que a veces llegaba hasta el propio endiosamiento. En estos casos la vida del historiador influye expresamente en su obra. Ambos tuvieron un sentimiento cuasi-religioso de la misión que creían tener, propia del iluminado. Creo que San Ezequiel Moreno y Díaz, obispo de Pasto (1896, Colombia) -del que me ocupé en más de una ocasión (Rev. "Verbo", 1994)- tenía mucha razón cuando en sus vigorosas "Pastorales" debeladoras del liberalismo en sus diferentes grados, denunciaba la nueva "religión" de la humanidad pretendida por Michelet y Renan, entre otros. Ambos, además de falsificar la historia, crearon su propia autobiografía que, cuando se profundiza en ella, se muestra realmente engañosa.

Al analizar la vida y obra de Taine, Michelet, Larouse y Renan, el lector puede saborear de primera mano el "cienticismo" del s. XIX, el racionalismo, la secularización y el naturalismo de una época cuya “novedad” y moda era identificarse con el liberalismo y disfrazarse de ciencia positiva. Por mi parte, observo que muchas afirmaciones y el talante de entonces están presentes en nuestros días; y que lo propio de unas minorías ayer, hoy se advierte en un proyecto explícito de algunos Gobiernos europeos. También desde mi punto de vista diré que la ideología liberal y el marxismo tuvieron mucho en común en su larga e interaccionada trayectoria, pues partían de los mismos supuestos básicos ideológicos. En los autores citados estaba presente el ateísmo, el idealismo, y unas supuestas leyes científicas, que el marxismo traducirá en materialismo dialéctico e histórico. Michelet y Renan quisieron fundar una "religión" atea, y ellos serían sus "sacerdotes" pero sin sacrificio. Lo que en ellos fue lucha anticatólica a través de las ciencias humanas (en realidad tergiversándolas), en el marxismo se convertirá en infiltración en el seno de la Iglesia durante la década de 1960, así como posteriormente, al aspirar sutilmente a un "cristianismo" sin religión que debería ser asumido en la praxis marxista. Todo ello, que ya es antiguo, hoy queda larvado de otra manera, e indica que ambas utopías confluyen hoy en resaltar su mismo origen. Pero sigamos con lo que dice expresamente el libro que comentamos.

En relación con ITALIA, Estanislao Cantero analiza una realidad olvidada en las Enseñanzas medias y no pocas universidades españolas, como son los levantamientos populares contrarrevolucionario o "Insurgencia" ("Insorgenze") en varios Estados italianos anteriores a la unificación política, realizada por las fuerza de las armas, para lo que el autor sigue el criterio de diez escritores recientes (p. 147-159).

Tres partes de las cuatro que contiene este libro -que aglutina un total de once capítulos- tienen una extensión similar (España, Francia y los tres últimos autores franceses), siendo la parte relativa a Italia la menor en extensión, aunque sea muy jugosa y una novedad para el gran público generalista.

El APARATO CRÍTICO del libro es amplio, preciso, y está al final (p. 235-299). Contiene las fuentes utilizadas, ya sean primarias (Memorias, Revistas de época, obras de los autores profundizados del s. XIX) ya secundarias o bibliográficas.

Las CONCLUSIONES formuladas por Estanislao Cantero se derivan de los estudios previos y están situadas, lógicamente, al final del libro. En ellas encuentro algunas novedades siempre antiguas -que comparto- como es su crítica a una mera historia-conocimiento considerada por muchos como "inútil", rechazada lógicamente por la escuela apriorística o dialéctica que anteriormente Cantero ha desvelado y refutado.

Para Estanislao Cantero, la "finalidad de la historia no puede limitarse a un mero ejercicio intelectual, al puro conocimiento de lo que pasó" (p. 228), pues si la ciencia histórica fuese un exclusivo conocimiento y disfrute de lo que pasó, sería una ciencia aparentemente inútil. Cierto es –añado- que no es admisible que la ciencia histórica sea tachada de “inútil” aunque, en realidad, esa relativa “inutilidad” que criticamos tenga por otra parte la ventaja de que, con ella, la ciencia histórica queda a salvo de un posible afán manipulador, y permite transmitir la verdad del pasado según las fuentes, lo que evidentemente es su principal servicio aunque no sea algo “utilitario”, ni un arma de transformación ideológica del presente. Por otra parte, y en defensa del servicio que el conocimiento del pasado hace al hombre de hoy, digamos con Cantero que el historiador también puede tratar cuestiones de "historia viva" y no de historia muerta, por lo mismo que hoy día puede ser necesario criticar con rigor -en el sentido que sea- la historiografía oficial dominante, ya en lo que afirma ya en lo que omite. Por ejemplo, y en relación con esto último, leo que la periodista Rosa Mª Calaf dice en una revista para "Nuestro Tiempo": "Conseguir que la gente no sepa cosas es también una manera de manipular" (nº 663, jul.-agosto 2010, p. 20-27). La ciencia histórica que reclama Cantero admite la historia como mero conocimiento del pasado, pero va algo más allá debido a las diferentes funciones que tiene como tal ciencia humanística o social.

En temas que por su gran importancia lo requieran, el historiador no puede dejar de ser hombre -ni católico si lo es-, quedando obligado a realizar algunas valoraciones básicas, respetando siempre –resulta ocioso resaltarlo- la verdad descubierta por las fuentes históricas que sin duda tienen la primacía. Estanislao Cantero discurre con equilibrio sobre la necesidad de un "criterio valorativo" que no debe confundirse con la ideología, y concluye que el conocimiento histórico es incompatible con la ideología, pero compatible con el mencionado espíritu valorativo.

Otra conclusión que puede saborear el lector a lo largo de del libro, es que el conocimiento histórico debe alejarse del empirismo, aunque se busquen datos empíricos, pues el objetivo es buscar el "por qué". Ello permite que la historia sea "maestra de la vida" como decía Cicerón, siempre a condición de que no se manipule. Una manipulación tal impediría descubrir la verdad, dar respuesta a las preguntas más universales del ser humano, e incluso desvelar la posible identidad nacional de los pueblos cuando exista.

PERSONALMENTE creo que los temas de este libro han sido olvidados por el gran público, que hoy prefiere la novela histórica. De este tipo de novelas hay que proteger al conocimiento histórico, pues no parten del descubrimiento de la realidad sino de la fantasía, de elucubraciones y de apriorismos, y tienen como objetivo principal entretener, crear belleza, y la venta editorial de ejemplares. Lógicamente, excluyo algunas novelas que parten de estudios históricos previos, como por ejemplo el relato dialogado escrito por Fray Justo Pérez de Urbel titulado "La España del siglo X. Un hombre de hierro" (Madrid, 1983), refiriéndose a Fernán González. Incluyamos también los "Episodios Nacionales" de Benito Pérez-Galdós, novelas trabajadas documentalmente y como narrador omnisciente, o, en menor grado, algunas novelas actuales como las de Olaizola y Louis de Whol.

Continúo con mis personales preocupaciones. En efecto, de la utilización ideológica de ayer de la Historia, en clave economicista y materialista, puede pasarse hoy a su utilización en clave psicologista y sociológica. En ambos casos, el método apriorístico crearía (lo que es ideología) el pasado histórico, a beneficio del dominio sobre los espíritus en el presente. La actual "Ley de Memoria histórica" en España podría ser -muchos historiadores dicen que lo es- un indicativo de esto último.

También me preocupa que de evitar -por eso brindé en su día- la utilización de la historia, se pase al escepticismo en el conocimiento de la verdad. Quizás hoy este escepticismo se encuentre sociológicamente de moda. El mal ha llegado a la teoría del conocimiento más básica. Ahora bien, si no se pudiese conocer la verdad, el conocimiento histórico no sería tal, y además sería inútil absolutamente. El lector de este magnífico libro de Estanislao Cantero, advertirá afortunadamente que sí se puede alcanzar la verdad en el conocimiento del pasado.

Si ayer hubo profesores ideologizados y jóvenes inquietos y activistas, que utilizaron el pretendido conocimiento de la historia para hacer su Revolución, ¿qué se puede decir de hoy? Hoy existe un retraimiento en la investigación histórica, ayer floreciente. ¿Algunas de sus causas? Quizás sea porque la Historia como carrera universitaria "no tiene salidas" para ganarse la vida, exista una falta de inversión editorial y excesiva dependencia de las instituciones públicas, se observe una fuerte endogamia y “amiguismo” universitario, el esfuerzo de escribir libros y colaboraciones de verdadera investigación "no se pague ni con un duro" , y quizás porque la creación de "mitos" sociales -finalmente lograda- sólo puede tener una respuesta laboriosa y ardua para el intelectual que a su vez lucha por sobrevivir.

Idealistas, en el sentido de creer en un ideal, hay pocos. Pero porque los hay, confío en los pocos investigadores que aún quedan, que trabajan tan sólo con la estrella de la conciencia del deber ante Dios y los hombres, que lo hacen como los antiguos ascetas, y que sonríen siempre al futuro con la perpetua juventud que comunica el ansia de verdad. Este libro es uno más que se engarza en el bello collar del trabajo desinteresado.

AGRADEZCAMOS a Estanislao Cantero por imbuirnos en numerosos libros de historia escritos ayer y en el método de numerosos historiadores, por desvelar lo que pretendidos historiadores dijeron sobre sí mismos y sobre la Historia como conocimiento, y por apostar por el historiador que busca exclusivamente la verdad y que hace posible que la Historia, a través del conocimiento histórico, siga siendo "maestra de la vida". Gracias por hacerlo con rigor, con un gran esfuerzo personal reflejo de su vocación de servicio, sin complejos, y en el ejercicio de una verdadera y generosa vocación intelectual. Gracias también por la vibración que transmite al analizar la historia del pensamiento racionalista francés del siglo XIX, tan actual hoy. Por último, es esperanzadora la existencia de editoriales como "Libros Libres" que apuestan por la renovación historiográfica con la publicación de este libro, editado con la colaboración de la Fundación Speiro. La plenitud de los hechos es lo que cuenta.

José Fermín GARRALDA ARIZCUN
Doctor en Historia
Pamplona, 22-VII-2010

miércoles, 24 de marzo de 2010

"Museo del Carlismo" en Navarra. Inauguración y apertura el 23-III-2010


Tras diez años de afanosa espera, y consumados los grandes y beneméritos esfuerzos realizados por parte de la administración del Gobierno Foral de Navarra, ayer, 23 de marzo, se inauguró el "Museo del Carlismo" en Estella. Permítasenos relatar en la Nota final la Historia de otros Museos anteriores.

Un nutrido público con invitación nominal -unas 100 personas según la prensa local-, se reunió en el precioso patio porticado del palacio del Gobernador de Estella, cerrado por una hermosa claraboya, a las doce de la mañana. El palacio es una magnífica obra del siglo XVII. El día, luminoso y discretamente soleado, remitió los fríos del recio invierno.

Conocí el edificio casi al comenzar las obras hace diez años, y conservo fotografías de entonces que el lector de esta breve crónica me puede solicitar. Era un día de abril del año 2001. Accedí a las obras con la Fundación cultural Luis Hernando de Larramendi. Si comparamos dichas imágenes con el actual edificio, observamos la enorme capacidad restauradora de nuestros días. En efecto, en su dilatada historia dicho edificio ha sido de todo -como suele decirse- y su restauración ha recuperado su imagen originaria. Sabemos que este edificio, ubicado en la hermosa calle de La Rúa, lo construyó don Juan de Echávarri y Larráin.

Hoy, finalizadas las obras, las austeras líneas maestras del palacio se reflejan en el curso tranquilo de las aguas del río Ega, que baña los cimientos del bello y sobrio edificio. Edificio éste, como otros embleáticos, digno de la ciudad monumental de Estella, una hermosísima ciudad regia, Corte de don Carlos VII de Borbón, que hoy día se presenta muy mejorada al turista si comparamos su actual aspecto con el que tenía en la etapa de la industrialización.

En su día, el Parlamento de Navarra acordó unánime realizar este museo. Después, el Gobierno de Navarra impulsó la restauración y el proyecto museístico, para lo que ha invertido más de 7 millones de euros.

Además de las autoridades políticas de Navarra, y de representantes de los Negociados del ámbito de la cultura del Gobierno de Navarra (Patrimonio, Biblioteca General, Archivo, Museo etc.), en la inauguración estuvieron presentes el Comité científico presidido por el dr. Fusi, el Consejo asesor del nuevo Museo, el Señor duque de Parma don Hugo Carlos con su hermana Mª Teresa y el hijo de aquel Carlos Javier, algunos miembros del partido EKA, dirigentes de la actual Comunión Tradicionalista Carlista (su presidenta Mª Cuervo-Arango, el secretario general y el presidente de Navarra), la Asociación cultural "Amigos del Carlismo", y la Fundación Luis Hernando de Larramendi, de tanto prestigio y buen hacer en el mundo académico y editorial sobre el Carlismo y la historia de España de los siglo XIX y XX.

La alcaldesa de Estella, al lado del consejero Sr. Corpas Mauleón, valoró con galanura lo mucho que la actividades del "Museo del Carlismo" van a beneficiar a la ciudad del Ega. A continuación, el profesor Juan Pablo Fusi, que representa al Comité científico del museo, se alegró de los buenos resultados de los esfuerzos realizados por el Gobierno de Navarra, valoró la historia del Carlismo inserta en la historia de España, Navara y la ciudad de Estella, y realizó diferentes consideraciones sobre el sentido de la ubicación del museo en la emplemática ciudad de Ega, capital de su Merindad. Supuso que cuando el Carlismo sea un lejano recuerdo, se estudiará en la literatura española, pues aparece en numerosos autores (como Valle Inclán, Unamuno, Baroja, entre otros).


Más extenso en sus consideraciones fue el presidente del Gobierno de Navarra el Excmo. Sr. Miguel Sanz. A continuación ofrezco al lector algunas de las Notas que tomé del mismo, bajo mi exclusiva responsabilidad. En su discurso valoró el Carlismo como un movimiento político (y de pensamiento), social (y sindical) de gran envergadura en la historia de España. Afirmó que todos hemos recibido mucho del Carlismo: lealtades, alegrías y sufrimientos, religiosidad y tradiciones etc. Es intención del Museo ser un centro vivo, abierto, y dinámico, que posibilite la investigación, y que profundice en lo que el Carlismo fue para España y paticularmente para Navarra. Esta intención, más los sentimientos favorables alrededor del Carlismo que se ha encontrado en muchos lugares de España, han guiado incesantemente los arduos trabajos por posibilitar este museo, ubicado en el centro neurálgico y sentimental del Carlismo que es la ciudad de Estella. Se trata de un museo exclusivo sobre el Carlismo, que habla del pasado y lo hace con las técnicas modernas del presente, es decir, de un museo modélico. ¿Los objetivos?: conocer el pasado, ayudar a vivir el presente y proyectarnos hacia el futuro con éxito. No en vano, hoy mismo se inauguraba la primera exposición temporal sobre algunos aspectos significativos del Carlismo.
De esta manera -continuó el Sr. Sanz-, Estella se convierte en una ciudad con un claro perfil jacobeo, de sede real, lugar de convivencia, y ciudad esencial del Carlismo. Sin duda, por ello será un lugar atractivo para los estudiosos, apto para descubrir las raíces de nuestra cultura e idiosincrasia.
El presidente Sanz manifestó haber depositado en la exposición el cuadro de Fernando VII que estaba en el despacho del presidente de Gobierno de Navarra. De un Fernando VII que -dijo- "pretendió violentar la Ley Sálica para desligitimar lo que era legítimo", los derechos de don Carlos (V de Castilla y VIII de Navarra). También mencionó la presencia del duque de Parma, de su hermana Mª Teresa y del hijo de aquel Carlos Javier, con quienes -afirmó- quería ralzar la importancia del carlismo. Por último, el presidente Sanz consideró la Historia como un patrimonio común para acercanos mutuamente.
Finalizado el Acto, se inició la visita del Museo y de la exposición permanente inaugurada en ese momento. En ella, se exponían 80 objetos escogidos entre cuadros, banderas y banderines, objetos de uso militar (uniformes, sables...), medallas y monedas, documentos de naturaleza política, periódicos etc. entre 1833 y 1939. En esta exposición se encuentran fondos cedidos por el partido EKA, procedentes del importantísimo museo de Tolosa (Guipúzcoa), y algunos del museo de Tabar (Navarra). Dichos objetos de la exposición permanente son una parte de las 412 piezas que hoy por hoy integran el museo, con ánimo de aumentar gracias a futuros depósitos ante notario que pueden tener diferente forma jurídica.


Según la prensa ("Diario de Navarra", 24-III-2010, p. 68) y ante las preguntas formuladas por los periodistas, el duque de Parma destacó que el Museo "no es un cementerio del pasado, sino la cuna del porvenir". Iguales sentimientos encontré en mi charla con el secretario general de la Comunión Tradicionalista Carlista (Fco. Javier Garisoain), según el cual este museo es una iniciativa óptima que nada tiene que ver con la intención de algunos de "museizar" al Carlismo, pues él lo considera algo vivo y con futuro basado en los principios del Calismo de siempre. Así como el duque de Parma fue entrevistado por la prensa convencional, dicho secretario general lo fue por prensa digital, y sus aportaciones pueden verse en la Web de la C.T.C. de estas fechas.



Entre los asistentes estaba don José Ángel Zubiaur Alegre en silla de ruedas, importante político carlista en Navarra que se separó con decisión de la línea tomada al fin por don Carlos Hugo. Junto con Auxilio Goñi y una minoría de procuradores a Cortes, votó "no" a la propuesta sucesoria de Franco en las Cortes españolas, haciéndolo delante del mismo jefe de Estado. Zubiaur departió con el duque de Parma, quien se le acercó con gran amabilidad. También doña Mª Teresa se encontró don doña María Cuervo-Arango, acual presidenta de la CTC.
En la inauguración se dieron cita diferentes ámbitos como el de la Comunidad Foral de Navarra y el municipal de la ciudad de Estella, representantes de la administración pública, políticos del Gobierno y la oposición, diversos representantes activos y conscientes del Carlismo, y, sobre todo, el ámbito de la ciencia historiográfica y la cultura, que investiga y divulga la realidad del Carlismo, tan importante en la Historia de España y Navarra como recordaron el profesor Fusi y don Miguel Sanz.
José Fermín Garralda Arizcun
Historiador
Pamplona, 24 de marzo de 2010
Fuente: Fotografías, JFG

     ANOTACIÓN SOBRE LOS MUSEOS DEL CARLISMO. El actual "Museo del Carlismo" de Estella no es el primero ni el único existente. Eso sí, es el único que es propiedad del Gobierno de Navarra.
     En su día, hubo un "Museo de Recuerdos Históricos" del Carlismo, que ocupaba cuatro plantas del que fue seminario de San Juan Bautista, situado detrás del Ayuntamiento de Pamplona. Este Museo fue creado el 10-VII-1940, y custodiado, en calidad de depositario, por don Ignacio Baleztena Ascárate, que fue ayudado por su hermana doña Mª Dolores. Don Ignacio, hombre conocidísimo y muy interesado en la cultura, recibió en custodia muchísimos objetos de gran valor. Esta familia, de gran arraigo carlista en Navarra, mantuvo el Museo durante muchos años, y salvó sus fondos cuando el edificio cayó en semi-ruina. El Museo pudo trasladarse a la Ciudadela de Pamplona, pero no se hizo porque el Ayuntamiento pamplonés incumplió el Decreto del 21-V-1964 (B.O.E. nº 129). A continuación, ante la indiferencia del Ayuntamiento pamplonés de entonces, los Baleztena, salvaron, en una bajera, los objetos de los que era depositarios, sufragando los gastos a su costa. En 1975, Mª Dolores Baleztena era la depositaria general del Museo. Del 19-III al 5-IV-1976 muchos de los objetos del Museo fueron generosamente expuestos en el palacio del marqués de Vallesantoro de Sangüesa, de cuya exposición hay constancia documental. A continuación, los objetos expuestos se dejaron interinamente en un domicilio particular en la bella ciudad de Sangüesa. De ahí fueron sustraidos por unos señores con una furgoneta, que los dejaron en un desván del Circulo Carlista de esta ciudad. Hubo un juicio entre los Baleztena como depositarios y EKA, y perdieron los primeros. A nosotros nos extraña el resultado, sin que tengamos conocimiento de los argumentos del magistrado, pues los carlistas entregaron sus objetos a Joaquín Baleztena confiados en su patrocinio carlista y buen hacer. El resultado de este juicio no disculpa el mencionado proceder anterior.
     El partido EKA trasladó los muchos objetos al Círculo de Tolosa, a la calle San Francisco 1. Es casual que en el portal de al lado viviese una margarita carlista, tradicionalista, llamada Isabel Albacete de la Riva, que me entregó primero y regaló después un bastón de paseo de don Carlos VII.
     Recientemente, la fundación Jaureguizar es patrona del precioso Museo de Tabar, próximo a Lumbier. Sus 6 salas están generosamente abiertas al público interesado. La familia Pérez de Rada es la titular de dicho Museo y recibe el parabien de todos los interesados en los objetos históricos carlistas.
     No cabe duda que el Carlismo como tema tiene una gran significación en Navarra y fuera de ella, y que su proyección y marco temporal sobrepasa la naturaleza propia de un Museo. Efectivamente, y es mi opinión, no se puede "museizar" al Carlismo -eso quisieran los antiguos liberales-, aunque haya Museos, Hemerotecas y Archivos carlistas. Dichas instituciones, modernizadas y con una intensa vida hacia el público, deben hacer su servicio en favor del conocimiento de la Historia y la memoria de los pueblos, de la cultura y de un sano ocio -por qué no-, así como de los diferentes elementos de la psicología y vida social, fermento de la realidad humana individual, familiar y social.
     J.F.G.

     EN EL LIBRO  "Síntesis de historia del Carlismo en Navarra" -todavía inédito- hemos escrito lo siguiente:
     "Los objetos entregados en depósito al “Museo de Recuerdos Históricos” de Pamplona -inaugurado en 1940- eran numerosos, pues ocupaban las cuatro plantas del Seminario de San Juan (que albergaban ocho salas, biblioteca y capilla) hasta que el Ayuntamiento declaró al edificio en semiruina a comienzos de 1960. Los depositarios de los fondos del Museo fueron desahuciados. Luego el Museo pudo trasladarse a la ciudadela, lo que no se hizo porque el Ayuntamiento de Pamplona incumplió el Decreto del 21-V-1964 (BOE nº 129, 29-V-1964). Ni el Ayuntamiento de Pamplona ni la Diputación de Navarra, se preocuparon de la sede y de los fondos de dicho Museo, cuidados con esmero por la familia Baleztena, que además cubría los gastos ocasionados sobre todo tras el desahucio.  En 1975 la ilustre dama Dolores Baleztena seguía como depositaria de los fondos, que los custodiaba en su casona de Pamplona, y una bajera, dejando algunos a título testimonial de que era un Museo en el antiguo Seminario de San Juan. El Ayuntamiento retiró varios de estos últimos en 1975; y los otros que se retirarán, ¿dónde están? Tras una exposición celebrada en el Palacio de Valle-Santoro, en Sangüesa, del 19 de marzo al 5 de abril de 1976, y habiéndose depositado interinamente los objetos en casa de una tía de don Javier Mª Pascual, en 1977 estos fueron sustraídos por unos señores con una furgoneta bajo el pretexto de que aquello era patrimonio carlista, dejándolos en el desván del Círculo Carlista de Sangüesa. Hubo un juicio en los Tribunales, que fue muy mal llevado por la parte perdedora, y los tribunales dieron la razón a los seguidores de don Carlos Hugo ("Diario de Navarra", 28-VIII-1985). Desde luego, esto no justificaba de manera alguna lo ocurrido anteriormente. Después, los objetos de parte del que fue Museo de Recuerdos Históricos, se llevaron al Círculo de Tolosa (Guipúzcoa), regentado por el llamado Partido Carlista-EKA y situado en el bajo de la Calle San Francisco nº 1. El dolor de la margarita que fue doña Isabel Albacete de la Riva, que vivía en el quinto piso del nº 1 bis, era diario cuando pasaba diariamente enfrente de dicho museo, porque –me decía- estaba en manos de quienes no debían por haberse apartado de la doctrina y legitimidad del Carlismo de siempre". (J.F.G., 2013)



















Escudo Real de Carlos I de Castila y IV de Navarra en 1553


Escudo Real de Carlos I de Castilla y IV de la Navarra -una vez incorporada a la Corona de Castilla en 1513-1515-, fechado en 1553. Este escudo, primorosamente labrado, se encuentra sobre la puerta septentrional de la muralla de Pamplona, protegida por el portal de Francia después llamado de Zumalacárregui.

Un escudo similar, de finales del s. XVI, se encuentra sobre la puerta principal del antiguo palacio de los reyes de Navarra, actual sede -una vez remodelado aquel- del Archivo General de Navarra. Lo hemos incluido en este Blog. Un tercer escudo, aunque sin el águila bicéfala, se labró sobre el portal de San Nicolás, en 1666, en la parte de la nueva muralla meridional de la ciudad fortificada de Pamplona.

J.F.G.

(Foto JFG)



viernes, 19 de marzo de 2010

"Il Regno di Navarra"


Leyenda del mapa cartográfico de Navarra, elaborado con sus cinco merindades, de los geógrafos italianos Cantelli y de Rossi, en 1690. En la parte inferior del mapa se encuentra una dedicatoria al Cardenal Nerli.
VV.AA. Atlas visual de Navarra, Pamplona, Diario de Navarra, 2003, 214 pp., pág. 21 (detalle).
J.F.G.

"Navarra Regnum"


Detalle artístico del mapa de Juan Blaeu (firma como G. Bleau exc.), en 1665. Junto al rótulo, hay un simpático grupo de soldados con la vestimenta propia de la época, y en posiciones descansadas y diversas.

La nobleza que poblaba el Reino de Navarra, exigía el ejercicio de las Armas y ofrecer su vida en defensa del Reino y de sus naturales. Según el Fuero de Navarra, ningún natural estaba obligado en cuanto navarro a servir a la monarquia hispánica fuera de las fronteras del Reino, por lo mismo que, segun el Privilegio de la Unión de 1423, ningún pamplonés podía luchar fuera de la ciudad de Pamplona en caso de encontrarse amenazada por los enemigos. La defensa de esta ciudad corría a cargo de los vecinos que formaban el Tercio armado, dejando a la guarnición real el cuidado y defensa de la ciudadela exclusivamente. El Ayuntamiento pamplonés era quien formaba y dirigía el Tercio de vecinos, mandado por el Maestre de Campo nombrado por aquel, que siempre era un vecino noble y con experiencia militar.


JFGA


Puede observarse este otro mapa impreso,iluminado con tintas algo diferentes, que se conserva como colección particular (col. particular de la Casa B., Pamplona, 2010).



JFGA