domingo, 14 de noviembre de 2010

"VIVA CUBA LIBRE" EN 1898

“VIVA CUBA LIBRE” EN 1898

“Viva Cuba libre”. Así finalizó Don José María Aznar al recibir este año, en España, a 35 ex presos políticos cubanos, y al denunciar tanto que la libertad y dignidad “se sometan a subasta” en la isla, como el oportunismo de sus dirigentes comunistas.

El “Viva Cuba libre” de Aznar NO recuerda al Grito de Yara de 1867, ni al Grito de Baire del 24-II-1895, que iniciaron las revoluciones cubanas. En efecto, el “Viva Cuba libre” podía ser también el grito de los españoles -peninsulares arraigados o bien de los nativos- contrarios a la secesión cubana de España y al dominio yankee; por otra parte, la presencia de España en Cuba no tiene relación alguna con el comunismo que hoy día sufren los cubanos. Según fuentes de Internet, cierta persona ha promovido desde Miami la reincorporación de Cuba a España como comunidad autónoma. Valga esto como mirada motivadora sobre el difícil presente, aunque realmente esta colaboración es de historia.

En el s. XIX Cuba y Puerto Rico prosperaban. Crecieron mucho demográfica y económicamente. Se convirtieron en centros exportadores de café y azúcar. Mecanizaron los procesos de producción (molinos de caña impulsados por vapor) a pesar de la mano de obra esclava, importada ilegalmente con la complicidad de algunas autoridades españolas. Mejoraban las comunicaciones. Los ingenios prosperaban. Sin embargo, debido a la política fiscal del Gobierno liberal español y al funcionamiento de la administración pública, algunos hacendados favorecieron varias intentonas secesionistas.

Si el Imperio español (aunque no existiese corona "Imperial")se fue transformando en colonia al perder su sentido de misión, la presencia española en Cuba, el protectorado yankee posterior a 1902, y la actual opresión comunista, nada tienen que ver entre sí.


(Foto: detalle catográfico del centro de la bellísima isla de Cuba, procedente de la carta marina que perteneció al famoso arqueólogo naval y marino, don Carlos Etayo Elizondo (Navarra), recordado como constructor y capitán de los barcos del Descubrimiento: "La Niña II", el "Olatrane de Sanlúcar" y "La Niña III", con la cual realizó en 1992 el periplo del Descubrimiento del 12-X-1492).

Desplazadas Inglaterra y Francia, los EE.UU. fracasaron en su intento de comprar Cuba y Puerto Rico a España en 1843, 1854, 1869 y 1896. Por eso, los yankees siempre apoyaron abiertamente la causa separatista cubana, y en 1898 declararon la guerra a España contra todo derecho. En 1895, el Secretario de Estado de EE.UU. (Richard Olney) decía al gobierno británico: “Hoy, los Estados Unidos son, en realidad, soberanos en este continente y sus órdenes son leyes para aquellos que se encuentran dentro de sus límites” (Bailey) Poco después, a raíz de la Enmienda Platt (1902), obtuvieron el protectorado sobre la isla, lo que suponía la aplicación del “América para los americanos” (los EE.UU.) formulada por la Doctrina Monroe en 1823. Ahora, los yankees tienen Puerto Rico como Estado asociado, se dice que bloquean económicamente a Cuba, y colonizan toda Hispanoamérica.

La convulsión de Europa y América durante el siglo XIX afectó a los movimientos revolucionarios en Cuba, desde el promovido por Nicolás Morales en Bayamo hasta el de 1895. En 1912 población de color se sublevará de nuevo. Aparecerán círculos políticos disconformes con el régimen español, que confundirán a España con el régimen liberal, centralista, uniformador e intervencionista, como también ocurrió con Sabino Arana y Prat de la Riba. Así mismo, se desarrolló en Cuba un movimiento antiesclavista, mientras ciertas autoridades y hacendados violaban el tratado firmado entre España e Inglaterra en 1835 para acabar con la trata de negros. Los esclavos entraban legalmente en EE.UU. e ilegalmente en Cuba donde hubo rebeliones de la población negra.

(En la foto, "La Gaceta de la Habana", nº 94, jueves 22-IV-1897, en plena guerra siendo Valeriano Weyler general en jefe)

Tras 1859 el gobernador Fco. Serrano originó un gran cambio, pues rebajó el despotismo administrativo a mero centralismo, y alentó con éxito un deseo reformista en Cuba. Antes de 1868 y ante el liberal unionista O’Donnell, José Antonio Saco y Domingo del Monte solicitaron para Cuba la representación en Cortes, acabar con la trata de esclavos y simplificar la administración pública. En paralelo, continuaron las campañas independentistas, estimuladas por la creación del impuesto directo sobre las rentas y utilidades. Así estalló la guerra Larga de los Diez Años (1868-1878) promovida por EE.UU. Finalizada esta, el Convenio de Zanjón (1878) prometía una autonomía mientras la Guerra Chiquita mantenía pequeños conflictos hasta 1879.

(En la foto: Palacio -Jaureguia- de Echeniquea. Cabo de Armería -Dorretxea- en el Barrio de Iñarbil, Errazu, Valle de Baztán en Navarra. Propiedad de los Zozaya (procedentes de Aranaz, villa de dicho Valle) por entronque familiar, entre 1772 y 1985. Se reformó en el s. XVIII aunque el palacio es de siglos anteriores. La dama descendiente de Echeniquea aportó el título y el palacio, y los Zozaya aportaron el mayorazgo en Cuba, tres fincas en la Gran Antilla, y unos elevados ingresos)

Un archivo privado conserva la correspondencia que varios administradores en Cuba enviaron al hacendado navarro don Miguel María Zozaya e Irigoyen (Errazu –Valle de Baztán- y Pamplona), y luego a su hijo Pedro Zozaya y Maritorena. Son 97 cartas privadas de Javier Peralta entre 1894 y 1907, más otras anteriores del diputado Joaquín Calbeton y de Emilio F. Presas de Morales, residentes todos en Matanzas. Las haciendas del mayorazgo y familia de Zozaya se denominaban "Soledad", "Nueva Bermeja" y "Mulato".

Los independentistas retrocedían posiciones y los autonomistas progresaban con esperanzas, sobre todo por las reformas políticas posteriores a 1881 y la autonomía decretada en febrero de 1897. La isla se recuperó y experimentó un gran auge, a pesar del enchufismo necesario en los Tribunales de Justicia (carta, 2-X-1894).
Presas de Morales escribía: “El pais esta sumamente emocionado con las reformas politicas planteadas” (29-VI-1893). “Aquí se ocupa mucho el Pais de política y es voz general que se aceptan con mucho gusto las reformas propuestas por el Sr. Maura. Tiene algunos opositores; pero son los menos” (8-VII-1893). Este entusiasmo respondía a una necesidad: las reformas “deben ser ley, cuando antes, pues el pais, excepcion hecha de una fraccion del partido constitucional, las expresa con ansia para restablecer la calma y asegurar la paz moral. Sinó vienen, Dios sabrá lo que pueda pasar” (8-IX-1893).

(Fotografía inédita de Don Miguel María Zozaya e Irigoyen, Errazu - Pamplona. De este político navarro del s. XIX, que fue diputado a Cortes y más tarde a la Diputación Foral, no se ha publicado, hasta ahora, imagen personal alguna)

El centralismo liberal no aprovechó la ocasión. Cuba sufrió el hundimiento del precio del azúcar y las finanzas a partir de 1893. La miseria y el hambre sustituyó a la opulencia. Los braceros y jornaleros quedaron en el paro y sin pan, de modo que –decía Peralta- “se irán con el primero que se lo prometa” (10-IV y 8-IX-1895). Ante la esperanza social por las reformas autonómicas anunciadas, los independentistas se adelantaron aprovechando la crisis económica y la consiguiente anarquía social.

Los líderes Máximo Gómez, Maceo y Martí (muerto nada más llegar a la isla), iniciarán la guerra en 1895, sabiendo que “los yankis continuarán favoreciendo de todos modos á los insurrectos” (29-III-1896), pues los EE.UU. eran -según Peralta- los “principales sostenedores de la insurreccion y causa de todos nuestros males” (18-V-1898). La reacción española fue firme y contó con el apoyo de muchos isleños. Hubo una penosa guerra civil. A finales de 1895, a los 126.000 soldados se les sumaban 60.000 voluntarios pro españoles.

No se debe magnificar la división de la población entre “el elemento del país” y los de origen peninsular, identificados como “los españoles”. Estos últimos estaban muy arraigados en Cuba, eran cubanos a la vez que los nativos, y ocupaban la administración, pudiendo regresar a la península (9-X-1898 y siguientes). Decía Peralta: “el elemento del pais en su gran mayoria nos es hostil y no cesa de conspirar (…) Estan muy exaltados y pocos son los cubanos que nó crean en su próxima independencia” (8-IX-1895 y 9-X-1898), por “el apoyo que prestan en todo á la insurreccion los naturales del país” (19-I-1896), y “con su espionaje que hasta las piedras son espías de ellos, y es muy difícil rodearlos” (6-XI-1895). Martínez Campos necesitaba “dar un gran golpe, para recobrar su prestigio y la confianza del pueblo español y del ejército, que la tiene perdida por completo (…) Los españoles estamos con las armas en la mano dispuestos a ir adonde nos manden; pero nada se hace ni se dispone” (9-I-1896). Ante los fracasos pacificadores del general, “se unieron los tres partidos políticos (en La Habana) y convinieron en que el pueblo en masa hiciese una gran manifestación de adhesión á España” (29-XII-1895). Fijémonos en ese “el pueblo en masa”, es decir, todos, fuesen o no de origen peninsular. En otra ocasión se mencionaba la desconfianza en dicho general “de todos los espíritus españoles” (19-I-1896), excluyendo de estos a los independentistas.

(Foto: Don Pedro Zozaya Maritorena, hijo del anterior y que, al parecer, discrepaba de sus ideas políticas)

El flamante general Arsenio Martínez Campos perdió la guerra. Valeriano Weyler, que le sucedió y actuaba como decidido y hábil militar, casi la ganó dividiendo la isla en trochas, para retener y desalojar a los insurrectos de ellas de una en una. Con él, “el espíritu español se ha rehecho” (29-I-1896). Según otra carta, para el 29-VIII-1897 “la insurrección está(ba) aplastada”. Si lo estaba en Occidente, a mediados de 1897 la situación española mejoró mucho en el resto de la isla. Además, la amplia autonomía concedida en febrero de 1897 –aunque a posteriori se vio que ya era tarde-, se implantó a comienzos de 1898, lo que “es creencia general que al fin, nos traerá la paz, aunque no venga de manera honrosa que deseamos los españoles (…) aun los mas intransigentes la aceptarán de cualquier modo que venga” (8-I-1898). A pesar de todo, llegó la trágica hora de los EE.UU.

El político liberal fusionista Práxedes Mateo Sagasta, que era masón, dio alas a los insurrectos. Ello no era nuevo, pues los "progresistas" también se las dieron en 1868. Es más, los fusionistas sustituyeron al eficaz Weyler por el general Blanco. Muy oportunos. Además, los EE.UU. declararon la guerra a España con el pretexto de la explosión del acorazado yankee “Maine” en La Habana, del que España –según una Comisión investigadora- no fue responsable y "nada tuvo que ver". Sin embargo, en EE.UU. la prensa amarilla agitó la guerra triunfal, hasta el punto que el Gobierno de la joven República yankee decía que era inadmisible que se prolongase la guerra hispano-cubana siendo así que, en realidad, lo que los yankees hacían era alimentar la insurrección. Como les interesaba la isla, declararon la guerra contra todo Derecho. Si hundieron la flota del valiente y disciplinado almirante Cervera, las tropas del general Shafter estuvieron a punto de retirarse ante la heroica resistencia del coronel Vara del Rey en "el Caney" y de otros en "Loma de San Juan". En Cuba, los militares españoles consideraron la paz como una traición cometida por sus políticos. Peralta escribía a Zozaya: “Somos 150 mil hombres armados, que si hubiera habido prevision para aprovisionarlos, se hubieran reido de los yankees y del bloqueo. Pero, estaria decretado por la Providencia, y quizás sea un bien para la Nacion que se pierda esto, porque era su ruina y su cementerio, y unas cuantas docenas de pillos lo explotaban nada mas”” (15-VIII-1898). “¡Pobre España! ¡A que duro trance la han conducido sus gobernantes!” (9-X-1898)

(Foto: Copiador de cartas escrito por don Miguel María Zozaya, con entrada del 7-VIII-1894)

Aunque la peculiar naturaleza del Imperio español fue desapareciendo tras 1713, y sobre todo en el XIX España rebajó su concepción americana, no trató a Cuba como una mera colonia, pues esta tendrá representantes en Cortes y al fin una amplia autonomía. Sin embargo, mejor hubiera sido el puntual cumplimiento de la promesa de autogobierno del Convenio de Zanjón (1898), aunque propiamente lo hispano y político era reconocer derechos propios (Fueros) a Cuba, como los carlistas aspiraban en toda España. Los errores del liberalismo provocaron la pérdida de las Antillas.
Tras la paz de París en 1898, la Enmienda Platt de 1902 convirtió a Cuba en un verdadero protectorado yankee como “garantía” de su independencia.

Pasará el tiempo. Cuba se desarrollará pero dependiendo de los USA. Ya se sabe cómo en 1959 Fidel Castro accedió al poder, y que en 1962 estalló la crisis de los misiles nucleares comunistas en un contexto de Guerra Fría y expansión del comunismo internacional. El “no somos comunistas” de Fidel Castro en Nueva York en abril de 1959 fue una máscara. Pero, de nuevo, esta colaboración se sale de la historia y llega a la actualidad, siempre imprevisible.

(Foto: Copiador manuscrito de Pedro Zozaya, con entrada del 9-III-1908 escrita de su puño y letra. Continúa el copiador de cartas iniciado por su padre)

Pero dejemos la Historia y entremos brevemente en el ensayo, como tal fundado pero opinable. El “Viva Cuba libre” –así lo considero- era un clamor propiamente del tradicionalismo foral español, esto es, de la Hispanidad, de la unidad en la variedad y la diversidad en la unidad, y de los derechos comunitarios e intransferibles o anteriores al poder civil supremo, identificado con la Corona de España. El centralismo, uniformismo y secularización de los siglos XVIII y XIX trocaron y confundieron la misión e imagen de España. "Viva Cuba libre" no es elclamor más adecuado para justificar las revoluciones de 1868 y 1893 contra la mal llamada colonización española (pues España civilizó más que colonizó aunque los liberales trataron a Cuba más como una colonia), es decir, para expresar el secesionismo independentista que al final llevó a Cuba a la invasión y protectorado yankee. Poco se ha hablado del acto de fuerza y contra-derecho de la acuación yankee en las Antillas y Filipinas. Tampoco es el más adecuado para justificar la dictadura castrista del proletariado que parece estar en sus últimas bocanadas. El "Viva Cuba libre" es impropio del neocolonialismo implícito en la actual la globalización económica y el materialismo imperante. El "Viva Cuba libre" es un clamor que tiene su expresión adecuada en la Hispanidad, en el respeto, defensa y promoción del hombre concreto y de sus comunidades naturales, y en esa gran civilización hispánica a la que siempre perteneció la "perla del Caribe".

JOSÉ FERMÍN GARRALDA ARIZCUN
(Pamplona, 18-XI-2010)

Publicado sin imágenes en la Revista "Ahora-Información" (Madrid), nº 105 (VII-VIII-2010)45 pp.

Fuentes documentales inéditas: Archivo particular de la familia Zozaya y su mayorazgo en Cuba (Pamplona). Referencia: el autor.
Todas las fotografías son inéditas y realizadas por el autor.

(Pliego de cuentas anuales de la hacienda "El Mulato", situada en Matanzas, presentadas por Javier de Peralta -corredor de comercio- a don Pedro Zozaya, el 31-XII-1905)

(Pliego de cuentas de la hacienda "Nueva Bermeja", en Matanzas, del administrador Javier de Peralta a don Pedro Zozaya)

(Carta manuscrita de Javier Peralta a don Miguel Mª Zozaya)

sábado, 6 de noviembre de 2010

Independencias americanas y Américas hispánicas. MONOGRÁFICO.


INDEPENDENCIAS, HISPANIDAD Y LIBERTADES (*)


Revista “Ahora-Información” (Madrid), nº 105 (VII-VIII 2010), 47 pp.

1. “200 años (de las) independencias iberoamericanas”. Así se expresa un cartel anunciador de ese complejo acontecimiento de tan gran proyección histórica que fue la independencia de los virreinatos de España en América. Este año recordamos su 200 aniversario.

2. Con este motivo, la revista bimensual “Ahora - información”, editada en España y con una definida línea editorial, ha dedicado un número monográfico, de seria divulgación histórica, sobre “Las Independencias americanas” (nº 105, 2010) (1). Todos los autores de este monográfico hablan de Hispanoamérica, la América hispánica o española, con su densa historia e importantísima labor civilizadora de 300 años, mantenida durante los posteriores 200 años a partir de las independencias, y todavía hoy vigente con fuerza.

Apreciar esta última dimensión temporal, de profundo calado histórico y configurativo, exigía el análisis del antes, en y después. Máxime si advertimos que las Independencias conllevaron una dura y cruenta guerra civil, provocada por agentes de las nuevas ideas revolucionarias (eso sí, planteadas con diferentes aplicaciones) y por otros arrastrados a fuerza de unas circunstancias tales como la ruina de España provocada por Napoleón. No hablamos de una guerra de España contra sus “colonias”, sino de una guerra civil entre los ya mencionados y los hispanoamericanos fieles a España y a una Corona que fue el agente principal, junto con la Iglesia católica, de la civilización del Nuevo Mundo.

3. Entender las independencias de las Américas o de cada uno de los virreinatos respecto de la Corona de las Españas -incluido el último de Río de la Plata-, exigía una mirada retrospectiva, es decir, un enfoque histórico y de seria divulgación. Esto no impide que algunas exposiciones tengan la naturaleza de ensayo, referido a aspectos vividos por el hombre actual, continuando así los planteamientos de la revista próximos al ciudadano medio de hoy.

¿Qué diferencias se observan entre la América de los siglos XVI y XVII y las innovaciones del XVIII? ¿Qué perfiles se muestran siglos antes de aquella Independencia soñada por ilustres criollos y, sobre todo, por algunas potencias europeas como Inglaterra, en los albores del s. XIX? Desde luego, era preciso explicar el nuevo contexto ideológico, político y económico de quienes provocaron dichos movimientos y la exacerbación y persistencia independentista ¿Y las consecuencias de este enorme acontecimiento histórico de las independencias, de proyección casi planetaria, que sin duda se prolongan hasta la actualidad? En relación con la actualidad, ¿qué decir del actual continente americano, inestable y hasta desquiciado, colonizado ideológicamente por el liberalismo y el socialismo occidentales? Delicadas preguntas pero con interesantes respuestas.

4. Especifiquemos más los contenidos de esta monografía, cuyos autores proceden de ambos lados del Atlántico. Quince artículos de similar extensión, suficiente para indicar -en apretada síntesis- las diversas tesis ya históricas ya de ensayo de los autores, tesis complementarias en general a pesar de las discrepancias entre dos autores por lo que respecta a la Revolución en Buenos Aires de 1810.

Sus contenidos recogen la primera labor cristianizadora del siglo XVI, y analizan la institucionalización de la labor evangelizadora de los pueblos americanos, y civilizadora de grandes espacios, por parte de la Iglesia y la Corona de España en América. Se identifica a los enemigos seculares de la Cristiandad y la Corona española -su abanderada- agitados por la difamadora, fantástica y grosera Leyenda Negra. Y se analiza la desviación peninsular del siglo XVIII en manos del centralismo, uniformismo y el regalismo carolinos, es decir, las innovaciones racionalizadoras y uniformistas (racionalistas) promovidas por algunos importantes ministros peninsulares de finales de dicho siglo.

Continuemos. Los movimientos independentistas se enmarcan en las innovaciones del siglo XVIII en España, la dramática guerra frente a Napoleón –el revolucionario y ladrón de Europa- , y la naciente constitución revolucionaria de 1812. En 1810, habría que hablar de la activa vivencia hispanoamericana más que de la mera huella española, alterada aquella por minorías de criollos liberales, y las posibles alternativas frente a Napoleón.

Varios ensayos –como tales de factura menos académica- analizan algunos perfiles de la independencia americana, para corregir los habituales clichés. A continuación, dos artículos académicos debaten sobre la Revolución de mayo de 1810 ocurrida en Buenos Aires, donde se dan cita las diferentes perspectivas del dr. Fernando Romero Moreno (Universidades Nacional de Rosario y Austral, Argentina) y quien esto suscribe. La reacción realista en el Sur del Perú (1814-1825), es colaboración del profesor César Félix Sánchez Martínez (Universidad Católica San Pablo de Arequipa, Perú). Llegados a este punto, digamos que en relación con el comportamiento de parte de la población americana favorable a España y la Corona española, se echa en falta la colaboración del profesor Luis Corsi Otárola (Colombia), y su síntesis sobre Bolívar, los realistas criollos y la población negra. No en vano, el cura Manuel de Santa Cruz marchó de misionero al sur de Colombia, la región de Pasto, que era muy realista al modo de su Guipúzcoa natal, y en la que en esta misma época fue obispo San Ezequiel Moreno y Díaz, firme defensor de la civilización cristiana frente al liberalismo. En contraste –sigamos- con la civilización hispánica o tradicional, Javier I. López Ureña analiza por extenso el liberalismo como una de las causas principales de las independencias.

Más inquietantes son las exposiciones sobre el actual saqueo de América (José Cayón, Buenos Aires) y las posibilidades geopolíticas actuales de un vasto y esperanzador bloque hispanoamericano (E. Trento, Buenos Aires). En efecto, en una revista de actualidad no todo iba a ser exposición histórica, pues América puede reencontrarse a sí misma y el ciudadano y lector medio tiene sus exigencias.

Más desconocidas para el gran público pueden ser las Notas históricas de Carlos Ibáñez sobre la presencia de Carlos VII en América. Este número monográfico lo cierra un trabajo del que esto suscribe, sobre la correspondencia privada del hacendado Miguel María Zozaya e Irigoyen con sus administradores durante las guerras civil de Cuba (1893-1898) y yankee en 1898 (2).

5. Terminemos con una consideración de ensayo. De vincular el hecho de las independencias americanas del s. XIX, con lo mucho que pervive de las Américas hispánicas, hasta el punto de que americanos y españoles sólo nos reconocemos en la unidad (también el europeísmo es antiespañol cuando niega esto), brilla con fuerza una unión religiosa, espiritual y cultural… que puede configurar una nueva vinculación geopolítica que exprese completamente qué sea la Hispanidad cantada por Rubén Darío, Ramiro de Maeztu, Zacarías Vizcarra y tantos otros autores. Esto, o bien tendremos unos pueblos independizados pero no reconciliados consigo mismos, víctimas de su propia ruptura interior… pueblos que, ya en estas circunstancias, fueron una presa fácil de la colonización anglosajona de Inglaterra y después de los EE.UU., o bien, ya en la actualidad, han quedado subordinados –sometidos quizás- a las ideologías liberales y socialistas de las universidades y políticos del Occidente. Esta es una manera de separarse de sus orígenes y raíces, y de perder su originariedad y originalidad creativa, propia del mundo hispano.

6. El monográfico que comentamos está bellamente impreso, con tintas a todo color, y supone una divulgación de un gran tema, efectuada por profesores universitarios de ambos lados del Atlántico o bien por atentos estudiosos de este puntual tema (3).

José Fermín Garralda Arizcun
(Pamplona - Navarra)


* Un texto abreviado ha sido publicado con el título "Independencias americanas frente a Hispanidad", en la Revista "Siempre P' alante" (Pamplona) nº 640, 16-XI-2010, pág. 14



(1) No es ésta la primera vez que la revista “Ahora- información” ha ofrecido monográficos de disciplina histórica. En su día, diversos autores analizaron quienes fueron los “Cristeros. Cruzados (mejicanos) del siglo XX” (nº 34, 1998), qué ocurrió en “La Vandée, el corazón de la Cristiandad” (nº 40, 1999), la desconocida realidad de “El otro Gaudí” (nº 58, 2002), la guerra de la Independencia bajo el amplio título de “1808-2008. En guerra contra la Revolución” (nº 93, 2008), el magisterio del filósofo, teólogo y pensador “Francisco Canals Vidal” (nº 96, 2009), y la persona y labor militar y política de don Carlos VII en “Memoria española, Venecia y Trieste” nº 99 (2009) con motivo del centenario de su fallecimiento. En otros números de la revista, que nació en 1994 y se encuentra en el número 105 de su vida editorial, hay frecuentes artículos de historia, ya de divulgación ya de investigación. La impresión de todos los números es en papel couché, acompañan abundantes imágenes, y destacan unas bellas portada y contraportada a todo color. La extensión habitual de la revista es de 39 páginas, salvo el presente nº 105 que tiene 47 pp. JFG

(2) Archivo familiar del autor: familia Zozaya (Errazu, Valle de Baztán, Navarra).

(3) Pedidos: “Ahora información”, calle Zurbano, nº 71, oficina 3, 28010 Madrid – España. Tel. y Fax 913994438



sábado, 2 de octubre de 2010

VII CONGRESO DE HISTORIA DE NAVARRA

EN EL VII CONGRESO DE HISTORIA DE NAVARRA


(Programa del Congreso y cartel de la convocatoria)


“Navarra, un espacio de cultura”, con el objeto de rescatar para el presente los hilos de esa “trama de significados” que es nuestra propia cultura. Este ha sido el título del VII Congreso de Historia de Navarra, que, convocado por la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra, acaba de finalizar en Pamplona. Un Congreso así siempre es necesario, pues la atmósfera cultural existente hoy día no se puede desligar de sus orígenes, ni de la recepción abierta del ayer, mientras que todo indica que el hombre es un ser incardinado, un heredero que mejora o "apeora" la herencia, que la puede recrear y ahondar maravillosamente, y no un mero soplo de voluntad y ente de razón. Sea lo que fuere, ahí están los datos a descubrir y rescatar, analizar y trabajar.

(Museo de Navarra. Portada renacentista y capilla barroca a su derecha. Enfrente se encuentra el bello y elegante edificio del Archivo General y Real de Navarra. Debajo del Museo, en la Cuesta de Sto. Domingo, se corre el Encierro en San Fermín )

Las reuniones de los congresistas se han realizado en el espléndido marco del Museo de Navarra, y no precisamente porque la ciencia histórica se haya “museificado” o convertido en un fondo de museo. Muchas jóvenes promesas de historiadores debutaron desde el 27 de septiembre al 1 de octubre de 2010 en unas intensas jornadas inscritas en la ciencia histórica y el rigor académico. Sinceramente, creo que este VII Congreso ha sido todo un éxito.


(Acto inaugural. En la presidencia, la alcaldesa de Pamplona y el presidente del Gobierno de Navarra)

Todos sabemos que la rapidez de la vida que llamamos moderna no nos deja mucho tiempo para leer crónicas, sino, en todo caso, para sabrosas experiencias directas. Quizás la superficialidad ambiental nos incite a ello, como signo de cierta cultura actual. Pues bien, los historiadores sabemos amoldarnos a las necesidades. De la necesidad, la virtud –eso dicen-. A falta de la experiencia de muchos lectores que no han podido asistir al VII Congreso, comunicaré brevemente en estas líneas algo que les pueda ser de interés. Aunque las Actas serán publicadas por la Institución “Príncipe de Viana”, bueno es adelantar noticias e informar de cómo transcurrieron las sesiones.

El Congreso ha sido verdaderamente GENERAL, como todos de la SEHN, desde el primero allá en 1986 (22-27-IX). Digo GENERAL sobre todo por las etapas históricas, al abarcar desde la difícil prehistoria hasta cuestiones directas o indirectas de intensa actualidad. General por las áreas, pues se ha analizado la historiografía y biblioteconomía, la arqueología y cartografía en la prehistoria, qué es la historia cultural, la historia del pensamiento y las mentalidades, los emblemas, el simbolismo y el imaginario colectivo de Navarra, los “mitologemas”, la historia social (redes clientelares y sociales, la mujer), la económica y política, sobre educación hasta la actualidad (la discapacidad y la Educación Especial), el Arte (incluido el arte funerario), la fotografía, el periodismo, la literatura, y se ha incidido en la música así como en lo social conmemorativo, concretamente sobre el tema más específico de 1512. A los acontecimientos de esta fecha –creo que el Reino pervivió casi idéntico y mejorado hasta 1841- se ha dedicado una mesa redonda y un amplio apartado de comunicaciones. Quizás en las sesiones haya faltado un mayor desarrollo de la historia militar en un Reino fronterizo y del Derecho en un Reino vertebrado en los Fueros, la situación actual de los archivos, las condiciones de vida y la cultura religiosa. Claro es que un Congreso no se puede ser exhaustivo, pues depende de los participantes y estos tienen sus facilidades, métodos y preferencias. Así mismo, se han presentado reflexiones de ensayo-histórico.

También digo GENERAL por la procedencia de los investigadores, ya sean adscritos a unas u otras universidades –de Navarra (UN, UPNA, UNED), UPV, Alcalá de Henares, Valencia, Zaragoza, École des Hautes Études…- e investigadores no adscritos a universidades, del CSIC etc. GENERAL, por último, por la abundante participación de investigadores y por la variedad de edades de asistentes y comunicantes. Nos alegra la participación de muchas jóvenes promesas, sobre todo en la Sección de Historia Moderna, vocaciones que sin duda debemos cuidar y hasta mimar. En esto me hago eco de las palabras de la dra. doña Eloísa Ramírez Vaquero, cuando mencionó que la crisis actual afecta singularmente a los historiadores, es decir, a los profesionales del conocimiento histórico. Se refería a la crisis de las humanidades, a la económica que resta recursos materiales, al bajo interés que mueve a las Instituciones en general -salvo que, añado, los beneficiarios den lustre a estas y ofrezcan resultados patentes o cuantificables-, a la crisis laboral como sector académico… En efecto, trabajo hay mucho, pero mucho más que posibilidades para llevarlo a cabo con unas aceptables condiciones de dignidad y perdurabilidad, lo que sólo se resolvería si se diesen oportunidades reales de trabajo y recursos materiales a las jóvenes promesas de historiadores (1). Por ejemplo, queda pendiente la informatización de millares de documentos y su colocación en la web.


Realizada la Lección inaugural, se ofreció un SENTIDO HOMENAJE a la dra. Dª María Ángeles Mezquiriz Irujo y al dr. D. Faustino Menéndez Pidal de Navascués, distinguidos como SOCIOS DE HONOR de la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra (SEHN). Los méritos de ambos son de todos conocidos, así como los reconocimientos con los que sucesivamente se les ha galardonado. Doña Mª Ángeles ha trabajado muchísimos años al frente del Museo de Navarra, y es conocidísima en los ámbitos de la museología y la arqueología. Don Faustino, lo es en la heráldica y la sigilografía en los ámbitos nacional e internacionales. Sí, toda una vida entregada, sencillamente, al saber y a comunicarlo. La Memoria fue leída por el dr. don Ricardo García. Pues bien, este sencillo homenaje, grabado en placas entregadas respectivamente por la alcaldesa de Pamplona y el presidente del Gobierno de Navarra, fue aplaudido por todos los presentes, pues ambos investigadores han sido un modelo para una pléyade de promesas hechas hoy día realidad. Y, además, lo más maravilloso: nuestros SOCIOS DE HONOR son personas muy generosas por ser muy asequibles y de sencillo trato. Son personas a las que se les quiere.

Caras veteranas y muchas caras nuevas entre los asistentes. Nueve PONENTES, ágiles y variados en sus exposiciones, 72 COMUNICANTES (casi todos presentes en la sala), y una MESA REDONDA a la vista del V Centenario de la conquista de Navarra en 1512, han ofrecido un importante elenco de las materias, métodos y conclusiones de la historia que se trabaja sobre Navarra.

La asistencia ha sido muy nutrida, salvo en alguna hora extrema. El trabajo ha sido intenso. El horario de la tarde a veces se ha prolongado hasta las 9 de la noche. Nada hay que objetar: es normal en los Congresos de interés. En las exposiciones han sido frecuentes las presentaciones apoyadas en power-point. También -cómo no- se han manifestado diferencias de enfoques siempre enriquecedoras y hasta alguna discrepancia sobre cierto planteamiento relativo a la “cultura política y drama social” en Navarra a raíz de la conquista de Navarra por las tropas castellanas (compuesta de guipuzcoanos, vizcaínos, burgaleses, alaveses, riojanos...)en 1512. Historiadores han dejado claro que el "drama" de Navarra en 1512 tiene un vasto telón de fondo de ámbito europeo, que se enmarca en un contexto más amplio, y que el caso de Navarra es uno más de la Europa del momento (Nápoles, Flandes, Irlanda s. XVI, Chequia s. XVII, moriscos...). Señalaron que en la vida del Reino hay más elementos que el tema foral, y que los hitos de estudio a recoger son mucho más abundantes que la polarización de los seleccionados por algunos autores. Además de la división de los navarros, muchos de ellos estaban emparentados con redes familiares castellanas, y hasta de esas redes se beneficiaron directamente los agramonteses. La conquista de 1512 supuso un trauma del que Navarra se salvó posteriormente, a lo que coadyuvó la benignidad inicial del rey Fernando de Aragón hacia los agramonteses, y luego la del rey Carlos.


Debemos AGRADECER a la dra. Mercedes Galán Lorda presidenta de la SEHN, a su vicepresidente dr. Juan Jesús Virto, a su Junta directiva, y a la dra. María Narbona -eficiente y eficaz secretaria de las Jornadas-, sus desvelos en la organización y desarrollo de este VII Congreso General. Agradezcamos el necesario mecenazgo efectuado por el Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona, cuyo presidente y alcaldesa respectivamente estuvieron presentes con galanura en el Acto inaugural. A continuación, los asistentes fueron recibidos con gran amabilidad en el salón de recepciones del Ayuntamiento iruñense. Por último, agradecer también a la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra su perseverancia en su labor de Congresos, los frutos recogidos, y por impulsar actividades culturales y académicas durante todo el año.

"Diario de Navarra" se ha hecho eco del Congreso los días el 28-IX y 3-X-2010.

Brindo esta Nota a los historiadores y público interesado, a la espera de la PUBLICACIÓN de las aportaciones, que tendrá lugar dentro de unos meses por la institución “Príncipe de Viana” dependiente del Gobierno de Navarra.

José Fermín Garralda Arizcun


(1) Como reflexión personal, añadiré que resulta muy llamativo que, hoy día, prolifere la novela histórica en el ámbito editorial, y que tirios y troyanos hablen continuamente de historia, es decir, del pasado, trátense de personas con afición intelectual y periodistas, y hasta pensadores y... políticos. Todo ello está muy bien, pues refleja el interés y la necesidad del conocimiento del pasado, el deseo de divulgación en una sociedad de masas, y el afán por la recogida de fuentes. Sin embargo, sería bueno reconocer la labor silenciosa de los profesionales –por lo general de perspectivas amplias y más capaces que otros para tratar las fuentes, datos y textos de una manera objetiva y rigurosa- y... ayudémosles. Ojalá no sólo las Instituciones públicas cuyo deber al respecto es evidente, sino sobre todo las privadas o de iniciativa social de todo tipo -que debieran abundar en una sociedad bien vertebrada-, sepan becar con profusión los esfuerzos silenciosos de los historiadores que, como hombres de letras y humanidades, dan casi todo gratis, por verdadera vocación. Su gratuidad es lo más contrario a una burbuja. En efecto, gratuito es no pocas veces su trabajo investigador, su dedicación, su saber, y lógicamente no crean ninguna burbuja inmobiliaria o financiera contraria al buen desenvolvimiento de la economía; tampoco ofrecen vanas expectativas de cualquier tipo. No está bien socialmente que un historiador de vocación deba hipotecar miles de horas de trabajo silencioso, parte de su economía familiar, sus energías... en un prolongado ir contracorriente de todo tipo, por dedicarse a algo tan gratificante para todos y tan necesario para la continuidad social como el conocimiento histórico. Conocimiento éste que si bien realmente no se valora, "todo el mundo se mete" e interfiere en él, anque subordinándolo al singular color de sus cristales. No vaya a ser que quien posea vocación intelectual y encuentre rasgos de felicidad en el propio trabajo, deba por ello pagar caro. Pero en nuestra sociedad materialista y tan poco feliz todo puede ser.

Fotografía: el autor
Contacto de la SEHN: web. http://www.sehn.org. es


ADENDA.
Después de las Universidades de Verano, estos días Navarra ha estado de Congresos, pues también a finales de septiembre se han celebrado, en el “Museo del Carlismo” de Estella, las IV Jornadas de historia del Carlismo. En ellas han participado treinta interesados y 17 profesores. Aunque tampoco a este movimiento se le puede “museificar”, pues sigue en la calle, sabemos que, desde la apertura del Museo el pasado 23 de marzo, han pasado por él 12.100 visitas. Esto muestra su gran interés.

En las sesiones de las IV Jornadas se presentó la edición de tres cuentos carlistas (Larra, Wilde y Valle-Inclán), así como la reedición de una conocida obra del pensador catalán Vicente Pou (Montpellier, 1843), La España en la presente crisis. Examen razonado de la causa y de los hombres que pueden salvar aquella nación, Madrid, Tradere, 2010, 242 pp. También ha salido el nº 71 (3/2009) de la revista “Aportes. Revista de historia contemporánea” (139 pp.).

También deseo reseñar que, la semana anterior, varios historiadores profesionales (Sayas, Navarro, Estébanez, Andrés-Gallego y Floristán)expusieron sobre tres hitos de Navarra como sujeto de la Historia: qué se encontraron los romanos cuando llegaron a lo que hoy es Navarra, cómo se vivió en ambos lados la incorporación de Navarra a Castilla en 1512-1515, y qué papel juega hoy día Navarra. Organizaron el evento los "Navarros de Madrid" en el salón de actos del Museo de la Ciudad.

Así pues, por varios motivos estamos de enhorabuena. JFG

viernes, 3 de septiembre de 2010

Un nuevo libro SOBRE HISTORIA DE ARGENTINA
En el bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810
Recensión



LOZIER ALMAZÁN, Bernardo, Mayo de 1810. La Argentina improvisada. 1810-1860 Medio siglo de desencuentros. Ensayo histórico, San Isidro, Editorial Dunken, 2009, 85 pp.

Este libro es una importante aportación para el conocimiento histórico. Interesa propiamente en el ámbito de la investigación, pero también en el divulgativo entre el público lector generalista a ambos lados del Atlántico, concretamente el lector del mundo hispánico. Esta publicación sintetiza un intenso medio siglo de la historia de Argentina, y analiza clara y ordenadamente los importantes sucesos independentistas de la Revolución de Buenos Aires en Mayo de 1810.

En una época como la actual donde predomina la historia oficial, y se mantiene la inercia de los apriorismos y clichés acríticos e interesados, digamos que la historia narrativa, empírica y analítica que ofrece este libro, contiene implícitamente una crítica a la interpretación establecida, crítica esta inherente –ni más ni menos- a los hechos constatados, más no por ello buscada en sí misma.

En primer lugar y seguramente, el libro de Lozier Almazán será leído con gusto por el público argentino, pues analiza con mucho detalle el origen y naturaleza de la Revolución de Mayo de 1810, y los comienzos de la independencia o ruptura de Buenos Aires respecto a la Corona de España. Las páginas de esta primera parte están escritas con un especial cuidado y detalle, y arrojan abundante luz sobre la penumbra del pasado y las dudas de los historiadores. En una segunda parte, el libro describe las dramáticas consecuencias de dicha ruptura que, sin duda, entristecieron la vida de generaciones bonaerenses, así como de quienes habitaron el Virreinato de Río de la Plata o la incipiente Argentina, durante un vasto período de medio siglo. El desarrollo detallado de dichos acontecimientos responde implícitamente a la pregunta de si el pueblo argentino se configuró con ocasión de los sucesos de 1810, o bien ya estaba configurado como parte de la América española, con la identidad o peculiaridades específicas del Virreinato de Río de la Plata creado por Carlos III en 1776, es decir -y según diríamos hoy- si estaba configurado en una América prolongada como Hispanidad.

Es más, sin duda este libro también interesará al actual lector español, que tanto por desconocimiento en sus estudios de Educación Secundaria, Bachiller e incluso universitarios, como por influencia directa de la ideología dominante y ambiental del liberalismo, que incluye la “razón de Estado” y el “principio de las nacionalidades”, simplifica y hasta tergiversa los sucesos que originaron la separación o independencia política de los virreinatos y territorios americanos. Todo indica en el lector peninsular un inconsciente olvido de la enorme dimensión de los hechos sufridos en el continente americano, simultáneos a la guerra, dura y cruel, que los peninsulares mantuvieron contra Napoleón, el gran corso y “ladrón” de Europa, en defensa de la civilización cristiana, la independencia de su Patria, y el derecho y libertad de sus monarcas legítimos.

Lozier Almazán advierte con acierto la complejidad de lo real, así como la “intrincada maraña de conflictos” en el Buenos Aires de 1810. No escatima esfuerzos para identificar las diversas ocasiones revolucionarias, las diferentes élites y concepciones en lid, la diferenciación entre las élites revolucionarias y el pueblo tradicional o español que mantenía su fidelidad a la dinastía borbónica, la tergiversación de las palabras y la sutileza de algunos planteamientos movidos por las circunstancias, o bien la penosa gestación de Argentina como patria independiente entre 1810 y 1860.

Si la mitad del libro abarca los sucesos de la Revolución de Mayo de 1810, la segunda parte recoge -como si de una crónica se tratase- lo ocurrido en un largo medio siglo cuajado de desencuentros, conflictos y revoluciones. Estos problemas, cuyos protagonistas principales fueron las élites, son el resultado del carácter improvisado de dicha Revolución, aunque en este ajetreo, difícilmente sostenible por una sociedad configurada, también influyese la misma época romántica, la explosión revolucionaria a ambos lados del Atlántico (Godechot) y, sobre todo, el hecho de la fundación artificial del nuevo país, basada en la ruptura respecto a su pasado y su propia configuración tradicional, ignorada por el voluntarismo revolucionario y romántico.

El proceso independentista y configurador del nuevo país surgió y lo llevaron a cabo algunas de sus élites, y se desarrolló de una forma accidentada y a trompicones. Fue un proceso muy dilatado en el tiempo, desvelando Lozier Almazán la luz entre la penumbra en su detallado análisis. El proceso independentista estuvo desorientado en su origen, y sufrió algunos errores básicos en su planteamiento, como fue separar -e incluso oponer- la Argentina independiente de todo lo que es herencia española. Existe una afirmación que puede ser el componente ensayístico de este trabajo, que por otra parte se deriva mediatamente, a modo de conclusión, de los hechos constatados y comprobados en numerosas fuentes: Argentina, como hija de España, no tiene más remedio que reconocerse como Hispanidad, en vez de vincularse al espíritu revolucionario francés como deseaba el liberal radical Juan Bautista Alberdi.

Este libro está basado en fuentes bibliográficas y no en documentos manuscritos, ni en trabajo de archivo, por otra parte muy dificultoso debido a su amplitud temática y a la densidad humana de los acontecimientos narrados. Ahora bien, no pocas fuentes utilizadas son fuentes primarias, como son las memorias de los protagonistas de los hechos, que no obstante deben ser contrastadas y analizadas por el doble tamiz de la crítica documental e histórica. Tales memorias constituyen unos documentos de primer orden, y su crítica ha sido realizada por otros historiadores en base a fuentes archivísticas.

Diferentes motivos me permiten valorar este libro dentro de la disciplina histórica y no en el género ensayístico. Citemos al efecto las memorias utilizadas como fuentes primarias y criticadas por la bibliografía, la reconstrucción empírica de los hechos –de una crónica habla su autor-, el abundante aparato crítico, la inclusión de citas textuales de los protagonistas, el estilo directo y sobrio de la redacción, y la ausencia de juicios de valor. Si el texto es expositivo tiene mucho de argumentativo.

Otra cuestión, paralela a la ciencia histórica, es que este trabajo permita desarrollar una de las funciones secundarias del conocimiento histórico, como es “relacionar el pasado con el presente, a fin de que el lector pueda desandar el largo camino transitado, en los albores de este bicentenario, para extraer conclusiones y repensar nuestro futuro” (pág. 4).

El autor se ha mostrado a la altura de su cometido, como era de esperar si tenemos en cuenta sus méritos y los trabajos que ha publicado sobre el tema que desarrolla. Me refiero a sus estudios sobre Liniers, Beresford, Martín de Álzaga, los proyectos monárquicos en el Río de la Plata etc. Quizás esta fuese la ocasión de establecer conclusiones más generales.

Las conclusiones del trabajo parecen claras. Los hechos no son como los cuentan quienes hacen suya la posición del independentista moderado Cornelio Saavedra –jefe del partido de los Patricios-, Chorroarín, Anchorena o Castañeda, como si esa tendencia fuese la aplicación del derecho tradicional hispánico a unas extraordinarias circunstancias. De por sí, un historiador no hace suya la posición alguna sino que, como decía el profesor Federico Suárez Verdeguer, tiene por objeto desvelar el pasado tal y como puede ser conocido por las fuentes. Añádase a esto la improvisación inherente a la Revolución en el Buenos Aires de 1810, y la posterior desorientación y caos del nuevo estado de cosas durante largas décadas. Las conclusiones también nos muestran el error de separar la Patria argentina del denominado período hispánico, “creando (una) ruptura con su profunda raíz hispánica, tirando por la borda todo el legado espiritual y cultural”. Desde un punto de vista ensayístico, es “tremendo (el) equívoco ideológico” de repudiar a España y proclamarse “hijos de la Francia” como hizo Alberdi. Claro es que no todos los independentistas pensaban así.

Este libro es utilísimo particularmente para el lector español, al que no debiera pasar desapercibido el bicentenario de la Revolución de 1810 en Caracas o Buenos Aires, importantes emporios de la América española. En esta gran ocasión del bicentenario, debiera desarrollarse el conocimiento histórico y la proximidad espiritual, religiosa y cultural de quienes forman la Hispanidad, aprovechando el rigor, detalle y objetividad histórica como está concebido el libro de Lozier Almazán, así como su trabajo desinteresado y la amplitud de miras que el autor ha mostrado al escribir este libro que presentamos al público español en particular. Sin duda, vivir siguiendo una vocación y sin un interés crematístico particular, es la mejor manera de salvaguardar la verdad de un pasado fácilmente manipulable como tal.

Agradecemos al autor, Bernardo Lozier Almazán, por sus detallados análisis acompañados de una síntesis general sobre el espinoso y difícil tema histórico que trata, y su deseo de comunicar, establecer lazos de comprensión y aunar la Hispanidad de ambos lados del Atlántico.

José Fermín Garralda Arizcun
Doctor en Historia

Referencia. El libro se compra en la Editorial Dunken, Ayacucho 357 (C1025AAG) Buenos Aires, Argentina. Telefax: 4954-7700/4954-7300. E-mail: info@dunken.com.ar WWW.dunken.com.ar Precio: $45 (unos 10 dólares). También en el Museo, Biblioteca y Archivo Histórico de San Isidro. E-mail: losombues@fibertel.com.ar

lunes, 12 de julio de 2010

Un nuevo libro: "La contaminación ideológica de la Historia"




CANTERO NÚÑEZ Estanislao, La contaminación ideológica de la Historia. Cuando los hechos no cuentan, Madrid, Ed. libros Libres, 2009, 309 pp., 20 Euros. www.libroslibres.com


Este nuevo libro es muy interesante para el historiador profesional, para quien se acerca al conocimiento histórico, y para todo el que busca que la ciencia histórica realice sus funciones propias y cumpla sus mejores servicios.

Los TEMAS de este libro siguen siendo muy actuales, aunque en él se recopilen trabajos publicados hace unos años, entre 1981 y 2007. Son actuales tanto por preocuparse de los errores metodológicos de presuntos historiadores, como por analizar el pensamiento de importantes intelectuales franceses decimonónicos, cuyos contenidos están hoy muy extendidos debido a la soberbia “intelectual” generadora del actual relativismo y paganismo. Esta última afirmación no es un apriorismo como observará el lector, aunque su extensión a la actualidad es labor del abajo firmante. La justificación de este nuevo libro es obvia porque los trabajos recopilados son muy interesantes y porque la historia es, como decía Cicerón, "maestra de la vida". Su oportunidad es evidente, aunque las circunstancias intelectuales y metodológicas de hoy hayan cambiado algo, y cada vez existan más autores revisionistas en el actual retraimiento historiográfico. Por ejemplo, ha quedado atrás la historia economicista y materialista, y ya se recela abiertamente de los apriorismos históricos e interpretación materialista del pasado.

El análisis sobre el MÉTODO de la ciencia histórica seguido por Estanislao Cantero Núñez es claro en relación con: a) unos hechos y acontecimientos históricos de importancia para países como España, Francia e Italia, en los que la contrarrevolución -muchas veces silenciada y tergiversada- fue muy importante en los siglos XIX y parte del XX; b) los instrumentos de conocimiento y afirmaciones realizadas por diferentes historiadores sobre dichos acontecimientos; y c) cinco biografías de intelectuales franceses, relacionadas directamente con la historia y el método histórico, en las que el lector puede saborear un riguroso y didáctico ejercicio intelectual de inmersión.

El TÍTULO de este libro es muy expresivo: "La contaminación ideológica de la Historia. Cuando los hechos no cuentan". Su objetivo nuclear es desvelar los errores de una falsa metodología, que origina la distorsión ideológica del conocimiento histórico. El autor lo hace de una forma muy sencilla, práctica y muy trabajada, esto es, desde las fuentes y los hechos. Por su carácter, este libro es una crítica historiográfica con una factura, Notas o aparato crítico de carácter científico, perteneciendo cinco de sus capítulos a la ciencia histórica relativa al pensamiento decimonónico francés.

El autor no utiliza FUENTES manuscritas documentales, sino fuentes impresas primarias o bien secundarias. No realiza directamente consideraciones sobre la naturaleza y carácter, el método y finalidad etc. de la ciencia histórica, sino que desvela con las fuentes históricas, las leyes básicas de la lógica, y los resultados, el método apriorístico, dialéctico e ideológico utilizado por algunos presuntos historiadores que concibieron la ciencia histórica como un instrumento de lucha, de transformación y de construcción política, social e ideológica del presente, además conforme a utopías en boga.

Los capítulos de crítica historiográfica desvelan las contradicciones metodológicas de los autores analizados, así como sus errores de contenido cuando sus conclusiones se contrastan con otras aportaciones bibliográficas no ideológicas. Así, el libro desarrolla, a modo de ejemplo, la actividad de la historiografía ideológica aplicada a España (s. XIX y XX), Italia (s. XIX) y Francia (s. XIX), y cómo ésta ha tratado significativos acontecimientos relativos a la Revolución francesa, la IIª República y guerra civil española, y la "Insurgencia" italiana. Quizás el lector advierta la falta de una mención especial a Portugal.

Por otra parte, en relación con la revista "Acción Española" y la vida, quehacer intelectual y pensamiento de cinco intelectuales franceses (Maurrás, Taine, Michelet, Larouse y Renan), el autor realiza un apasionante trabajo de análisis textual (heurístico) y de reconstrucción histórica del “pensamiento racionalista” francés del siglo XIX y comienzos del XX. En este análisis de las ideas e historia del pensamiento, el lector puede apreciar perfectamente el dominio que Estanislao Cantero tiene sobre dichos autores franceses.

En relación con ESPAÑA, Estanislao Cantero critica afirmaciones de José Antonio Portero realizadas en 1978 sobre el siglo XIX (p. 17-32), analiza la adhesión de los católicos a la IIª República y el ralliement de la CEDA (p. 33-42), critica una tesis de Raúl Morodo en 1985 (p. 43-72), y describe algunos aspectos controvertidos sobre la última guerra civil, valorando positivamente las aportaciones historiográficas más recientes (p. 73-92).

Sobre FRANCIA, el autor analiza la leyenda establecida sobre la Revolución francesa (p. 95-107), y la crítica de Maurrás a dicha Revolución (p. 109-116). Así mismo, profundiza en la obra del escritor Taine (p. 117-143). Por si eso fuera poco, el lector puede saborear el cuidadoso y profundo análisis de la vida y obra de autores como Michelet (p. 163-192), Larouse (p. 193-196) y Renan (p. 197-233). Nada más por esta última profundización fundada en los propios escritos de los autores, este libro, que se ofrece al público lector, es sobresaliente. Es impresionante el dramatismo y la radical subversión de las posiciones de los cuatro últimos autores, que son un vigoroso puente desgraciadamente muy transitado entre las ideas del Enciclopedismo anticatólico y la actual persecución que sufre lo que no signifique una radical inmanencia en el hombre.

El autor muestra cómo Michelet y Renan tergiversaron la historia con sus apriorismos, e incluso de forma consciente, debido a su rebeldía anticatólica y a su propia soberbia que a veces llegaba hasta el propio endiosamiento. En estos casos la vida del historiador influye expresamente en su obra. Ambos tuvieron un sentimiento cuasi-religioso de la misión que creían tener, propia del iluminado. Creo que San Ezequiel Moreno y Díaz, obispo de Pasto (1896, Colombia) -del que me ocupé en más de una ocasión (Rev. "Verbo", 1994)- tenía mucha razón cuando en sus vigorosas "Pastorales" debeladoras del liberalismo en sus diferentes grados, denunciaba la nueva "religión" de la humanidad pretendida por Michelet y Renan, entre otros. Ambos, además de falsificar la historia, crearon su propia autobiografía que, cuando se profundiza en ella, se muestra realmente engañosa.

Al analizar la vida y obra de Taine, Michelet, Larouse y Renan, el lector puede saborear de primera mano el "cienticismo" del s. XIX, el racionalismo, la secularización y el naturalismo de una época cuya “novedad” y moda era identificarse con el liberalismo y disfrazarse de ciencia positiva. Por mi parte, observo que muchas afirmaciones y el talante de entonces están presentes en nuestros días; y que lo propio de unas minorías ayer, hoy se advierte en un proyecto explícito de algunos Gobiernos europeos. También desde mi punto de vista diré que la ideología liberal y el marxismo tuvieron mucho en común en su larga e interaccionada trayectoria, pues partían de los mismos supuestos básicos ideológicos. En los autores citados estaba presente el ateísmo, el idealismo, y unas supuestas leyes científicas, que el marxismo traducirá en materialismo dialéctico e histórico. Michelet y Renan quisieron fundar una "religión" atea, y ellos serían sus "sacerdotes" pero sin sacrificio. Lo que en ellos fue lucha anticatólica a través de las ciencias humanas (en realidad tergiversándolas), en el marxismo se convertirá en infiltración en el seno de la Iglesia durante la década de 1960, así como posteriormente, al aspirar sutilmente a un "cristianismo" sin religión que debería ser asumido en la praxis marxista. Todo ello, que ya es antiguo, hoy queda larvado de otra manera, e indica que ambas utopías confluyen hoy en resaltar su mismo origen. Pero sigamos con lo que dice expresamente el libro que comentamos.

En relación con ITALIA, Estanislao Cantero analiza una realidad olvidada en las Enseñanzas medias y no pocas universidades españolas, como son los levantamientos populares contrarrevolucionario o "Insurgencia" ("Insorgenze") en varios Estados italianos anteriores a la unificación política, realizada por las fuerza de las armas, para lo que el autor sigue el criterio de diez escritores recientes (p. 147-159).

Tres partes de las cuatro que contiene este libro -que aglutina un total de once capítulos- tienen una extensión similar (España, Francia y los tres últimos autores franceses), siendo la parte relativa a Italia la menor en extensión, aunque sea muy jugosa y una novedad para el gran público generalista.

El APARATO CRÍTICO del libro es amplio, preciso, y está al final (p. 235-299). Contiene las fuentes utilizadas, ya sean primarias (Memorias, Revistas de época, obras de los autores profundizados del s. XIX) ya secundarias o bibliográficas.

Las CONCLUSIONES formuladas por Estanislao Cantero se derivan de los estudios previos y están situadas, lógicamente, al final del libro. En ellas encuentro algunas novedades siempre antiguas -que comparto- como es su crítica a una mera historia-conocimiento considerada por muchos como "inútil", rechazada lógicamente por la escuela apriorística o dialéctica que anteriormente Cantero ha desvelado y refutado.

Para Estanislao Cantero, la "finalidad de la historia no puede limitarse a un mero ejercicio intelectual, al puro conocimiento de lo que pasó" (p. 228), pues si la ciencia histórica fuese un exclusivo conocimiento y disfrute de lo que pasó, sería una ciencia aparentemente inútil. Cierto es –añado- que no es admisible que la ciencia histórica sea tachada de “inútil” aunque, en realidad, esa relativa “inutilidad” que criticamos tenga por otra parte la ventaja de que, con ella, la ciencia histórica queda a salvo de un posible afán manipulador, y permite transmitir la verdad del pasado según las fuentes, lo que evidentemente es su principal servicio aunque no sea algo “utilitario”, ni un arma de transformación ideológica del presente. Por otra parte, y en defensa del servicio que el conocimiento del pasado hace al hombre de hoy, digamos con Cantero que el historiador también puede tratar cuestiones de "historia viva" y no de historia muerta, por lo mismo que hoy día puede ser necesario criticar con rigor -en el sentido que sea- la historiografía oficial dominante, ya en lo que afirma ya en lo que omite. Por ejemplo, y en relación con esto último, leo que la periodista Rosa Mª Calaf dice en una revista para "Nuestro Tiempo": "Conseguir que la gente no sepa cosas es también una manera de manipular" (nº 663, jul.-agosto 2010, p. 20-27). La ciencia histórica que reclama Cantero admite la historia como mero conocimiento del pasado, pero va algo más allá debido a las diferentes funciones que tiene como tal ciencia humanística o social.

En temas que por su gran importancia lo requieran, el historiador no puede dejar de ser hombre -ni católico si lo es-, quedando obligado a realizar algunas valoraciones básicas, respetando siempre –resulta ocioso resaltarlo- la verdad descubierta por las fuentes históricas que sin duda tienen la primacía. Estanislao Cantero discurre con equilibrio sobre la necesidad de un "criterio valorativo" que no debe confundirse con la ideología, y concluye que el conocimiento histórico es incompatible con la ideología, pero compatible con el mencionado espíritu valorativo.

Otra conclusión que puede saborear el lector a lo largo de del libro, es que el conocimiento histórico debe alejarse del empirismo, aunque se busquen datos empíricos, pues el objetivo es buscar el "por qué". Ello permite que la historia sea "maestra de la vida" como decía Cicerón, siempre a condición de que no se manipule. Una manipulación tal impediría descubrir la verdad, dar respuesta a las preguntas más universales del ser humano, e incluso desvelar la posible identidad nacional de los pueblos cuando exista.

PERSONALMENTE creo que los temas de este libro han sido olvidados por el gran público, que hoy prefiere la novela histórica. De este tipo de novelas hay que proteger al conocimiento histórico, pues no parten del descubrimiento de la realidad sino de la fantasía, de elucubraciones y de apriorismos, y tienen como objetivo principal entretener, crear belleza, y la venta editorial de ejemplares. Lógicamente, excluyo algunas novelas que parten de estudios históricos previos, como por ejemplo el relato dialogado escrito por Fray Justo Pérez de Urbel titulado "La España del siglo X. Un hombre de hierro" (Madrid, 1983), refiriéndose a Fernán González. Incluyamos también los "Episodios Nacionales" de Benito Pérez-Galdós, novelas trabajadas documentalmente y como narrador omnisciente, o, en menor grado, algunas novelas actuales como las de Olaizola y Louis de Whol.

Continúo con mis personales preocupaciones. En efecto, de la utilización ideológica de ayer de la Historia, en clave economicista y materialista, puede pasarse hoy a su utilización en clave psicologista y sociológica. En ambos casos, el método apriorístico crearía (lo que es ideología) el pasado histórico, a beneficio del dominio sobre los espíritus en el presente. La actual "Ley de Memoria histórica" en España podría ser -muchos historiadores dicen que lo es- un indicativo de esto último.

También me preocupa que de evitar -por eso brindé en su día- la utilización de la historia, se pase al escepticismo en el conocimiento de la verdad. Quizás hoy este escepticismo se encuentre sociológicamente de moda. El mal ha llegado a la teoría del conocimiento más básica. Ahora bien, si no se pudiese conocer la verdad, el conocimiento histórico no sería tal, y además sería inútil absolutamente. El lector de este magnífico libro de Estanislao Cantero, advertirá afortunadamente que sí se puede alcanzar la verdad en el conocimiento del pasado.

Si ayer hubo profesores ideologizados y jóvenes inquietos y activistas, que utilizaron el pretendido conocimiento de la historia para hacer su Revolución, ¿qué se puede decir de hoy? Hoy existe un retraimiento en la investigación histórica, ayer floreciente. ¿Algunas de sus causas? Quizás sea porque la Historia como carrera universitaria "no tiene salidas" para ganarse la vida, exista una falta de inversión editorial y excesiva dependencia de las instituciones públicas, se observe una fuerte endogamia y “amiguismo” universitario, el esfuerzo de escribir libros y colaboraciones de verdadera investigación "no se pague ni con un duro" , y quizás porque la creación de "mitos" sociales -finalmente lograda- sólo puede tener una respuesta laboriosa y ardua para el intelectual que a su vez lucha por sobrevivir.

Idealistas, en el sentido de creer en un ideal, hay pocos. Pero porque los hay, confío en los pocos investigadores que aún quedan, que trabajan tan sólo con la estrella de la conciencia del deber ante Dios y los hombres, que lo hacen como los antiguos ascetas, y que sonríen siempre al futuro con la perpetua juventud que comunica el ansia de verdad. Este libro es uno más que se engarza en el bello collar del trabajo desinteresado.

AGRADEZCAMOS a Estanislao Cantero por imbuirnos en numerosos libros de historia escritos ayer y en el método de numerosos historiadores, por desvelar lo que pretendidos historiadores dijeron sobre sí mismos y sobre la Historia como conocimiento, y por apostar por el historiador que busca exclusivamente la verdad y que hace posible que la Historia, a través del conocimiento histórico, siga siendo "maestra de la vida". Gracias por hacerlo con rigor, con un gran esfuerzo personal reflejo de su vocación de servicio, sin complejos, y en el ejercicio de una verdadera y generosa vocación intelectual. Gracias también por la vibración que transmite al analizar la historia del pensamiento racionalista francés del siglo XIX, tan actual hoy. Por último, es esperanzadora la existencia de editoriales como "Libros Libres" que apuestan por la renovación historiográfica con la publicación de este libro, editado con la colaboración de la Fundación Speiro. La plenitud de los hechos es lo que cuenta.

José Fermín GARRALDA ARIZCUN
Doctor en Historia
Pamplona, 22-VII-2010